El ego no es ni bueno ni malo. No hay que demonizarlo. Vivir identificados con esta máscara tiene ventajas e inconvenientes. Más allá de protegernos, cabe insistir en que el ego es la causa subyacente de todas las causas que nos hacen sufrir. Por eso, al estar identificados con nuestra personalidad o falso yo, es cuestión de tiempo que, hagamos lo que hagamos, terminemos fracasando. Porque, tan pronto como alcanzamos una meta, nos provoca una intensa sensación de vacío en nuestro interior, la cual nos obliga a fijar inmediatamente otro objetivo. Nuestro ego nunca tiene suficiente con lo que conseguimos, siempre quiere más. La insatisfacción crónica es la principal causa de vivir "identificados" con este "yo" ilusorio.
Sin embargo, hay que estar agradecidos por la ayuda que nos brindó en nuestra infancia (apego). Sin él, nos habría sido mucho más duro sobrevivir emocionalmente, por no decir imposible. De ahí que éste sea necesario en nuestro proceso de desarrollo. Además, gracias al sufrimiento provocado por nuestro ego, finalmente nos comprometemos con cuestionar el sistema de creencias que nos mantiene anclado a él, iniciando un camino de aprendizaje para reconectar con nuestra verdadera esencia. Y esto sucede el día en que nos damos cuenta de que la compañía del ego nos quita más de lo que nos aporta.
Por descontado, desidentificarse del ego no quiere decir librarse de él, sino integrarlo conscientemente en nuestro propio ser. De lo que se trata es de conocer y comprender qué es lo que nos mueve a ser lo que somos para llegar a aceptarnos y, por ende, empezar a recorrer el camino hacia la integración. De ahí surge una comprensión profunda, que nos permite vivir en armonía con nosotros mismos, con los demás y con la realidad de la que formamos parte. El ego y la esencia son como la oscuridad y la luz de una misma habitación. El interruptor que enciende y apaga cada uno de estos estados es nuestra conciencia. Cuanto más conscientes somos de nosotros mismos, más luz hay en nuestra vida. Cuanto más conscientes somos de nosotros mismos, más luz hay en nuestra vida. Y cuanta más luz, más paz interior y más capacidad de comprender y aceptar los acontecimientos externos, que escapan a nuestro control.
Por el contrario, cuanto más inconscientes somos de nosotros mismos, más oscuridad hay en nuestra existencia. Y cuanta más capacidad de comprender y aceptar los aspectos externos, que en ese estado pensamos que podemos ser el centro de nuestro ego y controlar deseos y expectativas egocéntricos. Sólo nosotros mismos podemos encender o apagar el interruptor. Al principio nos costará creer (resistencias), pero si persistimos lo conseguiremos.
Es algo más complejo y profundo que un aprendizaje, pero más profundo y transformador.
"Yo no puedo más de mí mismo". ¿Cuántas veces en la vida hemos profundizado esta desesperada afirmación?
Si la observamos detenidamente invita a pensar en una dualidad, dos fuerzas antagónicas. El Amor-Esencia y el Miedo-Ego. Luchan por ocupar un lugar destacado en nuestro corazón. Lo cierto es que, sólo una de ellas es real, mientras que la otra es completamente ilusoria.
El Eneagrama es un viaje de conocimiento transformador para facilitar el camino hacia la liberación del ego y la conexión con nuestra esencia.
lunes, 13 de febrero de 2017
La función del ego
domingo, 12 de febrero de 2017
La insatisfacción crónica del ego
El ego es nuestro instinto de supervivencia emocional. También se le denomina personalidad o falso yo. No en vano, el ego es la distorsión de nuestra esencia, una identidad ilusoria que sepulta lo que somos verdaderamente. Es como un escudo protector, cuya función consiste en protegernos del abismo emocional que supone no poder valernos ni sobrevivir por nosotros mismos durante tantos años de nuestra vida. El ego, en latín significa "yo". También es la máscara que hemos ido creando con creencias de segunda mano para adaptarnos al entorno social y económico en el que hemos ido nacido y nos hemos desarrollado.
Así, el ego nos lleva a construir un personaje con el que interactuar en el gran teatro de la sociedad. Y no sólo está hecho de creencias erróneas, limitantes y falsas acerca de quiénes somos verdaderamente somos. El ego también se asienta y se nutre de nuestro lado oscuro. De ahí que suela utilizarse la metáfora de "iluminación", que bien tiene relación con Jung.
Iluminar es el proceso por medio del cual nos damos cuenta de cuáles son los miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones, miserias, traumas y heridas que venimos arrastrando a lo largo de toda la vida.
Por mucho que podamos sentirnos identificados con nuestro ego, no somos nuestro ego. Ante todo porque el ego no es real. Es una creación de nuestra mente, tejida por medio de creencias y pensamientos. Sometidos a su embrujo, interactuamos con el mundo como si lleváramos unas gafas con cristales coloreados, que limitan y condicionan todo lo que vemos. Y no sólo eso: con el tiempo, esta percepción subjetiva de la realidad limita nuestra experiencia, creándonos un sinfín de ilusiones mentales que imposibilitan que vivamos en paz y armonía con nosotros mismos y los demás. Vivir desde el ego nos lleva a estar tiranizados por un "encarcelamiento psicológico": al no ser dueños de nosotros mismos -de nuestra actitud-, nos convertimos en esclavos de nuestras reacciones emocionales y, en consecuencia, en nuestras circunstancias.
