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viernes, 18 de febrero de 2022

PIERA AULAGNIER


El 31 de marzo se cumplieron 30 años de la muerte de la psiquiatra y psicoanalista italiana Piera Aulagnier (Milán, 1923- Suresnes-Francia- 1990). ¿No es asombroso que algunas ideas puedan ser consideradas obsoletas? ¿Acaso las teorías tienen fecha de vencimiento? ¿Qué determina que se mantengan vigentes? Aulagnier sigue vigente y sus ideas no pueden ser consideradas obsoletas. Es una referencia ineludible en el campo psicoanalítico. Ella retoma “cuestiones fundamentales” del psicoanálisis: la psicosis, el “yo”, lo pulsional, la realidad, el pensamiento, el proyecto terapéutico, la pasión y la alienación. En sus primeros trabajos, las referencias mayores aún son lacanianas: el deseo del otro, la castración simbólica, el Nombre del Padre, la primacía del significante. Progresivamente, emergen sus propios conceptos: “violencia primaria” y “violencia secundaria”, “sombra hablada”, “portavoz”, “proceso originario”, “pictograma”, “proyecto identificatorio”, “enunciados identificatorios”, “contrato narcisista”, “’Yo’ historiador”, entre tantos otros.

Piera Aulagnier optó. Leyó a Sigmund Freud, a los posfreudianos y, por supuesto a Jacques Lacan, con quien se analizó entre 1955 y 1961. Porque Freud no basta: estuvo con Lacan. Porque Lacan subyuga: buscó y encontró la libertad. Aulagnier habló de un “pequeño trozo de inmortalidad” que es la prolongación del proyecto identificatorio. El “yo” “quiere creer que algo de sí mismo permanecerá”. Ello lo obliga a prever un juicio que solo será formulable después de su muerte: dependerá de sus lectores actuales la respuesta a ese interrogante. Aulagnier habló de un “pequeño trozo de inmortalidad” que es la prolongación del proyecto identificatorio. El Yo está dispuesto a morir “pero quiere creer que algo de sí mismo permanecerá”. Ello lo obliga a prever un juicio que solo será formulable después de su muerte: “Una vez escrita la última línea, no solamente el libro ya no es modificable, sino –y esto es más importante– el autor ya no tiene la posibilidad de gravitar sobre el juicio, sobre la interpretación de sus eventuales lectores. Podemos continuar esta metáfora y decir que el Yo como autor del libro de su vida no solamente querría tener la seguridad de que lo van a leer, sino que querría prever y conocer lo que pensarán de él sus lectores póstumos” (Aulagnier, 1977).

En 1969, junto con Jean-Paul Valabrega y François Perrier, crearon la Organización Psiconálitica de la Lengua Francesa. También fue miembro fundadora de la revista Tropique y es considerada una de las figuras más importantes e influyentes de su época dentro del psiconálisis, junto con Jean LaplancheJean-Bertrand Pontalis y André Green. Entre 1968 y 1984 estuvo casada con Cornelius Castoriadis.

Para ilustrar su pensamiento traigo aquí un fragmento de un diálogo que mantuvimos en Buenos Aires en el año 1986.

Luis Hornstein: –Usted teoriza sobre el principio de permanencia y el de cambio en el proceso identificatorio¿qué es lo que permanece y qué es lo que cambia en su investigación?

Piera Aulagnier: –Lo que persiste es concebir la teoría analítica como la que esclarece las condiciones para que el yo y la actividad de pensamiento sea posible.El yo no puede advenir más que siendo su propio biógrafo. Esta historia exigirá periódicamente la inversión de sus parágrafos, hará necesaria la desaparición de algunos y la invención de otros para arribar a una versión que debe permanecer abierta. Es sólo porque es modificable que el sujeto puede asegurarse su propia permanencia y aceptar los inevitables cambios psíquicos y físicos. Por eso –para responder a su pregunta- lo que perdura es el privilegio que le otorgo a la problemática identificatoria.

LH: –Luego de haber renunciado a convertir el análisis en una ortopedia del yo, se visualiza en muchos analistas franceses una preocupación creciente por temas vinculados a la instancia yoica, al pensamiento y al narcisismo. Laplanche, en 1970, decía que es preciso construir una teoría analítica del yo; también Pontalís escribió en 1975 que los analistas franceses se estaban enfrentando al retorno de lo represor. Actualmente, tanto usted como otros (Anzieu, Mc. Dougall, Green)

domingo, 27 de octubre de 2013

Afecto



AFECTO Y PIERA AULAGNIER

“Afecto, sentido, cultura, están copresentes y son responsables del gusto de estas primeras moléculas de leche que toma el infans.” (Aulagnier, Piera. La Violencia de la Interpretación: del pictograma al enunciado. Editorial Amorrortu, Buenos Aires, 1977)
El afecto ha sido y es materia de debate para los psicoanalistas. Sería imposible referirnos al sujeto sin tomar en consideración la cuestión del afecto; y sin embargo su ubicación metapsicológica es muy diversa entre los autores que se han ocupado del tema.
Piera Aulagnier no sólo privilegia la temática del afecto sino que la desarrolla de un modo original, proponiendo cauces interesantes para la teoría y para una clínica nunca ausente en sus contribuciones teóricas.
Situemos a esta autora, quien ha dejado una producción insoslayable dentro del psicoanálisis contemporáneo. Conocedora profunda de la obra freudiana y apoyada en la misma, incorporó ideas de autores fundamentales como Lacan, de quien se distanció luego, y de Castoriadis, cuyas ideas son perceptibles en muchos de sus desarrollos.

