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martes, 22 de diciembre de 2020

Era Un Mundo Feliz

 


Pixabay/T.P.Heinz. Pixabay licence.

Decir que hay dos virus activos en nuestra sociedad, el bioquímico y el del miedo en la mente de la gente, no es una gran revelación. Pero la forma en que el primero desencadenó el segundo, junto con los encierros y confinamientos que para hacer frente a la pandemia se propagan por todo el mundo como un síndrome autodestructivo de la especie humana, vale la pena observar lo que pasa desde una perspectiva psicológica.

La primera pregunta es ¿cómo fue posible llevar a cabo medidas tan draconianas tan rápidamente y con un cumplimiento tan extraordinario? El miedo, por supuesto, es la respuesta: usándolo, o en el caso del coronavirus, siendo usado por él.

El miedo al virus es en realidad el miedo a la muerte - la propia, o la de un pariente cercano – a solo un paso de la propia. No es la infección por Covid-19 lo que asusta tanto a la población, sino más bien la presencia de la propia mortalidad acechando dentro de este agente viral invisible y aleatorio que es capaz de golpear a cualquiera, en cualquier momento, incluso a los de más arriba.

La fuerza de esta reacción se ve favorecida por la constante y unilateralidad de los medios de comunicación, que hacen hincapié en las cifras totales de muertes e ignoran las recuperaciones, que se podrían considerar igualmente importantes, hasta el punto de que, por ejemplo, el Reino Unido nunca publica la cifra de pacientes recuperados.

Sin embargo, uno debe ser cauteloso con respecto a la culpa, o a disparar al mensajero, porque el mensajero mismo se asusta, a menudo por sus propios informes.

Las tendencias nacionales a auto-infectarse con el virus del miedo inducen a un "pensamiento catastrófico" y son altamente infecciosas en sí mismas - de ahí la notable propagación de los confinamientos en todo el mundo.

Debido a que el miedo a la muerte es un motivador tan poderoso que puede abrumar a reacciones más ponderadas y conscientes. Una vez activado, el "Arquetipo de la Muerte", como lo identificó el psicólogo analítico C. G Jung, puede detonar rápidamente y tomar el mando de la respuesta humana.

Como admitió David Halpern, el Jefe Ejecutivo del Equipo de Conocimiento del Comportamiento (BIT) responsable de dar forma a la publicidad de la Covid-19 en el programa de la BBC Radio 4 Start the week el 27 de abril, el mensaje de miedo que lanzó el gobierno británico "Quédate en casa, protege el sistema de salud, salva vidas", "...fue tan efectivo que se quedó en casa demasiada gente que en condiciones normales debería haber ido al hospital".

Con una reducción del 50% en los ingresos por urgencias y un aumento de las muertes en casa, el gobierno ha cambiado recientemente el mensaje para corregir este exceso de respuesta, animando a la gente a ir al hospital y no proteger tanto al sistema de salud.

Para aquellos historiadores culturales que trazan las tendencias emocionales de las sociedades a lo largo de las décadas, el actual estímulo de este Arquetipo de la Muerte podría incluso llamarse cíclico.

Afirman que esta tendencia o mecanismo psicológico también es, como el propio coronavirus, un residente permanente en la sociedad humana. También permanece latente en los organismos para ser despertado de vez en cuando bajo diversas formas, y luego causar estragos.

Los ejemplos incluyen las formas en que las sociedades pueden derivar hacia otros acontecimientos autodestructivos, generalmente guerras. La Primera Guerra Mundial es un caso clásico (fue inicialmente popular en ambos lados). La Segunda Guerra Mundial fue engendrada por imperativos inconscientes similares una generación más tarde; fijémonos en las oscuras imágenes de los nazis, parecidas a la muerte, demasiado heroicas, que asustaron tanto como inspiraron al pueblo alemán, sin mencionar los cientos de guerras menores que ocurrieron desde entonces.

Tales acciones siempre se llevan a cabo en nombre de causas más grandes y nobles. Psicólogos analíticos como Sigmund Freud o Jung afirman que están impulsados por sentimientos no reconocidos que buscan hacerse conscientes.

