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Paz y Ciencia
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domingo, 17 de abril de 2022

EL GEN EGOÍSTA. PERLAS

 


La selección natural no eliminará la ignorancia de las generaciones futuras

¿Podría ocurrir que un día lejano unos ordenadores inteligentes especulen sobre sus propios orígenes perdidos? ¿Caerá alguno de ellos en la verdad herética de que provienen de una forma de vida anterior, arraigada en la química orgánica del carbono, en lugar de en los principios electrónicos basados en el silicio de sus propios cuerpos?

El hombre es una máquina de sobrevivir, un vehículo autómata programado a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes

¿No es triste irse a la tumba sin llegar a preguntarse por qué has nacido? ¿Quién, ante semejante pensamiento, no habría saltado de la cama, ansioso por comenzar de nuevo a descubrir el mundo y regocijarse por ser parte de él?

La fe es la gran escabullida, la gran excusa para evitar la necesidad de pensar y evaluar las diferencias. La fe es creer a pesar (o incluso tal vez debido a) la falta de evidencias



jueves, 22 de abril de 2021

Psicoanálisis Y Biología

 


Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza -Gran Vía- Y Online Página Web: Conóceme-Contacta.            Instagram: @psicoletrazaragoza  rcordobasanz@gmail.com. Tno.: 653 379 269

Existe el juicio extendido de que las terapias psicoanalíticas están pasadas de moda, sin embargo, el psicoanálisis es una disciplina viva que tiene como esencia la relevancia de las relaciones humanas en general y terapéuticas en particular y sigue siendo hoy en día tan actual como lo fue en los tiempos de Freud, pues el sufrimiento humano es tan actual como entonces. La necesidad de cada uno de conocer las causas, inconscientes en muchas ocasiones, que nos llevan a sufrir es universal y atemporal. Sin el autoconocimiento, nada de lo que venga de fuera podría ser valorado, amado, aprovechado o rechazado, si fuera el caso. El psicoanálisis se nos presenta, por lo tanto, como vía para llegar a ese autoconocimiento.

En el año 400 antes de Cristo, Hipócrates describió por primera vez que, de todas las partes del cuerpo, el cerebro era la sede de las experiencias, las sensaciones y la inteligencia. Desde entonces hasta hoy, las neurociencias han aportado importantísimos descubrimientos cerebrales y, en uno de ellos, se volvió a colocar otro elemento nuevo en nuestro cerebro: el inconsciente. Esa ocasión la protagonizo Freud en el siglo XIX y su estudio lo han continuado Klein, Bion, Bick, Meltzer y, aún hoy, miles de profesionales de la salud mental en todo el mundo.

El psicoanálisis es, por lo tanto, antiguo y actual porque su nacimiento aportó la visión más coherente e intelectualmente satisfactoria de la mente. Nos ha aportado la naturaleza de los procesos mentales inconscientes, ha conceptualizado la transferencia, ha estimulado áreas de investigación como la observación de la vida emocional de los niños o el análisis experimental del apego. Además, ha aportado una técnica concreta para investigar la mente humana y un modelo de la misma cuando no existía aún ninguno que la biología pudiera aportar.

Su método es, a la vez, investigador y terapéutico pues resulta de utilidad para tratar los síntomas psicopatológicos. Y su técnica se sirve de la asociación libre y la interpretación de los sueños, entre otros, hoy en día vigentes como la “vía regia” para conocer el mundo interno que habita y constituye nuestro cerebro menos consciente. Dentro del ámbito colectivo de la sociedad científica en general, el psicoanálisis está inmerso dentro de las neurociencias pues el nacimiento de las teorías psicoanalíticas aportó a la biología una guía para su propio desarrollo. Baste recordar que cuando Freud escribió “Una psicología para neurólogos”, avanzo en sus hipótesis más que la propia biología.

En el otro nivel, el individual, el psicoanálisis nos ayuda a discriminar los aspectos saludables de los patológicos dentro del psiquismo, cuando aparecen síntomas que no son sinónimos de patología, sino de salud. Es decir, síntomas que aparecen por la resolución de un conflicto, siendo por tanto muestra de avance y no de patología. Por este motivo, para el psicoanálisis, el diagnóstico de normalidad mental requiere que nos podamos apartar de lo meramente estadístico, pues a veces, esos criterios, aunque necesarios en otros ámbitos, están lejos de dar cuenta de la responsabilidad psíquica personal y de la ética del mundo interno.

El psicoanálisis posee, además, algo exclusivo, porque es la única disciplina en la que el vínculo es en sí mismo una herramienta terapéutica y un espacio de investigación donde minuto a minuto se profundiza, se gesta la relación y se hace una terapia que transforma esta comprensión en una característica de la personalidad: la función analítica.

Considero que en la situación actual en la que se sabe que existe una relación entre el consciente, el pre-consciente de Freud y el córtex prefrontal, ahora que se han emparejado las experiencias tempranas difíciles tan estudiadas por el psicoanálisis, con una mayor respuesta al CRF (factor liberador de corticotropina) ante el estrés, o ahora que se ha podido demostrar que existen cambios en estructuras o funciones neuronales tras una intervención psicoterapéutica y que se sabe que los antidepresivos ISRS suben la serotonina pero que la psicoterapia también la sube, creo que es el momento de que se construyan y refuercen los puentes entre el psicoanálisis y la biología, estableciendo una colaboración entre los descubrimientos psicoanalíticos acerca del modelo de la mente y los hallazgos biológicos.

