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Paz y Ciencia
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miércoles, 16 de agosto de 2017

Psiquiquiatría y Antipsiquiatría

La violencia está en el centro de nuestro problema. No obstante, el tipo de violencia que consideraré aquí tiene poco que ver con gente que se de mutuamente martillazos en la cabeza, y no versará mucho sobre lo que se supone que son los pacientes locos. Al hablar de la violencia en psiquiatría, la violencia que nos enfrenta descaradamente dando gritos, proclamándose violencia en alta voz como lo hace (muy pocas veces) es la violencia sutil y sinuosa que las personas "sanas" perpetran contra los rotulados "locos". En cuanto la psiquiatría representa los intereses de los sanos, descubriremos que, en realidad, la violencia en la psiquiatría es la violencia de la psiquiatría.

David Cooper. Psiquiatría y Antipsiquiatría. 1967

sábado, 29 de octubre de 2016

Guillermo Rendueles: Egolatría



PRÓLOGO DE CARLOS CASTILLA DEL PINO

Egolatría plantea un análisis de la noción actual de identidad personal -del sujeto ausente característico de la postmodernidad- a partir del estudio de su doble patológico: el trastorno de personalidad múltiple. Esta "enfermedad -más que dudosa en términos estrictamente médicos y cuyo estudio se ha popularizado notablemente en los últimos tiempos- constituye una atalaya privilegiada para las transformaciones que ha experimentado la noción de "yo" en nuestra época. Al igual que la histeria en el siglo XIX, el trastorno de personalidad múltiple es un malestar que dice mucho del mundo de la precariedad laboral y desintegración de las fuentes de identidad colectiva que nos ha tocado vivir. Sin embargo Egolatría no sólo plantea una crítica de la práctica psicoterapéutica actual, sino que también realiza un amplio recorrido por distintos campos del conocimiento (neurología, filosofía, psicología cognitiva...),cartografía zonas sensibles de nuestra cultura (internet, la transexualidad, el acoso moral...) y analiza las biografías de autores cuya obra quedó marcada por la disolución de la identidad personal (Pessoa, Althusser, o Lawrence de Arabia).





EGOLATRÍA: GUILLERMO RENDUELES OLMEDO


domingo, 24 de mayo de 2015

Sin medida

Mis intereses profesionales han ido desde la estructura de personalidad hasta sus trastornos. La bibliografía es un poco "floja". Textos de Kernberg, Gunderson, Kohut y Dolores Mosquera dan buena cuenta de estas patologías que Luigi Cancrini dice "océano borderline".

Ahora me centro en la bipolaridad, hay quien habla de un continuum entre lo borderline y lo maniacodepresivo. A mi entender este continuum solo es didáctico. Se trata de estructuras distintas. A mi juicio no debe haber comorbilidad entre TB y TLP, en la práctica clínica se da.
Como dice Allen Frances, es mejor un infradiagnóstico que un sobrediagnóstico.
No es sensato medicar para cada síntoma, por sensatez y porque se produce deterioro orgánico, por ejemplo en el riñón.
Feliz día.
Rodrigo Córdoba Sanz
Psicólogo Col.: A- 1324
Psicoterapeuta

miércoles, 18 de marzo de 2015

Ronald D. Laing

imagen[Traducido y desviado por Haller para RebeldeMule*] Ronald D. Laing fue un médico psiquiatra y psicoanalista escocés, y uno de los protagonistas (junto a David Cooper, Aaron Esterson, Thomas SzaszFranco Basaglia, entre otros) del movimiento que cuestionó los usos, las ideas y los fines de la institución psiquiátrica, surgido en la década del '60, y que sería llamado antipsiquiatría.

Ronald Laing nació el 7 de octubre de 1927 en Glasgow, Escocia, en el seno de una familia de calvinistas conservadores. Estudió en la Escuela Secundaria para Varones de Hutcheson, donde brilló en Humanidades. A los 15 años, había leído a VoltaireMarxNietzsche, Kierkegaard y Freud, gracias a sus voraces visitas a la biblioteca pública de Govanhill.

En 1945 ingresó a la Universidad de Glasgow, en el programa de medicina. Junto a sus estudios médicos, continuó sus investigaciones filosóficas y literarias. Se graduó en 1951 a la edad de 24. Comenzó a trabajar en la unidad de neurocirugía de Killearn, cerca de Loch Lomond, donde conoció al neurocirujano Joe Schorstein, a quien Laing después describiría como "mi padre espiritual". Schorstein, hijo de un rabino vienés, estaba inmerso en la filosofía europea y ayudó a profundizar el conocimiento de Laing de la filosofía continental. Ambos eran miembros de un grupo de discusión filosófica que se reunía regularmente en Glasgow.

