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Paz y Ciencia
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lunes, 19 de septiembre de 2016

El Psicoanális en Gestalt


WILFRED BION

Particularmente, Bion el autor que más me seduce, para contribuir a la gestalt, el psicoanálisis en su sentido más puro.
Quizá no hace falta llegar a la interpretación pura y una lectura por antonomasia. Estos
autores: Bion, Foulkes, Bennis y Shepard, de forma que completamos con mapas psicoanalíticos del grupo las carencias gestálticas de grupo. Se han mantenido prejuicios que se han mantenido durante tiempo al hablar del grupo como si fuera un paciente, y no digamos otros conceptos como "psique" o "inconsciente grupal", tan rechazados por los teóricos de campo. El estilo perlsiano de trabajo individual en el centro se asoció al psicoanálisis por la relación cerrada terapeuta-paciente, es cierto que Perls era un cripto-analista, un experto analista que sin embargo descalificaba a los freudianos, ahí se acaban las similitudes.
Lo que quiero resaltar de este modelo es que muchas veces el trabajo en el centro es la mejor manifestación del "emergente grupal". Este concepto, definido por Bion como la punta del iceberg a través del cual asoma el supuesto básico, alude a una expresión del inconsciente del grupo, enorme y sumergido, que se manifiesta en pequeños indicios, expresiones, comentarios, gestos o acciones aparentementemente sin sentido, inadecuados o fuera de lugar, incongruentes con la vivencia del grupo en este momento. Estas manifestaciones no vienen envueltas en lenguaje lógico - propio del "grupo de tarea" , es decir, del ámbito adulto-, sino analógico (metafórico), propio del ámbito regresivo. Su código es por tanto "loco", absurdo, desconcertante... y el propio grupo tiende a no darles crédito o prejuzgarlas como propias de la persona más enferma o disonante.
Sin embargo, el terapeuta recoge e interpreta este material como señal valiosa de aquello que todavía no puede ser nombrado y asimilado. Interpretación significaba para Bion "idea nueva" que podía conducir del "grupo de base" hacia el "el grupo de tarea", es decir, traducir lo desconocido a comprensible y operativo.

Francisco Peñarrubia: "Círculo y Centro. El grupo gestáltico". Ed.: La Llave


martes, 1 de diciembre de 2015

Wilfred Bion: contribución Nature-Nurture y sobre la psicosis


Comparto con ustedes un trabajo muy interesante acerca de un autor poco estudiado y francamente interesante. Hablamos de Wilfred Bion. Psicoanalista inglés que empezó como kleiniano y después dejó su impronta personal. Vía Topia.com.ar
Rodrigo Córdoba Sanz

 PUBLICACIÓN DE PSICOANÁLISIS, SOCIEDAD, SUBJETIVIDAD Y ARTE
El Psicoanalítico 
LABERINTOS, ENTRECRUZAMIENTOS Y MAGMAS
 
Magma
 
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W. Bion y su contribución al debate Natura vs. Nurtura [1]
Desarrollo temprano y psicosis
Por Ricardo Spector
Médico Psiquiatra y Psicoanalista. Miembro del Colegio de Psicoanalistas www.colegiodepsicoanalistas.com
Miembro Titular Didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina
www.apa.org.ar
rispector@gmail.com
 
El trabajo con Grupos y con pacientes esquizofrénicos llevó a Bion a elaborar un ‘modelo de la mente’ que implica el estudio pormenorizado de los orígenes del pensamiento y una postura original sobre el desarrollo primitivo o temprano, basado en el encuentro bebé / madre, del que nos ocuparemos aquí. Describe los fracasos originarios en la construcción de las categorías mentales básicas que se relacionan con la personalidad psicótica. Estos fracasos son fruto de la falla del par continente – contenido y pueden deberse tanto al ambiente como a factores constitucionales.

Aclaraciones metodológicas
Los modelos y teorías, acerca del desarrollo primitivo de la mente, elaboradas por Bion surgen de la aplicación del método psicoanalítico. Por lo tanto son inferencias, muchas de las cuales pueden ser puestas a prueba tanto por la exploración directa de bebés en su medio ambiente como por investigaciones en otros territorios tales como los neurocientíficos, genéticos, etológicos, etc. Pero es importante aclarar que los objetos de estudio que aísla son propios de la disciplina y que las correlaciones posibles con otras se harán respetando los métodos de investigación de cada una y, por lo tanto, el recorte de su propio objeto de estudio. Sólo puede estudiarse lo mental a partir de los efectos que produce en otro ser humano, al menos desde el punto de vista psicoanalítico.
En el contexto de esta publicación, lo que probablemente sea más interesante es seleccionar un aspecto de la obra de Bion que, a mi juicio, permite tener un instrumento útil para plantearse el siguiente problema: ¿De qué modo afecta el bebé a su ambiente?¿Qué modelo de la mente permite aproximarse a este problema? ¿Es posible disminuir la dicotomía, que podría ser parcialmente productiva desde el punto de vista operacional, pero muy poco convincente desde el punto de vista de la comprensión científica, entre natura y nurtura?

Las psicosis son las situaciones clínicas privilegiadas para explorar e hipotetizar sobre esta cuestión, aunque es operante en todos los seres humanos.

Es evidente, para todos aquellos que trabajan en psiquiatría infantil, que el medio ambiente del niño es de extrema importancia para su desarrollo emocional. Incluso los poetas y el conocimiento popular reconocen desde hace siglos, la importancia de la crianza para el desarrollo futuro de la personalidad. Sin embargo, lo que no ha sido tan evidente, para aquellos involucrados en el cuidado continuo de bebés desde el nacimiento, es que lo que el neonato ofrece al medio ambiente es variable y también ampliamente importante en la determinación del crecimiento de su personalidad.

Desarrollos en el psicoanálisis
Freud comenzó investigando la determinación de síntomas neuróticos en pacientes adultos y su relación con situaciones traumáticas actuales. No tardó en convencerse de que debía buscar las raíces de los fenómenos actuales en la infancia. Esto no fue suficiente y describió las Series Complementarias. Estas implican que la manifestación sintomática actual contiene una dimensión constitucional, un factor traumático infantil y un factor desencadenante contemporáneo al síntoma. Su otro gran descubrimiento fue que no es posible investigar un aparato psíquico si no es poniéndolo en relación con otro. El estudio de la relación transferencial y sus modificaciones a lo largo del tratamiento se convirtió en el centro de la labor psicoanalítica. Aunque dejó para sus continuadores la exploración de los desarrollos primitivos o tempranos, él captó lo esencial y dio el paso fundamental en la investigación científicadel niño y el bebé que hay en todos nosotros cuando diseñó el método psicoanalítico.
Sabemos que, a partir de su obra, se desarrollaron múltiples líneas que generaron “escuelas” y que estas, jerarquizaron y desplegaron aspectos diferentes de sus descubrimientos. M.Klein y D.Winnicott suelen ser vistos como representando posturas polares, o extremas, en el debate natura-nurtura.
M.Klein habló de envidia primaria como factor constitucional que, si es muy intensa, perturba la relación del bebé con el pecho y, por lo tanto, genera dificultades serias en el desarrollo psíquico. De todos modos, no dejó de tener en cuenta la importancia del medio ambiente.
D.Winnicott acumuló evidencia convincente de cómo los patrones básicos de salud del crecimiento de la personalidad infantil pueden ser distorsionados por las fallas familiares e impulsados por los logros de la familia. Pero él llamó a la psicosis adulta “una enfermedad por deficiencia en la infancia”, implicando deliberadamente que el medio falló en proveer el cuidado necesario como si se tratara de las deficiencias vitamínicas. Probablemente pensó que M. Klein era incapaz de entender la importancia para un infans de los éxitos y fallas de su medio ambiente. Este malentendido reforzó una postura defensiva en él y en otros contra el reconocimiento de la contribución del infante al impacto del cuidado que se le ofrece. 