Aunque no seria bueno ni posible que un enfoque neurobiológico de cuestiones psicoanalíticas redujera los conceptos psicoanalíticos a los neurobiológicos, ya que las agendas del psicoanálisis, la psicología cognitiva y la neurociencia pueden superponerse, pero en modo alguno son idénticas. El papel de la biología en esta tarea sería iluminar las direcciones que tienen más probabilidades de proporcionar una visión más profunda de los procesos paradigmáticos específicos. La fuerza de la biología es su rigurosa forma de pensar y la profundidad de su análisis. Los puntos fuertes del psicoanálisis son su amplia perspectiva y la capacidad de manejar niveles complejos, inabordables aún por la biología, y el conjunto de técnicas que usa, cuya eficacia se ha consolidado con los años y la experiencia. El psicoanálisis podría hacer de tutor experto y orientado a la realidad de una comprensión sofisticada de la mente-cerebro.

Y en otro orden de cosas, en una sociedad donde se prefiere la comunicación a través de textos escritos donde la gente está a salvo de los imprevistos emocionales y de los pensamientos inesperados que surgen en el seno de cualquier conversación, creo que el psicoanálisis se hace más necesario que nunca. Preguntarnos si sigue siendo vigente sería como preguntarnos: ¿está vigente la aspirina? Según para lo que se use, pero, desde luego, que lo está. Lo que ocurre es que no vale para todo y el psicoanálisis, habiendo sido científico en sus propósitos, no lo pudo ser en su método. Como dice Kandel, la biología se impone a los seres humanos, que en eso no son distintos del resto de los animales. Pero en este viaje a los entresijos del cerebro nos recuerda que para esa máquina las limitaciones son también posibilidades.

miércoles, 8 de enero de 2020

Richard Dawkins: El gen egoísta

No hay un libro como El gen egoísta de Richard Dawkins". Estas palabras de Itay Yanai y Martin Lercher sintetizan a la perfección el legado de un libro que, tras 40 años en las librerías sigue figurando en las listas de más vendidos. Algo impresionante si tenemos en cuenta que es un libro que habla, esencialmente, sobre genes y evolución.
O quizás sea por eso. En las primeras líneas de 'El gen egoísta', Dawkins contaba que si un alienígena llegara a la tierra y quisiera juzgar la madurez intelectual de la civilización, le bastaría solo una pregunta: "¿Han descubierto ya la evolución?". Lo que no contaba Dawkins (aunque lo sabía) es que con la evolución no basta. Hizo falta alguna cosa más, entre ellas una mosca de ojos blancos, un genio matemático y un libro. Este libro.
Un día de 1910, Thomas H. Morgan estaba revisando moscas de la fruta. Llevaba dos años estudiando minuciosamente el desarrollo embrionario de la Drosophila melanogaster, así que en cierta forma era un día más. Pero no. Aquella mosca tenía los ojos blancos. Puede parecer una trivialidad, pero la Drosophila melanogaster silvestre tiene los ojos rojos. Era un mutante y no un mutante cualquiera: el mutante que abrió la puerta a la mayor revolución de la biología del siglo XX.
Diez años antes, en 1900 Carl Correns, Erich von Tschermak y Hugo De Vries, de forma independiente y sin conocer la obra de Mendelredescubrieron las leyes de la genética. Aunque la genética había surgido 45 años antes con los famosos guisantes mendelianos, sus ideas habían sido poco difundidas y, cuando se difundían, mal interpretadas.
Con el siglo, la genética comenzó a ganar adeptos pero también numerosos enemigos. No se acababa de dar explicación convincente a la explicación de cómo una procedimiento tan cualitativo podía originar lo que mostraba la evidencia, que las variaciones eran continuas. La cosa estaba clara: los defensores del mendelismo (aún muy rudimentario) tenían un puñado de casos muy claros, pero no podían explicar todo lo demás. Y todo lo demás, hablando de biología es casi todo.
Morgan descubrió que la mutación se comportaba como un carácter recesivo y que, además, solo aparecía en machos - es decir tenía algo que ver con el sexo de los animales. Durante años analizaron minuciosamente los mecanismos de la herencia mendeliana y su trabajo se considera el núcleo de la genética clásica. Aunque le valió el Nobel en 1933, sus hallazgos fueron tan importantes como insuficientes.

Un genio matemático



Fisherplaque
Para eso tuvo que aparecer Ronald Fisher, «el biólogo más grande desde Darwin» según Dawkins y, sin lugar a dudas, uno de los cinco científicos más importantes del siglo XX. Fisher, utilizando modelos matemáticos, demostró cómo la variación continua podía originarse con la intervención de una gran cantidad de material genético discreto. Había nacido la síntesis neodarwinista, la integración de la teoría de la evolución de Darwin y la genética de Mendel.
De eso, de explicar esa teoría con profundidad y audacia va 'El gen egoísta'. La misma teoría que explicó Darwin, la misma que explicó Fisher. En el prefacio a la edición de 1989, Dawkins reconocía que en realidad lo que proponía no dejaba de ser una nueva perspectiva (centrada en el gen) de la misma teoría de la evolución.

Algo más que un simple libro.

