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Paz y Ciencia
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lunes, 27 de enero de 2020

Winnicott y el rol de la madre




Tomando en cuenta los diferentes aportes que se han construido – desde la perspectiva de las relaciones objetales – en el psicoanálisis, quisiera reflexionar acerca del rol de la madre, desde la particular visión de D. Winnicott.
A mi parecer, Winnicott al igual que todos los psicoanalistas teóricos y clínicos, está interesado en conocer los procesos y fenómenos involucrados en la constitución, desarrollo y funcionamiento que ocurren en el aparato psíquico de un individuo, así como también sus posibles desviaciones que dan origen a las patologías. Con la particularidad de que después de recorrer e introducirse en otros caminos teóricos como los de S. Freud, A: Freud. M. Klein y otros; él se orienta a una opción que recoge su saber complementario y del cual ya ha podido extraer hipótesis y enriquecedoras experiencias, que es la pediatría.
Creo que esta doble fuente desde donde nutre su pensar, le dará un sello particular, su capacidad de observar al niño, pero entendiéndolo como miembro de una primera unidad indivisible madre – hijo, la que sufrirá cambios a lo largo del desarrollo, la que luego incluirá al padre como 3°, que además les trae y ofrece la cultura y la posibilidad de separarse sanamente, siempre que esa díada madre-hijo haya recorrido de manera suficientemente buena las etapas previas.
El decía, que no existe bebe sin su madre y luego agrega que no hay madre capaz de cumplir con todos los requerimientos del bebé en sus primeras etapas, si no hay un padre o 3° que haga la función de contener a esa madre[1]. Es decir, un bebé atendido por una “madre corriente devota”[2] volcada a él y el padre como sostenedor de este vínculo desde su inicio[3].
Creo que este es un aporte muy contundente, para el psicoanálisis, que de algún modo estaba tratando el desarrollo de la mente, como algo entera o fundamentalmente intra psíquico – por ejemplo con el énfasis que le da M. Klein – descuidándose o dejando en un plano más secundario el rol del ambiente en la construcción del aparato psíquico, la dimensión intersubjetiva del desarrollo humano y el rol específico de los progenitores o sus sustitutos como facilitadores o inhibidores de un sano desarrollo mental y especialmente emocional.
Tal vez me fue necesaria esta introducción para entrar de lleno en centrar mi atención en cómo se constituye el sujeto, como una de las preguntas más importantes que surgen en el trabajo clínico y en ese particular encuentro que allí ocurre entre dos subjetividades en íntima conexión. Mi apreciación personal, es que se constituye desde la más temprana y decisiva relación con la madre (o su sustituta, como Winnicott siempre aclara) y se enriquece en los futuros vínculos y relaciones.
Es muy probable que mi particular experiencia de trabajar con niños me implique de manera más contundente en esta mirada, ya no solo teórica sino clínica[4] y absolutamente cotidiana. Parodiando con mucho respeto a Winnicott, diría que “no hay niño que pueda avanzar o mejorar (si lo logra) en sus dificultades emocionales, en terapia, sin sus padres”. Es decir, padres que estén dispuestos a recibir a este hijo en proceso de cambio, más sujeto de su vida que objeto de ellos, diferenciado, un poco más seguro, etc. Padres que estén dispuestos a contener los momentos angustiosos, dispuestos a soportar sus regresiones transitorias, dispuestos a aceptar una mirada del mundo y de la vida diferente a la de ellos (sobre todo si estos padres son muy inseguros, paranoides, obsesivos, rígidos, etc), dispuestos a tolerar sin envidias destructivas sus cambios y mejorías.
Para ir revisando de una manera más ordenada estas ideas que quiero plantear, me parece útil volver a algunos textos y enunciados que Winnicott propone respecto a estos temas. Conceptos como la madre suficientemente buena, madre corriente devota, espacio potencial, ambiente facilitador, preocupación maternal primaria y las tres funciones maternales o del ambiente[5] serán elementos centrales con los que iré tratando de proponer una visión que sintetice sus aportes, en relación al rol de la madre.
La totalidad de estos conceptos los plantea de manera reiterada en gran parte de su obra, lo que demuestra su total convicción sobre este aspecto del desarrollo del niño que está profundamente relacionado con su ambiente, especialmente los primeros objetos, escenas y vivencias en su entorno facilitadas por los padres. Este aspecto de su pensar no será nunca abandonado a lo largo de toda su obra.
Tareas y funciones que Winnicott asigna a los padres y/o cuidadores de los niños
Desde el inicio de la vida del bebé, Winnicott se refiere a la necesidad de que el ambiente provea al niño de las condiciones mínimas para que pueda darse tanto su crecimiento y desarrollo físico como emocional. Desde recién nacido el bebé está en una relación de dependencia absoluta y requiere de estabilidad y continuidad ambiental. El primer introyecto de ambiente que hará el bebé – aunque al inicio ni siquiera lo distinga como tal – será la madre y para esa primera etapa Winnicott ya nos plantea varias tareas que debe realizar y disposiciones mentales que requiere tener la madre para favorecer el sano desarrollo de su hijo.
En “El papel del espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño”[6] él plantea 3 funciones específicas que debe cumplir la madre para ayudar al bebé a subjetivizarse, a habitar su cuerpo, comenzar a conocer para luego reconocer-se, conocer y reconocer a la madre y todos los objetos que la madre le irá presentando, en simultaneo a la vivencia de él, de ir creándolos (que es una de la funciones parentales, a la que luego me referiré).
La primera de las funciones es el Holding, o sea la capacidad de sostener emocionalmente al niño, en todo momentos y en todos los estados por los que pueda atravesar su afectividad y su impulsividad. Naturalmente habrá emociones placidas y otras altamente displacenteras y ahí requerirá que la madre le preste su capacidad de contención y sostén para que él logre sobrevivir a la intensidad de lo vivenciado.
Si bien Bion y Winnicott, no se influyeron, ni siquiera contactaron mientras desarrollaban sus teorías, tienen mucho en común en este punto, ya que Bion (19 ) propone el concepto de Reverie de la madre, como la capacidad de contención emocional. El diría que se espera que la madre en primera instancia y también el padre sean capaces de recibir las angustias, molestias y llantos del niño y transformarlos, devolviéndolos descargados de angustia, de una forma más apropiada en que sí puedan ser toleradas y recibidas por el niño.