En 1964 fundó el Cuarto Grupo junto con Perrier, Valabrega y otros psicoanalistas. Su trayectoria se fue nutriendo de aportes teóricos centrales del psicoanálisis que retrabajó y enriqueció, lo que hizo de su obra una contribución singular y de enorme relevancia. Autores como Cornelius Castoriadis y René Kaés, entre otros, han tomado algunas de sus conceptualizaciones para sus propios desarrollos teóricos.

Autora de los libros La Violencia de la Interpretación, Los Destinos del Placer y El Aprendiz de Historiador y el Maestro Brujo, así como de numerosos artículos, desplegó una producción en la cual confluyeron un riguroso desarrollo teórico y una práctica clínica siempre presente en sus conceptualizaciones.

Situada en el seno de debates nodulares dentro del psicoanálisis postfreudiano, Aulagnier evitó las dicotomías reduccionistas y los fundamentalismos teóricos, así como las alienaciones institucionales; problemáticas que por otra parte abordó en algunos de sus escritos. Las adhesiones acríticas a teorías o maestros y los riesgos del dogmatismo dentro de las instituciones psicoanalíticas, pero también sus efectos en la escena clínica, la inducción inconsciente de alienaciones y de pasiones transferenciales, fueron temáticas que ocuparon y preocuparon a la autora. Propuso una posición epistemológica abierta que evitara tanto las simplificaciones reduccionistas como las oposiciones binarias, a menudo subsidiarias de los entramados entre saber y poder presentes en los debates científicos. Su posicionamiento teórico albergó continuidades y rupturas, contradicciones y diferencias, concibiendo un pensamiento complejo en que la paradoja y la multidimensionalidad se sitúan como aspectos inherentes al acceso a lo real.

Un eje central que recorre la obra de esta psicoanalista es la importancia de la dimensión relacional; la trama indisociable entre la subjetividad, los encuentros y el lazo social. Sujeto, vínculo e histórico-social resultan coétanos e indiscernibles. No es posible pensar la subjetividad por fuera del encuentro con el otro y con el otro social.

Pero también el cuerpo, el afecto y la representación conforman una urdimbre inseparable, que se despliega a lo largo de la vida en lo relacional.

Cuerpo, afecto y representación: una perspectiva relacional.
Cuerpo, afecto, representación y lenguaje constituyen un tejido indisoluble desde los comienzos de la vida. Desde su llegada al mundo el recién nacido recibe y metaboliza un enorme montante de información a partir de las características del encuentro con quienes lo alojan.

¿De qué información se trata? De una información en que las sensaciones, el mundo de las significaciones, las palabras y todo aquello que hace a un universo de estímulos múltiples, ingresa y es procesado como dialéctica entre placer y displacer.
¿Qué es el afecto? Para nuestra autora es la cualificación de las cantidades en la dinámica placer-displacer que se instituye desde el momento mismo del nacimiento.

Varias implicancias respecto de esta definición:

- El infans se sumerge, inevitablemente, en un ámbito que lo preexiste y que penetra en él a través de una oferta de estímulos que no puede ignorar.
- Sin embargo, el recién nacido no recibe de modo pasivo estos estímulos. Transforma las cantidades en cualidad a través de su procesamiento en términos de placer-displacer. O sea, en términos de afecto.
- La información que recibe es de carácter libidinal, y está fuertemente entramada con el deseo y la investidura de la que el niño es receptor desde el anidamiento que le ofrecen las figuras primordiales.
- El proceso originario se encarga, a través de esa primera producción que es el pictograma, de metabolizar la dinámica placer-displacer que se va generando en el entramado intersubjetivo.
- Por ende el placer-displacer es la cualificación del encuentro en términos afectivos. Un afecto que es a la vez representación; siendo la experiencia de placer condición necesaria para la investidura de la representación.

Como se ve, ya desde el nacimiento la dimensión del afecto es fundante en la economía psíquica: para que haya actividad de representación se requiere de un placer
mínimo necesario que posibilite la investidura de la misma.
Desde la perspectiva de Aulagnier, por ende, la dimensión económica junto con la representacional, conforman el entramado fundante de la complejización psíquica.
Cabe agregar que desde esta perspectiva la dialéctica pulsional entre Eros y Tánatos se inaugura en estrecha relación con el afecto: pulsión de vida como tendencia a la investidura y deseo de deseo, en tensión conflictiva con la pulsión de muerte, la que habrá de expresarse como desinvestidura y deseo de no deseo articulados al displacer. Todo ello íntimamente entrelazado con las tramas intersubjetivas.