Mucha gente alberga un deseo inconsciente de conflicto porque expone emociones que secretamente necesitan visualizar, y luego entender en sí mismos. Freud llegó a identificar lo que llamó una "pulsión de muerte" en su ensayo "Más allá del principio del placer", o Thanatos, publicado en 1920, curiosamente, justo después de la Primera Guerra Mundial. La imagen de la muerte generada por la Covid-19 está directamente relacionada con esto, aunque afortunadamente no involucra armas.

Cada gobierno y cada dictador sabe que una población asustada será probablemente más complaciente con el poder.

Los observadores políticos contrarrestarán esta "psicologización excesiva" del comportamiento social, diciendo que acciones como las guerras son cuidadosamente planeadas y tramadas por los perpetradores hambrientos de poder.

Pueden señalar relatos bien documentados como el libro "Forging War" de Mark Thompson, que seguía la pista de cómo los medios de comunicación fueron sistemáticamente explotados por los ingenieros sociales en las recientes guerras de los Balcanes. Pero incluso en los Balcanes, un ingeniero principal fue el psiquiatra serbobosnio Radovan Karadžić, que estaba perfectamente entrenado en el arte de los disparadores inconscientes. Cada gobierno y cada dictador sabe que una población asustada será probablemente más complaciente con el poder.

En cuanto a la importante desactivación del Arquetipo de la Muerte - o para ampliar la analogía viral, la generación de los anticuerpos mentales necesarios - una vez reevocado, el cerebro a menudo entrará en modo de pánico o catástrofe. A nivel nacional esto puede inducir reacciones como declarar la guerra, iniciar un feroz autoaislamiento o proteccionismo, emitir nuevas leyes draconianas y hacer cumplir los "encierros".

El confinamiento radical es una de esas reacciones, inicialmente similar emocionalmente a ir a la guerra, y con consecuencias económicas comparables. Ataca el comportamiento del virus directamente e intenta "vencerlo" como a un enemigo.

Desde el punto de vista psicológico, es la respuesta más simple, que implica el uso de fuerzas policiales y a veces militares. Aunque el Reino Unido, Francia, Italia y España probablemente estuvieron acertados al principio al confinar a la población, demasiada simplicidad corre el riesgo de paralizar el organismo anfitrión a menos que se matice rápidamente - para evitar que "el remedio sea peor que la enfermedad" (como sucede en la mayoría de las guerras).

En el caso de los conflictos militares a gran escala, después de las enormes cifras de muertes y de las economías machacadas, un nuevo sentimiento se extiende gradualmente a través de la sociedad, el sentimiento de "nunca más". Se trata del “yo” que finalmente se concilia con su propio Arquetipo de la Muerte en el brutal proceso de aprendizaje que comporta la guerra, creando sus propias células mentales anti-virales.

Estas respuestas neuronales se imprimirán físicamente en las células de la memoria, durando hasta la siguiente generación, momento en el que el ciclo de infección, si no se protege, puede comenzar de nuevo (como en la Segunda Guerra Mundial).

Pueden trazarse paralelismos con el proceso de duelo personal. También produce eventualmente su propio estilo de reacción antiviral - usualmente algún tipo de respuesta cognitiva, y frecuentemente, aunque no siempre, efectiva.

Los éxitos del mecanismo se pueden apreciar en las extraordinarias transformaciones de carácter, en la repentina capacidad de perdonar a los enemigos (como en algunas familias de Irlanda del Norte), y en un nuevo estilo de comportamiento maduro y menos reactivo.

Pero para que esto suceda, una sociedad necesita entender qué procesos y señales psicológicas están en funcionamiento. Esto nunca es fácil, porque los individuos invierten mucha energía en mantener sus debilidades ocultas, tanto las suyas como las de los demás. Sin orientación, un Arquetipo de la Muerte fuertemente reestimulado puede producir reacciones exageradas como ansiedad, agresión y la necesidad de culpar (es decir, miedo proyectado en los demás), junto con una variedad de transtornos mentales. Esto ya se está viendo en la pandemia con un aumento de los suicidios y de la violencia doméstica durante los confinamientos.

Para ayudar a encontrar soluciones vale la pena plantear brevemente una pregunta sociológica más amplia: ¿por qué la sociedad mundial ha reaccionado tan fuertemente a lo que es, en efecto, un virus relativamente leve, al menos cuando se compara con los del tipo de la Gripe Española de 1918?

Desde el punto de vista puramente psicológico, ha sido difícil no notar la silenciosa acumulación de ansiedad en las sociedades occidentales durante la última década. Muchos meses antes de la llegada del virus, se hizo normal decir a los amigos que partían, "que tengan un buen viaje", como si el miedo se estuviese poniendo de moda.

