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Paz y Ciencia
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domingo, 8 de diciembre de 2013

Ser loco es estar cuerdo: Osho

 
 
La vida es algo imposible. No debería serlo, pero lo es. Es un milagro que existamos, que los árboles existan, que existan los pájaros. Es un verdadero milagro, porque el universo entero está muerto.

Millones y millones de estrellas, y millones y millones de sistemas solares están muertos. Sólo en la Tierra, en este pequeño planeta—que no es nada si te fijas en la proporción es sólo una partícula de polvo—la vida ha sucedido. Este es el lugar más afortunado de toda la Existencia.
Los pájaros trinan, los árboles crecen, florecen, la gente se encuentra allí, amando, cantando, bailando.
Algo increíble ha sucedido.


Osho


 
 





 



SER LOCO ES ESTAR
CUERDO



¡El mundo ha conocido locos tan hermosos! De hecho, todos los grandes hombres del mundo han sido un poco locos, locos ante los ojos de la masa. Su locura residía en que no eran desgraciados, no sufrían de ansiedad, no temían a la muerte, no se preocupaban por trivialidades. Vivían cada momento con totalidad e intensidad, y a causa de esta totalidad e intensidad, su vida se convirtió en una hermosa flor, estaban llenos de fragancia, amor, vida y risa. Pero esto hiere a los millones de personas que te rodean. No pueden aceptar la idea de que hayas conseguido algo que ellos no lograron; intentarán de todas las formas convertirte en un miserable. Su condena no es más que un esfuerzo por hacerte infeliz, por destruir tu danza, por arrebatarte tu alegría, para que así, puedas volver al rebaño.
Uno tiene que armarse de valor, y si la gente dice que estás loco, disfruta de la idea. Diles: "Tienes razón; en este mundo, sólo la gente loca puede ser feliz y alegre. Yo he elegido la locura con alegría, felicidad, y danza; vosotros habéis elegido la cordura con infelicidad, angustia e infierno. Nuestras elecciones son diferentes. Sed cuerdos y seguid siendo miserables; dejadme solo con mi locura. No os ofendáis; yo no me siento ofendido por todos vosotros; tanta gente cuerda en el mundo y yo no me siento ofendido".
Es cuestión de muy poco tiempo... Una vez que te hayan aceptado como loco, ya no te molestarán; entonces podrás salir a plena luz con tu auténtico ser, podrás abandonar todas tus falsedades.
Toda nuestra educación crea una división en nuestra mente. Tenemos que mostrar una cara ante la sociedad—ante la masa, ante el mundo—que no es necesariamente nuestra verdadera cara; de hecho, no debe serlo. Tienes que mostrar la cara que la gente aprecia, la que gusta a la gente, la que es aceptable para ellos, para sus ideologías y sus tradiciones; y debes guardar para ti mismo tu rostro original.
Esta división se vuelve insalvable porque la mayor parte del tiempo lo pasas entre una multitud, reuniéndote con gente, relacionándote con gente; raramente estás solo. Naturalmente, la máscara se vuelve cada vez más y más parte de ti, más aún que tu propia naturaleza.
Y la sociedad crea en todo el mundo un miedo, el miedo al rechazo, el miedo a que alguien se ría de ti, el miedo a perder tu respetabilidad, el miedo al qué dirán.
Te tienes que adaptar a toda clase de gente ciega e inconsciente, no puedes ser tú mismo. Esta es nuestra tradición básica en todo el mundo, hasta ahora a nadie se le permite ser él mismo.
En el momento en que el otro está ahí, te preocupas menos de ti; lo que más te interesa es la opinión que tendrán de ti. Cuando estás solo en tu baño, te vuelves casi un niño, a veces haces caras raras frente al espejo. Pero, si de pronto te das cuenta que un niño te está mirando por el ojo de la cerradura, inmediatamente cambias. Vuelves a ser el ordinario y viejo ser que eras: serio, circunspecto, como la gente espera que seas.
Y lo más sorprendente es que tú temes a esa gente y ellos te temen a ti: todo el mundo tiene miedo de todos los demás. Nadie se permite mostrar sus sentimientos, su realidad, su autenticidad y todo el mundo quisiera hacerlo, porque seguir reprimiendo su rostro original es un acto suicida.
Tu responsabilidad es únicamente hacia tu propio ser. No vayas en contra de él, porque ir en su contra es suicidarte, es destruirte a ti mismo. ¿Y cuál es la ganancia? Incluso si la gente te respeta y cree que eres un hombre muy sobrio, respetable y honorable, todo esto no va a nutrir tu ser; no te va a dar una mayor percepción de la vida y su tremenda belleza.
Estás solo en el mundo: has venido solo al mundo, estás solo aquí y solo dejarás este mundo. Todas tus opiniones quedarán atrás; únicamente te llevarás contigo tus sentimientos originales, tus experiencias auténticas, incluso más allá de la muerte.
Ni siquiera la muerte puede quitarte tu danza, tus lágrimas de alegría, la pureza de tu soledad, tu silencio, tu serenidad, tu éxtasis. Lo que la muerte no puede quitarte es el único y verdadero tesoro. Y lo que cualquiera te puede quitar no es ningún tesoro; simplemente estás siendo engañado.
Tu única inquietud debe ser ésta: cuida y protege aquellas cualidades que puedas llevar contigo cuando la muerte destruya tu cuerpo, tu mente, porque esas cualidades serán tus únicas compañeras. Son los únicos valores reales y únicamente la gente que los alcanza, vive; sólo ellos. Los demás solamente fingen vivir.

