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miércoles, 11 de agosto de 2021

Aristóteles: Citas

 

ARISTÓTELES


  • La meta de los sabios no es asegurar el placer, sino evitar el dolor.
  • Es más valiente quien supera el deseo a quien supera al enemigo.
  • Quien no es un buen seguidor no puede ser un buen líder.
  • El alma nunca piensa sin una imagen mental.
  • La filosofía puede enfermar a las personas.
  • Todos los trabajos remunerados degradan y absorben el alma.
  • El ingenio es insolencia educada.
  • Los hombres malos están llenos de arrepentimiento.
  • La naturaleza nunca hace nada en vano.
  • El secreto del humor es la sorpresa.
  • La finalidad del trabajo es el ocio.
  • El cambio siempre es dulce.
  • La única señal exclusiva de conocimiento profundo es el poder de enseñar.
  • El amor se compone de un alma habitando por dos cuerpos.
  • Un verdadero amigo es un alma en dos cuerpos.
  • El carácter puede casi ser llamado el medio más eficaz de persuasión.
  • El que es incapaz de vivir en sociedad o el que no tiene necesidad porque tiene suficiente consigo mismo, debe ser o una bestia o un dios.
  • La victoria tiene muchas madres y la derrota es huérfana.
  • Percibir es sufrir.
  • En todas las cosas de la naturaleza hay algo maravilloso.
  • Los que saben, hacen. Los que entienden, enseñan.
  • La ley es razón libre de pasión.
  • Los grandes hombres son siempre de una naturaleza originalmente melancólica.
  • La democracia es cuando los indigentes, y no a los hombres de propiedad, son los gobernantes.
  • En la pobreza y otras desgracias de la vida, los verdaderos amigos son un refugio seguro.
  • En una democracia los pobres tendrán más poder que los ricos, porque hay más de ellos, y la voluntad de la mayoría es suprema.
  • El placer en el trabajo pone la perfección en el trabajo.
  • El buen estilo debe ser, ante todo, claro.
  • La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia.
  • Un buen estilo debe tener un aire de novedad y al mismo tiempo ocultar su arte.

domingo, 10 de enero de 2021

Filosofia y Prisión

 



Empeñados en dotar de herramientas filosóficas a todos, a todas, y especialmente a quienes más lo necesitan (porque quizá nunca oyeron hablar sobre tal cosa), un grupo de investigadores con José Barrientos-Rastrojo a la cabeza están inmersos en la aventura de llevar la filosofía a la prisión. Este es el relato de su experiencia. 

La filosofía, la importancia del pensamiento crítico… Muy bien, en las universidades lo saben. Y en los institutos y en los colegios también o, al menos, deberían saberlo. Pero no basta con eso. La filosofía es aventura y riesgo serio. No es una sentada de horas de estudio, sino un empujón. A Eduardo Vergara, licenciado en filosofía, pero sobre todo militante de esa rama del conocimiento, el empujón le hizo llevar la filosofía las cárceles. Su proyecto se materializó en 2007 en las prisiones de Mairena del Alcor y de Alcalá de Guadaira (Sevilla, España). Allí empezó todo gracias al apoyo de José Barrientos pionero y experto en filosofía aplicada e impulsor del grupo ETOR (Educación, tratamiento y orientación racional) que había surgido a principios de los 2000 al calor de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Sevilla. Él es el director de este proyecto y quien lo explica pormenorizadamente y de primera mano, en este artículo. Resumido muy brevemente consiste en llevar a cabo talleres de filosofía para presos que realmente tengan una repercusión en su vida, su actitud y comportamiento y cuyos efectos sean, a ser posible, cuantificables. En la actualidad el proyecto ha cruzado el charco y, en su versión llamada BOECIO, se desarrolla en México y Brasil y tiene objetivos ambiciosos de ampliación.