Ya habían empezado a aparecer libros con títulos como "La edad de la ira" (siendo la ira una expresión de miedo); los problemas de salud mental empezaron a recibir una cobertura mediática cada vez mayor; y se estaban difundiendo nuevas estadísticas, por ejemplo, que "el 18,1% de los estadounidenses" sufren de ansiedad hasta el punto de llegar a automedicarse. Y todo esto ocurre en el entorno global más rico y mejor protegido que los seres humanos han producido para sí mismos jamás.

Pero la nueva riqueza también ha producido la mejor protección contra la experiencia humana. La terca realidad - el entorno de aprendizaje más efectivo para el yo - ha sido reemplazada por sus sustitutos más suaves en las películas, en Youtube y en otros medios. La mortalidad ha sido escondida, suavizada, y re-encerrada detrás de la pantalla. Pero debajo de ella el Arquetipo de la Muerte siempre acecha. En algún momento, todo ser vivo debe enfrentarse a ese Arquetipo cara a cara. El Coronavirus ha puesto bruscamente esta confrontación ante nosotros.

Ahora, cada mascarilla o cada tos de un niño puede producir imágenes de nuestra propia fatalidad. Además, con la nueva riqueza ha llegado el tiempo libre, los robots e Internet. Las poblaciones tienen mayor espacio para pensar, investigar, preocuparse, elevar sus expectativas y sentir la correspondiente frustración cuando éstas no se cumplen.

Asumiendo que las mutaciones de la Covid-19 no evolucionen en algo peor que lo que ya tenemos (como la segunda ola de la Gripe Española en 1918), puede que nos hayamos librado de esta última manifestación del Arquetipo.

Pero el Arquetipo envía una clara advertencia sobre la necesidad de enfrentar las emociones difíciles y las debilidades. Como el propio virus, un antivirus permanece en el organismo, esperando a ser recibido de nuevo en la corriente sanguínea, una vez que se haya reunido el coraje necesario para mirar a la emoción ancestral del miedo, fríamente, a los ojos.

Rodrigo Córdoba. Psicólogo Clínico y Psicoterapeuta. Zaragoza.                Gran Vía 32, 3° Izqda.                        Tfno.: 653 379 269                  Instagram: @psicoletrazaragoza.          Página Web: Psicólogo Zaragoza

Un mundo feliz

 

Los seres humanos se cultivan y hay castas: Alfa, Beta, Gamma, Deltas y Épsilon. Los Alfas son inteligentes, altos y guapos; los Épsilones, bajos, tontos y feos. Todos son permanentemente felices. No hay guerra ni pobreza, tampoco familia, diversidad cultural, arte, avance en la ciencia, ni en la literatura ni en la filosofía


Aldous Huxley el autor que sí logró imaginarse cómo viviríamos en "Un mundo feliz"

Aldous Huxley no es tan famoso como lo es George Orwell hoy en día. Ciertamente no hablamos sobre el Estado Mundial o de Mustafá Mond de "Un mundo feliz" tan a menudo como lo hacemos sobre el Gran Hermano y el Ministerio de la Verdad de "1984". Pero eso no significa que la obra de Huxley sea menos precisa o importante.

Es incluso posible argumentar que Huxley anticipó correctamente más cosas.

Esa era la opinión del gran escritor de ciencia ficción JG Ballard, conocido como el "Sabio de Shepperton" gracias a sus capacidades proféticas que tan claramente demostró en sus propias novelas.

Ballard dijo: "La mejor novela de Huxley, 'Un mundo feliz', es una suposición mucho más astuta de las características probables de una tiranía futura que la visión de Orwell del terror estalinista en '1984'".

El punto crucial para Ballard era que Huxley describía un mundo en el que la humanidad asumía con beneplácito su esclavización.

En "1984", el Gran Hermano es un opresor que constantemente estampa su bota en un rostro humano.

En "Un mundo feliz", gracias a los medicamentos que alteran el estado de ánimo, las distracciones de la tecnología de los medios de comunicación de masas y el fácil acceso a la satisfacción sexual, la mayoría de las personas no se da cuenta de que no son libres.

