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Paz y Ciencia
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domingo, 6 de mayo de 2012

¿Es una enfermedad o soy yo mismo?: David J. Miklowitz

"El trastorno bipolar es algo que la persona tiene, no una parte de su personalidad". David J. Miklowitz Lo que no abordan los criterios del DSM sobre el trastorno bipolar es el impacto emocional de saber que se sufre un trastorno bipolar y de admitir su realidad. A la mayoría de los pacientes les cuesta mucho aceptar ese diagnóstico (Nota de Rodrigo C.: esto sucede con todos los diagnósticos, especialmente con los que suponen un "halo" de "cronicidad". Razón por la que prefiero no dar diagnósticos. Y recalcar que la persona No es el trastorno).Al principio experimentan ira, miedo, tristeza, culpa, decepción y desesperación. No se trata de ciclos maníaco-depresivos, sino del proceso de formarse una nueva idea de quiénes son, una nueva imagen de sí mismos que incluye padecer un desequilibrio biológico que afecta su estado de ánimo. Y no hablo de personas que solo han tenido uno o dos episodios maníacos o depresivos y que se han visto sorprendidas por el diagnóstico: he visto estas reacciones en personas que han sido hospitalizadas varias veces a causa de este trastorno. ¿Por qué es tan doloroso este proceso de aceptación? Aceptar que se padecece este trastorno puede significar tener que adoptar un nuevo rol de enfermo en relación con la familia, el trabajo o la relaciones personales.(Rodrigo C.: Considero que no debe existir ninguna "etiqueta" que tenga que llevar a la persona "adoptar un rol de enfermo".) Puede hacer que la persona deba tomar decisiones para reestructurar su vida y sus prioridades, con los consiguientes cambios en la imagen que tiene de sí misma. Por ejemplo, Esteban, de 25 años de edad, después de haber sido hospitalizado dejó el piso donde vivía y volvió a casa de sus padres. Allí tuvo que afrontar su constante vigilancia y sus crecientes intentos de controlar su conducta, unas actitudes que le hicieron sentirse otra vez como un niño. Nancy, de 44 años de edad, vio que después de conocer el díagnóstico y de habérselo dicho a sus amigas, una de ellas "me dejó plantada diciendo que "ya tenía bastante con sus propios problemas". Las personas que deben convivir con enfermedades como la diabetes o la hipertensión experimentan unas emociones similares al tratar de afrontar estos diagnósticos. A nadie le gusta creer que tiene una enfermedad que exige tratamiento constante a largo plazo. Pero el trastorno bipolar tiene sus propias características. El trastorno bipolar puede ser difícil de distinguir de los altibajos normales de una persona. Hay personas que siempre han sido temperamentales y creen que sus episodios maníacos o depresivos solo son exageraciones de su manera de ser habitual. ¿Cómo puede una persona afectada distinguir la enfermedad de su manera de ser habitual o de su personalidad (sus hábitos, actitudes y maneras de relacionarse con los demás)? ¿Cómo puede aprender a distinguir cuándo está bien y cuándo está enferma sin necesidad de engañarse pensando que sus cambios de humor, energía o actividad forman parte su manera de ser? Desde un punto de vista práctico, la capacidad de reconocer estas diferencias entre la personalidad y los síntomas del trastorno es importante para que la persona afectada y quienes le rodean sepan cuándo deben tomar medidas de emergencia. Desde el punto de vista emocional, comprender esta distinción puede contribuir a que la persona afectada tenga una imagen más estable de sí misma. Por ejemplo, Maureen siempre había sido extrovertida, pero se dio cuenta de que debía llamar al médico cuando empezó a quedarse hasta bien entrada la madrugada llamando por teléfono a personas -de todo el país- con las que hacia daños que no hablaba. La recomendación de que aumentara la dosis de litio no interfirió para nada en su apreciación de los demás. La reacción de muchos de mis clientes al conocer su diagnóstico es la incredulidad o el rechazo, algo totalmente comprensible. Después de todo, deben replantearse la imagen que tienen de sí mismos, algo doloroso y difícil de hacer. Otros, sobre todo los que ya hace tiempo que han sido diagnosticados, acaban aceptando que sufren el trastorno pero siguen con su vida como si no les pasara nada. No es difícil imaginar por qué estas personas reaccionan así; cualquiera de nosotros podría reaccionar igual. No obstante, estas maneras de afrontar el diagnóstico pueden dar origen a problemas, sobre todo si conllevan la negativa a seguir una medicación que podría ser beneficiosa o si suponen realizar actividades de alto riesgo (como quedarse en vela toda la noche o emborracharse con frecuencia) que podrían agravar la enfermedad. http://youtu.be/eMo2p70b4KA Una canción preciosa de un gran grupo francés, al natural, en la calle. Donde han sido descubiertas algunas estrellas de la música. Probablemente habrá más. Y la versión de disco: http://youtu.be/m5-88R2KnDI ZAZ-Je veux

martes, 1 de mayo de 2012

Trastorno Mayor Recidivante y Trastorno Bipolar

"La depresión es la inabilidad de construir un futuro". Rollo May.
¿Ha sufrido el paciente varios episodios de depresión muy profunda sin ninguna señal manifiesta de episodios maníacos o hipomaníacos? Puede que parezca sencillo distinguir a las personas que sufren depresiones recidivantes de las que sufren episodios depresivos y maníacos, pero en realidad es más difícil de lo que parece. Más aún cuando el diagnóstico se hace de manera apresurada sin estudiar la biografía del sujeto y sin escuchar y comprender durante un tiempo prudente cómo ha transcurrido su vida y cómo han aparecido los episodios depresivos. La situación más común es aquella en que una persona ha tenido varios episodios depresivos mayores y luego pasa por un período breve (de unos días) en los que se siente "marchoso" y con "ganas de comerse el mundo". ¿Indica esto la presencia de un trastorno bipolar II? ¿O simplemente es la "marcha" que la mayoría de nosotros sentiríamos después de salir de una depresión larga y profunda? Un verdadero episodio hipomaníaco supone un cambio apreciable en la actividad de la persona en relación con su estado de ánimo anterior. La persona que sufre un episodio hipomaníaco duerme menos, se siente ligera o moderadamente irritable, tiene el pensmiento acelerado o es muy habladora. Si este estado dura varios días seguidos y otras personas han hecho comentarios al respecto, cabe sospechar que nos encontramos ante un episodio hipomaníaco (y un trastorno bipolar II). En cambio, si una persona simplemente se siente bien tras pasar por una depresión y presenta pocos o ninguno de los síntomas propios de un episodio hipomaníaco, lo más probable es que sufra una "depresión unipolar". Un historial familiar de trastorno bipolar ofrece indicación para sospechar este trastorno que para diagnosticar una depresión unipolar. Como decía antes, si un profesional no está seguro de si el paciente sufre una depresión unipolar o un trastorno bipolar, es probable que recomiende un estabilizador del estado de ánimo antes de introducir un antidepresivo. El tratamiento psicoterápico tampoco es el mismo. Pero lo que suele suceder es que en los hospitales y en los centros de salud (también mental), exceptuando a los médicos de atención primaria que conocen al paciente y lo han visto a lo largo del tiempo, ven al paciente a nivel transversal y solo se fijan en signos y síntomas. El resultado es que suelen prescribir los fármacos citados arriba y luego evalúan al paciente en profundidad, si se dan las circunstancias.