Durante ese periodo había todavía una intensa tradición filosófica en Glasgow, a la cual Laing había estado expuesto. Esta tradición estaba atenta al pensamiento existencial europeo, y a la escuela escocesa relacionada, conocida como "los personalistas". De hecho, el primer libro de Laing (1960), "El yo dividido", hace específica mención de uno de los principales filósofos personalistas escoceses, John McMurray, quien afirmaba que las técnicas de la ciencia natural eran inapropiadas para el estudio de las personas.

Laing tenía planeado estudiar con Karl Jaspers, autor de la "Psicopatología General", con quien mantuvo correspondencia, pero el servicio militar era entonces coercitivo. Las autoridades decretaron que Laing debía trabajar en una unidad psiquiátrica del ejército británico en Inglaterra, donde sirvió hasta 1953. Allí, Laing formó parte de unstaff que trabajaba bajo órdenes estrictas de no hablar con los pacientes psicóticos: "No debe permitir que un esquizofrénico le hable. Eso agrava el proceso psicótico. Es como promover una hemorragia a un hemofílico o como dar un laxante a alguien con diarrea. Inflama el cerebro y alimenta la psicosis". (Laing, 1985).

La psiquiatría estaba caracterizada por un fuerte acercamiento somático a la enfermedad mental, y estaban muy extendidas las terapias de coma insulínico, las terapias electroconvulsivas y las lobotomías. El primer trabajo civil de Ronald Laing fue en el Hospital Real de Gartnavel, cuyo director era Angus MacNiven. MacNiven miraba con escepticismo los nuevos tratamientos físicos para los pacientes psiquiátricos, y el staff de Gartnavel estaba abierto a terapias sociales alternativas. Fue aquí donde Laing, con sus colegas McGhie y Cameron, condujo lo que sería conocido como el "Experimento del Cuarto de Juegos" (Cameron et al, 1955).

Las instalaciones de Gartnavel estaban sobrepobladas y el staff sanitario era reducido. Laing y sus colegas se preguntaban hasta qué punto el comportamiento de los pacientes, la mayoría diagnosticado con esquizofrenia, era producto de este ambiente. Persuadieron a MacNiven de que se les concediera una gran habitación, confortablemente equipada, para permitir que 12 de los pacientes más intratables y de peor pronóstico se instalaran allí por un periodo extendido. La proporción enfermera-paciente se incrementó, y la atmósfera era generalmente más relajada. Después de 18 meses, todos los 12 pacientes habían mejorado tanto que recibieron el alta.

Un año después, de cualquier forma, estuvieron todos de regreso. Algunos de los colegas de Laing argumentaron que esto demostraba que la esquizofrenia era una enfermedad de por vida, sólo parcialmente aliviada por la influencia ambiental. En contraste, Laing sostuvo que algo estaba erróneo en el ambiente social. Las experiencias clínicas de Laing en Gartnavel formaron la base de su primer libro, "El yo dividido". El declarado propósito de Laing era "hacer la locura, y el proceso de volverse loco, comprensible". Para lo cual se apoyó en la obra de filósofos existencialistas como Kierkegaard, Sartre y Buber. Laing sostenía que el modelo médico, con su noción de que el paciente psiquiátrico era un mecanismo biológico defectuoso, deshumanizaba al paciente y ocultaba su realidad humana.

En un pasaje clave de "El yo dividido", Laing cita un extracto de Kraepelin donde el profesor alemán, inventor del término esquizofrenia, presenta a un paciente frente una clase de medicina. Kraepelin ofrece un detallado recuento del habla y el comportamiento del paciente y concluye que sus interacciones son incomprensibles,"demostrando" así la esquizofrenia. En contraste, Laing halla sentido a la conducta del paciente, que resulta inteligible si se advierte que este protestaba por ser exhibido ante un salón de lectura. Laing (1960) escribía: "Ahora parece claro que el comportamiento del paciente puede ser visto por lo menos de dos maneras... Uno puede ver su comportamiento como 'signos' de una 'enfermedad'; otro puede verlo como una expresión de su existencia humana".