En esa sociedad, el descontento fue sofocado por la publicidad, la medicación, el sexo y el entretenimiento, algo que realmente suena muy familiar. Tan familiar que es difícil de creer que "Un mundo feliz" fue escrito a principios de la década de 1930.

Es igualmente difícil de creer que su autor de tendencia futurista -quien además describió fenómenos modernos como los bebés in vitro y el cine de realidad virtual- fue a menudo considerado como uno de los "últimos victorianos".

Pero Huxley siempre fue un hombre paradójico e inusual.


Era parte de una reconocida familia de intelectuales, y aparte de sus novelas y ensayos, escribió cuentos, poesía, bitácoras y guiones de cine. Nació en Reino Unido en 1894 y murió en Estados Unidos en 1963.

Por un lado, era nieto del gran científico victoriano T. H. Huxley, conocido como "el bulldog de Darwin" por su vigorosa defensa de la Teoría de la Evolución.

Había estudiado en la prestigiosa escuela Eton por lo que su manera de hablar era refinada y sus buenas maneras, infalibles.

No estaba de acuerdo con el consumo excesivo de tabaco y la bebida.

Estuvo felizmente casado con su primera esposa María hasta la muerte de ella en 1955, y luego con su segunda esposa Laura hasta su propia muerte en 1963, el mismo día en que John F. Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico.        N° Col.: A-1324 Zaragoza. Tfno.: 653379269.  Psicoterapeuta. Gran Vía 32, 3° Izqda.                Instagram: @psicoletrazaragoza.                        Página Web: Psicólogo-Psicoterapeuta Zaragoza        

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Qué es la psicología perenne?



Aunque Dios está presente en todas las cosas, sin embargo solo es presente a ti la parte más honda y central de tu alma.
Una Naturaleza, perfecta y penetrante, circula en todas las naturalezas; una realidad, que todo abraca contiene en sí todas las realidades.
La psicología perenne realiza un análisis y posterior integración de las corrientes esotéricas para su posterior forma con la psicología. La psicología perenne procede de la filosofía perenne. El primero que acuñó dicho concepto fue Aldous Huxley.
Luego han sido otros que han realizado ese trabajo de integración como Ken Wilber, personaje brillante free-lance.
Son muchos los que han contribuido al desarrollo de esta psicología que tiene conexiones con Jung y la psicología transpersonal que lidera Stanislav Grof.
Se trata de una forma de hacer un ejercicio para ensamblar Occidente y Oriente.

Rodrigo Córdoba Sanz, Psicólogo y Psicoterapeuta. Zaragoza.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Psicología Transpersonal: orígenes



Qué es la Psicología Transpersonal

 

El Enfoque Integral
      Para explicar qué es la Psicología Transpersonal, primero debemos ubicar esta disciplina dentro de un contexto más general, o sea, dentro de un enfoque Integral, siendo éste un modo de mirar la realidad toda (y no sólo lo psicológico). Este enfoque Integral abarca distintas disciplinas: Psicología, Psiquiatría, Antropología, Sociología, Arte, Educación, Economía, Medicina, Física Cuántica, Sociopolítica, Ciencias de la Comunicación, etc.). ¿Qué es lo que caracteriza a este modo de mirar la realidad, aplicable a tan variados marcos de trabajo? El eje central es el considerar como fundamento de esa mirada la Unidad Trascendente de todo lo que existe, el Sentido de lo Sagrado que sostiene toda la realidad visible e invisible.

      En las últimas décadas, esta mirada trascendentalista o espiritual fue impregnando las diversas áreas del conocimiento humano, implicando en ello el tener en cuenta las antiguas Tradiciones de Sabiduría de diferentes culturas (Budismo, Taoísmo, Sufismo, Chamanismo, Misticismo Judeo-Cristiano, etc.). Estas Tradiciones tienen un núcleo de Conocimiento que comparten, más allá de sus diversas formas externas. Ese núcleo de Conocimiento fue llamado por Aldus Huxley Filosofía Perenne. Los investigadores y científicos contemporáneos que adscriben a este paradigma han observado que existe un correlato entre las descripciones de la realidad que ofrece la ciencia
moderna, y ese cuerpo de Conocimiento de la Filosofía Perenne.