A partir de estas buenas experiencias con su medio el niño aprende a desarrollar sus primeras concepciones acerca del amor, el bienestar, la comprensión, etc. Es decir, el niño requi
ere de un estado anímico de los padres, abierto a recibir cualquier vivencia de sus hijos. En este sentido, el Holding apunta a estas mismas destrezas parentales, teniendo como meta la capacidad de integración psicológica del bebé[7]. También el concepto de Preocupación Maternal Primaria, apunta a la necesaria sensibilidad que la madre debe disponer en las primeras etapas para captar las experincias inconfortables del bebé y poder actuar para contrarrestarlas.
Antes de referirme a la segunda función, quiero exponer mi permanente doble lectura sobre estos contenidos en cuanto a las funciones parentales y lo que para mi serían – salvando las naturales diferencias – las funciones del psicoterapeuta infantil. Es más, me podrían decir con justa razón que también el de adultos, pero en el caso del trabajo con niños es increíblemente fuerte el modo en que somos invitados por los niños a ubicarnos en estos roles de ser capaces de acogerlos, contenerlos y sostenerlos en sus aspectos más primitivos, regresivos o frágiles. Esta doble mirada no es creación mía[8], ya lo había trabajado Winnicott por ejemplo en “la teoría de la relación entre progenitores – infante”, donde él propondrá al igual que en otros escritos, lineamientos para la clínica a partir de la observación de las relaciones tempranas padres e hijo.
En mi opinión personal, muchas veces más que la capacidad de dar interpretaciones verbales de mucha lucidez, los niños necesitan que estemos ahí intactos, sin vernos dañados por sus agresiones para poder elaborar qué es de ellos y qué es de sus padres u otros adultos a su cargo, tal vez frágiles o con dificultades para recibir sus aspectos rabiosos o impulsivos, y poder así discriminar que no es su agresión la que mata o daña sino que hay veces en que no los han podido contener y eso es lo que ha distorsionado su autoimagen. En otros casos evidentemente, el trabajo va en la línea opuesta, ayudarlos a apropiarse de su agresión para así poder controlarla mejor, sin tener que proyectarla.
“Cuando la madre no cumple su función de sostén del yo, lo que surge es esta angustia impensable, portadora entonces de una amenaza de anonadamiento cuyas principales variantes se exponen a continuación: 1) Fragmentarse, 2) Vivir una impresión de caída sin fin, 3) Sentirse elevado a cumbres infinitas, 4) Carecer de relación con el propio cuerpo y, por último, de orientación espacio temporal”[9] (esencia de las angustias psicóticas).
La segunda función es el Handling, se refiere más a los soportes y cuidados concretos y reales que el niño necesita, al estar sintonizados y atentos a sus necesidades de manipulaciones de alivio sobre su cuerpo real: mirarlo, tocarlo, acariciarlo, limpiarlo es decirle “te quiero, me importas, tu vales, mereces, eres objeto de mi amor” en el lenguaje del cuerpo, dejar de hacerlo es dar el mensaje contrario. El logro psicológico que permite un buen Handling es la vivencia de personalización, de habitarse a si mismo (incluida la pulsión), de sentirse una unidad desde lo psicológico, con el Holding y desde lo corporal con el Handling.
Con respecto a estas dos funciones, Winnicott dirá que al examinar a un niño uno puede ver si ha sido bien sostenido física y emocionalmente o no. O sea habrá una confiabilidad garantizada respecto de su desarrollo o no, con la posible presencia de angustias impensables.
“Esto dividirá el mundo de los bebés en dos categorías: 1.- Los bebés que no han sido significativamente dejados caer en la infancia y cuya creencia en la confiabilidad los lleva hacia la adquisición de una confiabilidad personal….Estos bebés tienen continuidad existencial, conservan la capacidad para avanzar y retroceder y llega a ser capaces de afrontar todos los riesgos porque están bien asegurados. 2.- Los bebés que han sido significativamente dejados caer en una oportunidad o dentro de una pauta de fallas ambientales,…..llevan consigo la experiencia de una angustia impensable o arcaica. Saben lo que es estar en un estado de confusión aguda o conocen la agonía de la desintegración. Saben qué significa que se los deje caer, qué significa la caída perpetua o escindirse en la desunión psicosomática. En otras palabras han experimentado un trauma….”.[10]
La tercera función, se refiere a la Presentación del objeto, apunta a cualidad especial que debieran desarrollar las madres y que tiene que ver con la posibilidad de crear una ilusión el niño. Es decir, el objeto es presentado porque existe, la madre lo conoce y en el caso puntual del pecho o la mamadera (como 1° objeto), lo posee: Sin embargo, el asunto consiste en poder presentarlo en sintonía con un momento en que el niño lo está deseando o necesitando y de esta manera para el niño, el pecho llega porque él lo creó . Juan David Nasio (1994), dice al respecto: “Al ofrecer el pecho en el momento aproximadamente oportuno, procura al bebé la ilusión de que él mismo ha creado el objeto cuya necesidad siente confusamente. Al darle la ilusión de esta creación, la madre posibilita al bebé una experiencia de omnipotencia, o sea que el objeto en el momento de ser esperado, adquiere una existencia real.”[11].
Sobre este punto quisiera detenerme, por la cotidiana y dolorosa experiencia a la que uno tiene acceso de ver cómo madres, padres, profesores y adultos en general en nuestra sociedad, transgreden esta función, la pisotean y no acusan recibo del daño que esto tiene para el menor.
  • “Mira mamá!!, magia!!….No hijo eso no es magia, lo tienes debajo de tu zapato!!”
  • “No cierto Miss que yo fui el primero en ocurrírseme hacer un paseo al museo?…No, Tomás! Raúl ya lo había propuesto antes sólo que tu no estabas atento”
  • “Mira lo que inventé!!…no mientas, no lo inventaste estaba en la revista que viste cuando fuimos al dentista, te acuerda?”. NO, no solo no se acuerda, sino que lo registró seguramente en su preconsciente y para apropiárselo, lo dibuja y prueba su destreza de recrear algo con la ilusión de que lo está creando. ¿Será esto muy difícil para una mente adulta o es la venganza por la propia desilusión en la infancia?