Desde mi punto de vista, el desarrollo de Bion del descubrimiento de M.Klein de la identificación proyectiva ofrece una vía de progreso en el malentendido Klein-Winnicott. Pienso que también hace posible un acercamiento entre los protagonistas del rígido y vehemente combate natura versus nurtura.

Bion dedujo y describió cómo los estados emocionales tempranos, tanto placenteros como dolorosos, son experimentados en forma concreta y, como tales, no están disponibles para el crecimiento mental. Estos estados no pueden ser pensados, imaginados, soñados, recordados (como opuesto a ser repetidos), hasta que hayan sido transformados en experiencias abstractas. Un infans no puede adquirir esta capacidad para transformar sus experiencias primitivas de elementos beta a elementos alfa [2] como los llamó Bion, excepto por identificación con un objeto capaz de efectuar esta función fundamental.

Esta identificación es lograda en el desarrollo sano vía el uso de la identificación proyectiva como un mecanismo normal. En esta situación un infans evacúa su inmanejable, indigerible, conglomerado de buenas y malas experiencias en el objeto parcial care-taking. Este objeto parcial receptivo ofrece una realización de la expectativa innata del infans, su preconcepción de que hay un “algo en algún lugar” en el cual lo inmanejable puede ser hecho manejable, lo insoportable soportable, lo impensable pensable.

El objeto parcial primario, el pecho en terminología kleiniana, actúa por medio de un proceso al cual Bion llama función α, sobre los elementos ßproyectados y los vuelve pensables, almacenables y soñables. Éstos son proyectados en el bebé e introyectados por él. El resultado es una identificación con un objeto parcial capaz de producir la función α.

Bion dió el nombre “reverie” a la capacidad del objeto de recibir y responder creativamente a las experiencias concretas, de caos y confusión proyectadas por el bebé.

La capacidad de un bebé normal para tolerar la frustración es muy pequeña. Cuando un neonato normal experimenta frustración esto ocurre en un terrible estado de sufrimiento, que él asume como interminable. Este sentir de la urgencia con que esta infinita agonía debe ser frenada de inmediato es proyectada sobre la madre. En otras palabras, la madre la siente, lo que es distinto de comprenderla. La siente. Ella puede a menudo reaccionar rápida y adecuadamente. Reverie, o función α pueden producirse casi instantáneamente. Esta respuesta, que implica el encuentro de la preconcepción del bebé (en algún lado habrá algo que me alivie instantáneamente y del todo) con realizaciones apropiadas, deberá repetirse innumerables veces, y en un período prolongado de tiempo, para que el crecimiento mental normal pueda apoyarse sobre bases firmes. Esto implica también la paciencia y la intensa atención por parte de la Madre. También del analista con su paciente. Ambos deberán aprender de la experiencia.

Las fallas, la Madre y el neonato
Lo que puede resultar mal para un infans es una madre que no posea esa identificación con un pecho capaz de tolerar y de transformar lo intolerable. En este caso, ella no podrá responder creativamente, con reverie, a las proyecciones del bebé y deberá liberarse ella misma, de vuelta hacia y en el bebé, de un terror sin nombre.
Esta respuesta interfiere con el crecimiento de la capacidad del infante para relacionar acción con reacción, causa y efecto, poner juntos uno y uno para hacer dos, o sea, perturba o impide el crecimiento de una capacidad para pensar, que es una capacidad para vincular. 

Un modo habitual en que la madre intenta ocultar/se esta falla es por medio de un acercamiento puramente físico al malestar del lactante. Es fácil quedar atrapada en este funcionamiento dado que el bebé necesita alimentarse muy frecuentemente.
Bion afirma que si la reverie no es acompañada del amor de la Madre por el hijo al mismo tiempo que por el Padre, esto será comunicado al bebé. Esto último, tiene muchas implicancias. Es el modo en que podemos pensar que la triangularidad aparece de entrada, como condición necesaria para el desarrollo de la capacidad para pensar.

Ya hemos dicho que Bion postula la existencia de una Preconcepción Pecho, es decir la expectativa innata de que algo habrá afuera que satisfará la necesidad en forma inmediata y completa. Para que la preconcepción conduzca al desarrollo deberá encontrarse con su realización, es decir, que la experiencia ocurra realmente. Pero va más lejos, afirma, y yo creo que es una hipótesis de gran valor, que existe una preconcepción edípica innata. Por supuesto implica una estructura que ha de adquirir contenido de acuerdo a las experiencias posnatales, pero implica que en la disposición humana no sólo hay una expectativa de que ‘algo afuera me va a satisfacer’ sino también un ‘conocimiento’ de que los otros se satisfacen entre sí independientemente de uno mismo.

Volvamos entonces a la reverie. La respuesta de la Madre al sufrimiento extremo del neonato, que ella experimenta ‘realmente’ en sí misma, y es capaz de contener, implicará -de su parte- el conocimiento conciente, y sobre todo inconciente, de que un bebé es algo diferente de un hombre (el Padre nombrado más arriba). En otras palabras, implicará que la Madre no es psicótica. La madre psicótica podrá entonces proveer alivio físico de diverso tipo, pero no podrá generar las condiciones de desarrollo de la capacidad para pensar (debe tenerse presente que pensar implica a las experiencias emocionales).

Volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿Cómo puede el bebé afectar a su medio ambiente?
El modelo de la mente del que nos ocupamos ofrece una alternativa para incluir la posibilidad de que un ambiente razonablemente sano resulte incapaz de generar las condiciones para el crecimiento mental. Si la intolerancia a la frustración [3] es muy elevada en el bebé, éste será incapaz de identificarse con el objeto parcial que ha efectuado la función α. Sus caóticos estados emocionales (elementos ß), evacuados para que sean recibidos por el objeto, no pueden volver a ser incorporados por él para promover la capacidad de abstracción y por lo tanto el crecimiento mental. Utilizando el modelo digestivo para el funcionamiento mental, diríamos que hay un trastorno de la absorción. El único camino es una nueva evacuación que irá haciendo imposible la digestión por parte de la función α materna y haciendo proliferar la Parte Psicótica de la Personalidad.

Trastornos del Pensamiento
La psiquiatría clínica ha descripto, hace ya mucho tiempo, a la concretización del pensamiento como un signo patognomónico de los cuadros de tipo esquizofrénico. Freud los estudió en relación a la desinvestidura de la Representación-cosa. El aporte fundamental de W. Bion, que nos interesa destacar aquí y que proviene de la experiencia en la práctica psicoanalítica, es que la capacidad para pensar se adquiere en la relación entre dos mentes en diferente estado de desarrollo. La capacidad para pensar implica la capacidad para vincular.