La Psicología Humanista-Transpersonal
      Si llevamos estos conceptos al área de la Psicología, nos encontramos con un encuadre que tomará tanto las investigaciones sobre el psiquismo humano realizadas por la Psicología actual, así como aquéllas que fundamenta la Psicología de lo Sagrado, representada por las diversas Tradiciones de esa Filosofía Perenne. Esto implica, entonces, que la Psicología Transpersonal abarcará tanto los procesos del psiquismo egoico, con sus características propias y sus patologías, como aquel aspecto del universo interno que hace a lo transegoico, o sea, a lo espiritual, a lo Trascendente.
      En ese sentido, vemos que la mirada de la Psicología occidental se fue basando desde sus orígenes en el estudio de lo patológico (neurosis y psicosis), teniendo en cuenta recién hacia la década del ’60 los aspectos sanos del psiquismo humano, al aparecer en el horizonte la Psicología Humanista (Maslow, Rogers, Frankl, Sutich y otros). El Movimiento Humanista es el antecesor cronológico e ideológico de la Psicología Transpersonal, dado que, al hacer hincapié en investigar los aspectos más sanos del hombre, y los modos de estimular el proceso de autorrealización, derivó en forma natural en verter su mirada hacia los aspectos espirituales del ser humano. Esto coincidió históricamente con la difusión de la Psicología de los monasterios de Oriente (particularmente acentuada por la diáspora producida por la invasión china al Tibet).
      De esta manera, la Psicología Transpersonal fue naciendo como una continuación natural de la Humanista, adscribiendo a esa denominación en virtud de abarcar aquellos aspectos del universo interno que casi no habían sido tenidos en cuenta por Occidente: lo que está más allá del Ego, lo Trascendente.
      Esta Psicología fue formalmente instaurada por Abraham Maslow y Anthony Sutich en 1969 con la publicación del Journal of Transpersonal Psychology, seguida de la fundación de la Association for Transpersonal Psychology en California (EEUU) en 1972. Posteriormente, destacados terapeutas e investigadores fueron desarrollando sus principales conceptos. Entre ellos cabría destacar a Ken Wilber, Stanislav Grof, Frances Vaughan, Roger Walsh, Charles Tart, John Welwood, y otros.
      Hoy en día, el enfoque Transpersonal se ha expandido por los cinco continentes, irradiándose a través de Asociaciones y Centros de Estudios en distintos países del mundo. Así, se ha vuelto el marco de trabajo de profesionales y científicos de las más variadas áreas, a tal punto que los congresos y convenciones que reúnen a quienes adscriben a este paradigma, convocan a terapeutas, científicos, filósofos, educadores y hasta a líderes religiosos de los más variados sectores, en consonante búsqueda de lograr un enfoque integral del conocimiento humano.
                     

viernes, 27 de diciembre de 2013

Aldous Huxley y la Psicología Perenne

Aldous Huxley. La Filosofía Perenne. Libro publicado 2011.
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Huxley presenta la Filosofía Perenne como el sustrato común que tienen todas las tradiciones religiosas y espirituales que se han desarrollado a lo largo de la historia. Sería la metafísica, psicología o ética que pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo ser – que puede ser llamada Dios, Atman, Budeidad, Tao, o de muchas otras formas -.
Huxley no es un iluminado, sino un intelectual inquieto abierto a explorar terrenos poco firmes para la racionalidad como los estados alterados de conciencia, los fenómenos psíquicos o el misticismo. Para ilustrar su exposición sobre la Filosofía Perenne investiga en escritos de maestros espirituales de tradiciones tan distintas como el Cristianismo, el Budismo o el Hinduismo, y acompaña cada argumento suyo con fragmentos de éstos. En muchas ocasiones deja claro que un mismo concepto es expresado a través distintos lenguajes por autores muy lejanos temporal, espacial y culturalmente.
La teoría de Huxley es que todas las tradiciones religiosas y espirituales, en sus vertientes místicas, apuntan en la misma dirección: el conocimiento del Yo más profundo, la divina Base o simplemente Dios. De este modo invita a superar barreras dogmáticas y a encontrar esa Verdad que subyace no sólo en la tradición religiosa de la cultura del lector, sino en la de cualquier manifestación espiritual auténtica de cualquier territorio del globo.