Esquizofrenia y Trastorno Bipolar

"Confusión" será mi epitafio, al tiempo que me arrastro por un camino roto y destrozado y, si lo hacemos, podremos todos sentarnos y reírnos. Pero me temo que mañana estaré llorando, sí, me temo que mañana estaré llorando. Peter Sinfield, "Epitaph", 1969
Debemos hablar de "esquizofrenias" no de una esquizofrenia. Tal vez el DSM encorseta a la persona con su peculiar "esquizofrenia" en unos criterios uniformes para el diagnóstico sencillo y quizá simplista. Según este manual, la persona con esquizofrenia presenta normalmente estos síntomas: 1. Ideas delirantes, como la sensación de que alguien la sigue, la creencia de que sus pensamientos son controlados por alguna fuerza externa o la creencia de que alguna persona (u organización) quiere hacerle daño. 2. Alucinaciones auditivas o visuales. 3. Falta de motivación, apatía y retraimiento. 4. "Aplanamiento" afectivo. 5. Lenguaje y pensamientos desorganizado y confusos. Puede ser muy difícil distinguir entre trastorno bipolar y esquizofrenia si la persona está en crisis o en una hospitalización por primera vez. Existe un mito relacionado con que la persona con esquizofrenias tienen múltiples personalidades, en realidad sufren delirios (creencias irracionales) o alucinaciones (experiencias sensoriales, como oír voces sin un estímulo real). También pueden presentar fuertes depresiones. Con todo, su principal problema es que están separadas de sus emociones (el llamado "aplanamiento afectivo"). Las personas que padecen un trastorno bipolar también pueden sufrir delirios y alucinaciones que normalmente (aunque no siempre) son de tipo maníaco y están caracterizados por la grandiosidad (por ejemplo: "Soy Dios y las personas y la televisión me manda mensajes cifrados"). Según los criterios del DSM-IV, una persona tiene trastorno bipolar en lugar de esquizofrenia si, durante sus episodios, experimenta grandes oscilaciones de las emociones y de los niveles de energía o actividad, y si sus delirios o alucinaciones (en caso de producirse) no aparecen hasta después del inicio de los cambios de estado de ánimo. Si los delirios y las alucinaciones se desarrollan antes de estos cambios y/o persisten una vez han mejorado los síntomas depresivos o maníacos, es más probable que se diagnostique una esquizofrenia o un trastorno en el cual convergen los cambios de estado de ánimo con delirios y alucinaciones, por decirlo de algún modo, se trata de una "mezcla" entre un trastorno del estado de ánimo y una esquizofrenia, se denomina trastorno esquizoafectivo. Estas distinciones son muy importantes de cara al pronóstico. El pronóstico a largo plazo de la esquizofrenia -desde el punto de vista de número de hospitalizaciones, la capacidad para trabajar y otros indicadores de la calidad de vida- es peor que del trastorno bipolar o el trastorno esquizoafectivo. Hay que decir, que cuando una persona, por primera vez, desarrolla un cuadro esquizofrénico -episodio psicótico agudo- no tiene por qué desarrollar un trastorno esquizofrénico. La regla de los tres tercios indica que un tercio se recupera, otro tercio tiene síntomas residuales y un último tercio desarrolla la esquizofrenia per se. Es importante hacer el diagnóstico diferencial porque el tratamiento psicoterápico y farmacológico es diferente. http://youtu.be/AKRCo3347fw Goran Bregowik http://www.dominacionysociedad.com.ar/parte_1_cap_1.htm

lunes, 30 de abril de 2012

Trastorno Ciclotímico y Trastorno Bipolar

"Tengo... Una terrible necesidad... ¿Diré la palabra? De religión. Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas". Vincent Van Gogh.
La persona que presenta un trastorno ciclotímico tiene las siguientes características: 1. Se siente activa, irritable y excitada durante períodos breves; 2. Se siente ligeramente deprimida durante períodos breves; 3. Tiende a oscilar entre dos estados de ánimo opuestos. Para complicar aún más las cosas, algunas personas tienen una forma más fluctuante de trastorno del estado de ánimo caracterizado por breves episodios hipomaníacos que alternan con breves espidosios de depresión leve. Para que se considere que una persona sufre un trastorno ciclotímico debe haber alternado entre estos períodos hipomaníacos y depresivos durante al menos dos años seguidos y no haber dejado de presentar estos síntomas durante un tiempo superior a dos meses. ¿En qué se diferencia al trastorno bipolar tipo II? Decir que es posible que la persona reciba los dos trastornos al mismo tiempo. Claro, es tan superficial como corresponder o no a los criterios DSM. Pero lo importante es la estructura de base. Para el psiquiatra Hagop Akiskal, de San Diego School os Medicine de la Universidad de Calofornia, el trastorno ciclotímico es alteración de la personalidad que predispone a quien lo padece a desarrollar un trastorno bipolar II. En realidad, el trastorno ciclotímico tiene mucho en común con los trastornos bipolares I y II desde el punto de vista de su patrón hereditario y de su supuesta base biológica. El trastorno ciclotímico se presenta en el DSM como una forma leve de trastorno bipolar. Cerca de una de cada tres personas con trastorno ciclotímico acaba desarrollando un trastorno bipolar I o II. Existen muy pocos estudios sobre los tratamientos ideales para el trastorno bipolar II en comparación con el trastorno ciclotímico. La consecuencia es que los psiquiatras tienden a tratar los dos trastornos de una manera similar, mediante estabilizadores del ánimo. No obstante se sabe que ciertos antipsicóticos como el Seroquel tienen una función estabilizadora y previene las fases hipomaníacas o maníacas. No obstante, las personas con trastorno ciclotímico pueden prescindir muchas veces de la medicación porque, en general, su trastorno no es tan grave ni perjudicial a priori. Para algunas personas, el diagnóstico de trastorno ciclotímico suena menos alarmante que la de trastorno bipolar II aunqeu los dos trastornos tengan muchos rasgos similares.