Hemos descrito muy suscintamente el pattern básico de dicha interacción, cuando es normal: 1) Identificación Proyectiva del estado emocional insoportable, experimentado en forma concreta (contenido). 2) El estado emocional es experimentado por la madre (o por su sustituto que opera como continente) y procesado por ella. Esto implica que es puesto en relación, o vinculado, con las ideas que ella tiene acerca del bebé y de sí misma. 3) Es devuelto al bebé en forma ‘digerida’. Esto implica que el bebé recibe tanto el contenido procesado como la capacidad para procesar (Función α).
Este proceso genera, entonces, el desarrollo de la capacidad para ‘pensar las experiencias emocionales’, que es la fuente de la salud mental. Es el origen de la capacidad para la abstracción y el reconocimiento/ diferenciación de nuevas experiencias emocionales.

Las fallas en este proceso pueden darse, entonces, en cualquiera de los componentes de la pareja bebé – madre, del modo antes descrito (madre psicótica o intolerancia extrema a la frustración en el bebé). El resultado será entonces la incapacidad para la conciencia, tanto de la realidad interna como de la externa, y la imposibilidad para modificar la frustración en relación con la realidad, siendo necesario evadirla. Esto inhibe el crecimiento mental.

martes, 12 de agosto de 2014

Bion: un pensamiento enriquecedor y complejo



El trabajo con Grupos y con pacientes esquizofrénicos llevó a Bion a elaborar un ‘modelo de la mente’ que implica el estudio pormenorizado de los orígenes del pensamiento y una postura original sobre el desarrollo primitivo o temprano, basado en el encuentro bebé / madre, del que nos ocuparemos aquí. Describe los fracasos originarios en la construcción de las categorías mentales básicas que se relacionan con la personalidad psicótica. Estos fracasos son fruto de la falla del par continente – contenido y pueden deberse tanto al ambiente como a factores constitucionales.

Aclaraciones metodológicas
Los modelos y teorías, acerca del desarrollo primitivo de la mente, elaboradas por Bion surgen de la aplicación del método psicoanalítico. Por lo tanto son inferencias, muchas de las cuales pueden ser puestas a prueba tanto por la exploración directa de bebés en su medio ambiente como por investigaciones en otros territorios tales como los neurocientíficos, genéticos, etológicos, etc. Pero es importante aclarar que los objetos de estudio que aísla son propios de la disciplina y que las correlaciones posibles con otras se harán respetando los métodos de investigación de cada una y, por lo tanto, el recorte de su propio objeto de estudio. Sólo puede estudiarse lo mental a partir de los efectos que produce en otro ser humano, al menos desde el punto de vista psicoanalítico.
En el contexto de esta publicación, lo que probablemente sea más interesante es seleccionar un aspecto de la obra de Bion que, a mi juicio, permite tener un instrumento útil para plantearse el siguiente problema: ¿De qué modo afecta el bebé a su ambiente?¿Qué modelo de la mente permite aproximarse a este problema? ¿Es posible disminuir la dicotomía, que podría ser parcialmente productiva desde el punto de vista operacional, pero muy poco convincente desde el punto de vista de la comprensión científica, entre natura y nurtura?

Las psicosis son las situaciones clínicas privilegiadas para explorar e hipotetizar sobre esta cuestión, aunque es operante en todos los seres humanos.

Es evidente, para todos aquellos que trabajan en psiquiatría infantil, que el medio ambiente del niño es de extrema importancia para su desarrollo emocional. Incluso los poetas y el conocimiento popular reconocen desde hace siglos, la importancia de la crianza para el desarrollo futuro de la personalidad. Sin embargo, lo que no ha sido tan evidente, para aquellos involucrados en el cuidado continuo de bebés desde el nacimiento, es que lo que el neonato ofrece al medio ambiente es variable y también ampliamente importante en la determinación del crecimiento de su personalidad.

Desarrollos en el psicoanálisis
Freud comenzó investigando la determinación de síntomas neuróticos en pacientes adultos y su relación con situaciones traumáticas actuales. No tardó en convencerse de que debía buscar las raíces de los fenómenos actuales en la infancia. Esto no fue suficiente y describió las Series Complementarias. Estas implican que la manifestación sintomática actual contiene una dimensión constitucional, un factor traumático infantil y un factor desencadenante contemporáneo al síntoma. Su otro gran descubrimiento fue que no es posible investigar un aparato psíquico si no es poniéndolo en relación con otro. El estudio de la relación transferencial y sus modificaciones a lo largo del tratamiento se convirtió en el centro de la labor psicoanalítica. Aunque dejó para sus continuadores la exploración de los desarrollos primitivos o tempranos, él captó lo esencial y dio el paso fundamental en la investigación científica del niño y el bebé que hay en todos nosotros cuando diseñó el método psicoanalítico.
Sabemos que, a partir de su obra, se desarrollaron múltiples líneas que generaron “escuelas” y que estas, jerarquizaron y desplegaron aspectos diferentes de sus descubrimientos. M.Klein y D.Winnicott suelen ser vistos como representando posturas polares, o extremas, en el debate natura-nurtura.
M.Klein habló de envidia primaria como factor constitucional que, si es muy intensa, perturba la relación del bebé con el pecho y, por lo tanto, genera dificultades serias en el desarrollo psíquico. De todos modos, no dejó de tener en cuenta la importancia del medio ambiente.
D.Winnicott acumuló evidencia convincente de cómo los patrones básicos de salud del crecimiento de la personalidad infantil pueden ser distorsionados por las fallas familiares e impulsados por los logros de la familia. Pero él llamó a la psicosis adulta “una enfermedad por deficiencia en la infancia”, implicando deliberadamente que el medio falló en proveer el cuidado necesario como si se tratara de las deficiencias vitamínicas. Probablemente pensó que M. Klein era incapaz de entender la importancia para un infans de los éxitos y fallas de su medio ambiente. Este malentendido reforzó una postura defensiva en él y en otros contra el reconocimiento de la contribución del infante al impacto del cuidado que se le ofrece. 

Desde mi punto de vista, el desarrollo de Bion del descubrimiento de M.Klein de la identificación proyectiva ofrece una vía de progreso en el malentendido Klein-Winnicott. Pienso que también hace posible un acercamiento entre los protagonistas del rígido y vehemente combate natura versus nurtura.

Bion dedujo y describió cómo los estados emocionales tempranos, tanto placenteros como dolorosos, son experimentados en forma concreta y, como tales, no están disponibles para el crecimiento mental. Estos estados no pueden ser pensados, imaginados, soñados, recordados (como opuesto a ser repetidos), hasta que hayan sido transformados en experiencias abstractas. Un infans no puede adquirir esta capacidad para transformar sus experiencias primitivas de elementos beta a elementos alfa [2] como los llamó Bion, excepto por identificación con un objeto capaz de efectuar esta función fundamental.

Esta identificación es lograda en el desarrollo sano vía el uso de la identificación proyectiva como un mecanismo normal. En esta situación un infans evacúa su inmanejable, indigerible, conglomerado de buenas y malas experiencias en el objeto parcial care-taking. Este objeto parcial receptivo ofrece una realización de la expectativa innata del infans, su preconcepción de que hay un “algo en algún lugar” en el cual lo inmanejable puede ser hecho manejable, lo insoportable soportable, lo impensable pensable.