Antes de comentar en detalle la especificidad de estos talleres, una matización importante: «El peligro de hablar de diferencias de aquellos que están en prisión
–explica Barrientos– es incentivar la estigmatización social al atribuirles características por naturaleza vinculadas con la violencia, o con deficiencias cognitivas o de socialización. Muchos reclusos se encuentran en prisión por sentencias que se acaban demostrando que no eran correctas o, aún más grave, por venganzas personales procedentes de poderosos, por falta de recursos económicos para afrontar un proceso justo o por ideología del sistema (por ejemplo, conocemos casos de mujeres en prisiones latinoamericanas con penas largas por un delito que cometieron junto a su pareja masculina y ellos están fuera de prisión). Esta reflexión no desea exculpar a todos los internos, sino que quiere evitar valoraciones simples en una situación que es muy compleja y que requiere matizaciones que no siempre aparecen en los medios». Dicho esto –prosigue Barrientos-Rastrojo– el filósofo no trabaja en prisión para imponer justicia, hacer valoraciones éticas y menos desde una conciencia de las actividades previas del alumno. De hecho, una de las primeras máximas del filósofo aplicado es superar estas etiquetas para empezar a restituir al delincuente, devolverle su posibilidad de ser algo más amplio que una categoría devaluadora que lo distinga respecto a los seres normales, como se explica en Vigilar y castigar o en obras de Juan Pablo Mollo».

«El filósofo no trabaja en prisión para imponer justicia ni hacer valoraciones éticas», explica Barrientos-Rastrojo

Con todo, hay diferencias y estas empiezan por las más básicas: entrar en una cárcel no es lo mismo que entrar en cualquier otra institución. Un acto en teoría tan sencillo se puede convertir en una hazaña por culpa de rituales burocráticos pesados y enrarecidos: «Entrar en prisiones españolas como voluntario depende de pasar el filtro de las asociaciones que copan el trabajo dentro o de contacto de personas que llevan mucho tiempo desarrollando talleres». Y aprovecha para dar las gracias a todas aquellas personas que les han ayudado en su empeño. Por otra parte, hay dificultades técnicas, deudoras de la propia situación de encierro. «Primero, hay ciertos objetos que no se pueden introducir en prisión o requieren semanas y meses para hacerlo. En prisiones latinoamericanas, la pobreza conduce a tener dificultades para tener los rudimentos más básicos como una pizarra. Asimismo, la frecuencia en la asistencia a un proyecto de siete meses puede ser problemática puesto que hay traslados repentinos, personas que entran en aislamiento u otras circunstancias que no siempre aseguran la continuidad. Por otro lado, los talleres pueden cuestionar ideologías útiles para el sistema creado dentro y que manipula como el pensamiento de que asesinar es un mecanismo de elevación en el ranking masculino. Esta es una auténtica acción de pensamiento crítico con posibles consecuencias cercanas a lo que sucedió a Sócrates o Séneca. Sin embargo, saca a la filosofía de ser una mera impostura, transforma al filósofo de mero dandy crítico y abúlico a un comprometido pensador que se enfrenta al sistema de forma real». 

La filosofía es un gimnasio 

Los talleres son largos, de entre cinco y siete meses, y no consisten en dar una clase de filosofía y debatir sobre los temas propuestos, no. La tarea del conductor es dotar de herramientas filosóficas a los internos para el desarrollo de su pensamiento crítico, el gobierno de sí y de sus emociones. Pero esto corre por su cuenta, de modo que lo que importa no es la atención prestada a la sesión semanal, sino lo que el recluso hace con aquello que ha apuntado o que ha escuchado durante la semana. «BOECIO no es un curso que proponga contenidos, sino que crea escenarios para que los internos crezcan filosóficamente. Este crecimiento les ayuda a que sean ellos los que generen sus propios pensamientos. Así, se rompe la estructura unidireccional de la enseñanza de la filosofía puesto que el interno ha de ser el agente de su cambio (si lo desea). Nosotros solo le proporcionamos los pinceles: la obra de arte de su vida es responsabilidad suya.

La misión de quienes imparten los talleres no es proponer contenidos, sino conseguir que los internos crezcan filosóficamente y lleguen a generar sus propios pensamientos: así se rompe la unidireccionalidad de la enseñanza de la filosofía

Por pertinentes que pudieran parecer asuntos como la esperanza o el perdón «el temario no se centra en contenidos, sino en habilidades prácticas. Por ejemplo, dos sesiones del proyecto se centran en la diakrisis, es decir, en aprender a distinguir (1) lo que depende de mí y puedo cambiar y (2) lo que no depende de mí y debo aprender a aceptar. Este taller ha levantado temas como la esperanza y el perdón, pero lo que se buscan no son las respuestas o sistemas generados, sino mejorar las capacidades de los asistentes para incentivar su autonomía para darse respuestas, para que estas les lleven a la acción o para que acepten sus descubrimiento, según el caso». 