sábado, 28 de abril de 2012

Comorbilidad en el Trastorno Bipolar

El término "comorbilidad" se refiere a la coexistencia de dos o más trastornos mentales en la misma persona. Muchas personas tienen más de un trastorno mental definido en el "terrible" DSM-IV-TR. En realidad en dos estudios cuidadosamente diseñados realizados en Estados Unidos sobre los trastornos mentales de la población general -el National Comorbidity Survey y el Epidemiologic Catchment Area- se llegó a la conclusión de que del 56% al 60% de las personas con algún trastorno mental tienen dos o más trastornos. En la práctica clínica se suelen dar múltiples diagnósticos a los pacientes, a veces porque tienen más de un trastorno y a veces porque el profesional no está seguro de cuál es el más adecuado y, en consecuencia, diagnostica más de uno. ¿Cómo aparece una persona con dos o más trastornos coexistentes? Los trastornos que suelen aparecer junto con el trastorno bipolar suelen ser el trsatorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad, el trastorno ciclotímico, la esquizofrenia, el trastorno esquizoafectivo, el trastorno depresivo mayor recidivante y trastornos de ánimo inducidos por sustancias. Lo anterior es el enfoque clínico clásico y académico. No obstante, el trastorno bipolar supone algo más profundo que un conjunto de signos y síntomas. Melanie Klein escibió un trabajo fantástico sobre la psicosis maniaco-depresiva, que es así como los nostálgicos del psicoanálisis denominan la patología. Allí profundiza más allá de la sintomatología y habla del "splitting" o disociación. Este es un mecanismo fundamental de esta patología. Por tanto, aunque fenomenológicamente, los trastornos "comórbidos" citados anteriormente son los más frecuentes en la persona afectada, existe un mecanismo fundamental que explica el fundamento del trastorno. Citaré dos ejemplos, uno con respecto al TDAH y otro en relación al Trastorno Límite de la Personalidad. Para ello hay que explicar que según el enfoque de las personas que trabajamos con la estructura de personalidad y sus trastornos, quizá focalizamos más en los trastornos de personalidad y los diagnosticamos más y mejor. Ahora bien, no siempre que existe un trastorno bipolar hay un trastorno de personalidad. Ahora bien, el trastorno bipolar también supone un profundo trstorno en la estructura de personalidad. Suelo explicar a los pacientes que tienen un trastorno de personalidad el modelo explicativo de Theodore Millon. Este "personólogo" norteamericano, ha publicado libros muy interesantes sobre los trastornos de personalidad. El modelo explicativo que comparto con mis pacientes es el siguiente, en forma de círculos concéntricos, desde el exterior al interior sigue esta pauta que encuentra su analogía con lo médico (ya saben ustedes, que la persona que acude a un psicólogo, sin haber acudido antes a ningún profesional de la salud mental, vienen con ese "modelo médico" interiorizado, que tiene que ver con una actitud pasiva, es decir, de toma de pastillas o interconsultas con el urólogo, el ginecólogo, el endocrinólogo, etc.) Entonces la explicación resulta más sencilla, funciona como metáfora y penetra en el hemisferio derecho: el modelo es así, en la parte del exterior estarían los problemas del Eje IV del DSM y que tienen qu ver con las situaciones estresantes, por ejemplo, problemas económicos, problemas en el hogar, problemas en el trabajo, etc. Esto, Millon, lo equipara a lo que serían las bacterias. En el eje inmediatamente interior están los trastornos de personalidad, cuya analogía tiene que ver con el sistema inmunológico, es decir, tener una alteración de identidad-un trastorno de personalidad supone que la persona es más vulnerable a tener patologías del eje I como son la ansiedad, trastornos del estado de ánimo, etc., Millon hace la analogía con la tos, la fiebre, etc. Entonces los círculos van desde los problemas relacionados con el estrés, luego los trastornos de personalidad, eje II y finalmente los trastornos del Eje I, que son los que llevan a las personas a acudir a la consulta. Los trastornos de personalidad son "egosintónicos" y los trastornos del eje I son "egodistónicos", esto significa que una persona que tiene mucha ansiedad o está deprimida pide consulta, sin embargo, una persona que tiene un trastorno narcisista, explota a los demás y tiene un ego grandioso no suele tomar conciencia de que su forma de ser es un problema hasta que no desarrolla trastornos del Eje I. Primero pondré en ejemplo que transmite David J. Miklowitz sobre la comorbilidad con el TDAH y después pondré un ejemplo con el trastorno límite de personalidad: 1. Comorbilidad entre el trastorno bipolar y el TDAH: Elena había sufrido varios episodios depresivos prolongados durante los cuales había tenido problemas para conservar el trabajo. Sus períodos hipomaníacos se caracterizaban por irritabilidad, pensamiento acelerado y trastornos del sueño. Su esposo, Chris, era comprensivo con sus depresiones, pero se enfurecía cuando intentaba hablar con ella de su situación laboral y Elena desviaba la mirada y parecía no escucharle. Chris también se quejaba de que cometía muchos errores por descuido: cuando enviaba su curriculum solicitando algún puesto de trabajo, muchas veces faltaba una página o la impresión era defectuosa. También era frecuente que se olvidara de las visitas al médico. Su mala memoria y su falta de atención parecían caracterizar su conducta la mayor parte del tiempo, incluso cuando no estaba deprimida. Hace poco, una lectora me preguntaba por qué su psiquiatra le había prescrito fármacos estimulantes en lugar de fármacos sedantes. La medicación para el TDAH es el metilfenidato, un fármaco que tiene un efecto paradójico y cuyo ojetivo es disminuir la atención y disminuir la hiperactividad. Esto también pasa con personas que tienen un trastorno obsesivo-compulsivo o un trastorno de angustia y les prescriben un antidepresivo, piensan que no están deprimidas y que no les hace falta ese fármaco. 2. Comorbilidad entre el trastorno bipolar y el trastorno límite: Alicia vino a consulta derivada por su psiquiatra para realizar psicoterapia. Acababa de hacer un intento de suicidio serio (tuvieron que coserle los cortes en las muñecas). Tuvo la fortuna de que entraron sus padres en el baño aunque no estaba previsto que acudieran a la casa. Inmediatamente después de su intento de suicidio y el inicio de la psicoterapia "viró" y empezó a dormir poco, a comprarse mucha ropa y encontró una pareja que le proporcionaba el afecto necesario que le faltaba para sentirse más entera, "la ilusión de completud". Alicia tíene una hija enfermera que "utiliza" como medicina, esto es, como apoyo a base de llamadas, acompañarle a las visitas, hablar con los médicos. Alicia decía que su hija hacía de madre para ella. Yo no dejaría de lado el hecho de que su madre "real" tenía un enfermedad psicótica con delirios de infidelidad. Entonces, podemos entender que tenía un componente importante de depedencia y de trastorno obsesivo-compulsivo de la personalida, con lo cual, no solo había comorbilidad entre el trastorno de estado de ánimo (trastorno bipolar II) y el trastorno límite, sino que también existía coexistencia de varios trastornos de personalidad, circunstancia muy frecuente. Apuntar que cuando no existe un trastorno de personalidad puro o "de libro" se dice que es un trastorno de personalida no especificado con rasgos (en este caso) límites, obsesivo-compulsivos y de dependencia. Como pueden ver, lo que el manual DSM transmite no es más que una parte muy superficial del sujeto. ¿Dónde está el sujeto en la psicología clínica oficial, o en el DSM? La psicología, desafortunadamente, ha heredado el modelo de la medicina y está subyugada a esta en lo institucional y en la praxis. Como ejemplo, un psiquiatra al que derivé una paciente con un trastorno psicosomático (en el DSM -Trastorno Somatoforme-), dijo a la paciente que le enseñara yo, técnicas de relajación para disminuir su ansiedad. Otro psiquiatra le dijo a una paciente alcohólica que los psiquiatras estudiaban muchos años más que los psicólogos y ridiculizó la profesión de la psicología. Estas actitudes de superioridad son frecuentes. En cuanto al trastorno bipolar, existe un modelo médico dentro de lo denominado medicina conductual que entiende que el trastorno bipolar es crónico y nada se puede hacer para curarlo, solo intervenir de manera paliativa a nivel farmacológico, como todos los psicofármacos, y a nivel psicoterápico con la psicoeducación. El psicoanálisis es más ambicioso y busca la curación de la persona, pero, como les he explicado en "post" anteriores, lo que sucede en el contexto de una psicoterapia psicoanalítica o de psicoanálisis no se puede estudiar de manera empírica porque existen variables de tipo vincular y emocional que no se pueden someter a estudios de laboratorio. Por ello, se dice que la inervención mejor para el trastorno bipolar es la psicoeducación y las psicoterapias de tipo intepersonal y cognitivo-conductual. Me parece una actitud nihilista y creo que no es "insensato" comentar que en toda esta trama del DSM y de la actitud de la psiquiatría oficial y biológica hacia la psicoterapia está muy relacionada con la industria farmacéutica, una de las industrias más poderosas además de la industria de la guerra. Un profesional que practica el psicoanálisis humanista y la psicoterapia positiva, entre otras, debe denunciar este tipo de hechos que tienen que ver más con intereses comerciales y lucrativos de los psiquiatras que con la "mismidad" de la persona que padece un "trastorno". Jim Carrey, Elizabeth Taylor, Robert Downey Jr, Mel Gibson, Ari Telch , Alejandro Bracho y Miguel Pizarro han hecho pública su enfermedad México, 1 May. (Notimex).- A raíz de que la actriz británica Catherine Zeta-Jones confesó recientemente que padece de trastorno bipolar, Demi Lovato y Selena Gómez creen que también sufren de este padecimiento. Zeta-Jones manifestó de manera abierta sufrir el trastorno afectivo bipolar (TAB), conocido anteriormente como psicosis maníaco-depresiva, que alterna de manera abrupta períodos de excitabilidad (manía) con otros de depresión. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este padecimiento afecta aproximadamente al 4 por ciento de la población mundial y es la sexta causa de incapacidad laboral. Hace unos días, la esposa del también actor Michael Douglas, reconoció la importancia de pedir ayuda a tiempo, además de que si su bipolaridad ha servido para que otros se atiendan, entonces habrá valido la pena, puesto que ella ingresó en un centro de salud mental durante cinco días. Jim Carrey, Elizabeth Taylor, Robert Downey Jr, Mel Gibson, Ari Telch , Alejandro Bracho y Miguel Pizarro, son algunas de las personalidades que se han visto afectadas por el TAB, al igual que la ganadora del Oscar. El actor Jim Carrey, quien en filmes como "Irene, yo y mi otro yo" o "Mentiroso mentiroso" dio vida a enfermos mentales, y su vida no es tan ajena a estos papeles. De acuerdo a la declaración de un amigo del actor, su ruptura con Jenny McCarthy fue causada por su estado psíquico. Elizabeth Taylor, una de las musas del Séptimo Arte, fallecida el pasado 23 de abril, se casó con siete hombres con los cuales nunca logró una estabilidad y aunque nunca habló en forma abierta de su enfermedad, algunas personas han comentado que sus episodios depresivos y su adicción al alcohol provocaron múltiples fracasos sentimentales. Russell Brand, marido de Katy Perry , se ha visto afectado por este mal, al sufrir dos patologías: trastorno bipolar y trastorno por déficit de atención con hiperactividad (ADHD). Gracias a un seguimiento muy exhaustivo puede llevar una vida normal. La madrastra del actor Robert Downey Jr., comentó a una publicación internacional que fue diagnosticado con trastorno bipolar, aunque él lo haya negado varias veces. Por su parte, Mel Gibson confesó en el documental "Acting class 1977" que era maníaco-depresivo. Muchos psicólogos han asegurado que se ha escudado en su enfermedad para justificar sus arranques de violencia y narcisismo. En México, Ari Telch , el año pasado, fue internado de urgencia en un hospital de psiquiatría de esta ciudad, debido a una crisis producto de su bipolaridad. El actor se ha visto afectado por este mal desde los 13 años. Alejandro Bracho también ha tenido que pisar el nosocomio por este tipo de trastorno, quien a causa de un proyecto que no se concretó y con el cual esperaba tener éxito, se deprimió a tal grado que lo llevó a pensar en el suicidio. Con el rostro demacrado, la voz entrecortada e incluso con la convicción de volver a intentarlo, el actor Miguel Pizarro sorprendió en 2004 al hablar sobre su enfermedad y su intento de suicidio.
http://youtu.be/ogHIUvSrQ3E