La meta de esta función es lograr la realización del bebé, la sensación de su gran capacidad de creación, es la ilusión omnipotente necesaria y sana, que luego dará pasó a la creatividad.
En simultaneo a estas tres funciones desarrolladas pro Winnicott, él hace hincapié en que en un inicio el bebé se relaciona con la madre en dos formas muy diferentes y muy necesarias para un buen desarrollo. Una es la madre ambiente, la madre del Holding y el Handling, la madre que sostiene desde lejos y no interrumpe al bebé ni es atacada por éste. Es la madre presente cuando el bebé está en calma.
La otra, su opuesto complementario, es la madre objeto (de la pulsión), es la madre que será atacada y usada, es la madre que el bebé querrá devorar, la que recoge las excitaciones del bebé (la crueldad primitiva, su aspecto despiadado, no intencionado). A medida que la madre sobrevive reiteradamente a estas experiencias, va creando en el bebé una confianza de que el objeto va a poder sobrevivir y así, él podrá ir integrando su agresión y podrá a su vez ir integ
rando a ambas madres (alrededor de los 4 meses, entrando a la posición depresiva).[12] La experiencia de sobrevivencia reiterada de la madre, va a permitir al niño: aceptar como propios los sentimientos y pensamientos ligados a la experiencia pulsional (no necesita proyectarlos); distinguirlos progresivamente de lo que sucede en la realidad exterior; vivir la experiencia de una relación de excitación pulsional no destructiva ni desestructurante. J, D. Nasio (1994).
Otra función que Winnicott propone es el Rol de espejo de la madre y la familia[13], en este punto, él reconoce inspirarse en el concepto planteado por J. Lacan (1949), sobre la función del espejo, en donde ambos coinciden – tal vez con algunos acentos distintos – en que el sujeto se estructura y reconoce a través del otro. En el caso de Lacan uno de sus énfasis estará puesto en que la mirada del otro no sólo sostiene al bebé sino que además le brinda una imagen de completud que lo captura e integra, o sea el bebé recibe una imagen completada de si mismo tomada de la imagen del otro, que se presta a su imagen fragmentada. En el caso de Winnicott, él propondrá que la mirada de la madre le devuelve al bebé su propia imagen, a través del embelesamiento que él provoca en ella y del amor con que ella lo mira. En realidad lo que él ve es la reacción de amor de ella y como se refleja en una mirada colmada y satisfecha. Cuando la madre está ausente emocionalmente, deprimida, fatigada o no responde a su mirada, él niño ve eso, el estado de ánimo de ella o su ausencia. Esto afecta el intercambio del niño con su ambiente, no logra encontrar significado a sus experiencias, no les puede dar sentido, no hay sintonía con el ambiente.
Existe una función que a mi me resulta particularmente interesante, por su acento en la constricción del actuar, por sobre el hacer algo. Las madres tendemos a pensar que nuestra tarea es hacer cosas para nuestra familia y en este caso Winnicott nos invita a pensar en la utilidad de la inhibición de la conducta materna activa. Por ejemplo, cuando el bebé necesita “estar solo en compañía de”[14], o también lo menciona con otro énfasis y lo llama El cuidado materno satisfactorio, no advertido[15]. En este punto, lo que propone es que un buen cuidado justamente se notará por la ausencia de consecuencias negativas o catastróficas, donde el niño sostendrá una sensación de continuidad del ser, no interrumpida desde el ambiente sin intrusiones (impringment) que alteren el curso de sus acciones, incursiones y creaciones, o quizás habrán intrusiones que podrán elicitar una adecuada reacción en el niño, sin que signifiquen mayor daño a su estado de continuidad existencial[16] Esto es lo que constituirá la base de la fuerza del yo. En el caso contrario dice Winnicott, “ Tales interrupciones constituyen el aniquilamiento y están evidentemente asociadas con un sufrimiento de calidad e intensidad psicóticas. En el caso extremo, el infante sólo existe sobre la base de una continuidad de reacciones a la intrusión y recuperaciones después de tales reacciones” (Pág. 67 – 68).
En cuanto a la capacidad del bebé de “estar solo en compañía”, habría que darle un nombre a la capacidad de abstención de la madre, por ahora la llamaré (a título personal) como la capacidad de ser compañía. Esta, apunta a la misma idea de una madre capaz de ponerse de telón de fondo de las experiencias del bebé, hasta el punto en que éste puede representarla a través de objetos y espacios transicionales y no la necesite físicamente cerca. Una madre que no interrumpe el libre curso de la indagación y curiosidad y que acompaña con abnegada dedicación mientras para el bebé es necesaria. Esta experiencia tan simple, que algunos padres saben llevar a cabo exitosamente, de manera intuitiva, en otros casos, tan cotidianos como lo anterior, uno como observador casual, se encuentra con situaciones verdaderamente dramáticas. Padres que fuerzan una separación temprana cuando el niño no se siente preparado, que finalmente sólo quedará por ejemplo en el relato de “fue un niño que le costó entrar al jardín, se resistía, …era súper exigente, aunque jugaba solo no quería que uno se fuera de la pieza, como si yo no tuviera otras cosas que hacer…” y también las situaciones opuestas de padres intrusivos o inseguros, desconfiados, que se quedan cuando ya no los necesitan pasando a ser un estorbo y casi un bochorno, o que interrumpen la creatividad de los niños al jugar saliendo con propuestas, tal vez más eficientes o sofisticadas pero que atacan directamente la experimentación y creación lúdica del niño. Es decir en ambos casos con dificultades para captar las distancias emocionales necesarias del niño a cada etapa. La posibilidad de que los padres se abstengan, posibilita que el niño experiencie una auténtica capacidad de estar solo y de encontrase frente a los desafíos del crear y la creatividad.