sábado, 11 de febrero de 2017
Julia Kristeva
Psicoanálisis y fe
Es innecesario aclarar que este intento se inscribe en la línea de pensamiento freudiano, que trata de distinguir los distintos tipos de representaciones en la dinámica psíquica, los cuales son más o menos subsumibles en el lenguaje de la comunicación pero que escapan en forma inevitable al dominio de la conciencia. Al precisar el status de las inscripciones afectivas que denominamos "semióticas" de un modo más tajante de lo que hace Freud, nos procuramos un instrumento teórico que nos permite clarificar la heterogeneidad de las representaciones conscientes y las representaciones inconscientes. Este interés surge a partir de la observación clínica de una modalidad psíquica en la cual el deseo, la angustia o el narcisismo conducen al sujeto al borramiento de la significación, sin desposeerlo por ello de un sentido pulsional que registra las señales bioenergéticas en inscripciones que ya no son intrapsíquicas, inaprehensibles pero duraderas. (Por ejemplo en las afecciones narcisísticas y en las psicosis).
miércoles, 8 de febrero de 2017
Ego
Ante cualquier tipo de perturbación, ya sea por miedo, tristeza o ira plantea esta pregunta: ¿qué es lo que no estoy aceptando? La respuesta te hará comprender que la limitación que origina todas esas reacciones está en tu propia mente y no en ninguna otra parte. En realidad, nadie puede hacerte daño emocionalmente: tu ego es el único malestar de tu malestar interior, por mucho que te esfuerces en buscar culpables fuera de ti mismo. Cuando compruebas la veracidad de estas afirmaciones a través de tu experiencia personal, dejas de intentar cambiar la realidad externa para acomodarlas a las exigencias del ego y comienzas a trabajar sobre tu realidad interna para aprender a aceptarla tal y como es. A partir de entonces comprendes que has venido al mundo a aprender a ser feliz por ti mismo y aceptar y amar a los demás tal como son. Este es el llamado camino espiritual.
martes, 7 de febrero de 2017
Eduard Punset El viaje a la Felicidad
Billones de membranas y que hacen de nuestro cuerpo una comunidad andante de células, el cerebro se da cuenta demasiado tarde de que han actuado como terroristas.
Las miles de agresiones que sufren las células a lo largo del día y procesos regenerativos también pasan inadvertidos.
En la actualidad se ha detectado una proteína llamada CREB que compartimos con la mosca de la fruta y tiene que ver con la memoria a largo plazo.
También afecta a otras áreas del cerebro como nuestros instintos maternales y ritmos de sueño y vigilia. Esto sugiere que la maquinaria molecular implicada en los procesos de la memoria y del aprendizaje se ha conservado prácticamente intacta. De ahí surge el problema de la felicidad, mediada por la genética y a las emociones programadas.
La contaminación afecta sobre las células y flujos hormonales.
Las decisiones como dejar de fumar afectan positivamente en las células con posibilidad de regeneración.
Ocurre lo mismo con las emociones. Su origen en la parte no consciente del cerebro no implica que se pueda vivir al margen del sistema límbico.
A pesar de la aparente incompatibilidad entre los códigos primitivos de la amígdala y el hipotálamo, por una parte, y del neocortex por otra... Este fue el proceso gradual de adaptación de nuestros ancestros. Como dijo el pintor Antonio López: "falta de esplendor".
El poner en un segundo plano a la dirección de las emociones, sistema límbico, ha sido criticado desde Platon hasta la actualidad.
Esta vida, esta sociedad, esta cultura nos conduce a disociar las dos facetas: emocional y racional.
Esto también tiene causas biológicas profundas.
La falta de felicidad, como dice Antonio López es el reflejo de una vida gris, como plasma en alguna de sus obras.
Sinopsis de Rodrigo Córdoba Sanz
Corzo Cojo... Hechicero... Jodorowsky
"No soy un borracho, pero tampoco soy un santo. Un hechicero no debería ser "santo"... Debería poder descender tan bajo como un piojo y elevarse tanto como un águila... Debes ser dios y diablo a la vez. Ser un buen hechicero significa estar en medio de la tormenta y no guarecerse. Quiere decir experimentar la vida en todas sus fases. Quiere decir hacer el loco de vez en cuando. Eso también es sagrado".
Corzo Cojo
(Brujo sioux de la tribu dakota)
Texto extraído del libro Psicomagia de Alejandro Jodorowsky
lunes, 6 de febrero de 2017
Deseo y Distorsión
El deseo es algo muy peculiar. En la teoría de Lacan, elabora algo sumamente extraño, que nada tiene que ver con el anhelo, sino que consiste en unos mecanismos lingüísticos que tuercen y hacen distorsionar ciertos elementos transformándolos en otros. Un desliz verbal es un buen ejemplo: uno dice algo diferente de lo que quería decir y no sabe por qué.
El deseo está presente porque un elemento ha sido distorsionado y modificado por otro. La presencia del deseo se deduce en la clínica prestando interés a estos procesos cuando se reiteran. Así como a los puntos de ruptura, distorsión y opacidad en las asociaciones del paciente.
El lenguaje permite transmitir mensajes, pero también posee redundancia. Es lo que diferencia una carta de un telegrama. Este último transmite rápidamente un contenido mínimo de información, en tanto que la carta puede explayarse los pormenores si queremos rastrear el deseo, dice Lacan, lo mejor es no centrarse en el deseo sino en las redundancia, los detalles minúsculos que no serían necesarios.
Jacques Lacan