Bueno, quizá decir esto es no hacerle justicia al trabajo de Hawkins. Para entender el proyecto del libro, debemos acercarnos a aquellos días cuando Dawkins aún no era Dawkins y el mundo se encaminaba apresuradamente a una nueva época.
Según su propia versión, el libro comenzó a escribirse en 1972 ("cuando los cortes de corriente resultantes de los conflictos en la industria interrumpían las investigaciones en el laboratorio"). Habían pasado unos cinco años desde que acabara la tesis y, tras unos años en el extranjero (dos de ellos dando clase en Berkely) llevaba poco más de uno de vuelta a Oxford y a su querido New College.
Es decir, Dawkins no era Dawkins aún. Hasta 1976, su trabajo académico aunque no era malo (dos papers en Nature y uno en Science) no dejaba de ser el de una de esas jóvenes promesas científicas que salen en las listas de "30 de menos de 30".
Se puede decir, sin caer en la exageración, que en realidad fue "El gen egoísta" el que hizo a Richard Dawkins y no al revés. Como en el caso de Niall Ferguson (o quizá un poco menos) el intelectual público devoró al científico. Y sea lo que sea, aquellos que tenía en mente el joven Dawkins cuando escribió el libro en un "arrebato de excitación", se volvió rápidamente obsoleto.
Esto nos ayuda a entender lo que quizá sea la clave más importante del libro. Que bajo una idea aparentemente sencilla: "los genes buscan la inmortalidad, los individuos, las familias y las especies somos simples vehículos en esa empeño". Se esconde mucho más que una recapitulación de los 110 años de biología evolutiva previa. 'El gen egoísta' es un 'argumento apasionado' a favor de la selección natural. La primera vez que se explicaba la evolución de una forma vibrante, atractiva e incluso bella. La demostración más clara de la famosa frase de Theodosius Dobzhansky, "nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución".
Y el éxito fue atronador. Aún hoy lo sigue siendo. No obstante, o precisamente por ello, fue muy criticado. Hubo discusiones sobre si, efectivamente, la evolución actuaba solo sobre los genes o no; sobre si 'egoísta' era un buen término o daba sensación de una 'intencionalidad' que no podían tener esos trozos de material genético; y, sobre todo, sobre si el libro era una caballo de Troya de ideas morales y políticas que querían vestirse de ciencia. Pero sea como sea, el libro sobrevivió, casi indemne, a estos cuarenta años.

Cuarenta años después.

La obra de Dawkins contribuyó a que la idea de gen se convirtiera dominante en la biología de los noventa y seguramente, el Proyecto Genoma Humano aún no hubiera llegado a término si 'El Gen Egoísta' no hubiera impactado en la mente de todos los jóvenes biólogos del mundo.
No obstante, nuestro conocimiento de la biología ha avanzado mucho desde 1976. Sigue siendo un tema importante de debate a qué nivel o niveles opera la selección natural. Y nuestro conocimiento de la biotecnología dio, rápidamente, pasos de gigante. Un año después, Sanger (uno de los poquísimos científicos con dos Nobel en su haber) secuenció un genoma por primera vez. En 1984, se descubrió como identificar a alguien con el ADN. Diez años después, en el 94, se descubrieron algunas de las mayores causas genéticas del cáncer de mama (los genes de BRCA1 y BRCA2). En el 96, por fin, nació Dolly; en el 2003, desciframos el genoma humano. Y hace un par de años descubrimos como modificarlo usando su propio potencial, el CRISPR.
"El gen egoísta" ha sido uno de los libros más criticados y malentendidos de la historia. Incluso por los propios biólogos. Al fin y al cabo, en aquellas décadas el foco posmoderno había iluminado las entrañas de la ciencia y su papel como legitimadora de ideologías. Especialmente célebre fue su oposición a Stephen Jay Gould, una controversia que marcó parte del desarrollo de la biología. Y que, mucho menos acentuada, lo sigue haciendo.
Evolución, biología, literatura, críticas, pasión, impugnaciones, política, ciencia... Esto han sido los 40 años de "El gen egoísta" y lo seguirán siendo. Porque como decía el famoso genetista británico Adam Rutherford, que fue editor de Nature durante una década escribió "mientras estudiemos la vida, lo leeremos".

martes, 7 de febrero de 2017

Eduard Punset El viaje a la Felicidad




La felicidad es un estado emocional activado por el sistema límbico, al contrario de lo que opina mucha gente, "la mente racional" o cerebro consciente poco tiene que decir.
Billones de membranas y que hacen de nuestro cuerpo una comunidad andante de células, el cerebro se da cuenta demasiado tarde de que han actuado como terroristas.
Las miles de agresiones que sufren las células a lo largo del día y procesos regenerativos también pasan inadvertidos.
En la actualidad se ha detectado una proteína llamada CREB que compartimos con la mosca de la fruta y tiene que ver con la memoria a largo plazo.
También afecta a otras áreas del cerebro como nuestros instintos maternales y ritmos de sueño y vigilia. Esto sugiere que la maquinaria molecular implicada en los procesos de la memoria y del aprendizaje se ha conservado prácticamente intacta. De ahí surge el problema de la felicidad, mediada por la genética y a las emociones programadas.
La contaminación afecta sobre las células y flujos hormonales.
Las decisiones como dejar de fumar afectan positivamente en las células con posibilidad de regeneración.
Ocurre lo mismo con las emociones. Su origen en la parte no consciente del cerebro no implica que se pueda vivir al margen del sistema límbico.
A pesar de la aparente incompatibilidad entre los códigos primitivos de la amígdala y el hipotálamo, por una parte, y del neocortex por otra... Este fue el proceso gradual de adaptación de nuestros ancestros. Como dijo el pintor Antonio López: "falta de esplendor".
El poner en un segundo plano a la dirección de las emociones, sistema límbico, ha sido criticado desde Platon hasta la actualidad.
Esta vida, esta sociedad, esta cultura nos conduce a disociar las dos facetas: emocional y racional.
Esto también tiene causas biológicas profundas.
La falta de felicidad, como dice Antonio López es el reflejo de una vida gris, como plasma en alguna de sus obras.
Eduard Punset El viaje a la felicidad
Sinopsis de Rodrigo Córdoba Sanz