"El yo dividido" apareció en 1960 después de que Laing se mudara a Londres para seguir una formación analítica en la Clínica Tavistock. Fue continuamente reimpreso durante casi 50 años y permanece como su libro más popular. En 1961 publicó "El yo y los otros", examinando los aspectos intersubjetivos de la locura. “Intento representar a las personas dentro de un sistema social o nexus de personas (…). Cada uno contribuye a la realización o la destrucción del otro.” (Laing, 1961). Después, en 1964, publica junto a Aaron Esterson "Cordura, locura y familia", un estudio de familias de esquizofrénicos que busca comprender el habla y el comportamiento de los pacientes psicóticos, en el contexto de sus relaciones familiares.

También en 1964 firma, junto a David Cooper, el libro “Razón y violencia”“una exposición muy clara y fiel” del pensamiento existencial, fenomenológico y dialéctico de Jean-Paul Sartre, quien en el prefacio saludaba el enfoque alejado del determinismo biológico para analizar las dolencias psíquicas: “Considero altamente meritorias sus investigaciones, en particular el estudio que intentan del medio familiar tomado como grupo y como serie, y estoy convencido de que sus esfuerzos contribuyen a acercarnos al momento en que la psiquiatría será por fin humana.”

El alejamiento de Laing del mainstream psiquiátrico se completó en 1967 con la publicación de "La política de la experiencia y el ave del paraíso", una intensa invectiva fenomenológica contra la civilización autoritaria, rematada por un epílogo literario. Vietnam se desangraba en tiempo real, las revueltas del 68 se tejían en el aire, y sus puntos de vista tocaron una fibra de la generación estudiantil de la postguerra, especialmente en Estados Unidos, donde el libro fue un best-seller universitario.

Laing tuvo una gran presencia en lecturas y conferencias durante la segunda mitad de los '60. En sus charlas, agrupaba al paciente psicótico con el disidente criminal y político en una coalición de oprimidos, portadores de una auténtica declaración sobre la condición humana (Clare, 1990). En "La política de la experiencia...", Laing también retrató a la locura como un viaje de liberación y autodescubrimiento. Eso conjugaba con el espíritu de la contracultura, y tenía antecedentes literarios en los Románticos y los Surrealistas. De cualquier forma, la ortodoxia psiquiátrica lo vio como una peligrosa estetización de la enfermedad mental, y despreció sostenidamente sus teorías. 

En Londres, en 1965, Ronald Laing fundó junto a David Cooper y Aaron Esterson la Asociación Filadelfia, que tenía entre sus objetivos organizar albergues para personas con perturbaciones mentales, que no querían tomar drogas psiquiátricas ni ser hospitalizadas. Estas casas, la más famosa de las cuales fue Kingsley Hall, se sostenían en la idea de que la responsabilidad personal, la vida comunitaria y la ausencia de coerción médica era la única manera de restituir el destrozado yo de las personas rotuladas como esquizofrénicas. El filme documental "Asylum" (Peter Robinson, 1972) retrata la experiencia de la Comunidad Archway.

En 1969, Laing continuó su investigación y crítica de la estructura familiar con el libro “The politics of the family” [El cuestionamiento de la familia]. En 1970, viajó a Ceylán (desde 1972, Sri Lanka) para investigar las técnicas de meditación budista, retornando a Inglaterra un año después. El ritmo de publicación de sus ensayos decayó, y el examen de algunas ideas excéntricas, como las referidas al “trauma psicológico de los fetos” (Laing, 1976) comprometieron su valor. Por esos años, Laing publicó dos colecciones de poemas breves sobre la tortuosa y obsesiva naturaleza de la comunicación humana: "Nudos" en 1970, y "Sonetos" en 1976.

En la década de los '80, Laing crió fama de alcohólico debido a frecuentes exabruptos públicos. El más leve fue en 1983, cuando fue entrevistado por Anthony Clare para un programa de BBC Radio. Llegó típicamente ebrio al estudio, pero, mientras se reponía, habló conmovedoramente de su infancia, y de su temor a estar sufriendo una "melancolía de la mediana edad", como su padre y su padre antes que él, o en sus palabras, "la típica melancolía involutiva calvinista-escocesa de cavilaciones religioso-nihilistas" (Clare, 1992).

En 1985 publicó el que se considera uno de los mejores libros de su última etapa, "Sabiduría, demencia y locura", un texto autobiográfico "de lectura obligatoria para cualquiera que sea médico o pretenda serlo" (Clare, 1990). En 1987, Laing fue privado de su licencia médica, después de una investigación realizada tras la denuncia de un paciente que lo acusó de haber estado ebrio y agresivo durante una consulta.