Con todo lo anteriormente expuesto Winnicott llega a un concepto, para mi fundamental que es el de la madre suficientemente buena. Con este descriptivo concepto, él nos quiere plantear su convicción de que no existen las madres perfectas, o que aunque lo hubieran no servirían a los procesos por los que debe atravesar el bebé – entre ellos frustrarse, recibir un poco de impringment – y que basta con una madre que sea suficientemente buena para ese bebé, que sea capaz de identificarse con las necesidades de su hijo, capaz de responder a los gestos espontáneos y necesidades del bebé y no sustituirlos por los propios.
Una madre insuficientemente buena será aquella que para el bebé resulta imprevisible, que pasa de una actitud a otra de manera súbita, sin que el niño pueda confiar en ella ni prever sus conductas[17]. Un elemento muy destacable de su postura, es que él no se niega a la posibilidad obvia de que los padres cometan errores, omitan cuidados, se equivoquen. Winnicott siempre rescatará la idea de que a medida de que el niño crece, existe un monto de displacer, dolor o incomodidad cada vez mayor que el niño podrá soportar, el punto está en que en cada momento estas experiencias desagradables no sobrepasen cierto umbral de tolerancia, que es dado a cada uno por su experiencias positivas con el ambiente y también por su potencial heredado. En este sentido Winnicott ofrece un planteo muy esperanzador a los padres, que radica en la creencia – producto de su observación de díadas – de que las experiencias de cuidado y amor enmiendan la estructura del yo en formación, recuperan al niño de sus transitorias vivencias de desintegración, discontinuidad, fragmentación etc. Por lo tanto bastaría una madre suficientemente buena capaz de aprender de la experiencia y de reparar, para que las experiencias cotidianas negativas, no dejen un sello traumático.
Otras funciones que la madre debe ir desarrollando, tienen que ver con algunos conceptos introducidos por otros autores seguidores de los conceptos de Winnicott, como lo son Renata Gaddini[18] y Taylor[19] que se refieren a la función materna de facilitar e introducir la experiencia con “objetos precursores” Concretamente me refiero a los objetos que el niño usa y de los que dispone inicialmente (por ofrecimiento materno) para que cumplan funciones apaciguadoras de las angustias impensables, desestabilizadoras. Es decir, los objetos precursores y transicionales. que luego den paso a la creación de objetos
transicionales.
Naturalmente esto requiere la regulación de narcisismo de la propia madre, de poder volverse secundaria como objeto de atención del bebé, y que permita la introducción de otros elementos que ayuden al bebé a reconstituir una vivencia de calma e integración a través del contacto con otros objetos materiales de su ambiente. Taylor y Gaddinni, advierten sobre las madres que no permiten el surgimiento de estos objetos porque sólo quieren que el niño interactúe con lo que ellas ofrecen, o porque no soportan que exista algo distinto de ellas (miedo aser desplazadas o sustituidas).
Haciendo una breve síntesis del camino que recorre el bebé desde su nacimiento en su relación temprana con la madre, diría que la madre cumple funciones reguladoras, incluso suplementarias mientras el bebé no tiene los recursos para hacerse cargo de ellas, pero para ejercerlas a plenitud, tiene que impedir que se turbe la continuidad en el ser, para que el verdadero self pueda anidarse y se produzca el crecimiento en el psique soma. Cuando es más pequeño esto se logrará a través de una adaptación casi perfecta de la madre a las necesidades del niño, facilitada por la identificación primaria[20] para luego ir fallando progresivamente.
En esa falla, debe instalarse algo que la reemplace, algo en vez de ella para que el aparato no colapse de angustia y funcione; y es allí donde se instalarán los objetos provistos por la madre inicialmente, o sea los objetos precursores, y luego los objetos descubiertos y creados por el bebé, los objetos transicionales, cuya misión es ser puentes entre la madre ausente y su deseo de encontrarla.
Así mismo el facilitar el acceso a espacios potenciales, tendrá que ver con la experiencia de la díada de ir juntos creando espacios intermedios que den a niño en desarrollo, la sensación de que existen una realidad inmaterial compuesta por las vivencias de creación y disfrute de estados y espacios que son y no son parte de la realidad compartida. Espacios que tienen todos los componentes de una vivencia material, donde se usan objetos de la realidad compartida pero que tienen un uso particular ligado a la experiencia de creación, de juego, de un uso singular que dan paso a la experiencia de ser y hacer “como si”, función central en la estimulación y desarrollo de la creatividad posterior e introducción en la cultura del pequeño en formación.