Afecto e intersubjetividad
Si la cualificación y metabolización afectivo-representacional acontece en el seno de los encuentros con los otros, se hace necesario avanzar en la comprensión de los entramados intersubjetivos. Esto es lo que hace Aulagnier, proponiendo un abordaje multiplicador en el que interroga qué ocurre del lado de las figuras primordiales.
Placer – displacer se refiere a la metabolización del encuentro. O sea, a la dimensión afectiva presente en el mismo. Es claro que esto no remite al plano empírico, sino a las dimensiones pulsionales, inconscientes, narcisistas y edípicas que se ponen en juego en los entramados intersubjetivos. Por ejemplo, si pensáramos en la vivencia de satisfacción, es esencial que la misma no se reduzca a calmar la necesidad sino que aporte placer a ambos participantes, dado que los sentidos informan acerca del mensaje afectivo más allá de lo concreto.
Como es evidente, aquí la noción de encuentro remite a un tejido intersubjetivo en el que convergen las modalidades deseantes y el placer que se juegan del lado de la madre y del padre. La significación que la llegada al mundo de un hijo posee para sus progenitores, y que implica un trabajo psíquico intenso por parte de éstos, es de crucial importancia ya desde los comienzos.
El deseo y el discurso de la madre y del padre, las tramas narcisistas y edípicas de ambos y sus entretejidos vinculares constituyen vértices que Aulagnier toma en consideración para sus conceptualizaciones. Cabe agregar que la autora ubica el deseo del padre tanto como el materno como fundante en la construcción subjetiva.
Si bien hemos abordado la temática del afecto en la génesis del psiquismo, la importancia de la dimensión afectiva se mantiene para la autora a lo largo de la vida, en un interjuego constante con el mundo representacional y las redes vinculares. No olvidemos que el proceso originario, con su modalidad de metabolización pictográfica, es decir, en términos de placer-displacer, constituye un fondo representativo eficaz durante toda la vida, en interacción con los procesos primario y secundario, de mayor complejización psíquica.
Aulagnier trabaja con la noción de un psiquismo abierto, y de una subjetividad que metaboliza la vida en forma permanente, simbolizando la historia e instituyendo el porvenir. Lo instituido y lo instituyente en tensión conflictiva, pugnando entre la repetición y la creación.

La designación del afecto: el sentimiento
Aulagnier denomina sentimiento a la designación del afecto, tarea que incumbe al Yo y que retraduce la cualidad afectiva en términos accesibles al lenguaje. Pero esta designación es en rigor una interpretación, dado que liga una vivencia incognoscible en sí a un acto de lenguaje que jamás habrá de reflejar una coincidencia exacta con el afecto. Aún más: el significante nombrará al afecto en términos de lo que el discurso cultural identifica como tal. Con lo cual, el sentimiento implicará una adecuación necesaria a los códigos intersubjetivos y culturales compartidos.

La emoción
El término emoción, que no posee un lugar específico en la terminología analítica, designa la parte visible de ese iceberg que es el afecto, a través de las manifestaciones subjetivas de los movimientos de investidura y desinvestidura, que surgen en estrecha relación con lo sensorial. Se trata, entonces, de signos corporales que ponen en resonancia al cuerpo y al afecto.

Afecto y encuentro analítico
Piera Aulagnier no vacila en sostener que el encuentro analítico incluye una dimensión afectiva del lado del analista. Confundir la abstinencia con una suerte de neutralidad desafectivizada sería proponer un encuentro analítico de tipo operatorio al estilo de un como si. La noción de escucha invistiente que propone enfatiza la importancia de la investidura de la palabra del paciente como zócalo imprescindible para cualquier despliegue ulterior y nos conduce a un tema crucial: la incidencia del valor del placer durante el proceso terapéutico.

Si la experiencia del placer es condición inaugural necesaria para la complejización psíquica, también el encuentro analítico debe contar con una prima de placer como soporte del trabajo psíquico que se realiza. Así es que la función y la cualidad del placer en el seno de la relación transferencial, la posibilidad por parte del analista de investir el proceso analítico en cada escenario clínico, resultan esenciales para que el campo interpretativo no acontezca en un desierto de palabras despojadas de valor afectivo.
La cura, entendida por esta autora como simbolización historizante, requiere entonces de la presencia de un analista que, operando en abstinencia, se encuentre fuertemente comprometido con el proceso singular subjetivante de cada encuentro terapéutico. Nuevamente la importancia del encuentro: esta vez entre paciente y analista. Encuentro en el cual la investidura de la palabra del paciente, del pensamiento y la simbolización de la historia singular es crucial para el proceso analítico.

www.elpsicoanalitico.com.ar

lunes, 1 de julio de 2013

La Violencia de la Interpretación

 
 
La Violencia de la Interpretación
de Piera Aulagnier
Reseña realizada por  Bruno Cancio