El objeto parcial primario, el pecho en terminología kleiniana, actúa por medio de un proceso al cual Bion llama función α, sobre los elementos ßproyectados y los vuelve pensables, almacenables y soñables. Éstos son proyectados en el bebé e introyectados por él. El resultado es una identificación con un objeto parcial capaz de producir la función α.

Bion dió el nombre “reverie” a la capacidad del objeto de recibir y responder creativamente a las experiencias concretas, de caos y confusión proyectadas por el bebé.

La capacidad de un bebé normal para tolerar la frustración es muy pequeña. Cuando un neonato normal experimenta frustración esto ocurre en un terrible estado de sufrimiento, que él asume como interminable. Este sentir de la urgencia con que esta infinita agonía debe ser frenada de inmediato es proyectada sobre la madre. En otras palabras, la madre la siente, lo que es distinto de comprenderla. La siente. Ella puede a menudo reaccionar rápida y adecuadamente. Reverie, o función α pueden producirse casi instantáneamente. Esta respuesta, que implica el encuentro de la preconcepción del bebé (en algún lado habrá algo que me alivie instantáneamente y del todo) con realizaciones apropiadas, deberá repetirse innumerables veces, y en un período prolongado de tiempo, para que el crecimiento mental normal pueda apoyarse sobre bases firmes. Esto implica también la paciencia y la intensa atención por parte de la Madre. También del analista con su paciente. Ambos deberán aprender de la experiencia.

Las fallas, la Madre y el neonato
Lo que puede resultar mal para un infans es una madre que no posea esa identificación con un pecho capaz de tolerar y de transformar lo intolerable. En este caso, ella no podrá responder creativamente, con reverie, a las proyecciones del bebé y deberá liberarse ella misma, de vuelta hacia y en el bebé, de un terror sin nombre.
Esta respuesta interfiere con el crecimiento de la capacidad del infante para relacionar acción con reacción, causa y efecto, poner juntos uno y uno para hacer dos, o sea, perturba o impide el crecimiento de una capacidad para pensar, que es una capacidad para vincular. 

Un modo habitual en que la madre intenta ocultar/se esta falla es por medio de un acercamiento puramente físico al malestar del lactante. Es fácil quedar atrapada en este funcionamiento dado que el bebé necesita alimentarse muy frecuentemente.
Bion afirma que si la reverie no es acompañada del amor de la Madre por el hijo al mismo tiempo que por el Padre, esto será comunicado al bebé. Esto último, tiene muchas implicancias. Es el modo en que podemos pensar que la triangularidad aparece de entrada, como condición necesaria para el desarrollo de la capacidad para pensar.

Ya hemos dicho que Bion postula la existencia de una Preconcepción Pecho, es decir la expectativa innata de que algo habrá afuera que satisfará la necesidad en forma inmediata y completa. Para que la preconcepción conduzca al desarrollo deberá encontrarse con su realización, es decir, que la experiencia ocurra realmente. Pero va más lejos, afirma, y yo creo que es una hipótesis de gran valor, que existe una preconcepción edípica innata. Por supuesto implica una estructura que ha de adquirir contenido de acuerdo a las experiencias posnatales, pero implica que en la disposición humana no sólo hay una expectativa de que ‘algo afuera me va a satisfacer’ sino también un ‘conocimiento’ de que los otros se satisfacen entre sí independientemente de uno mismo.

Volvamos entonces a la reverie. La respuesta de la Madre al sufrimiento extremo del neonato, que ella experimenta ‘realmente’ en sí misma, y es capaz de contener, implicará -de su parte- el conocimiento conciente, y sobre todo inconciente, de que un bebé es algo diferente de un hombre (el Padre nombrado más arriba). En otras palabras, implicará que la Madre no es psicótica. La madre psicótica podrá entonces proveer alivio físico de diverso tipo, pero no podrá generar las condiciones de desarrollo de la capacidad para pensar (debe tenerse presente que pensar implica a las experiencias emocionales).

Volvamos a nuestra pregunta inicial: ¿Cómo puede el bebé afectar a su medio ambiente?
El modelo de la mente del que nos ocupamos ofrece una alternativa para incluir la posibilidad de que un ambiente razonablemente sano resulte incapaz de generar las condiciones para el crecimiento mental. Si la intolerancia a la frustración [3] es muy elevada en el bebé, éste será incapaz de identificarse con el objeto parcial que ha efectuado la función α. Sus caóticos estados emocionales (elementos ß), evacuados para que sean recibidos por el objeto, no pueden volver a ser incorporados por él para promover la capacidad de abstracción y por lo tanto el crecimiento mental. Utilizando el modelo digestivo para el funcionamiento mental, diríamos que hay un trastorno de la absorción. El único camino es una nueva evacuación que irá haciendo imposible la digestión por parte de la función α materna y haciendo proliferar la Parte Psicótica de la Personalidad.

Trastornos del Pensamiento
La psiquiatría clínica ha descripto, hace ya mucho tiempo, a la concretización del pensamiento como un signo patognomónico de los cuadros de tipo esquizofrénico. Freud los estudió en relación a la desinvestidura de la Representación-cosa. El aporte fundamental de W. Bion, que nos interesa destacar aquí y que proviene de la experiencia en la práctica psicoanalítica, es que la capacidad para pensar se adquiere en la relación entre dos mentes en diferente estado de desarrollo. La capacidad para pensar implica la capacidad para vincular.

Hemos descrito muy suscintamente el pattern básico de dicha interacción, cuando es normal: 1) Identificación Proyectiva del estado emocional insoportable, experimentado en forma concreta (contenido). 2) El estado emocional es experimentado por la madre (o por su sustituto que opera como continente) y procesado por ella. Esto implica que es puesto en relación, o vinculado, con las ideas que ella tiene acerca del bebé y de sí misma. 3) Es devuelto al bebé en forma ‘digerida’. Esto implica que el bebé recibe tanto el contenido procesado como la capacidad para procesar (Función α).
Este proceso genera, entonces, el desarrollo de la capacidad para ‘pensar las experiencias emocionales’, que es la fuente de la salud mental. Es el origen de la capacidad para la abstracción y el reconocimiento/ diferenciación de nuevas experiencias emocionales.

Las fallas en este proceso pueden darse, entonces, en cualquiera de los componentes de la pareja bebé – madre, del modo antes descrito (madre psicótica o intolerancia extrema a la frustración en el bebé). El resultado será entonces la incapacidad para la conciencia, tanto de la realidad interna como de la externa, y la imposibilidad para modificar la frustración en relación con la realidad, siendo necesario evadirla. Esto inhibe el crecimiento mental.