Asimismo, Huxley considera que una sociedad es buena cuando permite que sus miembros practiquen técnicas contemplativas que lleven a advertir esta Totalidad. De hecho, llega a afirmar en varias ocasiones que el fin de la vida humana es la práctica contemplativa.
Huxley es rotundo en sus opiniones políticas. Considera que tanto los reaccionarios como los revolucionarios están obcecados con su búsqueda de la utopía -para los unos en el pasado, para los otros en el futuro- y esto les lleva a ejercer la violencia contra otros seres humanos y contra la naturaleza, alejándolos por completo de la la Verdad. Por eso, afirma que la política de los sabios es siempre pacífica, pues éstos tienen sus metas en lo que está más allá del tiempo. El modelo político de quienes siguen la Filosofía Perenne estaría basado en el pacifismo, el respeto a la naturaleza, la compasión hacia otros seres humanos y la generación de unas condiciones sociales, políticas y económicas que permitan a las personas conocerse a sí mismas.
Como técnica para conocer la divina Base, Huxley propone la contemplación en cualquiera de sus diferentes formas, que no es más que esa oración en silencio, no verbal, en la que el contemplativo observa tanto el mundo externo como su interior sin juzgar, ni elegir, ni identificarse. El autor da a entender que este método ha sido compartido por maestros tan distantes como San Juan de la Cruz, Buda Gautama o Lao Tse. No obstante, Huxley ve también la práctica de una vida ética y la dedicación intensiva como elementos necesarios para llegar a buen puerto.
Este ensayo me parece muy aconsejable para dos tipos de personas: aquellas interesadas en la espiritualidad que estén cansadas del pensamiento blando de la new age y los racionalistas ateos o agnósticos que deseen escuchar la opinión de un racionalista heterodoxo. Tras leerlo, no he podido evitar pensar lo bueno que sería que las religiones institucionalizadas y aquellos que se identifican con ellas abriesen sus miras y escuchasen voces como la de Huxley, un antídoto contra el fundamentalismo y la intolerancia, una llamada al diálogo intercultural en la búsqueda de la Verdad.
Fuente: http://bibliotecadeleter.wordpress.com/
Philosophia Perennis: el término fue acuñado por Leibniz, pero el concepto es inmemorial y universal. Es la metafísica que reconoce una realidad divina en el mundo de las cosas, vidas y mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar a la realidad divina; la ética que pone la finalidad última del hombre en el conocimiento de la base inmanente y trascendente de todo ser.
Pueden hallarse rudimentos de la Filosofía Perenne en las tradiciones de los pueblos primitivos en todas las partes del mundo. Las primeras versiones escritas de este factor común de todas las teologías datan de hace veinticinco siglos, y desde entonces el tema ha sido tratado una y otra vez por todas las tradiciones religiosas. Aldous Huxley ha recogido en este volumen los escritos que ilustran mejor la idea de Filosofía Perenne, pero también los más destacables por su belleza y memorabilidad.
Descargar:
Aldous Huxley – La Filosofía Perenne.pdf (1.6 MB)
https://mega.co.nz/#!ER8zXY7D!eC9sjVhCcXkPVR8dUwB9sQKQcN1GvFx9SQcJpm3nuPE
http://c0ntracultura.wordpress.com/2013/09/09/la-filosofia-perenne-aldous-huxley-libro-pdf/

















jueves, 26 de diciembre de 2013

Las puertas de la percepción

 
 
LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN: ALDOUS HUXLEY

Desde la puerta me dirigí a una especie de pérgola cubierta en parte por un rosal trepador y en parte por listones de una pulgada de ancho, con media pulgada de espacio entre ellos. Brillaba el sol y las sombras de los listones formaban un dibujo de cebra en el piso y en el asiento y el respaldo de la silla de jardín que se hallaba al fondo de la pérgola. Esta silla... ¿La olvidaré alguna vez? Allí donde las sombras caían sobre la lona de la tapicería, las franjas de un añil a la vez profundo y brillante alternaban con otras de una incandescencia tan intensa que era difícil creer que no estuvieran hechas de fuego azul. Durante un lapso que pareció inmensamente largo, miré sin saber, incluso sin desear saber, lo que tenía delante. En cualquier otro momento hubiera visto una silla con alternadas franjas de luz y de sombra. Hoy, el precepto se había tragado al concepto. Yo estaba tan completamente absorbido por el mirar, tan fulminado por lo que realmente veía, que no podía darme cuenta de ninguna otra cosa. Muebles de jardín, listones, luz solar, sombras... Todas estas cosas no eran más que nombres y nociones, meras verbalizaciones, para propósitos utilitarios y científicos, después del suceso...