¿Crees que me volví loco? Acaso lo esté un poco, pero no por las razones que supones.(1)
                                                                                                                        Guy de Maupassant.
Datos de la autora.
Perteneciente a la tercera generación de psicoanalistas según nos dice Elisabeth Roudinesco en "La batalla de los cien años", Piera Aulagnier es considerada una de las mayores exponentes del psicoanálisis en la actualidad. Nace en Milán y vive durante la guerra en Egipto, pasando posteriormente estudiar psiquiatría en Roma. Realiza su formación en la SPF (a la que abandona en 1967) y se analiza con Jacques Lacan entre 1955 y 1961.
Roudinesco la describe de la siguiente manera: "...Habla varias lenguas y ha viajado mucho. Clínica destacada, dotada de buenas aptitudes para la teoría, desde muy temprano se interesó en la psicosis..."(2).
Editado en 1975, La violencia de la interpretación constituye su primer libro. Posteriormente publica Los destinos del placer, El sentido perdido, El aprendiz de historiador y el maestro-brujo y Un intérprete en busca de sentido.
Reseña de la obra
En el libro que pasaré a reseñar, Piera Aulagnier se propone realizar un cuestionamiento del saber psicoanalítico acerca de la psicosis. Sostiene que no deben ser pensados exclusivamente los aspectos en los que el psicótico se encuentra en menos en relación al neurótico, sino que resalta la importancia de considerar también lo suplementario, lo referente a la creación psicótica.
La primera advertencia a realizar al lector reside en la no concordancia exacta entre el modo en que algunos conceptos son utilizados por la autora y la acepción clásica que dentro de la teoría psicoanalítica los mismos poseen. Conceptualizaciones tales como las de proceso primario, proceso secundario, imaginario, simbólico, pequeño y gran otro, no poseen idéntico sentido al que en su origen le fue otorgado por quienes los forjaron, sino que son reinterpretados por Aulagnier; aclarándolo en algunos casos, pero omitiendo hacerlo en otros, lo que podría llevar a la confusión a quien recién se adentra en la teoría analítica.
La psicosis lleva a la autora repensar aspectos metapsicológicos, por lo que la primera parte de libro consiste en un replanteo de antiguas nociones. Propone un modelo de aparato psíquico centrado en la forma en que en cada momento se realiza la actividad de representación. De esta manera distingue tres modos de funcionamiento o procesos de metabolización: el proceso originario, el proceso primario y el proceso secundario.
Estas tres modalidades se suceden temporalmente, si bien la instalación de un nuevo proceso nunca implica que el anterior sea abandonado. Cada uno de ellos posee un postulado básico y remodela la realidad externa de modo que pueda insertarse dentro de su esquema.
Sostiene que la psique se encuentra desde el vamos sumergida en un espacio heterogéneo (que tornará homogéneo a través de la representación) por lo que la situación de encuentro es continua. Plantea que, frente a todo encuentro, lo que prima es la anticipación. La realidad excede siempre los límites de respuesta del hombre. Ya sea a través de un exceso de sentido, de gratificación, de frustración o de protección, el sujeto se encuentra en un desfasaje permanente. Asimismo, la oferta precede siempre a la demanda por lo que los actos y dichos maternos llegaran siempre antes de que el niño esté preparado para entenderlos. A diferencia de Winnicott, Piera Aulagnier plantea que el pecho es dado antes que la boca sepa que lo espera.
Dos conceptos de importancia establecidos en la obra son los de violencia primaria y secundaria. Por violencia primaria se entiende "...lo que en un campo psíquico se impone desde el exterior a expensas de una primera violación de un espacio y de una actividad que obedece a leyes heterogéneas al yo..."(3). Se trata de una acción necesaria y que contribuirá a la futura constitución del yo. A través de ésta se le impone a la psique ajena un pensamiento, acción o elección producidos por el deseo de quien lo impone, pero que da respuesta a una necesidad a quien le es impuesto. De esta forma, se consigue entrelazar deseo de uno y necesidad del otro, dando lugar a la demanda. El deseo de quien ejerce la violencia pasará, a partir de allí, a ser demandado por quien la padece.
Por otro lado, violencia secundaria hace referencia a "un exceso por lo general perjudicial y nunca necesario para el funcionamiento del Yo"(4) y que se apoya en su precedente, la violencia primaria. En este caso se trata de una violencia ejercida contra el yo, ya sea por un conflicto con otro "yo" o con un discurso social que intenta oponerse a toda suerte de cambios que pudieran producirse en los modelos por él previamente instituidos.
La obra continúa con una descripción de lo que se plantea como primer modo de funcionamiento, el proceso originario, y su modalidad representativa, el pictograma. El postulado básico de lo originario es el de autoengendramiento: todo lo representado se va a vivenciar como creado por el sujeto. Para caracterizar la forma de representación pictográfica, Aulagnier se nutre del concepto de especularidad, tomado del estadio del espejo de Jacques Lacan. En el pictograma se ignora la dualidad de un órgano sensorial que percibe un objeto y un mundo exterior percibido por éste. Es así que "lo representado se presenta ante la psique como presentación de ella misma; el agente representante considera a la representación como obra de su trabajo autónomo, contempla en ella al engendramiento de su propia imagen". Para lo originario, objeto exterior y zona erógena constituyen una unidad por lo que se puede hablar de "objeto-zona complementario".
La ilusión de que la zona erógena crea al objeto que le proporciona placer trae como contrapartida el que la ausencia de satisfacción o la inadecuación de la misma sea vivida como ausencia o defecto de la zona. Esto nos lleva a que el deseo de destruir el objeto sea acompañado del deseo de eliminar la zona erógena, lo que constituirá el prototipo de la castración, posteriormente remodelado por lo primario.