domingo, 22 de abril de 2012

Trastorno Bipolar

El actor fue diagnosticado con este trastorno hace 13 años. En varias oportunidades, tuvo que ser hospitalizado para superar las crisis. Por eso, se ha propuesto compartir su experiencia con el público para difundir información y apoyar a quienes sufren como él de esta condición. Durante mucho tiempo, Ari Telch sintió que no podía realizar sus actividades normales sin ponerse muy nervioso o irritable. Hasta que se animó a hacer una consulta a una especialista y le explicó que tenía un trastorno bipolar. Pensamientos suicidas. Las cavilaciones suelen adoptar la forma de pensamientos suicidas, es decir, pensamientos sobre diversas maneras de quitarse la vida. Estas cavilaciones son más comunes durante los episodios depresivos o mixtos, pero también pueden aparecer durante las fases maníacas. Dependiendo de lo desesperada que se sienta la persona, podrá poner en práctica estos pensamientos o impulsos, casi siempre con consecuencias funestas. Cuando el individuo afectado expresa estos pensamientos suicidas, sus familiares, pareja y amigos se preocupan y asustan mucho y hacen lo que pueden para ayudarle a superarlos, aunque puede que no sepan qué decir o qué hacer. También es probable que el psicoterapeuta o el médico tenga que indagar al respecto. Si una persona nunca ha tenido pensamientos suicidas y ahora los tiene, puede que tenga miedo de revelarlos, quizá por temor a que el médico ordene su inmediata hospitalización. Sin duda, esta es una de las opciones de tratamiento, pero en modo alguno es la única. Hay otras opciones como la psicoterapia, modificar el régimen de medicación y/o diversas formas de apoyo por parte de la familia o de la comunidad. Si la persona se decide a dar el paso de hablar de estos sentimientos con el médico o el psicoterapeuta, verá que algunos de estos pensamientos se disipan después de haberlos dado a conocer. También podrá ver que, en estas circunstancias, los profesionales de la salud mental pueden ser más útiles de lo que había pensado. Trastornos del sueño. Prácticamente todas las personas afectadas de trastorno bipolar experimentan trastornos o alteraciones del sueño durante las oscilaciones o ciclos de su estado de ánimo. En las fases maníacas suele disminuir la necesidad de dormir. Dormir se considera una pérdida de tiempo, ¡sobre todo cuando se pueden hacer muchas cosas a las tantas de la noche! En cambio, durante la depresión puede que el sueño sea lo único que acoge con agrado. Cuando una persona está deprimida, puede dormir muchas más horas de lo normal y acabar siendo totalmente improductiva e incapaz de hacer nada fuera de casa (hipersomnia). Por otro lado, la persona puede padecer insomnio y ser incapaz de conciliar el sueño dando vueltas en la cama toda la noche y pensando una y otra vez los mismos problemas, frustrada porque el sueño para estar constantemente más allá de su alcance. Los problemas de sueño, ¿son un síntoma del trastorno bipolar o son lo que realmente perturba el estado de ánimo? Por lo visto, son las dos cosas a la vez, es decir, síntomas y causas. La mayoría de las personas padezcan o no trastorno bipolar, experimentan cambios en su estado de ánimo cuando les cuesta dormir, pero las personas con trastorno bipolar son especialmente vulnerables a los del ritmo circadiano. Es probable que el médico pregunte a la persona afectada si tiene problemas de sueño, sobre todo si le cuesta conciliar el sueño o si se despierta por la noche o demasiado pronto. También puede pedir a la persona afectada que haga un seguimiento de su sueño si tiene problemas para recordar la naturaleza concreta de esta alteración. Los cónyuges de las personas afectadas también pueden sufrir las consecuencias de estos problemas de sueño: ¡cuando una persona no puede dormir, lo más frecuente es que tampoco deje dormir a quien está a su lado! Incluso la irritabilidad, tanto de la persona afectada como la de sus familiares, se puede deber a la falta de sueño o a unos patrones de sueño irregulares. Conductas impulsivas, autodestructivas o adictivas. ¿Qué hace normalmente una persona cuando empieza a entrar en una fase maníaca? Si se siente cargada de energía, puede experimentar la necesidad de darle salida. La vida ordinaria se mueve con demasiada lentitud. Quizá sea por ello que, cuando alguien entra en una fase maníaca, suele perder sus inhibiciones y comportarse de una manera impulsiva. Muchas de estas conductas impulsivas pueden poner en riesgo la vida o la salud de la persona afectada: conducir con imprudencia, realizar acciones temerarias o mantener relaciones sexuales sin protección con muchas personas diferentes. Algunas personas toman decisiones insensatas, como derrochar dinero sin ningún criterio. Kevin tenía 34 años de edad y vivía con su padre. Estando en fase maníaca convenció a su padre de que liquidara parte de su fondo de pensiones y Kevin se lo gastó comprando cosas impulsivamente. La mayor parte del dinero desapareció. Como es lógico, sus familiares se pusieron muy furiosos y sus hermanos mayores incluso dejaron de hablarle. Antes de este incidente, Kevin había estado haciendo planes para establecerse por su cuenta. Pero ahora su padre insistía en que le devolviera el dinero antes de ayudarle económicamente a independizarse. La conducta autodestructiva puede adoptar muchas formas. Muchas personas se vuelcan al alcohol u otras sustancias durante los episodios maníacos. Los problemas relacionados con el abuso de sustancias y las adicciones no son síntomas exclusivos del trastorno bipolar, pero pueden empeorar el estado de ánimo. El alcohol se suele usar para "bajar" de los estados elevados y acabar con la ansiedad, la confusión y los problemas de sueño que suelen acompañarlos. Otras personas recurren a la cocaína, las anfetaminas o la marihuana para elevar e intensificar la experiencia eufórica de los estados maníacos. Durante una depresión, el recurso al alcohol o a otras sustancias obedece a la voluntad de mitigar el dolor, la llamada "conducta automedicación". Más que ningún otro factor asociado, el abuso de alcohol o de otras sustancias empeora mucho la evolución del trastorno bipolar. Mark describe como sigue el papel que desempeñaba el alcohol en sus episodios depresivos: Cuando me siento deprimido, beber me da seguridad y consuelo. Estoy con el ánimo por los suelos y la botella siempre sigue ahí, en la alacena, como una vieja amiga. No pienso en el daño que me puede hacer, lo único que quiero es dormir. A veces, el simple hecho de saber que tengo una botella a mano me basta para sentirme mejor. Pero en general no puedo contenerme y empiezo a beber. Otra persona con