domingo, 8 de febrero de 2015

Alexitimia: sin palabras para los afectos

Alexitimia

En 1972 el profesor de Psiquiatría Peter Sifneos introduce el término ‘alexitimia’ (‘a’ –sin-, ‘lexis’ –palabra-, ‘thimos’ -afecto-) para referirse a un trastorno que imposibilita a la persona detectar sus propias emociones y por lo tanto darle un nombre a la hora de expresarlas verbalmente. Es por ello que las personas alexitímicas son incapaces de reconocer y poner nombre a sus emociones.
Este hecho supone una importante interferencia en la vida cotidiana del paciente, dificultándole enormemente las relaciones interpersonales, ya que las personas que le rodean difícilmente son retroalimentadas por cómo sus actos influyen al alexitímico (por ejemplo son incapaces de manifestar entusiasmo ante una buena noticia). Es por ello, que a menudo parecen personas frías y demasiado pragmáticas.
A todo ello se le une el importante nivel de sufrimiento emocional que acompaña a la alexitimia y que el paciente no sabe definir, lo que le dificulta enormemente la tarea de autorregular su emoción.
La alexitimia puede estar presente en diferentes tipos de patologías, siendo especialmente frecuente en los trastornos generalizados del desarrollo como los trastornos del espectro autista. En la mayoría de los casos, la alexitima responde a causas biológicas como los déficits neurológicos, si bien, puede ser también consecuencia de la exposición del individuo a situaciones traumáticas.

¿Cómo se comporta un alexitímico?

El diagnóstico de la alexitimia generalmente se realiza a partir de la observación (y auto-observación) del comportamiento del sujeto en diferentes situaciones en las que el reconocimientos de sus propias emociones garantiza una afrontamiento acertado. Además del componente básico de la alexitimia, la incapacidad para reconocer sus propias emociones, es frecuente encontrar en este tipo de personas algunos de los siguientes comportamientos considerados también como característicos del perfil de personas alexitímicas son:
  • Baja capacidad de introspección y de fantasías; son personas con una vida interior muy baja. Tienen una mínima tendencia a la ensoñación.
  • No detectan ni reconocen las emociones en los demás. Falta de empatía.
  • Parecen serios y aburridos.
  • Hablan muy poco.
  • Son excesivamente prácticos y racionales. Su estilo cognitivo (forma de pensar) se orienta hacia lo externo y lo concreto.
  • Muestran una importante dificultad a la hora de manejar los afectos; les cuesta establecer y mantener vínculos afectivos. Este hecho hace que desarrollen relaciones sociales inadecuadas caracterizadas por la dependencia emocional o el aislamiento social.
  • Problemas sexuales; ausencia de deseo o impotencia.
  • Son impulsivos; reaccionan de forma desproporcional ante emociones que ellos mismos son incapaces de identificar.
  • Son persona conformistas.
La Escala de Toronto es el método más empleado para apoyar al observación clínica del diagnóstico de alexitimia sin que en ningún caso sustituya al proceso comentado.

Muchos autores sostienen que la alexitimia es un concepto de rango, puesto que no todas las personas la tienen en el mismo grado, y en pequeñas dosis puede ser relativamente frecuente. Según datos de la Sociedad Española de Neurología, se calcula que el 10% de la población la padece, presentándose, según los estudios existentes, con más frecuencia en los varones.
A “sus dosis patológicas” es un trastorno que afecta principalmente a personas que padecen algún tipo de déficit neurológico o trastorno psiquiátricos como los trastornos afectivos (depresión, ciclotimia, etcétera) o lasadicciones. Este trastorno presenta una elevada tasa de incidencia (80-90%) en los trastornos del espectro autista.
La alexitimia puede clasificarse en dos tipos en función de sus causas: primarias o secundarias.

Alexitimia primaria

Responde a causas biológicas. Frecuentemente son déficits neurológicos que interfieren en la comunicación entre el sistema límbico (implicado en nuestras emociones) y el neocórtex (implicado en nuestra razón), o bien, que dificultan la comunicación entre los hemisferios cerebrales; el izquierdo encargado de la producción del lenguaje y el derecho encargado de regular y poner nombre a las emociones. 


La alexitimia primaria puede deberse a factores hereditarios, manifestándose en ese caso desde la infancia; o aparecer como consecuencia de alguna enfermedad neurológica, como laesclerosis múltiple o el párkinson, o como causa de ictus, traumatismos o tumores cerebrales.