El ingreso a lo primario como modo de representación se da a partir de la aceptación de la existencia de otro cuerpo y, por lo tanto, otro espacio psíquico separado del sujeto; aceptación que contradice el postulado de autoengendramiento, característico de lo originario. La derivación de todo lo existente del poder omnímodo del Otro, es el postulado básico del proceso primario. Si bien el pecho ya no se vivencia como parte fusionada al sujeto, el cuerpo propio es sentido como consecuencia del poder omnipotente del deseo de otro, dependiendo placer y displacer de este mismo. Lo característico de lo originario es la producción fantaseada y la puesta en escena.
La metabolización de un argumento tomado de lo originario llevará a la producción de una fantasía limítrofe entre lo originario y esta modalidad de metabolización: la escena primaria. Asimismo, el postulado característico de lo primario lleva a la autora a pensar el concepto de masoquismo primario como ocasionado por la interpretación del displacer, que el sujeto inevitablemente experimentará en algún momento, como provocado por un deseo del Otro cuyo objeto sería su sufrimiento. La falta de placer es interpretada como el deseo de Otro de su no placer.
Junto con el reconocimiento del pecho como exterior a sí, también se produce la constatación de un "otro lugar" que no es el pecho, anticipando de esta forma la existencia de la figura paterna.
En lo primario se producen, asimismo, los prototipos de aspectos estructurantes que culminarán su desarrollo en el proceso secundario: el prototipo del Edipo, de la castración y de identificación.
Lo secundario, se basa en la representación de tipo ideica, teniendo al discurso como principal bastión. El que todo lo existente posea una causa inteligible capaz de ser conocida por el discurso, constituye el postulado central de este proceso. Aulagnier trabaja el pasaje de lo primario a lo secundario, centrándose en las condiciones que deben darse para que el yo advenga.
Una aspecto a destacar en el citado recorrido lo constituye el concepto de la autora de "deseo del padre". Mientras que, a partir de las teorizaciones lacanianas, el lugar del padre suele estar asociado a la interdicción, la separación y el no, Aulagnier rescata lo atinente al deseo del padre. Entiende por el mismo la vivencia del padre relacionada con el no haber sido castrado por su propio progenitor, lo que se lo demuestra la presencia del hijo. Es así que afirma que "el deseo del padre apunta al niño como una voz, un nombre, un después: ve en él al que le confirma que la muerte es la consecuencia de una ley universal y no el precio con el que paga su propio deseo de muerte en relación con su padre"(5). Se vincula con el deseo de engendrar un hijo como garante de una tradición, como sucesor de una función. Asimismo, señala que el padre constituye el primer "Otro sin pecho", característica específica que lo desliga aún más del registro de la necesidad y lo inserta en un plano de satisfacción o intercambio puramente libidinal.
La segunda parte de la obra está abocada al estudio de la psicosis paranoica y esquizofrénica, si bien, más que en la patología en sí, se centra en la potencialidad psicótica, condición necesaria pero no suficiente para que la primera se produzca.
Plantea que el denominador común de la esquizofrenia y la paranoia lo constituye un enunciado acerca del origen no compartible con el discurso de los otros, al que denomina pensamiento delirante primario. El mismo puede no ocasionar síntomas manifiestos en la medida en que se encuentre enquistado en la psique, pudiendo tornarse en psicosis manifiesta si las condiciones posteriores así lo determinan.
A modo de contextualización cabe señalar que su tesis sobre la teoría delirante primaria, que a continuación expondré, puede visualizarse como continuando de la vieja concepción freudiana del delirio como un intento de curación por parte del psicótico y alejándose radicalmente de las teorías que ven a la psicosis como un déficit con respecto al ideal de normalidad.
La función del pensamiento delirante primario es la de crear sentido donde el discurso del Otro no lo ha ofrecido, al verse el sujeto obligado a enfrentarse a la falta de un enunciado sobre el origen. Para la autora, el yo en la psicosis no se encuentra ausente, sino que es el artífice de la reorganización de la relación que deberá mantener entre su propio espacio psíquico y el discurso del Otro. La nueva significación que el sujeto produce contradice la lógica y el orden causal del discurso de los otros que lo rodean. Es creada en el momento en que el infans se convierte en niño, al acceder al registro de la significación. Tal es así, que afirma que "el pensamiento delirante se impone la tarea de demostrar la verdad de un postulado del discurso del portavoz notoriamente falso. Implícita o explícitamente, ese postulado se refiere al origen del sujeto y al origen de su historia: las primeras cosas "oídas" referentes a este doble origen se le han revelado al sujeto como contradictorias con sus vivencias afectivas y efectivas"(6).
El enunciado acerca del origen es el que responde a la pregunta: "¿cómo nacen los niños?", equivalente a "¿cómo nace el yo?", otorgando el primer párrafo en la historia del sujeto, sobre el que se edificarán las posteriores identificaciones. Sostiene que "el primer párrafo no puede presentarse como una serie de líneas en blanco: si así fuere, el conjunto de los otros estarían expuestos al riesgo de que en algún momento, al inscribirse allí, alguna palabra los declare totalmente falsos"(7).
La respuesta al interrogante sobre el origen debe entrelazar nacimiento, niño, placer y deseo, produciendo un enunciado que, de alguna forma u otra, remita a la siguiente concatenación: "en el origen de la vida se encuentra el deseo de la pareja parental a la que el nacimiento del niño causa placer"(8).