Ronald D. Laing murió el 23 de agosto de 1989, fulminado por un ataque cardiaco mientras jugaba al tenis con su amigo el psicoanalista Robert W. Firestone. Sus últimas palabras las gastó para pedir que no llamaran a un médico.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Convertimos conductas normales en trastornos mentales

“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”

Catedrático emérito de la Universidad de Duke, dirigió la considerada 'biblia' de los psiquiatras

Allen Frances, el pasado septiembre en Barcelona. / JUAN BARBOSA
Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.
P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?
R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.
P. Con la colaboración de la industria farmacéutica...
No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para crear nuevas enfermedades
R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.
P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?
R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.
P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?
R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.
P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?
R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en elDSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.
P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?
Los seres humanos hemos sobrevivido millones de años gracias a la capacidad de afrontar la adversidad
R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.
P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?
R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.
P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?
R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.
P. No va a ser fácil…
R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.
P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.
R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.
P. ¿En qué sentido?
R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.
P. Y también tendrán que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

Historia de la Invención de la Locura

«¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. (...) El rebelde (es decir, el que se vuelve o revuelve contra algo) da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es.» Albert Camus - El hombre rebelde.


Resulta paradójico que, mientras existe en la intervención psiquiátrica, una labor de equipo en el seno de los equipos de médicos y enfermería, los enfermos andan por el pabellón de ingresos en solitario. Solo con la capacidad innata gregaria de compartir con el otro.
El "loco" no tiene razón, así pues, todo lo que diga será puesto en duda. Es por ello que necesitará, como si de un niño o niña se tratara, una persona que se responsabilice por él.

Culpar a la sociedad de los problemas del "establishment" psiquiátrico y sus "enfermedades", este último concepto, cuestionado desde lo médico hasta lo filosófico, sería abusivo.
Más que considerar al psiquiatra al servicio de una sociedad represora, que con el aislamiento del enfermo buscara el olvido del problema, sería más exacto valorar los hechos a la inversa. La sociedad era víctima del psiquiatra en el sentido de que este era incapaz de actuar sobre el trastorno, y por su falta de comprensión de los mecanismos productores de los cuadros clínicos y por su incapacidad terapéutica frente a ellos no disponía de otra solución que mantener a los pacientes indefinidamente en un ambiente que se procuraba que fuera el mejor posible. La actitud nihilista y poco esperanzadora de la mayoría de los psiquiatras de la época era producto de su falta absoluta de recursos.

Téngase en cuenta que desde hace pocas décadas la psiquiatría ha contado con tratamientos relstivamente eficaces, pero la renovación de los recursos asistenciales no se ha realizado con la celeridad que requería el continuo aluvión de nuevas terapéuticas

http://www.youtube.com/wqatch?v=8Z-2HC1YGKo&feature=youtube_gdata_player Estrés, ansiedad y depresión por las nuevas tecnologías: DEBATE

Desde el Manicomio (blog) Wikipedia Contrapsicología

viernes, 19 de octubre de 2012

El Segundo Pecado: La Psiquiatría

EL SEGUNDO PECADO
LA PSIQUIATRÍA
 
 

La psiquiatría es una empresa moral y social. El psiquiatra se ocupa de problemas de la conducta humana. Por consiguiente, se ve atraído hacia situaciones conflictivas, que a menudo son entre el individuo y el grupo. Si deseamos comprender la psiquiatría, no podemos apartar los ojos de este dilema: debemos saber por quién toma partido el psiquiatra, si es por el individuo o por el grupo.

En general, quienes pagan para recibir un servicio psiquiátrico son sus beneficiarios; cuando las personas reciben un servicio psiquiátrico sin pagarlo son su víctimas, y no lo beneficiarios, de la psiquiatría

Gran parte de lo que actualmente pasa por ser enfermedad mental en realidad es coacción y engaño: el supuesto paciente trata de coaccionar a los demás fingiendo que está enfermo. De forma parecida, gran parte de lo que ahora pasa por psiquiatría es también coacción y engaño: el llamado médico psiquiatra intenta coaccionar a los demás fingiendo que es un curador que lucha contra una epidemia de peste.

Algunos citarían aquí las características desagradables del loco para justificar el comportamiento del psiquiatra. Otros citarian las del psiquiatra para justificar la conducta del loco. El resultado es que se da un tono romántico a la locura o a la asistencia a los locos cuando, en realidad, con demasiada frecuencia ambas son ejemplos de comportamiento deplorable.
[...]

La formación psiquiátrica es el adoctrinamiento ritualizado del joven médico en la teoría y la práctica de la violencia psiquiátrica.



http://youtu.be/pb1bc808GS4 Amaia Montero -Perdóname-
http://youtu.be/nbtf7Lwsn6g Zaz -La fée-C´est à vous