jueves, 5 de junio de 2014

Sobre el Pensar: Wilfred Bion


Sobre el pensar

La cualidad, el alcance del pensar, dice Bion,  resulta de la confluencia de dos desarrollos mentales que es preciso distinguir: el desarrollo de pensamientos y el desarrollo del aparato para manejarlos, el aparato de pensar. Ambos desarrollos están absolutamente determinados por la cualidad de las experiencias emocionales que los enmarcan. En este sentido Bion hace de la tolerancia a la frustración o de la intolerancia a ésta un dato decisivo, del mismo modo que hacía decisiva Klein a la capacidad de tolerar la angustia a la hora de pensar el desarrollo o la inhibición del yo.
Según el nivel de desarrollo que la tolerancia/intolerancia a la frustración haya hecho posible se pueden distinguir :
Preconcepciones : ahuecamientos inherentes al esqueleto formal, expectativas a priori. Son como promesas que a veces permanecen como tales, otras alcanzan el estatuto de concepciones y permanecen allí y a veces se transforman en pensamientos propiamente dichos. La preconcepción, aclara Bion, es pensable según lo que en Kant aparece como “pensamiento vacío”. Huellas, cavado que traen consigo cierta prefiguración a priori de lo que al ocupar su vacío, armaría una percepción plena, una concepción, una realización.
Si no son saturadas por una experiencia satisfactoria, y si esa no saturación es soportada, es posible que a partir de ellas se forme un pensamiento propiamente dicho.
Concepciones : preconcepciones acopladas a realizaciones, preconcepciones que se sueldan a experiencias emocionales de satisfacción.  Las concepciones surgen si una preconcepción se realiza, si un hueco se satura . Para que haya concepción tienen que converger una preconcepción y una experiencia emocional satisfactoria..
Pensamientos  : nacen cuando se tolera la experiencia en la cual las  preconcepciones surgen acopladas o yuxtapuestas con una una realización negativa. La existencia de pensamientos indica que hubo  encuentro con y tolerancia de la presentación simultánea  de una preconcepción y la no existencia de aquello que aseguraría una experienca satisfactoria.
La experiencia emocional correpondiente es una frustración y si esa frustración es tolerada, un pensamiento puede nacer.
Si una preconcepción, cualquiera sea,  se yuxtapone con una experiencia emocional insatisfactoria, una frustración, cualquiera sea, un pensamiento tiene chances de nacer, a condición de que la frustración sea tolerada.
El suelo de los pensamientos está hecho de experiencias emocionales insatisfactorias que han sido toleradas. La existencia de pensamientos prueba el carácter estructural, ineludible y vital de la insatisfacción.
Conceptos: los conceptos, dice Bion, tienen nombre. Hay conceptos que son concepciones fijas y hay conceptos que son pensamientos. Esto exige otro desarrollo que retomaremos luego.

 La psicopatología

A la hora de pensar psicoanalíticamente la patología es preciso, dice Bion, pensar como decisivas y distinguibles:
a. una falla en el desarrollo de los pensamientos
b. una falla en el desarrollo del aparato que permite tratar con los pensamientos
c. una falla que resulta de la superposición de las fallas anteriores: la falla simulltánea de ambos desarrollos. 

 Bion sostiene que existen pensamientos aun cuando no es posible reconocerlos, suponer en su gestación la actividad de pensar, mucho menos un pensador.
El pensar es una actividad forzada por la presión que ejercen los pensamientos. Esto parece aludir a la vigencia de pensamientos que existen independientemente de su apropiación por parte del que los porta. Y aún para encontrar la génesis de  esos pensamientos inapropiados. Dijimos que Bion descubre que  la insatisfacción- la realización negativa, el desencuentro entre una expectativa con una realización (experiencia satisfactoria) tolerada, está en su base. La insatisfacción tolerada esta en la base de los pensamientos y estárá también- de otro modo-  en la base de la capacidad de pensar, dos dimensiones que ganan si se las distingue. Pero no basta la mera yuxtaposición de experiencia de insatisfacción y preconcepción para asegurar un pensamiento. En todos los casos,  de la conjunción de preconcepción y no presentación del objeto, surge la experiencia de un no pecho, o de un pecho ausente adentro, y con ello la frustración, el correlato emocional de esa experiencia.
Y ese es un punto fundamental o un momento decisivo, porque un no pecho adentro puede o no ser tolerado. Sólo si lo es deviene pensamiento.
Si la intolerancia es fuerte, la tendencia será evacuar, ya no el no pecho malo sino al pecho malo transformado en “una cosa en sí”, derivada de la intolerancia a la experiencia del no pecho adentro. Y esa expulsión de la cosa en sí tiene como consecuencia el dañar el aparato mismo de pensar, porque con esa expulsión se van también pedazos del self. Entonces el aparato de pensar puede,en cierto nivel, operar como regido por un principio nocivo que equipara la evacuación de la cosa en sí,  a la satisfacción que sobrevendría si la preconcepción se encontrara con una realización.  (Aquí encuentra  lugar teórico la clínica del negativismo).
 (Recordemos que Klein afirma que la capacidad de tolerar la angustia temprana, es condición para el desarrollo de la formación de símbolos, para el desarrollo de lo que Klein llama yo, y recordemos también que Klein supone una operatividad yoica inicial que descubre soportada por la vigencia del objeto indemne en el corazón del yo. A ese objeto indemne se dirige el ataque envidioso, y su vulneración traba su incorporación como núcleo del yo y con ella la operatividad del yo ante la angustia).
Bion dice que la imposibilidad de tolerar la frustración, pone en acción una tendencia a la evacuación excesiva, una hipertrofia de la identificación proyectiva. (Identificación proyectiva es el recurso que Klein descubre hipertrofiado  bajo el ataque envidioso al objeto indemne que arma el centro de operaciones del proceso simbolizador).
Ahora bien, la imposibilidad de tolerar la experiencia de acoplamiento entre alucinación y realización negativa produce lo que Bion llama un objeto malo. Los objetos malos son la cara oscura e ineludible de los pensamientos. Pero no basta un objeto malo para desencadenar la identificación proyectiva excesiva. Un objeto malo bien puede estar en la base de un pensamiento.
Es preciso que ese objeto malo haya sido tratado como una cosa en sí, como algo sólo apto para ser evacuado y que esa transformación y evacuación sea proliferante, es preciso que evacuar haya sido equivalente a obtener un buen pecho, para que resulte  perturbado el desarrollo del aparato para pensar (aquí encuentra cabida la idea kleiniana de voracidad). Y esta perturbación hace que el aparato confunda evacuación masiva con recepción de lo bueno. 
Esta perturbación del pensar se juega toda vez que un objeto malo se torna indistinguible de una cosa en sí, y pasa a ser algo adecuado sólo para ser evacuado. ¿Cómo piensa Bion la variable tolerancia intolerancia a la frustración? ¿De qué la hace derivar su intensidad?
Aquí entra en juego lo que afirmábamos al decir que el recurso que hace posible el pensar está fuera del pensar mismo. Es hora de incluir en la teoría del pensamiento la capacidad de reverie materna y el funcionamiento alfa,  una modalidad de funcionamiento psíquico de tipo oniroide pero vigente durante la vigilia, un funcionamiento constante  capaz de transformar impresiones y experiencias emocionales en material apto para la formación de sueños y recuerdos.
Aquí Bion apela a su lectura del Freud de “ Los dos principios..”. Allí encuentra que el predominio del principio de realidad es sincrónico con el desarrollo de la capacidad para pensar.
 Pensamiento y acción