Posteriormente pasa a estudiar los factores que harían que la esquizofrenia "adviniera" en la constitución psíquica de un sujeto. Por el lado materno (Aulagneir considera a la madre como primer portavoz que se dirige al niño), la tendencia productora de la potencialidad esquizofrénica la constituye la ausencia de un "deseo de hijo" que habría sido recibido por parte de su propia madre y que sería transmitido, a su vez, al infans. No existe el deseo de producir un ser nuevo, diferente de lo ya repetido, siendo borrados todos los elementos singulares de ese niño. En ocasiones el nacimiento es vivenciado, por parte de la madre, como una repetición invertida de su relación madre-hija con su propia progenitora.
Estudiando las causas de esa falta de deseo de hijo, destaca la importancia del fracaso de la represión en el discurso materno: algo atinente de la relación de esa madre con su propia progenitora no ha podido ser reprimido en su yo, impidiendo por tanto el acceso a la función materna.
Como otra de la causas, remarca el exceso de violencia en el discurso materno o de la pareja parental, que se apropia de la capacidad de pensar del niño. Al hablar, el niño rompe la ilusión materna (necesaria en un comienzo) de conocer sus pensamientos. La madre esquizofrenógena le pide al niño "...que el piense lo que ella piensa, ya que si llegase a considerar al suyo como agente autónomo con derecho a pensar, le demostraría a ella que el pasado no puede retornar, que el deseo de lo mismo es irrealizable e impensable, que su discurso carece de un concepto..." (9) (el de función materna). A través del pensamiento delirante primario el sujeto intenta dar cuenta de una violencia a la que lo ha sometido el portavoz y de la que, en su momento, no pudo defenderse por carecer de los medios para ello. De no ser reinventada, la violencia sufrida traería como consecuencia el odio de aquellos que le han dado nacimiento, lo que implicaría odiar a todo lo exterior a sí, debido a la pareja parental es vivida como representante exclusivo de los demás. El pensamiento delirante primario consigue reinterpretar la violencia discursiva y vincularla a una causa que mantenga a sus progenitores como soporte libidinal.
Como tercera causa de la potencialidad psicótica ubica la prohibición materna acerca de la interrogación sobre el origen. Todo "porqué" es sentido por esta madre como un peligro de interrogación de un "porqué del porqué" que llevaría finalmente a la pregunta que no quiere escuchar, ya que no puede responder.
A través del pensamiento delirante primario el sujeto creará una "teoría infantil acerca del origen" que suplirá el enunciado faltante.
Para que la potencialidad psicótica continúe como tal y no se torne en psicosis manifiesta, es necesaria la presencia de una voz y una escucha que, en toda ocasión en que la "teoría infantil acerca del origen" corra el riesgo de ser cuestionada, le proporcione la seguridad de que la misma constituye una verdad comunicable para esa voz y esa escucha. Otro factor necesario para que la teorización delirante sobre el origen permanezca enquistada consiste en la no repetición reiterada de momentos de frustración, sufrimiento o duelo (tolerables para gran parte de los sujetos pero no para ellos) que harían retornar el afecto experimentado en esas primeras experiencias.
La última porción del texto está dedicada al estudio de la potencialidad paranoica, originada en gran medida por la percepción por parte del sujeto de un profundo odio. Antes de proseguir, se propone destacar tres características que resaltan a la hora de pensar el delirio paranoico. En primer lugar sitúa la imposibilidad de tolerar la menor de duda, la más mínima falla en su sistema, debido a que ella llevaría a una avalancha que arrastraría todo a un abismo. Como segundo rasgo plantea la importancia que ocupa en su teorización el odio, idea central en torno a la que giran sus sentimientos, acciones y reacciones. El tercer elemento mencionado lo constituye el lugar que posee la escena primaria en su discurso, la posibilidad de dos representantes de la pareja que por fuerza deben estar en conflicto, frecuentemente en una relación donde prime el odio.
En los casos en que se presenta un potencial paranoico suele encontrarse una pareja parental que erotiza el enfrentamiento conflictivo, mostrándolo como sustituto de la relación sexual. Conflicto y deseo pasan a ser sinónimos y conflicto de deseos la causa de su origen. A partir de ese momento, uno de los deseos debe ser perseguido y atacado, el sujeto sólo podrá conservar su existencia si posee a alguien a quien odiar y alguien por quien ser odiado (dado que sin odio y conflicto no hay origen).
Para culminar, la autora establece un paralelismo entre J. K. (protagonista de El Proceso de Kafka) y el psicótico al enunciar que este último "...sabe desde hace mucho tiempo que, en el proceso que el discurso del Otro inicia contra él y en el que su delirio inicia contra los discursos de los otros, toda absolución, cuando se produce, es aparente. También descubre a veces que los oropeles con los que se revisten los representantes de la ley no son, a menudo, más que "frágiles apariencias"; es esta, quizás, una de las razones que lo llevan a no rendirse y a declarar cerrado el proceso"(10).
Así finaliza esta obra que, pretendiendo hecha luz en la comprensión del fenómeno psicótico, no sólo cumple con su objetivo sino que, además, propone un modelo de psiquismo en el que conceptos freudianos y lacanianos son repensados; obra de ineludible lectura para todo aquel que se encuentra interesado en el terreno de la psicosis.
Notas:
1De Maupassant; Guy: El Horla y otros cuentos fantásticos. Alianza Editorial, Madrid, 1998. Pág. 60. Cita seleccionada por el autor de la ficha.
2 Roudinesco; Elisabeth: La batalla de cien años: historia del psicoanálisis en Francia. Ed. Fundamentos, Madrid, 1988.
3 Castoriadios-Aulagnier; Piera: La violencia de la interpretación, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1997. Pag. 34.
4 Ibidem.
5 Ibidem. Pág 156.
6 Ibidem. Pág 196.
7 Ibidem. Pág 198.
8 Ibidem. Pág 198.
9 Ibidem. Pág 214.
10 Ibidem. Pág 313