Alexitimia secundaria

Se debe a causas traumáticas que tienen lugar en determinados momentos evolutivos o cuando la persona ha sido sometida a situaciones traumáticas intensas en la vida adulta (por ejemplo malos tratos). Muchas de estas personas sufren un Trastorno por Estrés Postraumático (TEP) el cuál explica sus síntomas. Además de con el TEP, la alexitimia puede aparecer en otros trastornos psicopatológicos como la depresión, los trastornos de alimentación (anorexia ybulimia), adicciones…
Igualmente, puede deberse a un desorden en el aprendizaje emocional del afectado.

Tratamiento de la alexitimia

Los pacientes alexitímicos generalmente acuden a tratamiento presionados por las personas que les rodean, pues son quienes realmente padecen sus síntomas. El tratamiento de la alexitimia debe contemplar el empleo de técnicas que ayuden al afectado a identificar sus emociones, al mismo tiempo que se le dota de estrategias que le permitan graduar sus emociones en función de la magnitud de los acontecimientos estresantes, revisando su estilo de afrontamiento actual. De esta manera incrementaremos el vocabulario emocional del paciente, lo que le permitirá diferenciar diferentes gradientes de la emoción según las circunstancias (por ejemplo puede estar nostálgico, triste, de bajón o deprimido).
De forma general el tratamiento de la alexitimia se basa en el desarrollo cognitivo de la conciencia emocional. Es decir, el objetivo principal del tratamiento será ayudar al paciente a reconocer y poner nombre a sus emociones. Para ello, el paciente debe aprender a seguir los siguientes pasos a la hora de comprender y regular su emoción:
  • Detectar su emoción o las emociones ajenas: “estoy triste”.
  • Asimilar la emoción: habilidad de tener en cuenta nuestras propias emociones a la hora de llevar a cabo un razonamiento determinado o toma de decisiones. Por ejemplo, debe ser capaz de decir “te hablé así porque estaba enfadado”.
  • Comprender: entender las diferentes señales emocionales, como la sensación de tensión que nos anuncia que nos estamos enfadando.
  • Autorregular las emociones: mediante el conocimiento de diferentes estrategias de control emocional a través de estrategias psico-educativas (por ejemplo lecturas) y técnicas de modificación de conducta específicas (por ejemplo imitando la conducta de una persona que actúe como modelo, entrenamiento en habilidades sociales, etcétera).

viernes, 2 de enero de 2015

Maturana: La Biología del Amor


La Biología del Amor

Maturana es el primer científico que desde su hacer como tal explica el amor. En su propuesta, el amor no es una cualidad o un don, sino que como fenómeno relacional biológico, consiste en las conductas o la clase de conductas a través de las cuales el otro, o lo otro, surge como un legítimo otro en la cercanía de la convivencia, en circunstancias en que el otro, o lo otro, puede ser uno mismo. Esto, entendiéndose que la legitimidad del otro se constituye en conductas u operaciones que respetan y aceptan su existencia como es, sin esfuerzo y como un fenómeno del mero convivir. Legitimidad del otro y respeto por él o ella, son dos modos de relación congruentes y complementarios que se implican recíprocamente. El amor es un fenómeno biológico propio del ámbito relacional animal, que en los mamíferos aparece como un aspecto central de la convivencia en la intimidad de la relación materno-infantil en total aceptación corporal. De acuerdo a Maturana, nos enfermamos al vivir un modo de vida que niega sistemáticamente el amor.
Maturana sostiene que el proceso terapéutico es siempre el mismo, cualquiera sea la forma de la psicoterapia, y que se obtiene cuando el terapeuta logra, mediante su interacción con el paciente, guiarlo, conducirlo inconscientemente, en el abandono de la negación sistemática de sí mismo y del otro, y en la recuperación de la biología del amor como la manera o hilo central de su vivir.
  

viernes, 27 de junio de 2014

Biología y Psicoanálisis

Lo biológico no es propio del psicoanálisis. Pero sí lo es el cuerpo en tanto se encuentra inscripto en el habla. Tampoco se trata de aquel diseccionado con minuciosidad vivencial por los fenomenólogos. Varios textos capitales, entre ellos la tan recurrida Fenomenología de la percepción de Merleau-Ponty, consideran al cuerpo como una unidad, una globalidad o estructura general, así, la totalidad de la presencia corporal estaría comprometida en toda percepción.
Y esto, si bien supera el dualismo, no hace del cuerpo sino un "alma corporizada", al decir de Jacques Lacan.

domingo, 4 de agosto de 2013

Identidad de Género



El cinco de mayo de 2004, David Reimer cogió su escopeta, recortó el cañón con una sierra, colocó el arma en su coche, se dirigió al aparcamiento de un supermercado de la ciudad canadiense de Winninpeg y se suicidó. Fue el final desesperado de una vida tortuosa que, a nivel psíquico, había sido una especie de viaje en una montaña rusa... Su caso se convirtió en un modelo para la investigación de los sexos.

David Reiner, nacido en 1965 como hermano mayor de un par de gemelos, había perdido el pene a los ocho meses debido a una circuncisión malograda. Un psicólogo atrevido y desinformado sugirió cambiar el sexo y pasarla a llamar Brenda.
"Brenda" seguía siendo David. Jugaba con los coches de su hermano y compartía con él su sexo, a pesar de la operación biológica que se le había realizado.