Ejercicios filosóficos

Junto a la mencionada diakrisis, en los talleres se llevan a cabo otros ejercicios como la desensibilización óntica o visión cósmica. Se trata de saber distanciarse de un problema para llevar a cabo un mejor autogobierno. Al ser capaz de pensarse o verse a uno mismo desde fuera de las situaciones de conflictos cambia de inmediato la percepción del problema y también las reacciones y sus efectos. Por ejemplo: hay una bronca en el patio, me empujan y respondo con un puñetazo; pero si viera el lío desde uno de los corrillos o desde una ventana, ¿reaccionaría igual? Seguramente no entraría o no bajaría a pegar a nadie.

Otro de los ejercicios es la premeditatio malorum, un ejercicio estoico que trata de adelantarse a lo que ocurra y pensarlo sobre todo en términos negativos: imaginar que somos ciegos o que no podemos ver los colores tiene repercusiones sobre la conciencia y el valor que damos a lo que tenemos al tiempos que nos prepara por si alguna de esas desgracias ocurriera.

Querencia estoica

Como se deja intuir a través de los ejercicios, los estoicos son los filósofos de cabecera de este proyecto. «Recurrimos a trabajos de Séneca, Marco Aurelio, Epicteto, Crisipo o Musonio Rufo. Pero, además, añadimos textos de otros autores que sirven para el despliegue de las tareas como Boecio, María Zambrano, Husserl, Honneth o Baudelaire. En cualquier caso, volviendo al gimnasio mencionado anteriormente, no es tan importante el nombre del autor del libro que nos ayuda a desarrollar los bíceps, sino el mecanismo necesario para llevarlo a término y su ejecución diaria. La filosofía es más importante que los filósofos, aunque intentamos sujetarnos a los filósofos para evitar perder la naturaleza de la disciplina que, después de todo, nos llega a través de sus autores».

Resultados empíricos

Lo que diferencia a BOECIO de otras iniciativas similares es su ambición por la cuantificación de los resultados. El hecho de haber sido financiado por una fundación estadounidense por medio de la Universidad de Chicago exhortaba a la verificación empírica de los resultados. Y esta llegó. En palabras de Barrientos-Rastrojo, se obtuvo «una mejora de la regulación emocional de un 15,2%, en la apertura mental de un 14,3% y de las capacidades para enfrentar los conflictos y dificultades con humor de un 23,4%. Este último dato coincide con la idea de Séneca de que un mecanismo para disminuir la violencia y la ira pasaba por tomar las agresiones desde el filtro de la broma y la ruptura de la seriedad belicosa».

Y prosigue Barrientos: «Desde la perspectiva cualitativa, hemos descubierto la disminución de las ideas suicidas en muchas reclusas, un mayor control de las propias pasiones o de la capacidad para tomar las riendas de la propia existencia. En este último sentido, había presos que hacía años que no se comunicaban con su familia y, después de las sesiones, decidieron telefonearla y tener contactos por iniciativa propia. En una prisión donde los funcionarios recibieron con escepticismo los talleres nos solicitaron que los realizásemos con ellos. Varias mujeres de una de las prisiones se inscribieron en la carrera de Filosofía. Otros internos que finalizaban la condena y pensaban volver a delinquir puesto que solo tenían vida entre rejas nos han agradecido los talleres porque han aprendido a generar nuevos horizontes de sentido fuera del reclusorio. Por último, algunos casos nos han generado conflictos y riesgos graves, por ejemplo cuando han abandonado el consumo de drogas y quienes las suministraban decidieron pasar a la acción contra nosotros».