domingo, 21 de febrero de 2010

Piera Aulagnier: La Violencia de la Interpretación

Cualesquiera que sean las singularidades, en la historia de estos niños se eobservará siempre el efecto dramático de un encuentro en que, aparentemente, se le impone al Yo la apropiación de un saber -sobre el lenguaje, sobre él mismo, sobre el mundo-, mientras que, en realidad, en toda oportunidad en la que pretende mostrar el resultado de esa adquisición choca con una prohibición, con una negación del valor del producto, con una "contraverdad" que desmiente la significación que él había entrevisto y construido. "Está prohibido pensar, es obligatorio pensar "lo pensado por el otro"". Es esta una conminación insostenible e imposible, tan imposible como una orden que exigiera taparse condición previa y necesaria para pensar lo "pensado por el otro" es que se pueda pensar: precisamente, lo que la madre teme por encima de todo es esta posibilidad.
Ese tercer momento redobla, amplifica, la prueba impuesta por los dos primeros:

1. Los pictogramas encontraron un mundo que se resistía a reflejar uno de los dos.
2. Lo primario, a su vez, buscó vanamente en lo "exterior a sí" signos que le permitiesen encontrar en el lugar del Otro la causa de un estado de placer que puede ser ligada a su deseo y, también, los signos que podrían desmentir sus fantasías de rechazo, ayudarlo a reconocer que el mundo y el cuerpo del otro son también lugares en los que el placer es posible, en los que el deseo puede realizarse.
3. Last but not least, el YO, por su parte, encuentra en el espacio al que debe advenir, en los enunciados que deben instituirlo y que van a constituirlo, la orden de tener que ser, mientras que cada vez que él llega a ser, en cada imagen de sí mismo que tiende a catectizar, choca con la prohibición de ser esa forma, esa imagen, ese momento, tan pronto se presentan como su elección.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Piera Aulagnier. La violencia primaria, secundaria y los enunciados

El fantaseo propio de lo primario opera a partir de una denegación, pero la razón de ser de esta última es la existencia de la admisión fugitiva y previa de algo sabido, visto, aprehendido, que se remodela. Como fundamento del proceso primario, observamos el trabajo de los dos mecanismos fundamentales del funcionamiento psíquico: la denegación y la escisión. Denegación de la autonomía irreductible de lo "exterior a sí", escisión entre lo que la experiencia preanuncia y revela y lo que la figuración representa, deniega y se oculta.
Pág. 108.
Decir que ya en lo primario se abre camino el principio de realidad, presente desde que se produce un reconocimiento de lo "exterior a sí", confirma la precocidad del papel de prótesis que desempeña la psique materna y su discurso que se anticipa al Yo, impone a la psique una interpretación del mundo que implica una violencia para él y permite, así, la organización de un espacio al que el Yo pueda advenir.
Pág. 110.
... en la primera fase de la vida, al no disponer aun del uso de la palabra, es imposible contraponer los propios enunciados identificatorios a los que se proyectan sobre uno: ello permite, así, que la sombra se mantenga durante cierto tiempo al resguardo de toda contradicción manifiesta por parte de su soporte (el infans). Sin embargo, la posibilidad de contradicción persiste, y quien puede manifestarla es el cuerpo: el sexo, en primer lugar, como hemos señalado, y también todo aquello que en el cuerpo puede aparecer bajo el signo de una falta, de una carencia: falta de sueño, de crecimiento, de movimiento, de fonación y, en un momento relativamente precoz, falta de "saber pensar". Toda falla en su funcionamiento y en el modelo que la madre privilegia puede ser recibida como cuestionamiento, rechazo, de su conformidad con la sombra; en el caso límite, se presenta el rechazo inaceptable, la muerte. De ese modo, la madre asigna a las funciones corporales un valor de mensaje, veredicto de lo verdadero o falso del discurso mediante el cual ella le habla al infans; en todos los casos, su autonomía puede ser experimentada como negación de la verdad de un discurso que se pretende justificado por el saber materno acerca del cuerpo del niño, de sus necesidades, de su expectativa.
Pág. 120.
La Violencia de la Interpretación. Piera Aulagnier.

jueves, 15 de octubre de 2009

La violencia de la Interpretación: Pictograma y especularización

Para Piera Castoriadis-Aulagnier la especularización es previa al Estadío del Espejo de Lacan, dice así, pág. 51: "En realidad desde el origen de la actividad psíquica, se comprueba la presencia y la pregnancia de un fenómeno de especularización: toda creación de la actividad psíquica se presenta ante la psique como reflejo, representación de sí misma, fuerza que engendra esa imagen de cosa en la que se refleja; reflejo que contempla como creación propia, "imagen" que es simultáneamente para la psique presentación del agente productor y de la actividad que produce...de lo "exterior a sí" solamente conoce en un principio lo que puede presentarse como imagen de sí, y el sí mismo se presenta ante sí mismo como y por la actividad y el poder que han engendrado el fragmento de lo "exterior a sí" que constituye la especularización...se comprueba que representante y representación del mundo son complementarios entre sí, siendo cada uno de ellos condición de existencia del otro. Este trabajo de reflexión continua es la pulsación misma de la vida psíquica, su modo y su forma de ser, exigencia tan imperiosa como la exigencia de respirar para la supervivencia del organismo."