martes, 16 de octubre de 2012

Taxonomía psiquiátrica del Gran Poeta Borges

 
 
 
Husmeador del azar y el designio, escudriñador perenne del infinito y la eternidad, imaginador de laberintos sofocantes y estériles, Jorge Luis Borges habría sido sápido comentarista del propósito descomunal de la clasificación de las enfermedades mentales en sus distintas vertientes. Casi compuesta adrede respecto al tema, citamos esta magistral parrafada borgeana donde el autor ejemplifica, exalta y finalmente desprecia cierta utópica e inabordable taxonomía:


"Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en

(a) pertenecientes al Emperador,
(b) embalsamados,
(c) amaestrados,
(d) lechones,
(e) sirenas,
(f) fabulosos,
(g) perros sueltos,
(h) incluidos en esta clasificación,
(i) que se agitan como locos,
(j) innumerables,
(k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
(l) etcétera,
(m) que acaban de romper el jarrón,
(n) que de lejos parecen moscas."

 
Luego de alardear con eruditas referencias, conjeturar hallazgos, circunscribir desconciertos, Borges extiende luego de varios renglones una misericordiosa dádiva para los clasificadores de ayer y de hoy -y de siempre-:

 
"(...) notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo."

 
Y al parecer, análogamente, tampoco sabemos cabalmente qué es la enfermedad mental.
El texto de Borges remata citando sin piedad una frase de Chesterton abrumadora e inapelable.
 
 
 
Locura y creatividad


Pero ¿dónde se encuentra el límite entre locura y normalidad? Quizás exista un espacio mental y conductual donde estos dos conceptos convivan en cierta armonía. Y a lo mejor ese estado intermedio lo podríamos englobar dentro de lo que entendemos por creatividad.

Resulta que la creatividad ha ido siempre de la mano de la cultura, del arte, y antaño se consideraba al arte sinónimo divino, que derivaba de las musas y de los propios dioses, y también que provenía de la locura.

Muchas de las manifestaciones creativas que hemos aprendido a admirar podrían haber sido clasificadas de locuras en otras épocas. Y otra paradoja: muchas de las terapias actuales para tratar a pacientes se desarrollan por medio de su propia creatividad.
Sin duda la creatividad, la locura y la razón tienen un maravilloso y difícil de explicar hilo de conexión. Sin contar con que existen estudios científicos que han encontrado asombrosas similitudes entre los procesos neuronales de las personas creativas y de aquellas que padecen algún tipo de esquizofrenia. Se habla de la baja densidad de receptores de dopamina en el tálamo, que es la parte del cerebro que se encarga de filtrar todo lo relacionado con la información.


La locura puede ser tomada con una forma de expresarse libremente sin reglas, sin compromisos sociales, ni siquiera individuales y la creatividad es el medio de expresión por el cual un artista desarrolla un tema libremente. Sin duda razón, creatividad y un ligero toque de locura pueden comunicarse entre sí. Pero, sea lo que sea hay una constante humana que para lo bueno y para lo malo cumplimos a rajatabla: “cada loco con su tema” .

 

martes, 20 de octubre de 2009

Cordura, locura y familia. R.D. Laing y A. Esterson

Cordura, locura y familia. R.D. Laing y A. Esterson

Se trata de un libro clave para entender el giro que se dio en los 1960, fruto de la denuncia de la época, la contracultura y en salud mental el intento de desatar finalmente a los pacientes de diagnósticos, de choques insulínicos y otros tratamientos invasivos.

En este libro se hacen sucesivos estudios con los familiares y con la persona etiquetada como esquizofrenia.
El último trata de Agnes una enferma de esquizofrenia cuyos padres no parecieron comprender ni entender su deseo, estableciéndose en una situación confusa, esto para una persona que crece es peligroso.
El libro termina así: “Como todas las enfermas descritas en este libro, Agnes se encuentra excesivamente confusa respecto a lo que siente y a lo otras personas sienten en relación a ella. Además, en esta ocasión también esta confusión refleja la situación dudosa en la que ha vivido por muchos años.
La entrevista psiquiátrica común y corriente no es un instrumento que ponga al descubierto esta condición social. Por lo tanto, en ausencia de lesiones externas ostensibles y de los llamados factores psicogénicos internos, Agnes y las demás enfermas que hemos estudiado han sido consideradas como personas que padecen de un proceso patológico impreciso. Sin embargo, reconstruyendo la imagen de la situación actual en la que ha estado viviendo por años, comenzamos a darnos cuenta de que lucha por dar sentido a una situación absurda, de todos modos, desde su posición dentro de ella.
Considerando la situación de Agnes simultáneamente desde nuestro punto de vista y desde el de ella, comenzamos a entender lo que los psiquiatras todavía, en términos generales, consideran como absurdo.”