Los efectos de las sesiones de filosofía llegaron a poner en compromiso en ocasiones a quienes los impartían, como cuando algunos reclusos dejaron el consumo de drogas y aquellos que las suministraban decidieron pasar a la acción contra los profesores

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Zaragoza. Psicología Clínica. Psicoterapeuta. Zaragoza. Gran Vía 32, 3° Izquierda. Teléfono: 653 379 269.  Página Web: Psicólogo Zaragoza.      Instagram: @psicoletrazaragoza

lunes, 7 de diciembre de 2020

La Filosofía y el sistema educativo

 


1 Victoria Camps, filósofa española, catedrática emérita de Filosofía moral y política de la Universidad Autónoma de Barcelona (1941)

“El papel de la filosofía y de los filósofos en la sociedad de hoy es ayudar a hacer preguntas, plantear correctamente los problemas, dar razones de las decisiones que hay que tomar. En pocas palabras, ayudar a pensar”.

2 Darío Sztajnszrajber, filósofo argentino (1968)

“La filosofía como amor al saber es más amor que saber. O en todo caso es un amor que rompe todo contrato, acuerdo, ley. Todas figuras de un orden que se presenta como natural, normalizando una realidad que por infinita no puede tener centro, ni alambradas conceptuales, ni administración. No se puede administrar el deseo, o deja de ser deseo para ser aquello que creemos que es deseo y por ello suponemos que tiene resolución. Pero la filosofía no resuelve problemas, los crea. No formula preguntas para encontrar sus respuestas, sino que parte de las respuestas instituidas para desmontarlas con su batería de preguntas. En especial con su pregunta predilecta: ¿por qué? La pregunta infantil, la pregunta sin sentido. La pregunta por el porqué del porqué del porqué, y así al infinito para resquebrajar la idea de un orden de lo real, para resquebrajar”.

“El papel de la filosofía y de los filósofos es ayudar a pensar”. Victoria Camps

3 Emilio Lledó, profesor de Filosofía español (1927), en La filosofía hoy

“La filosofía fue fruto de una curiosidad de los seres humanos al tomar conciencia de que podían pensar el mundo y decirlo; al darse cuenta de que las palabras significaban cosas, ideas, sentimientos, deseos; una forma de amor por interpretar lo que vivíamos, por entender la historia, que consistía en ver y dar testimonio de lo visto (…). Y eran las preguntas más que las respuestas las que se deslizaban por el surco del tiempo (…) La filosofía hoy es siempre la misma: la iluminación que la sabiduría, la inteligencia y la ética, o sea, los ideales del hombre decente, del hombre real, sean capaces de llevar a cabo (…). La filosofía fue desde sus comienzos un apego, una tendencia, una amistad, por entender, por sentir. Una apertura hacia el futuro de la vida”.

4 Adela Cortina, filósofa española, catedrática de Ética de la Universidad de Valencia y directora de la Fundación Étnor (1947)

“La filosofía es una necesidad. Toda sociedad que quiera ser culta y construir su vida de forma razonable debe recurrir a esta rama del conocimiento cuya tarea es saber cuáles son sus fundamentos y hacia dónde se encamina”.

5 Fina Birulés, filósofa española, profesora de Filosofía en la Universidad de Barcelona (1956)

“Hay quien ha dicho que la filosofía es el arte de formar, inventar, de fabricar conceptos; los conceptos son centros de vibraciones de nuestra red discursiva y la tarea de quien se dedica al pensamiento es tratar de despertar un concepto dormido, representarlo de nuevo en un escenario inédito. Pensar es salir del círculo trazado, interesarnos por lo no dicho, atrevernos a ir más allá y, con ello, descubrimos una de las formas de movernos libremente en el mundo. De nuestra capacidad de pensar, de valorar afirmativa o negativamente lo que ocurre, de especular sobre lo desconocido o lo incognoscible, dependen, en última instancia, los principios a partir de los cuales juzgamos o actuamos.

A la pregunta ¿para qué sirve el pensamiento filosófico? no cabe ya contestar con aquello de que su grandeza radica en el hecho de que no sirve para nada, porque esto sería una muestra de coquetería o directamente de mala fe. Quizás tratar de responder reflexivamente nos obliga a interrogarnos sobre el concepto de ‘utilidad’, su lugar en nuestras redes conceptuales y su estatuto de criterio único de valoración en nuestro mundo”.

