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Paz y Ciencia
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domingo, 14 de abril de 2013

El Escritofrénico

Voy a compartir un par de páginas de la obra de Raúl Velasco. Se titula: "El Escritofrénico. Un tratado sobre la curación de la psicosis".
Como ven, el título es alebtador y el contenido del texto, además de tener un componente de novela, también lo tiene de ensayo desde el que sabe hasta donde puede llegar la naturaleza humana. Rodrigo Córdoba Sanz;Pág.: 12

[...] Decía que mi primer recuerdo es la salida del hospital psiquiátrico, aunque quizá esta expresión le venga grande, a aquel lugar donde estuve encerrado. De todas formas es así como llamaban a aquella media planta del hospital provincial. Media planta que se reconocía rápidamente por ser la única cerrada con una puerta cerrada que solo podían abrir los trabajadores con acceso permitido. La planta de psiquiatría era un largo pasillo de loza gris y paredes blancas de unos cincuenta metros de largo por seis de ancho [...]

sábado, 6 de abril de 2013

Tratado sobre la curación de la psicosis.



Este texto consiste en dar buena cuenta de lo que es el texto "El Escritofrénico".
El autor es un hombre que rompe los clichés, estereotipos, estigma; en definitiva, una persona que está compensada, recuperada de los síntomas de la esquizofrenia y que sabe muy bien lo que es penetrar en la caverna de la locura.
La locura produce mucho sufrimiento, es muy cierto que salir de esa situación sirve para que la persona tenga una importante evolución, crecimiento y mejora con respecto a la situación de base, la bien conocida expresión resiliencia.
Rodrigo Córdoba Sanz, psicólogo, psicoterapeuta.

Marcos es un joven absolutamente convencido de ser el creador de innumerables obras de arte no reconocidas. Esto le empuja a comportarse de manera extraña y a ser diagnosticado de una esquizofrenia paranoide. A la salida del psiquiátrico, Marcos entabla amistad con un viejo psicoanalista jubilado y con su esposa enferma. Juntos recorrerán un camino lleno de dolor y sufrimiento, pero también de esperanza. Explorarán los senderos más oscuros de la mente, recorrerán los entresijos de las relaciones humanas, intentando resolver los enigmas que dan sentido a la vida y la hacen soportable.

"Un protagonista que es reiteradamente salvado por los demás, pero que, con su dulzura y humanidad, nos salva también a los demás de la inolerancia y los prejuicios que sobre la locura y la enfermedad mental podamos albergar" Elena Gato, psiquiatra.

Un tratado sobre la curación de la psicosis



[...] Después de muchos años sigo sin tener la certeza de cómo entré en el mundo de la locura. A veces me pregunto cuál fue el resorte que me hizo precipitar en una serie de decisiones equivocadas, como si estuviera siendo arrastrado por fuerzas incontrolables hacia un estado del ser donde todo se volvía rígido, pétreo, inanimado,

Lo primero que me viene a la memoria es la salida del psiquiátrico, ese no lugar donde acabamos las personas que, al carecer de un entorno natural comprensivo, no tenemos donde aferrarnos para no caer y, lo que es peor, nos vemos privados de esa muleta amiga que nos ayude a levantar, que nos sostenga en los peores momentos -aquellos en los que damos los primeros pasos- hasta que recuperamos la soltura y la capacidad para volver a andar por nuestro pie. Caer, levantarse, volver a caminar. Parece que sea una forma bastante simple de reducir el sufrimiento vital de una persona, pero durante mi periplo por el mundo de la locura me he encontrado algunas mucho peores; ya llegaremos a eso.

Raúl Velasco Sánchez: "El Escritofrénico". Un tratado sobre la curación de la psicosis. Pp.: 11-12

viernes, 5 de abril de 2013

Capítulo 1: El Escritofrénico

 
 
Para comenzar un paisano con locura creativa, locura socializada y, por tanto, no estigmatizada: "La locura nunca tuvo maestro." Enrique Bunbury
 