trastorno bipolar, Thad, no tenía tan claro por qué bebía cuando se encontraba en una fase maníaca. Cuando estuvo en el hospital resumía así la situación: "No sé bien qué hay entre la bebida y yo (sonriendo). Ya sé que no hace gracia, pero siempre que me siento así parece que tenga que empinar el codo". Los familiares pueden estar más preocupados por el abuso de alcohol y otras sustancias que por los cambios de humor. Incluso puede que definan los problemas de la persona afectada en función de este abuso y que rechacen el diagnóstico de trastorno bipolar pensando que es una manera de justificarlo. Aunque puede que estén equivocados, el médico o el psicoterapeuta deberá realizar una evaluación diagnóstica completa para comprobarlo. Es probable que un médico se muestre reacio a diagnosticar un trastorno bipolar si no tiene pruebas concretas de que las oscilaciones del estado de ánimo de una persona se producen cuando no consume alcohol ni otras sustancias. Por ejemplo, Jeff había tenido varios episodios maníacos antes de desarrollar problemas con el alcohol y el diagnóstico de trastorno bipolar parecía totalmente justificado. En cambio, los problemas de Kate con el alcohol se desarrollaron mucho antes de que mostrara cualquier signo de oscilación del estado de ánimo, y aunque sus cambios de humor presentaban síntomas típicos del trastorno bipolar, como irritabilidad, trastornos del sueño, aletargamiento, pensamientos suicidas e impulsividad, al final se atribuyeron a los efectos de intoxicación por alcohol. Por David j. Miklowitz: "El Trastorno Bipolar: Una Guía Práctica para familias y pacientes". Paidós, 2004, Barcelona. Experiencias Profundas (por Rodrigo Córdoba Sanz). Demasiado frecuentemente, los médicos rotulan a la persona y proponen un tratamiento medicamentoso apropiado. Esto, a veces, genera rechazo en la persona, es muy duro que le digan a una persona que tiene un trastorno grave y crónico. Los psiquiatras se interesan por los síntomas del trastorno: la oscilación en el estado de ánimo, los pensamientos suicidas, los trastornos del sueño, la impulsividad, las conductas autodestructivas, las adicciones, etc. Sin embargo, hay demasiados pocos psiquiatras que se interesen por las experiencias profundas de la persona, por su biografía (no por su patobiografía), por sus sentimientos, su forma de experimentar la enfermedad, los pensamientos relacionados con la enfermedad, con el mundo, con su familia, con su pareja. Pocos psiquiatras tratan a nivel psicoterápico cuestiones como fantasías, deseos, anhelos, sueños, proyectos, metas, motivaciones, intereses, aficiones, hobbies, logros, etc. Se dice que la "psicoeducación es el litio terapéutico", personalmente he sido formado en esta modalidad de tratamiento del trastorno bipolar y me parece demasiado superficial pero eficaz para muchos pacientes. Sin embargo, existen otros que quieren dar sentido a las experiencias que viven en sus fases maníacas (o hipomaníacas), los sentimientos y pensamientos en la depresión desde un punto de vista vitalista y optimista. Se dice que el tratamiento psicoterápico más eficaz es la psicoeducación. La psicoeducación es un tipo de psicoterapia que la hace tan especial, que algunos autores la sitúan a parte. Consiste en la adquisición de conocimientos sobre la enfermedad y en un entrenamiento personal para el mejor control de la misma. Es importante recordar que va más allá de lo que es puramente información sobre la enfermedad. Implica además integrar esa información en cada caso particular y diseñar y entrenar estrategias específicas para cada persona y situación: rutinas, horarios, actividades, detección de pródromos, contról de estrés, etc. La psicoterapia cognitivo-conductual y la interpersonal parecen ser las más indicadas según la medicina basada en la evidencia. También hay que apostillar que según que manuales realizados por laboratorios famacéuticos llegan a decir que no es imprescindible la psicoterapia con una buena medicación, y yo me pregunto: ¿dónde está el sujeto? ¿Acaso la persona con trastorno bipolar es solo un corolario de síntomas y neurotransmisores? Por otro lado, se sigue realizando la Terapia Electroconvulsiva, pero no como en las películas, donde parece que la persona sufre de forma aterradora. Actualmente se aplica bajo una anestesia general breve y con relajantes musculares para evitar las convulsiones. Los efectos adversos son pérdida de memoria biográfica de los meses previos al tratamiento. A veces, es más serio que lo dicho anteriormente. También hay que decir que si se utiliza este recurso "tecnócrata" demasiadas veces puede dejar a la persona en una situación muy poco recomendable. Otro tratamiento "tecnócrata" es la Estimulación Magnética Transcraneal, esto es, la aplicación sobre el cráneo y sin contacto directo con él, de una serie de pulsos magnéticos que provocan la estimulación de la actividad de áreas del cerebro subyacentes. La modificación de la actividad de dichas áreas provocaría la desaparición de los síntomas y la remisión de la enfermedad. Hasta la actualidad se ha estudiado en la depresión unipolar, y en menor medida en el Trastorno Bipolar. Está todavía en investigación y aunque las máquinas no me gustan me parece menos peligroso y triste que la terapia electroconvulsiva. Lo fundamental en este trastorno es que se diagnostique a tiempo, existen estudios que demuestran que la media de años en diagnosticarlo es de ocho. Es una auténtica barbardidad. Así pues, las personas con trastorno bipolar, cuando llegan a manos de un médico o psicoterapeuta que detecta su enfermedad ya ha recorrido un sendero muy turtuoso. También es primordial que el paciente tenga una buena medicación, un seguimiento con su psiquiatra y que desarrolle la confianza suficiente para poder colaborar con este y ajustar la medicación según el momento y las necesidades. Por otro lado, es impresicindible la psicoterapia, por el propio epígrafe que preside estas líneas. El paciente con trastorno bipolar, en muchos casos, puede llevar una vida satisfactoria y hay que destacar que muchas de estas personas, además son capaces de ser muy creativas y productivas. Para ello, necesitan un vínculo emocional reparador con un buen psicoterapeuta y movilizar sus recursos y potenciales de salud. Cuestión que muchas veces los médicos obvian por falta de tiempo u orientación.
Un paciente que comparaba el estado maníaco con el estar enamorado, menciona: Si estuvieras enamorado y alguien te viniera con una pastilla para quitarse esa sensación ¿a donde lo enviarías? De la página: http://matrimoniobipolar.wordpress.com/2010/12/27/frases-verdaderas-acerca-del-trastorno-bipolar/