En el capítulo XI de Aprendiendo de la experiencia Bion señala que Freud en los “Dos principios del suceder psíquico”, dice explícitamente o entre líneas, lo siguiente:
1) que al ser necesario restringir la acción motriz y esto fue proporcionado por el proceso de pensamiento. Es decir el pensamiento permite restringir la acción motriz
2) El pensamiento es un sustituto de la descarga motora .
3) A partir de esto Bion señala que hay que poner como primeros epistemológicamente los pensamientos y secundariamente el pensar como método o aparato.
4) Si el paciente no puede pensar con sus pensamientos se acrecienta la frustración, el pensamiento debería hacer posible soportar una tensión incrementada.
5) la intolerancia a la frustración aumenta la tensión.Hay un alivio por el proceso de pensamiento. Este pensamiento llena el intervalo entre la necesidad de liberar a la psique del incremento de tensión y la liberación misma
estimulo------pensamiento-----descarga
6) El principio de realidad sigue al de placer. Hay que diferenciar los procedimientos que tienden a evitar la frustración y los que tienden a modificarla. En este contexto Bion llamará pecho malo al pecho ausente (deseado pero ausente)y es más probable que sea reconocido como idea que el pecho bueno. Un lactante capaz de tolerar la frustración puede permitirse tener un sentido de la realidad. Si no puede tolerarla empieza a actuar la identificación proyectiva.
La capacidad de pensamiento suaviza entonces la frustración. Si la madre

falla ,es decir no tiene capacidad de reverie una nueva carga cae sobre la capacidad de tolerancia a la frustración del lactante. 

sábado, 31 de mayo de 2014

Elementos del Psicoanálisis

Bion, con el título que refleja su libro, hace dos movimientos.
1. Una atomización (elementos),
2. Una posterior interrelación que se fundamenta en el movimiento de la posición esquizoparanoide y depresiva.
A propósito de la interrelación y de los elementos beta y alfa,  podemos entender la transformación, según la oscilación entre posiciones kleinianas "bionizadas" de beta, como los elementos de u.a papilla sin trabajar y, los alfa, que es la papilla que se puede metabolizar.

jueves, 29 de mayo de 2014

Winnicott y Bion


Una madre terrible y dos hijos díscolos: Winnicott y BionPor Daniel Ripesi

Winnicott, Bion y la preocupación compartida por mantener vivo al lenguaje psicoanalítico – Lea más sobre W. Bion en la Sobremesa al Dr. Darío Sor
Pintura: E. Hooper 'Sun in an empty room'