Un importante problema en el desarrollo del niño, podría derivar de la falta de acceso a estos espacios potenciales (más desarrollados por Thomas Ogden en sus trabajos posteriores) y se refiere a la posible rigidización en su conducta y personalidad con que el niño respondería cuando la madre y los cuidadores en general, le impiden la posibilidad de crear y acceder a estos espacios. Esto resultaría de la vivencia de falta de espacios para ser y experimentar con la realidad, con la coartación de la fantasía y la intrusión excesiva de los cuidadores en cuanto a sus intentos de gobernar y moldear los posibles esfuerzos del niño por independizarse y por conocer más allá de lo que sus progenitores permiten y esperan.
Para finalizar, quisiera puntualmente referirme a una funció menos expicitada por Winnicott en sus escritos, pero que ha sido tomada por otros autores a partir de su trabajo y se refiere a la adquisición de la capacidad de autorregulación que sería el pasaje de aquello dado y ofrecido por la madre para que el niño pueda conectar su mente con su cuerpo, a través de las emociones, tal como lo plantea Regina Pally[21] hasta cierta autonomía en esos procesos[22]. Par ello requerirá ser capaz de recibir del ambiente aquello que es ofrecido para su tranquilidad y bienestar, para luego pasar a los momentos en que por si solo descubre y crea aquello que lo calmará y luego prescinde ello porque ha internalizado la función de autosostén, de autorregulación.
* Analia Stutman Zapata
Psicóloga Clinica Universidad Católica de Chile
Magister en Psicoanalisis Universidad Andres Bello y docente de esa misma
Universidad, facultad de Psicología.
[1] En mi opinión, esta particular visión a la que se dedicó y estudió: observando, atendiendo y escribiendo, le permitió proponer algunos postulados – acerca del niño, la madre como su ambiente más inmediato, el padre y luego el desarrollo de la creatividad e incorporación de la cultura – que muestran una visión que sin ser su intención manifiesta permite ser leída también, como una aproximación que converge en algunos puntos con la teoría sistémica. En ella, ningún subsistema es plenamente independiente de otro ni del contexto más global, y entre todos se producen intercambios de necesidades, expectativas, soportes, estímulos etc.
[2] ”The ordinary devoted mother” (1966) en Los bebes y sus madres (1988).
[3] en “La teoría de la relación entre progenitores e infante (1960)”, en Los procesos de maduración y el ambiente facilitador (1965)
[4] Y tal vez también personal, ya que hay un autor José Waksman que plantea que no hay analista infantil, que no tenga un niño interno al cual reparar. (en El doble diálogo del psicoanalista de niños”)
[5] Holding, Handling y la Presentación del objeto, en “Papel del espejo de la madre y la familia en el desarrollo del Niño”, en Realidad y Juego (1971). También se encontrarán en “Desarrollo emocional temprano” (1945) en DPAP (1958)
[6] Realidad y Juego 1971
[7] La tendencia a integrarse también será asistida por las técnicas de cuidado, o sea el Handling, y las experiencias instintivas que desde dentro, tiendan a reunir la personalidad. Esto a mi parecer es una nueva oportunidad de apreciar en Winnicott, una visión sistémica del funcionamiento psicológico
[8] Aunque así quise creerlo cuando lo pensé, pero ya había sido postulado por Winnicott en varios de sus escritos. Pero al igual que un bebé debo reconocer, que por un tiempo creí que era una interesantísima invención mía
[9] J.D. Nasio en “Introducción a la obra de Winnicott”, Pág. 23, en Grandes Psicoanalistas (1994)
[10] “La experiencia de mutualidad entre la madre y el bebé” Pág. 309 (1969) en Exploraciones psicoanalíticas I (1989)
[11] “Introducción a la obra de Winnicott”, pag. 19, en Grandes Psicoanalistas (1994)
[12] Este punto nuevamente se topa con la proposición de Bion de “Reverie” y sus conceptos de “Continente-Contenido”, en cuanto que exista una madre receptáculo de sus agresiones, ansiedades y otras sensaciones, capaz de contener sus contenidos dañinos y luego devolverle la experiencia de tranquilidad al “digerirlos”, sin la carga de angustia inicial. Bion (19 )
[13] Realidad y juego. 1971
[14] En “La capacidad para estar solo” (1958) en PMAF (1965).
[15] En “La teoría sobre la relación entre progenitores – infante” (1960), en PMAF (1965)
[16] En “La preocupación maternal primaria”(1956), en Escritos de Pediatría y Psicoanálisis (1958)
[17] Para la tranquilidad de todos quienes somos padres, Winnicott quiere implicar en estos conceptos, no solo a los padres, sus sustitutos y cuidadores sino también las experiencias intencionales o casuales, que en sí pueden ser o no suficientemente buenas.
[18] Gaddinni “Los orígenes del objeto transicional y el síntoma psicosomático” en Bekey 19xx
[19] Taylor “The transitional object and disorders of regulation” en “Psychosomatic medicine and contemporary psychoanalysis” 19xx
[20] Preocupación maternal primaria. Winnicott (19 )
[21] Pally, R. capitulo 4:“Emotional processing. The mind and body connection”, 2000
[22] Que nunca será total según lo planteado por Winnicott, ya que siempre mantendremos cierto grado de necesidad y dependencia emocional del otro.