Con mucha dificultad, Brenda se adaptó al papel de chica. Cuando la niña marginada conoció su verdadera identidad a los catorce años, no dudó en someterse a otra operación. Brenda se convirtió en David. Se casó y adoptó a los tres hijos de su mujer pero nunca fue feliz.

El caso de David dio lugar a muchas conjeturas. En los años setenta, se consideró que su experiencia probaba que la identidad de género no se puede cambiar. En los 90' se dispuso lo contrario: las diferencias en el carácter de chicos y chicas son innatas, se decía, los comportamientos masculino y femenino son distintos por naturaleza.

Desde entonces, las hipótesis biológicas gozan de popularidad, a pesar de que este ejemplo citado, a mi parecer demuestra que la biología y la identidad, dicho de otro modo, las hormonas y la identificación con una identidad de género no tiene relación.

Las hipótesis biológicas defienden un hecho incontestable, si una mujer toma hormonas masculinas, las chicas se convierten en "gamberras". Una filósofa española ayuda a consumir estas hormonas para que los transexuales puedan sentir que habitan un cuerpo y una identidad coherentes.

Rodrigo Córdoba Sanz. Zaragoza. España.
rcordobasanz@gmail.com
Twitter on: @PSICOLETRA

jueves, 18 de julio de 2013

El Gen Egoísta

Resumen "El Gen Egoísta" de Richard Dawkins

Rodrigo Córdoba Sanz: La tesis de Dawkins, genial y prolífico neurocientífico es de largo alcance. Propone que la especie, las familias, quieren tener descendencia para que su componente genético perdure en un futuro, es decir, para trascender. Así pues, se puede entender la propuesta de Dawkins desde una perspectiva antropológica. Para mí tiene sentido lo que este gran hombre propone. Recomiendo la lectura de sus libros, aunque como he dicho alguna vez, el volumen y la jerga de estos no me sean muy afines personalmente. Es atractivo para biólogos, psicólogos, antropólogos y sociólogos. También para el público en general. Muchos entenderán porque los abuelos se alegran tanto de tener un bebito en la familia. Por otro lado, parece que se rompe la "magia" y el "encanto" de este proceso natural que Dawkins cuestiona.

 

En esta obra Richard Dawkins nos da una visión diferente de la Teoría de la Evolución darwinista y del modo de actuación de la fuerza evolutiva más conocida: la Selección Natural. En su “Teoría del gen egoísta” Dawkins propone que los agentes sobre los que opera la evolución no son los individuos o las especies, sino los genes. Además redefine el concepto de gen como unidad de información heredable que produce uno o varios efectos mientras que puedan existir otras unidades de información semejantes pero con efectos distintos denominadas “alelos”, pudiendo ser simples genes aislados o grupos de genes que cooperan entre sí. El “egoísmo” de los genes es una metáfora que trata de explicar que el éxito de un gen en una población depende de su capacidad de adecuarse al ambiente, y expone que cada gen sólo mira por sí mismo y sólo actuará en caso de que le reporte beneficio a sí mismo, en caso contrario no lo hará. 



Pero, ¿cómo comenzó todo esto? Dawkins propone que en el caldo de cultivo primigenio en cierto momento apareció una molécula muy especial: el primer replicador, una molécula capaz de hacer copias de sí misma. Lógicamente esta molécula tendría un gran éxito y se expandiría por todo el caldo, replicándose sin parar. Pero ningún proceso de copia es perfecto y por tanto no pasaría mucho tiempo antes de qué existiesen varios tipos distintos de replicadores, todos compitiendo por la materia orgánica disponible. El éxito de cada tipo de replicador dependería de tres factores importantes: la longevidad, la fecundidad y la exactitud de la réplica. Por este motivo los factores que mejorasen estas características serían rápidamente seleccionados como exitosos. De esta forma Dawkins plantea el origen de los genes y su continuidad en el tiempo, puesto que son las moléculas en las que se basa toda la vida y a partir de las cuales se ha desarrollado la diversidad actual. Dada la gran diversidad de replicadores es lógico que se juntaran en grupos que fuesen capaces de mejorar las probabilidades de heredarse, y es viable que desarrollasen diferentes tipos de “vehículos” y estrategias para este propósito. Los genes formaron los cuerpos como vehículos que les permiten perpetuarse en el tiempo por medio de la reproducción, máquinas que deben sobrevivir hasta haber alcanzado este fin concreto. Por ello los cuerpos compiten entre sí para ser los que mejor alcancen esta meta, y los genes de mayor éxito son los que crean cuerpos de mayor éxito.


Así pues los individuos pasan a ser simples recipientes que guardan a los genes, cuya única misión es reproducirse para que esos mismos genes sigan existiendo en la siguiente generación. Los genes que funcionan bien entre sí tienden a estar juntos porque juntos tienen más éxito y más probabilidades de heredarse que estando solos, y los recipientes que los contienen tienen también mayor éxito y son por tanto más comunes.