viernes, 20 de abril de 2012

Trastorno Bipolar: Cambios de pensamiento y de la percepción

"La esperanza es la fe que extiende su mano en la oscuridad de la noche"
http://www.youtube.com/watch?v=9H0lN0xQ45w&feature=colike Vals de "El Lago de los Cisnes"; de Tchaikovsky, sufrió un trastorno bipolar y también "disfrutó" de la "energía creativa" que este trastorno favorece. Vean el texto: "La Bipolaridad como Don", de Eduardo H. Grecco.
"Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros". Hermann Hesse.
Cambios del Pensamiento y de la Percepción. Siento la cabeza como si fuera una de esas postales con vistas nocturnas de la ciudad, con el objetivo abierto. Las luces parece que tengan cola. El mundo entero se mueve a toda velocidad: es algo que me encanta. Tengo la cabeza tan llena de pensamientos que parece que me vaya a estallar. Mujer de 26 años de edad con trastorno bipolar I. Los estados maníacos y depresivos casi siempre suponen cambios en la manera de pensar. En las fases maníacas estos cambios suponen la aceleración de las funciones mentales (pensamiento acelerado) y la expresión verbal de un pensamiento tras otro a toda velocidad (fuga de ideas). Muchas personas afectadas experimentan el mundo de una manera distinta: los colores son más brillantes y los sonidos pueden alcanzar un volumen intolerable. Las fases maníacas más avanzadas pueden estar acompañadas de confusión mental: el mundo se parece a una noria que gira sin control. Durante una fase maníaca, la memoria puede parecer extremadamente nítida y clara, la persona siente una gran agudeza intelectual, puede relacionar fácilmente unas ideas con otras y puede recordar sucesos con todo detalle. Sin embargo, esta aparente mejora de la memoria suele ser ilusoria; las personas que se encuentran en una fase maníaca piensan que recuerdan mejor las cosas, pero no es así. En realidad, la atención y la concentración pueden quedar muy afectadas durante un episodio maníaco. La persona no puede concetrarse solo en una cosa porque su mente intenta procesar demasiadas cosas al mismo tiempo. Su atención se puede distraer fácilmente con cualquier estímulo, como ruidos, las expresiones faciales de otras personas o el roce de la ropa contra la piel. A medida que la fase maníaca avanza, los pensamientos de la persona afectada pueden llegar a ser confusos y hasta incoherentes. Cuando habla a otras personas puede que no la entiendan. Es probable que los demás intenten hacer que se concentre y le pidan que se calme. Y es probable que la persona afectada encuentre molestas estas respuestas y piense que los demás don tontos y poco interesantes. Durante las fases maníacas, algunas personas desarrollan alucinaciones (percepciones que no son reales) e ilusiones (creencias poco realistas o falsas). Los "delirios de grandeza" son especialmente comunes, como pensar que se posee un talento excepcional en un ámbito donde la persona no ha seguido una formación formal, creer que se tiene unan inteligencia excepcionalmente elevada, creer que se sabe lo que piensan los demás, creer que se tienen unos poderes especiales, o tenerse por un importante personaje público o incluso creerse Dios: Cuando estaba entrando en la fase maníaca me vino a la cabeza la idea de que tenía que dar una fiesta para todas las personas que conocía. A medida que iban pasando los días, creía que todos mis médicos -todos los que me habían tratado alguna vez- iban a venir. Poco después empecé a creer que vendrían Bruce Springsteen y Michael Jackson y oí la voz de Dios que me decía: "Ve a buscar a Dennis [su ex novio]; aún te quiere. Mujer de 19 años de edad con trastorno bipolar. Los parientes y amigos de las personas afectadas suelen reaccionar con temor a sus ilusiones, delirios y alucinaciones, a los que consideran signos claros de "locura. Los médicos se fijan especialmente en la presencia de estos síntomas y también buscan la presencia de señales menos espectaculares de un pensamiento distorsionado. Consideremos la siguiente conversación entre un psicólogo y un paciente de 20 años de edad que acababa de pasar la cresta de un episodio maníaco. El joven estaba sentado con un libro de derecho en la mano, sosteniendo que podía obtener el título de abogado sin asistir a la facultad de derecho y que demandaría a quienquiera que se lo impidiera: PSICÓLOGO: ¿Has tenido alguna experiencia o algún pensamiento fuera de lo normal durante esta semana? PACIENTE: Pues no, la verdad es que no. PSICÓLOGO: ¿Alguna sensación de que tienes poderes especiales o de ser una persona famosa? La semana pasada pensabas mucho en Dios y tenías... PACIENTE (interrumpiendo): ¡Pero eso fue la semana pasada! (risas). No, ya no me veo así; más bien me veo como un dios joven, como una especie de maestro (risas). Creo que tengo mucho que ofrecer a todos los demás. Este paciente aún sufría de delirio. Su manera de pensar solía causarle problemas con otras personas y, sobre todo, con sus padres, que estaban muy preocupados por su incapacidad de conservar un trabajo. Les sacaban de quicio sus creencias irracionales sobre él mismo y sus elaborados ardides para combatir el sistema educativo. En cambio, durante la depresión incluso es difícil concentrarse en una sola cosa. La persona experimenta la lentificación de sus funciones mentales como una dificultad para concentrarse o tomar decisiones simples. Los colores parecen apagados. Las alteraciones de la memoria son frecuentes y la persona puede tener dificultades para recordar números de teléfono que usa con frecuencia, acordarse de citas o seguir un programa de televisión. La cavilación, en la que la persona no deja de darle veltas a un suceso dado, suele acompañar a la depresión. Durante las fases depresivas, las cavilaciones suelen adoptar la forma de autorreproches. Por ejemplo, Margie no dejaba de darle vueltas a un pensamiento: "¿Se ha sentido insultado Paul [su jefe] porque no me he sentado a su lado en la reunión?". De modo similar, Cameron decía: "Cuando estaba en una fase maníaca le había preguntado en broma a un amigo si su mujer estaba "caliente" y, después, cuando caí en la depresión, no podía dejar de pensar en lo estúpido que había sido ese comentario". Las cavilaciones típicas de la depresión suelen incluir sentimientos de culpa, vergüenza, inutilidad, desesperación o desamparo. Pueden llegar a dominar la vida cotidiana de la persona. Cuando Patrice se deprimía, se encontraba "recitando como una mantra" frases como: "Soy una mierda...soy detestable...Soy una mala puta". David J. Miklowitz: "Trastorno Bipolar: Una guía práctica para familias y pacientes", Paidós, 2004, Barcelona. Pp. 44-47. >“La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.” Los renglones torcidos de Dios.

lunes, 16 de abril de 2012

¿Qué ven los demás cuando un afectado tiene Trastorno Bipolar?


"TENGO MIEDO DE MORIR AHORA PORQUE NO QUIERO DEJAR A MI
MUJER NI A MI HIJA".
"ADMIRO A LA GENTE QUE VIVE SIN PROBLEMAS, QUE MIRA EL MUNDO CON DESPREOCUPACIÓN. A DIFERENCIA DE ELLOS, YO SUFRO MÁS DE LA
CUENTA".
"NO QUIERO QUE MI HIJA CREZCA PARA QUE ALGÚN DÍA SEA MALTRATADA POR SUS COMPAÑEROS DEL COLEGIO...NO QUIERO QUE
LA GENTE LE DIGA EN LA CALLE QUE SUS PADRES ERAN UN DESASTRE".
" USANDO UN VESTIDO PUEDO DEMOSTRAR QUE PUEDO SER TAN FEMENINO COMO QUIERO. SOY UN HETEROSEXUAL...GRAN COSA. PERO SI FUERA
UN HOMOSEXUAL, TAMPOCO ME IMPORTARÍA."
"SI ODIAS A LAS MUJERES Y SI ODIAS A LOS HOMOSEXUALES, NO VENGAS A NUESTROS CONCIERTOS".
"ES MEJOR QUEMARSE QUE DISOLVERSE LENTAMENTE".
"LAS ESTRELLAS ESTÁN AHI, SOLO DEBES MIRARLAS".
"SOY UNA PERSONA DEMASIADO VERSATIL, SOMETIDA A CAMBIOS DE HUMOR Y CARENTE DE PASIÓN. "

Fotografía y citas de Kurt Cobain, líder de la Banda Nirvana. Él tenía un Trastorno Bipolar y antecedentes en la familia de problemas psicológicos. Les dejo con un tema traducido de Nirvana "Smells Like Teen Spirit": http://youtu.be/HZur19rBy6U


Carol, una joven de 20 años de edad, había tenido varios episodios de trastorno bipolar. Su hermana mayor describía así su conducta maníaca:

Se embarca en esos proyectos creativos que todos queremos apoyar, como decorar platos a mano o hacer esculturas de jabón que más tarde intenta vender. Pero luego parece llevar las cosas demasiado lejos. Intenta venderlas por Internet, empieza a desesperarse y se queda toda la noche colgada del ordenador... Al final se derrumba y todos sus proyectos se quedan en nada.