domingo, 8 de febrero de 2015

Lactancia



Leer este tipo de artículos me supone lanzar un grito al aire. Estoy de acuerdo en la Necesidad, Pertinencia y Eficacia de la Lactancia Materna. Este artículo que comparto con ustedes, como la mayoría, no comenta que la OMS postula que se debe mantener la lactancia materna hasta los dos años. Me consta que esto resulta casi grotesco. Cuando estoy en un restaurante con mi mujer y mi hija, las gentes de alrededor miran con desdén una conducta que simplemente no se entiende.
Las compañeras de la lactancia dicen incluso que tratan de dar la teta a su niño de una forma más "decorosa". Entiendo que es la sociedad la que debe cambiar, no la persona que está realizando un derecho propio, con la salvaguarda del estamento médico más poderoso y serio del mundo.
Muchos pediatras dicen que se les de pecho hasta los 6 meses. La verdad es que hay que darles pecho hasta los dos años. Es cierto que, de manera exclusiva, hay que hacerlo hasta los seis meses, luego, como dicta el sentido común, introducir paultatinamente la comida, de triturado a sólido.
Se debe respetar el tiempo y manera de realizar estos cambios. Una madre y su hijo, esa pareja fundamental, requieren mimo, cariño, calor, protección, cobijo y respeto. Cada madre tiene derecho a realizarlo como quiera pero es justo que se les informe a todas, que se nos informe y no se hace, de las necesidades del bebé realizadas en las últimas investigaciones.
Este artículo con el siguiente link: Lactancia es un ejemplo de tomar de forma "light" un tema muy serio.
Rodrigo Córdoba Sanz