 
Se cuentan muchas cosas de la locura y de los locos. Normalmente son cosas terribles, como que son peligrosos, medio estúpidos, holgazanes y que pueden llegar a matar -hasta el punto de que lo primero que piensa la gente cuando alguien mata es que no debía estar muy bien de la cabeza- La locura es un recurso fácil para etiquetar todo lo que no se comprende, porque los locos desde siempre han sido los raros, los diferentes, los que por su capacidad para salirse del discurso oficial acaban siendo -sobre todo en nuestra vieja Europa- expulsados de una comunidad que no es capaz de integrar ciertas conductas en su estrecho corsé social. Parece que a la mayoría de personas les cueste ponerse en el lugar del que sufre, porque tengo que decir que los locos ante todo somos personas que sufrimos, a veces lo indecible, y esa incapacidad para decir y describir las causas de nuestro sufrimiento nos sitúa, por regla general, en el ojo de un huracán emocional que nos zarandea y nos sacude con una fuerza titánica. Raúl Velasco Sánchez
 
Raúl Velasco Sánchez es periodista y escritor. Este libro trata de un proceso de curación de la esquizofrenia.
Este es el primer epígrafe del libro. Después se vuelve más novelesco. No obstante diría que es un tipo original de ensayo.
 
 
"Todos son locos, pero el que analiza su locura, es llamado filósofo. " Ambrose Gwinet Bierce
 
Rodrigo Córdoba Sanz

Entrevista sobre los 10 años de Radio Nikosia y el libro "El Escritofrénico". Un tratado sobre la curación de la psicosis

jueves, 4 de abril de 2013

El Escritofrénico

 
 
La locura, a veces no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma" Johann Wolfgang Goethe

La idea de este libro nació del azar y sus consecuencias. De un choque frontal e inesperado entre saberes y experiencias. Pasamos por la vida chocando entre unos y otros y, de vez en cuando, uno de esos choques entre las singularidades que somos provoca un estallido como el que dio origen al universo.

Puede ser que la vida sea únicamente ese lapso de tiempo entre una explosión y otra, ese camino que andamos a ciegas luchando por llegar a parecernos a lo que soñamos en alguna ocasión sobre nosotros mismos. En ese viaje hacia lo desconocido, la incertidumbre hace a veces de ancla, como aquel elemento que nos permite reconocernos en nuestra insignificancia ante una realidad inasible. Frente a esta, la certeza nos eleva en ocasiones, aupada por la voracidad de nuestros deseos, hacia cielos en los que la perspectiva general nos aleja de la necesidad de ese otro amigo que nos ubica en el mundo con su mirada.

Podría contarles muchas cosas de Marcos, ese pequeño -y no tan pequeño- diablo cuyo relato en primera persona llena el grueso de estas páginas. Una persona sacudida por el dolor y lo incomprensible, como un intento por sostenerse haciendo equilibrios en un mundo violento y absurdo que le agrede con su sola existencia y que, a diferencia de nosotros los llamados normales, no pretende adaptarse, sino que se revela ante él. Este detalle no hace de Marcos alguien mejor ni tampoco peor al resto de la humanidad. Lo único que supone es una carga extra de sufrimiento en el momento en el que para protegerse de la violencia de esta sociedad el propio Marcos levanta una torre imaginaria en la que parapetarse de todo y de todos, también de los que le quieren y le sostienen cuando el diálogo entre iguales es posible. Esta peculiaridad arquitectónica se construye a base de certidumbres, y no sería muy diferente a las máscaras con las que los normales nos protegemos de los demás, ocultando nuestro verdadero ser a fin de no ser reconocidos en la insustancialidad que nos es innata. No somos nada más que la suma de la proyección de nuestros deseos junto a la de los deseos del otro que nos invade con su mirada [...]

A día de hoy se puede decir que Marcos está curado, y esto no implica una ausencia de síntomas, sino la plena aceptación de su singularidad como ser humano. En este papel la literatura ha supuesto un puente que lo ha comunicado con el mundo. Desde la carga simbólica que supone la metáfora en sí misma, esta, como el psicoanálisis o como el animalario de un chamán, como esa serie de combinaciones posibles de sistemas dentro de una estructura limitada, tanto para crear imágenes oníricas, como míticas, como enfermizas y delirantes dentro del conjunto de leyes sociales y culturales a las que pertenecemos, le han servido para contarse y para entenderse, para fijar ciertas cosas fuera del campo de lo inefable, para mirarse y después poder mirar al mundo con otros ojos. Los ojos de un escritor.

Miguel Sordo Cañameras
Psiquiatra, psicoanalista y antropólogo