La obra de Wilfred R. Bion es extensa, de considerable complejidad y profunda riqueza. Por mi parte no la he leído en su totalidad, apenas si puedo decir que trabajé con algún detenimiento y minuciosidad “Aprendiendo de la experiencia”, “Volviendo a pensar” y algunos aspectos del fatigoso “Elementos de psicoanálisis”.  Por otra parte, de lo que he leído, sólo he podido abarcar muy fragmentariamente el sentido amplio de su teoría. Se me impusieron más bien algunas de sus ideas, muy agudas, creativas y deslumbrantes, desplegadas aquí o allá en el curso de sus artículos, pero que me impedían –al mismo tiempo- una visión coherente del conjunto de su teoría.
Empecé a sentir que si me imponía la ambición de aprehender “en su conjunto” la obra de Bion tenía que necesariamente sacrificar aquellas ideas dispersas que tanto me atraían. Justamente, las que más me interesaban y seducían por su originalidad y riqueza. A la inversa, si me detenía en “sus ideas” –brotadas de una originalidad que subvertían el sentido general de sus artículos-, fragmentaba el curso amplio e hilvanado de sus desarrollos. Entre el detalle lúcido y contrastante de ciertas propuestas conceptuales y el conjunto de su obra como algo que busca una coherencia teórica general, había –para mí- cierta contradicción insalvable.
Puedo decir entonces que -en mi lectura- y considerando esa tensión, opté por las  “ideas-fragmentos” al “rigor del conjunto”. La visión de conjunto la otorgaba, sin duda, su formación kleiniana: términos como “identificación proyectiva”, “objeto bueno-malo”, “envidia”, etc., hilvanan sus desarrollos de punta a punta, tratando de aportar coherencia e integración al desarrollo teórico. Pero sus ideas más personales (“reverie”, “elementos-alfa/beta”, “barrera de contacto”, etc.) rompen con tal coherencia y parecen imponer otro esquema conceptual que no convive fácilmente con el anterior. Con otro esquema conceptual parece necesario otro desarrollo teórico.
Y, es así que en Bion una amenaza de ruptura epistemológica parece imponerse a cada rato en sus desarrollos. Pero la ruptura sólo se insinúa, permanece kleiniano a pesar de su estimulante indisciplina. Finalmente uno tiene la sensación de leer, por un  lado, un texto en clave, uno que reina en la clandestinidad, no muy bien disimulado, y –en otro nivel de lectura- otro más admitido –y, que de un modo u otro censura al anterior-. Los conceptos  conviven mal entre estos dos textos. De modo que, por poner solo un ejemplo, el término “identificación proyectiva”, contraseña que otorgaba inequívoca pertenencia kleiniana, necesitó en sus desarrollos –y para armonizarse con “sus” propias ideas- un retoque: en la pluma de Bion había que reconocer una identificación proyectiva –pero ahora- “realista”, una identificación proyectiva de carácter más sano o normal que el invocado por M. Klein en su obra.
A un Bion, a quien gustaban tanto las precisiones de tipo epistemológicas, y cuya ambición máxima parecía ser una formalización completa de la experiencia analítica,  habría que haberle dicho que su recurso –con relación a la comentada identificación proyectiva, que él distinguía como “realista”-   era la construcción de una hipótesis ad hoc1.
Sin entrar en detalles respecto de la diferencia que Bion introduce al pensar una identificación proyectiva “a secas”, de otra “realista”, digamos que con este cambio –y agudizado con la introducción de su concepto de “reverie”-, se opera una total subversión del sujeto psicoanalítico kleiniano: desde un  infans capaz de tempranos mecanismos de defensa que lo hacen, desde el vamos, poseedor de una compleja estructura psíquica para “pensar”  su interacción con el entorno, se pasa a un infans en dependencia crucial respecto de la madre. Es ella, en este último caso, quien deberá aportar su propio “aparato de pensar” para que el infans simbolice dicha interacción.  He aquí un dualismo irreconciliable de textos: uno que hace del infans un sujeto precozmente maduro en su capacidad de simbolizar (herencia kleiniana), y otro que reconoce su dependencia esencial en este sentido (la significación pasará, entonces, por la sanción del Otro materno).
Para Winnicott esta dualidad de textos era –entre otras cosas- un claro ejemplo de cómo el dogmatismo y la militancia político-científica, en el seno de la Sociedad Psicoanalítica Británica, obstaculizaban el proceso creativo en el pensamiento psicoanalítico. De modo que, en octubre de 1955 le escribe al propio Bion en estos términos: “...pienso sin duda que la Sociedad2 ya está tremendamente aburrida de la repetición contumaz de términos. En los últimos seis meses las palabras “identificación proyectiva” han sido utilizadas varios centenares de veces. Desde luego, es seguro que dentro de unos meses la palabra “envidia” se introducirá en todas partes. Como usted sabe, nos topábamos con la frase “objetos internos” en todas las comunicaciones hasta el momento que tomó su lugar “identificación proyectiva”. Aquí hay algo equivocado, y creo y espero que usted participe en la tentativa que debemos llevar a cabo, si es que la Sociedad  ha de sobrevivir, para dejar atrás estas tendencias desquiciantes, que tienen la naturaleza de unarepetición contumaz de estribillos musicales.3
Winnicott debía de preguntarse: ¿Por qué insistirá Bion con el consabido dogma conceptual de “identificación proyectiva” si se trata de un mecanismo psíquico que ya no nombra bien la novedad que le impone su propia experiencia clínica? La respuesta a esta pregunta era de elaboración muy compleja para Winnicott quien tenía respecto de Bion una consideración marcadamente ambivalente: por un lado, lo consideraba sumamente original y sagazmente agudo (lo halagaba con conceptos como estos: “(Usted es) el gran hombre del futuro en la Sociedad PsicoanalíticaBritánica (...) (augurándole) Como espero que usted sea pronto Presidente de la Sociedad...4) y, al mismo tiempo, lo consideraba un mero descubridor de sus propias ideas –las de Winnicott- pero formuladas en otro lenguaje (de modo que le escribe algo fastidiado a John Wisdom: “Bion emplea la expresión “capacidad de reverie” para abarcar la idea  que yo ya he enunciado con la complejidad que merece.. (...) (y, por otra parte) Bion habla acerca de los objetos necesarios que atormentan. Ahora bien, cualquiera puede usar la palabra ‘atormentar’, pero soy yo quien la ha empleado en ese contexto”.5).
A esto último se agregaba en Winnicott un cierto monto de envidia, porque, (él mismo se preguntaba) ¿por qué M. Klein toleraba en Bion formulaciones que en él no aceptó jamás?. También es a Wisdom a quien le comenta con indignación: “(Hablando de cierto artículo) Bion dice –por la mitad de la página 36- “Lo que sucede dependerá de ...”. Melanie Klein no me habría permitido esto en absoluto, y mi relación con ella –aunque siempre fue cariñosa y buena- se vio obstaculizada por su rotunda objeción a “Lo que sucede depende de...””. En la etiología de los pacientes esquizoides –o decididamente psicóticos-, Bion describe algo inédito tomando en cuenta las enseñanzas kleinianas6: el factor “ambiental”.
Habla en consecuencia (para justificar dicha etiología) de cierta insensibilidad materna en los primeros intercambios con el bebé. Bion se refiere a un tipo de madre incapaz de recibir las inquietudes emocionales del bebé para ocuparse de ellas con su función de “reverie”: “La personalidad del niño es incapaz de utilizar los datos de los sentidos, y tiene que evacuar esos elementos en la madre (temores, ansiedades, malestares, etc.), y confiar en ella para hacer todo cuanto sea necesario para convertirlos en una forma adecuada que le permita al niño utilizarlos como elementos alfa”7 (es decir, como elementos dotados de cierta significación –a partir de la trasformación que operan los cuidados maternos-, haciendo sentir al bebé la experiencia de que el dolor que produce la frustración tiene un límite en el tiempo.
Esos primitivos sentimientos de malestar profundamente angustiosos que vive el bebé en sus primeros meses de vida, luego de la operación materna de “reverie”, pueden ser recuperados8 y “pensados” por el niño, de modo que, por ejemplo, la tardanza del pecho –la vivencia de un no-pecho que lo hunde en la desesperación- se constituye (con el adecuado auxilio materno) en una ausencia temporaria y el bebé podrá elaborar una estrategia de espera. Sin la función de reverie de la madre un no-pecho (desencuentro del pecho en estado de necesidad del bebé, lo cual puede suceder porque ella, aún cuando aporta un pecho lo hace de un modo mecánico, sin vida), no tiene ligazón psíquica en términos de ausencia, y se torna –en cambio- una presencia inquietante y bizarra en el aparato psíquico del infans, algo “impensable” (un “terror sin nombre” dirá Bion).
La madre profundamente perturbada –sin capacidad de reverie-, frente al dolor y desesperación de su hijo que demanda algún tipo de atención de su necesidad, en vez de proveer (con sus cuidados) el alivio  emocional necesario entrará en sintonía con la desesperación de su bebé (aunque esto se exprese en una actitud absoluta indiferencia), finalmente el bebé pierde las esperanzas de que la madre simbolice lo que le pasa pero no deja de proyectar –de un modo cada vez más violento- su ira y desesperación. En este sentido, Bion se refiere a ciertos pacientes que proyectaban en él sus propios temores “con la idea de que si podían permanecer allí por un tiempo, serían modificados por mi mente y podrían entonces ser reintroyectados sin peligro.
Si el analista no es perceptivo a este tipo de proyección de ansiedades inmanejables por parte del paciente (terrores sin nombre), y se desembaraza rápidamente de ellas9 (porque siente que son “manejos” emocionales-resistenciales de su paciente que solo busca provocarlo), éste redobla con mayor violencia su proyección. Hablando de un paciente de este tipo Bion dice: “Sentí que el paciente había vivenciado en su infancia una madre que respondía obedientemente a las manifestaciones emocionales del niño. Esta respuesta obediente, tenía un elemento de impaciencia, de “no sé que tiene esta criatura”. Mi deducción es que para comprender lo que necesitaba el niño,la madre tendría que haber actuado ante los llantos más que con un simple acto de presencia” (es decir, verdaderamente conteniendo y pensando lo que le pasaba.)
Finalmente, Winnicott se vio tentado de buscar alguna articulación en sus mutuas ideas. Al propio Bion, el 16 de noviembre de 1961: “Estoy tratando de elaborar la relación entre sus enunciados y mi afán por dar cuenta de los procesos intelectuales, como medio utilizado por el bebé para aminorar la herida narcisista del principio de realidad...”10. Tomemos la carta (de la que recién hicimos una cita)  y que Winnicott enviara a Bion en octubre del ’55. Podemos establecer una suerte de entrecruzamiento entre lo que allí Winnicott expone como una preocupación teórica –estimulado por el trabajo “Diferenciación entre las personalidades psicóticas y no-psicóticas”, leído por Bion en la Sociedad Psicoanalítica Británica unos días antes-, y lo ya citado con relación a su fastidio por la cristalización de una jerga que empobrecía y estereotipaba, cada vez más, la comunicación entre los analistas.
En las primeras líneas de la carta aludida, Winnicott le hace a Bion una advertencia: “Usted tiene una fuerte personalidad, y existiría el peligro de que pase a un primer plano por esa circunstancia y no por el desarrollo natural de los acontecimientos (...) Su relación con la Sociedad se vio totalmente arruinada por el hecho de que los tres o cuatro primeros oradores fueron la Sra. Klein y los pro-kleinianos. Se tuvo la impresión de que lo protegían a usted de la Sociedad (...) Una vez que usted fue aislado de la Sociedad por los cuatro oradores, ya no hubo esperanza alguna de que alguien se levantase para desafiarlo”. Le indicaba que tratara de buscar una posición menos distante –en relación, tanto a las personas que lo escuchaban, como también, respecto de aquello que él mismo deseaba expresar-. En fin, que se dejaratocar y usar –por así decir- por su auditorio.
Digamos, entonces, que la preocupación de Winnicott,   desde las primeras líneas de esta carta, pasaba por la capacidad –o incapacidad- de comunicar algo a otros, es decir, por cómo y bajo qué condiciones se sostiene el valor significante de un lenguaje como para permitir a las palabras entrar en diálogo (y no que se quedaran en la intención de un adoctrinamiento).
Veamos ahora, más allá de esta preocupación político-institucional de Winnicott, su “preocupación teórica”. “(Seguimos con la carta mencionada,  en la que Winnicott  escribe a Bion estimulado por la lectura que éste había realizado de su artículo “Diferenciación de las personalidades psicóticas y no psicóticas”. En este artículo Bion hace referencia a un material clínico en el que su paciente no deja de moverse en el diván antes de poder iniciar su sesión)11. Le escribe, entonces, Winnicott: El material clínico que usted proporcionó, pedía a gritos una interpretación sobre la comunicación, y es por eso que hago este comentario. Yo diría que si un paciente mío estuviera moviéndose de un lado para el otro en el diván como lo hacía el suyo, y después dice: ‘Tendría que haberle llamado a mi madre’, yo me hubiera dado cuenta que se estaba refiriendo a la comunicación y a su incapacidad para entablarla (...) –Pasa luego a proponer la interpretación que él hubiese formulado- “Por sus movimientos, una madre con una actitud apropiada respecto de su bebé sabría lo que usted necesita (...) yo no soy lo suficientemente sensible ni tengo esa actitud como para poder actuar lo suficientemente bien, y por lo tanto, en la presente situación analítica caigo en la categoría de la madre que ha fallado y no ha hecho posible la comunicación. Así pues, en la presente situación tenemos una muestra de la falla original del ambiente que contribuyó a la dificultad para su comunicación”.
¿A quién  está interpretando Winnicott en última instancia en este pasaje? Tomemos en cuenta dos detalles: en esta misma carta, Winnicott se le hace notar a Bion que había tenido una marcada dificultad en la lectura de su trabajo, dificultad que no había permitido una buena comunicación con sus colegas; y luego que, como lo mencionamos más arriba, que la intervención introductoria de M. Klein a este escrito, había impedido todo contacto posterior (un intercambio enriquecedor) entre el propio Bion y su auditorio. Tenemos así una madre no del todo suficientemente buena (M. Klein) y a un hijo que no puede expresarse correctamente en el propio seno de la Sociedad Psicoanalítica Británica.
¿Sería Winnicott un hermano celoso? En parte, pero si él hubiera quedado atrapado en esa posición no hubiera podido autorizar su palabra en la compleja y amplia teoría del desarrollo emocional que, sabemos, sostiene su propio discurso. Un discurso que pudo apropiarse –y por eso mismo,  tomar distancia- de las enseñanzas de esa madre terrible que también sabemos fue Melanie Klein.
La preocupación  de Winnicott hacía coincidir ética, práctica y teoría en su intención de mantener vivo al discurso psicoanalítico, y más ampliamente, para que la palabra conservara su poder de significación y vocación de diálogo. Reconociendo en este poder de significación, su virtud y su falla: la palabra  goza de la riqueza –no arbitraria- de hacerse ampliamente evocativa y sugerente, pero al precio inevitable de perder algo de su precisión “científica”.
Incluso en esto Bion podría haber estado de acuerdo. También él pretende una palabra “viva”: Leemos en su pluma “El problema está en transformar formulaciones como ‘espacio’, ‘tiempo’, ‘distancia’, de modo que la reformulación no sea tan abstracta como para convertirse en un malabarismo verbal, ni tan cargada de significación como para obstruir el progreso”. Una palabra, entonces, sin la pretensión  de un esquematismo omniabarcativo y de presunta objetividad absoluta, ni tampoco una palabra portadora de dudosas intuiciones inefables. Ni el “malabarismo verbal” –como dice Bion- del cientificista ni el del poeta. Y, para que no queden dudas, Bion agrega: “Es fatal para el buen análisis que la aplicación prematura de una teoría se convierta en un hábito, que le impide al psicoanalista el ejercicio de su intuición sobre el material nuevo y por lo tanto desconocido” (...) “En la carrera de todo psicoanalista, éste debe hallar su propio camino y llegar a las teorías bien conocidas y verificadas a través de las experiencias de su propio modo de percibir situaciones” Era su modo de enunciar la paradoja “Crear lo dado...”.