La lactancia materna

Las glándulas mamarias se preparan para la lactancia desde la adolescencia donde se experimenta un aumento en el tamaño de las mamas, areola y pezón.
Los cambios hormonales que ocurren durante el embarazo provocan el crecimiento mamario, un aumento de los conductos y los alvéolos, estableciendo el punto inicial y formal de la lactancia. Es el lactante el que estimula la producción y secreción de la leche.
La lactancia es un período de la vida en el que la madre ofrece al recién nacido un alimento adecuado a sus necesidades, la leche materna, no sólo considerando su composición sino también en el aspecto emocional, ya que el vínculo afectivo que se establece entre una madre y su bebé constituye una experiencia especial, singular y única.
Beneficios de la lactancia para el bebé
La leche materna contiene todo lo que el niño necesita durante los seis primeros meses de vida, favoreciendo su crecimiento, maduración y salud.
Muchos de los componentes de la misma se encargan de protegerle mientras su sistema inmunitario completa su desarrollo, protegiéndole de enfermedades como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, infecciones de orina, etcétera; además de enfermedades futuras como asmaalergiaobesidad, o diabetes, y favoreciendo el intelecto.
Beneficios de la lactancia para la madre
La lactancia materna acelera la recuperación, ya que la madre pierde el peso ganado durante el embarazo más rápidamente y es más difícil que padezca anemia tras el parto. También tienen menos riesgo de hipertensión y depresión posparto.

La osteoporosis y los cánceres de mama y de ovario son menos frecuentes en aquellas mujeres que amamantaron a sus hijos.
Ventajas para la sociedad
La leche materna es una alimento ecológico, lo que significa que no necesita fabricarse, envasarse ni transportarse. Esto supone un ahorro de energía al mismo tiempo que se evita la contaminación del medio ambiente. Además, resulta un ahorro en alimentación a la familia.
Puesto que hay una menor incidencia de enfermedades, disminuye a su vez el gasto sanitario.

miércoles, 9 de abril de 2014

Apuntes sobre Winnicott



A partir del nacimiento no se puede decir que el neonato o bebé es una unidad psíquica. Durante el primer año de vida, la diada madre-infante constituyen una unidad. La madre es el primer entorno del infante. Si todo recién nacido sano tiene una tendencia innata a desarrollarse como una persona total y creadora, ha de poseer sin embargo un entorno inicial como base para tal desarrollo. En los primeros meses de vida (especialmente durante el período de la lactancia), el entorno es casi sinónimo de la madre. En ese momento, la intervención del padre está mediatizada por la madre y, en un primer momento, el padre cumple la función de favorecer al entorno: el padre interviene ayudando a la madre y preservando a la díada madre-lactante, aportando a la madre (en cuanto entorno) sentimientos de seguridad y de amor que ésta transmite al hijo.
Sin embargo, bien observa Winnicott que un exceso de apego entre la madre y el hijo es patológico; la preocupación maternal primaria suele ser espontánea, lo que importa es que en ella se de un equilibrio entre una madre suficientemente buena y una "madre devota dedicada" al niño.
 Una madre suficientemente buena es aquella que es capaz de dar cabida al desarrollo del verdadero yo del niño, es decir acoger su gesto espontáneo, en el sentido de lo que el niño quiere expresar, e interpretar su necesidad y devolvérsela como gratificación. A partir de la frustración va emergiendo en el niño un falso yo, que tiene función adaptativa, como una suerte de acercamiento a un principio de realidad. Este Falso Yo puede darse en diferentes grados, desde el menor que correspondería a un tipo de adaptación a las normas sociales, hasta grados mas patológicos que se alejan de lo intrínsecamente propio del sujeto, como mera adaptación.
La madre en un principio debe Ilusionar al bebe para Desilusionarlo gradualmente. Esto quiere decir que el bebé, ante su necesidad de comer, es acogido por la madre y ésta le ofrece su pecho para alimentarlo, de tal modo que se dispone una situación donde el lactante tiene la ilusión de que el pecho fue creado por él y que es parte de él. Pero a medida que la madre lo desilusiona o lo desgratifica,el bebé va percibiendo que no es uno con la madre, disponiéndose a entrar en contacto gradualmente con la realidad y su subjetividad.
Como consecuencia de tal equilibrio, el infante percibe la medida de su dependencia y adquiere la capacidad de hacer notar sus necesidades al entorno. Todas sus potencialidades se irán desarrollando e irá descubriendo gradualmente la inexistencia del carácter unitario con la madre, con el efecto concomitante que de ello se deriva, el hecho de que la madre deja de parecerle "perfecta".
Al producirse la ruptura de la unidad madre-lactante, el niño logra ir independizándose mediante espacios, fenómenos y objetos transicionales. Winnicott descubre que espacios, fenómenos y —sobre todo— objetos transicionales son factores substitutivos que —en un principio ilusoriamente— substituyen (lacanianamente se diría: metaforizan) a la madre. Un juguete preferido del niño es un ejemplo de objeto transicional. Las actitudes que en este momento tiene el niño junto a los fenómenos y a los objetos transicionales, le sirven de nuevo entorno y de base para lograr paulatinamente su autonomía y autosuficiencia.
De lo que Winnicott observa en la relación primera madre-niño obtiene conclusiones para sus métodos de práctica psicoanalítica: por ejemplo el llamado setting (encuadre) analítico y la relación soñar-soñado.
En el setting se busca que el paciente logre —tras una "regresión" momentánea a los cruciales años de su infancia— demostrar su "modo de soñarse".
En tanto que en el psicoanálisis se produce una momentánea regresión (para lograr una eficaz praxis), también —teoriza Winnicott— es menester tener en cuenta la noción de holding (tenencia, pertenencia, valores habidos) ya que la relación analista-paciente crea de un modo espontáneo (particularmente en el segundo) una fuerte relación emocional de dependencia. El buen analista debe ayudar al paciente a liberarse de la misma y la plena liberación de tal dependencia (que evoca a las dependencias que el sujeto ha tenido en su infancia) será un signo de la curación.
Destacan sus obras: Escritos de pediatría y psicoanálisis (1957), El niño y la familia (1957), Psicosis y cuidados maternales (1957), El proceso de maduración y las facilitaciones del medio (1965), Realidad y juego (1971) y La consulta terapéutica y el niño (1971).