Los cambios rápidos de energía y de actividad que acompañan las subidas y bajadas del estado de ánimo suelen ser causa de conflictos familiares. Para los observadores, la conducta de la persona afectada durante las fases maníacas al principio puede parecer atractiva o alentadora, sobre todo si acaba de salir de una depresión. Pero pierde todo su atractivo cuando la persona alcanza un estado más y más maníaco y su conducta empieza a ser frenética y carente de sentido. Con todo, es frecuente que los observadores no sean conscientes de la sensación de determinación que la persona afectada puede estar experimentando. Sus familiares o amigos pueden sentirse enojados por su actitud agitada e "impulsiva" y por su aparente falta de interés por los demás. En los estados maníacos extremos, los familiares temen que la persona se acabe haciendo daño.
Por otro lado, durante las fases depresivas pueden sentirse frustrados por su inactividad y quizás intenten "levantarle la moral", aumentando así sus sentimientos de culpa e inutilidad.
Para un médico, el aumento de la actividad de la persona afectada es la señal más clara de un episodio hipomaníaco o maníaco, pero es probable que busque pruebas de que esta conducta se activa de forma sistemática en distintas situaciones. El simple hecho de que una persona se haya embarcado en más proyectos de los normales no es suficiente para determinar que se encuentra en una fase maníaca. Por lo tanto, el médico puede preguntar a la persona cuántas llamadas telefónicas ha hecho, cuántas horas ha trabajado, cuántas horas ha dormido, cuántas reuniones sociales ha organizado y cuánto deseo o actividad sexual ha tenido. También pueden formarse una opinión sobre el estado de la persona a partir del comportamiento durante la entrevista si puede sentarse quieta, si responde a las preguntas con rapidez o interrumpe mucho, si se retuerce las manos, si no para de tocar cosas, si no para de moverse. Del mismo modo, durante las fases depresivas, el médico buscará señales de "lentificación psicomotriz", (reducción de la velocidad de los movimientos) y expresiones faciales de confusión o aletargamiento.
Un aspecto esencial que debemos tener presente es que, para la persona afectada, los aumentos de energía y de actividad que acompañan a los episodios maníacos pueden sentarle muy bien y parecerle productivos y llenos de sentido. Pero para los demás, incluyendo el médico o el psicólogo, estos aumentos de energía y de actividad pueden parecer inútiles y poco realistas, o pueden indicar el desarrollo de una enfermedad. Estas percepciones diferentes pueden ser causa de conflictos entre la persona afectada y los demás, por lo que es importante que la persona esté abierta a las perspectivas de los demás mientras explica la suya.

David J. Miklowitz: "El Trastorno Bipolar. Una guía para familiares y pacientes", Paidós, 2004, Barcelona. Pp. 43-44.

domingo, 15 de abril de 2012

Cambios en los niveles de energía o de actividad

La belleza del mundo
tiene dos bordes
que dividen el corazón,
uno es la risa,
el otro la desesperación

Virginia Woolf





Si le pedimos a una persona afectada que nos describa sus síntomas, puede que no hable de las fluctuaciones de su estado de ánimo. En realidad, muchas personas a las que se les pregunta por su estado de ánimo responden describiendo su nivel de energía o de actividad. Son más conscientes de lo que hacen o dejan de hacer que de lo que sienten. Se fijan más en el espectacular aumento de energía que experimentan durante las fases maníacas o mixtas, o en la disminución de esta energía durante las fases depresivas.
Una manera de comprender estas fluctuaciones es concebir el trastorno bipolar como un desajuste de los impulsos y de los estados de ánimo. Los cambios en impulsos normales como los de comer, dormir, mantener relaciones sexuales, interaccionar con otras personas o tener éxito, forman parte del péndulo del trastorno bipolar. Los impulsos normales que guían nuestra conducta se intensifican en las fases maníacas y se reducen en las fases depresivas. Naturalmente, estos cambios pueden tener un fuerte impacto en la cotidiana y en la productividad de la persona afectada.

Me siento como si estuviera conectada a un motor. Todo se mueve demasiado despacio y yo quiero más y más velocidad. soy como uno de esos juguetes que les das cuerda y no paran de dar vueltas, volteretas o lo que sea... y pararse es como estar encerrada en una jaula.
Mujer de 38 años de edad con trastorno bipolar I.


Consideremos los aumentos del nivel de energía que acompañan a los episodios maníacos. Con bastante frecuencia, estos aumentos de actividad están acompañados de una conducta teñida de grandiosidad. Se trata de una conducta que la mayoría de las personas considerarían peligrosa, "desmesurada", poco realista y asociada a unas creencias exageradas (en ocasiones ilusorias) sobre las propias aptitudes o capacidades.

Entré en un restaurante de lo más elegante con mi madre y empecé a correr y a dar saltos por ahí. Luego vi todas aquellas lámparas de araña colgando del techo. Me creía que era una especie de Superman o algo así y, de un salto, me agarré a una araña y empecé a columpiarme.
Hombre de 21 años de edad con trastorno bipolar I.


La grandiosidad suele ir acompañada de sentimientos elevados o eufóricos, pero no siempre es así. La persona puede experimentar una excesiva confianza en sí misma y sentirse impaciente e irritable porque los demás parecen seguir con lentitud sus ideas o sus planes. La grandiosidad no solo es perjudicial porue está asociada a riesgos para la salud, sino también porque conduce a sentimientos de vergüenza que pueden agravar la depresión que sigue a un episodio maníaco. En el caso del joven antes citado, hubo que llamar a la policía y, después de una refriega, el joven acabó en el hospital. Aunque más adelante narraba este incidente con un punto de bravuconería, admitía sentirse muy avergonzado por su comportamiento en público.
Por cada ejemplo que hemos presentado en relación con las fases maníacas, el lector podrá imaginar un ejemplo equivalente para las fases depresivas. Durante una fase depresiva, la persona afectada puede actuar con una lentitud exagerada, como si se moviera "a través de un líquido espeso". La tarea más mundana parece exigir un esfuerzo tremendo. El apetito suele disminuir. Normalmente, lo último que desea una persona deprimida es sexo y el ejercicio aún tiene menos atractivo. La vida social parece un deber extremadamente pesado y desagradable que exige demasiada concentración y energía mental.
Cuando los impulsos se acentúan en los estados hipomaníacos y maníacos, se pueden alcanzar objetivos valiosos y encarrilar planes importantes para el desarrollo personal. Pero, por desgracia, la depresión que sigue a estos estados elevados puede hacer que estos planes parezcan difíciles o hasta imposibles de realizar. La incapacidad de llevar a cabo planes incubados durante una fase maníaca puede ser un motivo de desesperación cuando la persona se siente deprimida. Un joven de 19 años de edad que sufría un trastorno bipolar describía así el cambio de una fase maníaca a otra depresiva: "Me siento como un delfín. Doy un salto por los aires y luego grito: ¡Ya vuelvo a bajar. Después me sumerjo hasta llegar a lo más profundo y toda la brisa del océano y el sol se desvanecen al instante".
http://es.youtube.com/watch?v=oc7XozMbR9A