De todo lo expuesto anteriormente se deduce que la unidad básica de selección natural no es la especie ni el individuo, sino los genes que son lo único que queda en la siguiente generación y por tanto eternos. El “gen” pasa a ser la unidad de información más pequeña capaz de sobrevivir durante varias generaciones y de  verse afectada por el proceso de selección, al ser lo más parecido a un agente evolutivo independiente que hay. La peor característica de un gen es el altruismo, puesto que la selección natural implica la supervivencia diferencial en un acervo amplio y con muchos competidores. Así la evolución se convierte en el proceso en el cual algunos genes crecen y otros menguan en el acervo genético a lo largo del tiempo.


Como he dicho ya la finalidad de los individuos es la perpetuación de los genes que contienen y sus mayores rivales son el resto de individuos que no contienen la misma información, el “entorno”, sobre todo si son de la misma especie. Así se contempla la formación de estrategias: políticas de comportamiento preprogramadas que no tienen por qué ser conscientes. Una Estrategia Evolutivamente Estable (EEE) es aquella que una vez es utilizada por la mayor parte de una población no puede ser mejorada por ninguna de sus copias o alternativas, ya que la mejor estrategia para un individuo depende de lo que haga el resto de la población. Por tanto un acervo genético de una población será un conjunto de genes que no pueden ser invadidos por otros genes, y todo cambio dentro de este conjunto será penalizado por la Selección Natural, aunque ocasionalmente pueda darse el caso tras lo cual habrá un nuevo momento de inestabilidad transitoria hasta que se reasigne otra EEE. De esta forma ocurre la evolución.


Los grupos familiares son el único caso en el cual el autor considera posible el altruismo real, dado que todos los miembros comparten los mismos genes. También explica que los grupos de animales no emparentados existen porque aportan más beneficios que inconvenientes a cada animal, y por tanto a sus genes. Si vivir en grupo es más fácil que vivir en solitario, en grupo hay más probabilidades de reproducirse y por tanto beneficia a los genes.



Por último, el autor presenta a los “memes”. Llevando la evolución más allá de la biología pura, expone que la cultura es una estructura análoga en su funcionamiento a los genes aunque no se hereda, y que por tanto se rige por el mismo egoísmo (no sólo la cultura humana). En este caso la fecundidad es el factor más determinante de su transmisión. La “idea-meme” es la unidad cultural básica en un gran acervo de memes y se propaga por imitación de cerebro a cerebro, como un parásito. Los procesos de imitación no son perfectos y pueden dar lugar a mutaciones en el meme original. Y, al igual que los genes, los memes se refuerzan y cooperan entre ellos para la supervivencia mutua en el acervo. Pero también pueden entrar en contradicción, para lo que la selección se encarga de favorecer a aquellos que explotan su medio cultural para su propia ventaja. Finaliza su obra con un toque positivo, valorando los memes como otra forma de inmortalidad y como auténticos rivales de los genes que podrían hacerlos llegar a un segundo plano en la evolución.
 

domingo, 30 de junio de 2013

"Está en los Genes"



El determinismo genético llegó a extremos tales como los "eugenistas", estos seres humanos promovían seleccionar unos caracteres para ellos adecuados y exterminar al resto. A estas alturas pueden pensar en Adolf Hitler.
Parece que la conexión entre la teoría "científica" y el pensamiento calvinista es clara, pero ¿cómo se consiguió implantar semejante fraude en el ámbito científico?
La historia es larga pero se puede resumir en la imposición de la cultura dominante en el mundo de la ciencia, controlado, especialmente tras la Segunda Guerra Mundial por las élites financieras. Las mismas que hoy controlan la mayor parte de empresas farmacéuticas y biotecnológicas, y que apoyaron desde el principio las investigaciones de los científicos eugenistas. Se sintetiza este espectáculo en lo que decía el magnate del petróleo Jack Rockefeller: "Leyes Naturales".
Si las premisas anteriores fueran ciertas se podría crear un "superhombre", como escribía Nietzsche.
Afortunadamente, en el mundo de la ciencia prima la honestidad y franqueza como rasgos comunes. Cualquier científico puede saber que las manipulaciones genéticas y los conceptos previamente comentados explican una base "teórico-ideológica" que las sustenta.
Cambiar los genes para cambiar la conducta y los caracteres, ahora mismo, es algo fraudulento. La vida no es una gigantesca maquinaria de relojería, sino una red compleja de interacciones en la que juega un papel esencial la capacidad de cooperación y la consciencia ecológica.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta