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martes, 6 de agosto de 2013

Las madres son más severas en tiempos de dificultad económica

 

Las madres son más severas con sus hijos en tiempos de dificultad económica

Rodrigo Córdoba Sanz: me parece interesante el artículo. Me parece que es cierto y lógico. También me parece que no es necesario recurrir a marcadores biológicos para entender algo de componente psicológico y sociológico.
Si esto sirve para sensibilizar me parece estupendo. Ahora bien, cosificar la conducta en un alelo del ADN me parece cuanto menos arriesgado y determinista.
 
 
Efe. Washington| 05/08/2013 
               
Este efecto solo se ha encontrado en las mujeres portadoras de una variación genética.
La recesión de 2008 y el deterioro de las condiciones económicas hicieron que las madres incurrieran en comportamientos más severos como golpear o gritar a sus hijos, según un estudio que publica este lunes la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.
Pero ese efecto se encontró sólo en las mujeres portadoras de una variación genética que las hace más propensas a reaccionar al entorno, conforme a la investigación realizada por académicos de la Universidad de Nueva York, la Universidad de Columbia, la Universidad Princeton y el Colegio de Medicina de la Universidad estatal de Pensilvania, en Estados Unidos.

"En general se piensa que las dificultades económicas en la familia provocan estrés, que a su vez lleva a un deterioro de la calidad en la crianza de los hijos", indicó Dohoon Lee, profesor de sociología en la Universidad de Nueva York y principal autor del estudio.

Agregó que estas conclusiones demuestran que el deterioro económico "puede afectar adversamente a la crianza, independientemente de las condiciones que afronte cada familia".

Los investigadores encontraron que la severidad en la crianza aumentó al empeorar las condiciones económicas sólo en el caso de madres con un alelo (variación) "sensitivo del genotipo DRD2 Taq1A", que controla la síntesis de dopamina, un neurotransmisor que regula el comportamiento.

El deterioro de las condiciones económicas no tuvo efecto en el grado de severidad en la crianza entre las mujeres sin ese alelo sensitivo, que estaba presente en poco más de la mitad de las participantes en el estudio.

Asimismo, los investigadores encontraron que las madres portadoras del alelo sensitivo tenían niveles más bajos de comportamiento severo en la crianza cuando mejoraban las condiciones económicas, en comparación con las que carecían de él.

"Estas conclusiones añaden argumentos en favor de la hipótesis de la orquídea y el diente de león, según la cual los seres humanos con genes sensitivos se marchitan o mueren como las orquídeas en un ambiente negativo, pero florecen en ambientes favorables", señaló Irwin Garfinkel, profesor en la Escuela de Asistencia Social de la Universidad de Columbia.

Por su parte, añadió, "el diente de león sobrevive en ambientes propicios o desfavorables",

Las conclusiones se basan en los datos de un estudio poblacional llevado a cabo en Princeton y Columbia sobre una muestra de casi 5.000 niños nacidos en veinte grandes ciudades entre 1998 y 2000.

Los investigadores entrevistaron a las madres poco después del parto y cuando el hijo tenía aproximadamente uno, tres, cinco y nueve años.

El comportamiento de crianza severa se midió en base a diez aspectos de una escala de tácticas en conflicto que incluyen conductas como los gritos, las amenazas y los castigos físicos.
 
Heraldo de Aragón Zaragoza España