1Se llaman así a las hipótesis suplementarias que un científico forja para poder poner a salvo su teoría de las contradicciones en que incurre en el marco de la comprobación empírica.
2 Se refiere a la Sociedad Psicoanalítica Británica.
3 El gesto espontáneo, Ed. Paidós, Bs. As. , 1990; negritas mías.
4 Ob. Citada.
5 Ob. Citada.
6 Quien da todo el peso de la etiología a los factores innatos o constitucionales.
7 Una teroría del pensar, en Volviendo a pensar, W.R.Bion.
8 “Recuperados” porque el bebé los ha proyectado en la madre con la esperanza de que ella los piense por él, si ha gritado con desesperación por cierto malestar y la madre lo alimenta con amor, ella le devuelve ese “malestar” como una solicitud de cuidado y atención.
9 Sobran los “actos analíticos” o interpretaciones sagaces para este fin.
10 Ob. Citada.
11 Este caso clínico está publicado en el libro “Volviendo a pensar” de W.R.Bion

Winnicott y Bion

domingo, 25 de mayo de 2014



Este libro constituye una vez más un homenaje a Beatriz Grego, dado que empezó a gestarse cuando ella dirigía esta cátedra. Es también un reconocimiento a los autores: Julieta Bareiro, Adrián Bertorello, Gabriela Carrasco Bax, Susana Hidalgo, Lucrecia Musumeli, Jimena Pal, Mary Pirrone, Susana Reif, Marta Scarpati, Susana Soubiate, Marcos Taricco (co-responsable de la compilación actual), David Warjach y Diego Zerba, como así también a otros participantes como Inés Mena, Rosalía Enrigo, y al grupo de nuevos coayudantes que cada año se incorporan al trabajo en equipo, en la enseñanza y la investigación.
Las páginas que esperan al lector en esta obra son parte de una secuencia que se inicia en otras anteriores ya publicadas y que se constituyen en una de las lecturas más interesantes entre las que se haya hecho de autores de la Escuela Inglesa de Psicoanálisis.
Los autores que causan todo este recorrido están dentro de lo que el influjo geográfico mal denominó Escuela Inglesa de Psicoanálisis. Autores que son, sin duda, esenciales para la práctica del psicoanálisis y es, por tanto, virtud de esta Cátedra el haber producido que su enseñanza no se vea empañada por no estar a tono con modas de la buena prensa.
Las cuatro partes en que se divide el libro toman cuestiones centrales en el desenvolvimiento del psicoanálisis inglés y especialmente de la influencia de tres que se destacaron con nombre propio dentro de la pléyade de autores de esta Escuela: Melanie Klein, Donald Wínnicott y Wilfred Bion. Es un gusto seguir su inteligencia, la de ambos, la de los maestros y la de los lectores autores. El encuentro casi siempre es vital y creativo y muestra una constante de lectura cual es un estilo no religioso que encuentra en el desmenuzamiento de las razones, sus razones.
Es entonces enseñante este encuentro en que los autores se dejan a su vez enseñar por estos maestros dando testimonio de una práctica de enseñanza. Al decir de Beatriz Grego: "no hay una versión unificada que representa a la cátedra, al contrarío, la cátedra está representada en las distintas lecturas que invitan a polemizar entre sí y con el lector". Por eso el título que surge del prólogo, que agradecemos a Daniel Mutchinick, dando cuenta de éstos, nuestros testimonios.

Para adquirirlo: www.paradox.es