Así pues lo "exterior a sí" forma parte de esa imagen especular que representa y es representación del sí mismo. Así como la creación propia que se "engendra en esa imagen de cosa en la que se refleja". La imagen donde se refleja forma parte del autoengendramiento, que aparece con la relación entre cuerpo y psique, una relación que puede producir placer o displacer, un placer mínimo o un displacer mínimo, cuando ese displacer es intenso hablamos de Tánatos cuando hablamos de placer por "el primer sorbo de vida" en relación a la leche materna, nos referimos al Eros.
Si ese espejo, más adelante no cumple el papel de reflejar la imagen de la representación con su afecto concomitante, el individuo se torna esquivo, encuentra el displacer más puro, el Tánatos y con ello la psicosis, esté o no manifiesta.

La Violencia de la Interpretación I

Dice Piera Aulagnier en la Violencia de la Interpretación:
pág. 31: "La primera representación que la psique se forja de sí misma como actividad representante se realizará a través de la puesta en relación de los efectos originados en su doble encuentro con el cuerpo y con las producciones de la psique materna...En relación con el análisis del pictograma (lo originario), veremos cuáles son las consecuencias de este hecho."

Del pictograma llegamos al proceso primario, la fantasía y de aquí al proceso secundario, lo ideico. Piera Aulagnier añade el pictograma y reformula a Freud para el abordaje de las psicosis que se dan en ese momento que más adelante explica como violencia secundaria. Seguimos.

pág. 34: "La palabra materna derrama un flujo portador y creador de sentido que se anticipa en mucho a la capacidad del infansde reconocer su significación y de retormarla por cuenta propia. La madre se presenta como un "Yo hablante" o un "Yo hablo" que ubica al infans en situación de detinatario de un discurso, mientras que él carece de la posibilidad de apropiarse de la significación del enunciado y que "lo oído" será metabolizado en un material homogéneo con respecto a su estructura pictográfica... la actividad psíquica de la psíquica del infans se ve confrontada con las producciones psíquicas de la psique materna y deberá formar una representación de sí misma a partir de los efectos de este encuentro, cuya frecuencia constituye una exigencia vital... en este texto la llamaremos la portavoz, término que designa lo que constituye el fundamento de su relación con el niño. A través del discurso que dirige a y sobre el infans, se forja una representación ideica de este último, con la que identifica desde un comienzo el "ser" del infans definitivamente precluido de su conocimiento...

"El fenómeno de la violencia, tal como lo entendemos aquí, remite, en primer lugar, a la diferencia que separa a un espacio psíquico, el de la madre, en que la acción de la represión ya se ha producido, de la organización psíquica del propio infans."

"...una violencia primaria que designa lo que en el campo psíquico se impone desde el exterior a expensas de una primera violación de un espacio y de una actividad que obedece a las leyes heterogéneas al Yo; por el otro, una violencia secundaria, que se abre camino apoyándose en su predecesora, de la que representa un exceso por lo general perjudicial y nunca necesario para el funcionamiento del Yo, pese a la proliferación y a la difusión que demuestra."

pág. 36. "Si volvemos ahora al concepto de violencia , diremos que designamos como violencia primaria a la acción mediante la cual se le impone a la psique de otro una elección, un pensamiento o una acción motivados en el deseo del que lo impone, pero que se apoyan en un objeto que corresponde para el otro a la categoría de lo necesario".

Es por ello por lo que se suele intervenir para ofrecer un ambiente aeróbico al sujeto donde no reciba enunciados indetificantes que van haciendo atesorar y enquistar representaciones del deseo del otro, deformando su propio ser, su existencia. Dice así: "la violencia primaria alcanza su objetivo, que es convertir a la realización del deseo del que la ejerce (el portavoz) en el objeto demandado por el que la sufre"... "La violencia primaria es una "acción necesaria" de la que el Yo es agente, tributo que la actividad psíquica paga para preparar el accceso a un modo de organizaciónque se realizará a expensas del placer y en beneficio de la constitución futura de la instancia llamada YO. En el segundo casom por el contrario, la violencia se ejerce contra el Yo."
Se han puesto en post de abajo ejemplos de violencia secundaria en familias, se trata de la acción del deseo que deforma al yo incipiente, precario o no consolidado.

La violencia secundaria deriva en lo siguiente, pág. 36: Expropiación de un derecho de existir que va a manifestarse en forma abierta en la vivencia psicótica, pero que puede estar presente sin que por ello adopte, ante los eventuales observadores, la forma de una psicosis manifiesta.

Una pincelada sobre lo originario, el pictograma, próximo capítulo...
págs. 38-39: "...fuerzas en juego, desde el primer encuentro que el proceso originario tendrá como función representar: en el momento en que la boca encuentra el pecho, encuentra y traga el primer sorbo del mundo. Afecto, sentido, cultura, están copresentes y son responsables del gusto de estas primeras moléculas de leche que toma el infans: el aporte alimenticio se acompaña siempre con la absorción de un alimento psíquico que la madre interpretará como absorción de una oferta de sentido. Se asiste a la pasmosa metamorfosis que le hará vivir la actividad de lo originario".

Por tanto Piera Aulagnier trata de explicar "la primera obra de la psique del infans", el pictograma que se irá ligando a la fantasía y la actividad ideica (proceso primario y secundario).
También nos habla de la violencia primaria y secundaria, el concepto de violencia secundaria está elaborado en su obra (destinada a trabajar con estructuras psicóticas) en las que el individuo se ve despojado de su ideal y atravesado por un discurso que inunda y da forma no elegida de una forma impuesta.