Este es pues una forma de manifiesto tras un estudio correspondiente a once familiar de esquizofrénicos. Se trata de entender la situación social de esa persona y como ésta ayuda al profesional a entender la situación personal de la persona enferma.
Laing y Esterson contradicen el tradicional supuesto de la esquizofrenia como una enfermedad del ámbito de la clínica médica para hacerla aparecer, en cambio, como una creación fundamentalmente social.
El libro parece de teoría de sistemas, de terapia familiar. Pero es puramente fenomenológico, como así lo indican los autores, tratando de hacer algún análisis interpretativo puntualmente y si es obvio.
Los autores nos explican que los síntomas son el producto de un significado inscrito en lo social, fundamentalmente en la familia, y que desde allí se pueden entender esos síntomas absurdos como la catatonía, la flexibilidad cérea, el trastorno del pensamiento y las alucinaciones.
Este libro puso en jaque la práctica psiquiátrica tradicional ya que daba un estatus de persona pensante y deseante al paciente, tratando de entender y ya no de diagnosticar y de medicar exclusivamente los “molestos” para terceros, síntomas esquizofrénicos.
Da un giro a la atención psicológica de estos enfermos y tratan de abrir el campo de reflexión para pensar en cómo una persona llega a ser como es, sea esquizofrénica o no.
Hoy, además de la mirada clásica son más los psiquiatras que tienen en cuenta estos aportes del contexto en el que se desarrollan los síntomas “molestos”.
Como corolario resaltar que en prácticamente todos los casos estudiados, el enfermo no era tolerado en todas o muchas de sus manifestaciones espontáneas, tachándola de “enfermo”, muchas veces antes del primer brote psicótico. Por todo ello es material a tener en cuenta y ponerlo en su lugar correspondiente.
Decir que Laing perteneció a grupos de psicoanalistas de la SPB y fue supervisado por Winnicott, existen expresiones que son de este último autor, existe cierta convergencia. Dado que Winnicott en el hospital trataba a la madre con su hijo enfermo y Laing trató a las familias y las enfermas. Fue fundamental para dar un carácter más humano a la atención clínica y a la teoría, de lectura obligada.

lunes, 12 de octubre de 2009

Cordura, locura y familia: Laing y Esterson

En la editorial Fondo de Cultura Económica encontramos un libro de la colección Biblioteca de Psicología y Psicoanálisis dirigida por Erich Fromm. Es de 1964 para hacernos cargo de la influencia epocal.
La metodología consiste en hacer entrevistas a las familias y a los pacientes con esquizofrenia, conjuntamente e individualmente y luego cotejar las aseveraciones y sistema de comunicación intrapersonal e interpersonal.

Existe una nota al pie del texto que dice lo siguiente:
Es un detalle curioso en la teoría psiquiátrica el hecho de que la persona que sostiene en esta forma tal opinión sobre su propia persona debe ser considerada hipomaníaca (Madre: "siempre fue una persona muy feliz. Siempre fue una persona muy bulliciosa"), pero si la persona la sostiene en relación a otra persona y trata de ajustar a esta persona a tal patrón a la manera de Procrusto, no hay ningún término aceptado para describirla. Tenemos términos clínicos para los perturbados, pero no para los perturbadores. Esto actualmente no es del todo cierto. pág. 124

Hasta aquí June se había mantenido firme. Su madre continúa expresándose en términos extremadamente ambivalentes sobre las manifestaciones de la independencia cada día mayor de June. Le dice que se ve horrible cuando trae un maquillaje normal, ridiculiza enormemente sus esperanzas de que algún muchacho se interese por ella, interpreta cualquier expresión de irritación o de exasperación por parte de June como síntomas de su "enfermedad mental", o las explica como pruebas de "maldad".
June, sin embargo, para estar resistiendo. Se da cuenta de que su madre se opone a su independencia, considera a su madre como "terriblemente exagerada", cuida con tacto de que no se de cuenta de ciertos secretos, siente que tiene derecho a tener su vida propia, con menos frecuencia se siente obligada a expresar su gratitud adaptándose a los prejuicios de su madre, se da cuenta de que su madre no la comprende, y no se asusta mucho al advertir esto. Comprende hasta cierto punto por qué su madre y su padre son como son, y por qué necesitan verla en la forma en que lo hacen. Sin embargo, necesita conservar un control estricto de sí misma porque si grita, chilla, llora, reniega, come muy poco o como demasiado, come muy deprisa o come muy despacio, lee mucho, duerme mucho o duerme muy poco, su madre dice que está enferma. Se necesita mucho valor por parte de June, para arriesgarse a no ser lo que sus padres consideran que es estar "bien".
pág. 132.