sábado, 19 de enero de 2013

Evolución

 
"Me encanta estar casada. Es fantástico encontrar una persona especial a la que puedas enfadar el resto de tu vida" Rita Rudner. Actriz de Teatro.
Somos únicos en el reino animal. Mientras los osos en el Ártico pueden permanecer allí durante milenios perfeccionando una muy eficaz envoltura de grasa para mantener su calor, los humanos hubieran utilizado el fuego para calentarse o hubieran armado una lancha para marcharse.
El brillante biólogo evolucionista Stephen Jay Gould ha dicho en alguna ocasión: "los humanos no han cambiado en los últimos 40.000 o 50.000 años".
La creciente habilidad para descifrar el genoma humano ha permitido comparar el ADN de miles de individuos de todo el mundo y constatar algo esperanzador: todavía somos genéticamente muy diversos. Y ser diferentes significa que unos han evolucionado por caminos diferentes de otros, aunque en una mirada gruesa todos parecemos primos hermanos.
El genetista de Harvard, Pardis Sabeti, dice: "Estamos viviendo los recuerdos de nuestro pasado". Al mirar el ADN de los individuos de hoy podemos interpretar cómo han llegado hasta aquí; pequeñas dosis de esa información van componiendo el puzzle de la evolución. El equipo del Dr. Sabeti cree haber aislado 250 áreas del genoma que han continuado evolucionando por selección natural en los últimos 100.000 años.
Hay cambios obvios como puede ser el color de la piel. También ha cambiado nuestro metabolismo para digerir alimentos que no existían en el pasado. A estos hay que sumar cambios en nuestro sistema de autorregulación y en la capacidad respiratoria, lo que ha conseguido que algunas poblaciones que viven en altitudes significativas, se hayan adaptado a convivir con escasez de oxígeno.
En nuestro pasado, el sentido de inventiva y el descubrimiento de tecnologías elementales tenían una gran repercusión en la selección natural.
Hoy, habiendo cubierto, en líneas generales, las necesidades básicas de techo, alimentos, protección frente a los semejantes e incluso ante muchas enfermedades queda, en primera observación, poco campo para una selección natural competitiva.
Por otro lado, la expectativa de vida ha crecido tanto que hay muchas más oportunidades de transmitir nuestros genes. Con todo, el profesor Steve Jones de la University College de Londres, admite que "si la selección natural no se ha paralizado, por lo menos se ha ralentizado"






http://youtu.be/yX-ENt91kFo

miércoles, 4 de julio de 2012

El Hombre Neuronal




¡Ah, sí! Es preciso entender esta especial psicología de los locos, por la cual, fíjese, se puede estar incluso seguro de que un loco nota, puede notar perfectamente un disfraz delante de él, y tenerlo por tal; y, sí, señores, sin embargo, creer en él; igual que hacen los niños, para los cuales es a la vez juego y realidad.
Luigi Pirandello

Me he esmerado en ni ridiculizar, lamentar, ni detestar las acciones humnas, sino en entederlas. Baruch Spinoza.

Si no fuera un hecho de experiencia que los valores supremos residen en el Alma, la Psicología no me interesaría en lo mas mínimo, ya que el Alma no sería entonces mas que un miserable vapor.
Carl Jung


EL HOMBRE NEURONAL

Hoy asistimos a la proliferación de investigaciones sobre la genética humana, los fundamentos biológicos de sus procesos mentales, afectivos y relacionales. Estas investigaciones pretenden explicar, a partir de nuestra neuroquímica cerebral o de nuestra fisiología neuronal cómo es posible que alguien elija una pareja, decida sus inversiones en bolsa o se afilie a un partido político. Todo ello se basa en la idea del hombre neuronal, un sujeto sin consciencia, o en todo caso con una conciencia ya programada y con un funcionamiento ajeno a su voluntad, decidido por misteriosas sinapsis. Estas tesis ensalzan la idea de un individualismo irresponsable ya que sus actos estarían previamente determinadas por causas ajenas a él (bioquímica cerebral, dotación genética).
La lógica de este nuevo saber sobre el hombre, reducido a su condición neuronal, constituye una verdadera construcción de un bucle a-subjetivo que presupone dos operaciones. La primera de estas operaciones tiene como objetivo la algorización de las imágenes digitalizadas del cerebro, obtenidas por técnicas de imaginería cerebral. Este algoritmo resultante es, por definición, carente de sifnificado, son fórmulas significantes que se combinan entre sí de acuerdo a la lógica matemática.
¿Cómo dar un valor entonces a estas fórmulas? Para ello hace falta una segunda operación que consiste en extraer del discurso social un segundo significante que vinculado al primero establece una significación y realiza una evaluación sobre la adecuación o no de la conducta o de la cognición. Tomemos el ejemplo de una imagen digitalizada de un sujeto, momentos antes de realizar una inversión bursátil. La imagen obtenida se conecta con una tesis sobre la excitación que produce esa decisión y se establece así una correlación "natural" entre el algoritmo neuronal y la decisión subjetiva. O el caso de un adolescente con signos de agresividad hacia los padres, que es clasificado a partir de la correlación del tamaño de su amígdala, considerada como una estructura cerebral fundamental en la emoción, particularmente en la respuesta a estímulos de contenido negativo, con esas conductas agresivas [...]
Estas tesis "neuronales" alcanzan también el ámbito de la intervención social, si bien con menos intensidad que en otros como el de la salud o la educación. Se habla ya de la "neurona de Wall Street" para explicar el comportamiento humano con el liberalismo económico, como si actuásemos de manera isomórfica al sistema capitalista. Se pretende así encontrar las bases neurológicas de las prácticas sociales en un momento en que asistimos a un declive evidente de las ciencias humanas y sociales.
Esta pseudociencia se presenta como una liberación del re-ligare de lo antiguo. Se apoya en el poder de la ciencia, exorcizadora de las ataduras y contaminaciones de los viejos procedimientos que implicaban una "confusión" entre sujeto y objeto. La paradoja es que esa ciencia abusiva, o sea el cienctificismo, acaba dando forma sólida a una nueva religión por su carácter holístico.

Jose Ramón Ubieto Pardo: Universitat Oberta de Catalunya (UOC): "Nuevos Paradigmas de Relación Asistencial".
Papeles del Psicólogo. Vol. 33-2012. Mayo-Agosto.