“La filosofía es una necesidad. Toda sociedad que quiera ser culta y construir su vida de forma razonable debe recurrir a ella». Adela Cortina

6 Michael J. Sandel, filósofo estadounidense, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2018 (1953)

«Me dejé seducir por la filosofía y todavía no me he recuperado (…). Lo que me atrajo de la filosofía no fue su abstracción, sino su carácter ineludible y la luz que arroja sobre nuestra vida cotidiana. Entendida de esta manera, la filosofía pertenece no solo al aula, sino a la plaza pública, donde los ciudadanos deliberan sobre el bien común. Dondequiera que viajo siento un gran interés por el debate público sobre cuestiones importantes, preguntas sobre la justicia, la igualdad y la desigualdad, sobre la historia y la memoria, sobre lo que significa ser ciudadano».

7 Marina Garcés, filósofa española, profesora de la Universitat Oberta de Cataluña (1973), en Filosofía inacabada.

“La filosofía es la manía de algunos, que sin embargo necesariamente incumbe a todos (…). No es nada si se la aísla. No está encerrada en sus obras ni encapsulada en la oferta académica ni en el conjunto de profesiones que supuestamente se ocupan de la filosofía. Es una práctica de vida que desplaza los límites de lo que es visible y pensable en cada tiempo y para cada contexto histórico y social, a partir de la pregunta por una verdad que debe ser buscada con el pensamiento. No es una actividad gratuita u ociosa. Es un exceso, sí, y en este sentido un lujo, pero su exceso tiene que ver con un vacío y con un deseo: el de la imposibilidad de colmar de sentido y de orientación la existencia humana. De esa imposibilidad de unidad y de inmediatez emerge el deseo de una verdad que oriente a la vida, de un saber que a la vez sea capaz de proponer un modo de vida”.

“La filosofía incumbe a todos. No es nada si se la aísla. No está encerrada en sus obras ni encapsulada en la oferta académica ni en el conjunto de profesiones que supuestamente se ocupan de ella. Es una práctica de vida». Marina Garcés

8 Javier Gomá, filósofo español y director de la Fundación Juan March (1965)

“La ‘filosofía mundana’ es la que es capaz de decir algo al corazón de la persona que vive de una manera consciente, alguien con sensibilidad hacia el mundo, hacia el problema de nacer, morir, envejecer… Si no, no es Filosofía, sino Historia de la Filosofía, que es lo que encontramos bajo esa etiqueta en las facultades, en las librerías… y que está muy bien, pero no es Filosofía. Si tú pactas con la Filosofía, pactas con la emoción inherente en un Platón que se deja llevar por el Eros; en Descartes, cuya gran obra es una especie de cuento autobiográfico, o en Nietzsche o Heidegger, cuya emoción en Ser y Tiempo se siente en cada párrafo”.

9 Amelia Valcárcel, filósofa española, catedrática de Filosofía Moral y Política en la UNED, Universidad Nacional de Educación a Distancia (1950)

“La filosofía se produce siempre. Buena o mala. Es urgente ponerse a la altura de los tiempos puesto que ella misma no es otra cosa que el tiempo captado por el pensamiento (…). Aire y espacio para hablar: filosofar no es tarea de todos, pero es sin embargo un producto que se hace en común. Tiene que estar presente. La filosofía es gimnasia. Y danza. Necesita mucha práctica (…). El objetivo de la filosofía es algo más modesto que el objetivo clásico de comprenderlo todo. Podría ser entender la mayor parte de la realidad para hacerla accesible a la mayor cantidad de gente. Sin mentir”.

10 José Luis Pardo, filósofo español, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid (1954)

“La sociedad siempre es vieja, la filosofía siempre es joven, me dijo el profesor Michel Serres hace unos cuantos años. Yo creo que sigue siendo así. Nuestra sociedad está cada vez más cansada, más envejecida ideológicamente, menos esperanzada, pero la filosofía está como nueva. (…) Si, con todo, la filosofía está más tranquila que otros en esta situación es porque nunca sirvió para ganar dinero, que es lo que hoy nos preocupa principalmente. Pero aunque haya gobiernos miopes, épocas miserables y hasta países entregados a la mezquindad creo que la filosofía saldrá de esta, como ha salido de otras peores”.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Clínico.

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