Estado de ánimo eufórico




El estado de ánimo eufórico, elevado y expansivo de los episodios maníacos es una experiencia excepcionalmente agradable para la persona que sufre el trastorno. Kay Jamison ha escrito mucho sobre las maravillosas sensaciones que suelen acompañar a los episodios maníacos y sobre el deseo de mantener estas sensaciones que suelen acompañar a episodios maníacos y sobre el deseo de mantener estas sensaciones, que puede hacer que la persona se resista a medicarse. Sin embargo, no todas las personas con trastorno bipolar experimentan euforia cuando su estado de ánimo se eleva. Por ejemplo, una paciente de 42 años de edad, describía su estado de ánimo durante los episodios maníacos como "la conciencia repentina de no estar deprimida".
El estado de ánimo eufórico o elevado que experimenta la persona afectada puede parecer extraño o ridículo a los demás y, aunque es muy probable que no lo compartan, tampoco les afectará tanto como les afecta la irritabilidad. Para los familiares, sobre todo si ya han sido testigos de uno o más episodios anteriores, el estado de ánimo eufórico es preocupante en la medida en que anuncia la aparición de un auténtico episodio maníaco.
Consideremos ahora cómo experimentan la depresión las personas afectadas. Algunas la decriben como una intensa sensación de tristeza, otras se sienten atontadas y aletargadas, otras se sienten distanciadas de los demás, otras pierden totalmente el interés en las cosas con las que normalmente disfrutan. Como expresaba un paciente de una manera muy gráfica: "Mis depresiones se me comen vivo. Me siento como si estuviera encerrado en una celda o un calabozo, separado de los demás. Solo hay desesperanzay no veo ningún futuro".
En cambio, un familiar o un amigo pueden pensar que es la misma persona quien se provoca la depresión. Al principio, las personas más cercanas pueden mostrarse comprensivas, pero suelen acabar irritadas y enojadas pensando que la persona no se esfuerza lo suficiente y que podría salir adelante "si se lo propusiera".
Y, ¿qué es lo que busca el médico? Para determinar si el diagnóstico es correcto (cuando se diagnostica a una persona por primera vez) o si el individuo afectado experimenta una recidiva (en el caso de que ya se le haya diagnosticado antes de trastorno bipolar), el médico examinará si el estado de ánimo de la persona afectada, en función de su grado o intensidad, es diferente del estado de ánimo de una persona "normal". Dicho de otro modo, el médico se hará preguntas como estas: el estado de ánimo de la persona examinada -euforia, irritabilidad o depresión- ¿dura varios días seguidos? Los cambios del estado de ánimo, ¿le causan problemas en su vida social, laboral y/o familiar?

Preguntas que puede plantear un médico para distinguir los ciclos del estado de ánimo propios del trastorno bipolar de los cambios de humor normales.

- Los cambios del estado de ánimo de la persona, ¿son causa de problemas en su vida social o familiar?
- Estos cambios del estado de ánimo, ¿influyen negativamente en la productividad laboral de la persona durante períodos superiores a unos cuantos días?
- Los estados de ánimo de la persona, ¿duran varios días seguidos, prácticamente sin cambiar, o experimentan un cambio cuando sucede algo bueno?
- Cuando el estado de ánimo de la persona cambia, ¿se dan cuenta otras personas y hacen comentarios al respecto?
- Los cambios del estado de ánimo, ¿están acompañados de cambios perceptibles en el pensamiento, la percepción, el sueño, y/o los niveles de energía o de actividad?
- Los cambios del estado de ánimo, ¿se llegan a descontrolar hasta el punto de que sea necesario llamar a la policía o ingresar a la persona en el hospital?

Si la respuesta a la mayoría de las preguntas es sí, es probable que las oscilaciones del estado de ánimo de la persona vayan más allá de lo que se considera "normal".

sábado, 14 de abril de 2012

Aspectos básicos del Trastorno Bipolar


Fotografía de Oscar Wilde:
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.



Su principal característica es la oscilación extrema del estado de ánimo, desde la elevación de los estados maníacos hasta las depresiones más profundas. Se considera un trastorno del estado de ánimo porque influye profundamente en la experiencia que tiene la persona de la emoción y el "afecto" (su manera de transmitir emociones a lo demás). Se llama trastorno bipolar porque los los cambios del estado de ánimo se dan entre dos polos, elevado y bajo, en contraste con el trastorno unipolar, donde los cambios del estado de ánimo solo se dan hacia un único polo: bajo.
En el estado elevado o "maníaco", las personas afectadas experimentan distintas combinaciones de lo siguiente: euforia exagerada (estado de ánimo excesivamente alegre o expansivo), gran irritabilidad (estado de ánimo excesivamente iracundo y susceptible), disminución de la necesidad de dormir, grandiosidad, aumento de la verbosidad (verborrea), pensamiento acelerado o fuga de ideas, aumento de los niveles de actividad y de energía, cambios de pensamiento, atención y percepción, y conducta impulsiva y temeraria. Estos episodios se alternan con intervalos donde la persona está deprimida, triste, melancólica o "con el ánimo por los suelos", pierde el interés por las cosas con las que normalmente,: disfruta, no tiene apetito y pierde peso, se siente fatigada, le cuesta dormir, tiene una profunda sensación de culpa, de inutilidad, le cuesta concentrarse o tomar decisiones y piensa con frecuenca en el suicidio.
Los episodios maníacos o depresivos pueden durar desde unos días a varios meses. Muchas personas afectadas (cerca del 40% según los cálculos) no experimentan episodios depresivos y maníacos de manera alterna, sino de forma simultánea: se trata de los llamados "episodios mixtos".
Los episodios del TB no se desarrollan de la noche a la mañana y la gravedad de los estados maníacos o depresivos varía mucho de un inviduo a otro. En muchas personas, el estado maníaco se desarrolla por fases. Gabrielle Carlson y Frederick Goodwin(1973) observaron que, en las primeras fases de un episodio maníaco, las personas se sienten "marchosas" o "energizadas" y su pensamiento se acelera con muchísimas ideas. Su necesidad de dormir empieza a disminuir progresivamente y se sienten aturdidas o ligeramente irritables (estado "hipomaníaco"). Más adelante entran de lleno en un estado maníaco marcado por la euforia, conductas impulsivas como gastos de dinero "a lo loco" y períodos frenéticos de intensa actividad. En las ilusiones (creencias irracionales), alucinaciones (oír voces o ver cosas) y una ansiedad extrema. No todas las personas afectadas de trastorno experimentan estas fases y muchas reciben tratamiento antes de llegar a la fase más avanzada.
Las personas afectadas también se van hundiendo gradualmente en la depresión aunque las fases son menos claras. En algunos casos se manifiestan depresiones muy graves (o "mayores"), de repente, cuando la persona se siente bien. En otros se manifiestan tras una serie de depresiones más leves llamadas "distimias".7
En algunas personas, los intervalos entre los episodios maníacos y depresivos pueden estar libres de síntomas. Otras personas "arrastran" algunos síntomas de los episodios como alteraciones del sueño, irritabilidad o algún síntoma distímico hipomaníaco. La mayoría de las personas afectadas experimentan problemas en su vida social y laboral a causa de la enfermedad.
Entre el 0,8% y el 1,6% de la población general sufre un "trastorno bipolar I", marcado por oscilaciones o ciclos entre fases depresivas y maníacas extremas. Cerca del 0,5% (una de cada doscientas personas) sufre un "trastorno bipolar II", donde la persona afectada oscila entre episodios depresivos graves y los llamados episodios hipomaníacos, una forma más leve de estado de ánimo. Se han identificado casos de aparición de trastorno bipolar en niños y en ancianos, aunque la edad típica de la primera aparición está entre los 15 y los 19 años de edad (Goodwin y Jamison, 1990). En general el trastorno bipolar se trata con una gama de fármacos en combinación con psicoterapia:

Estabilizadores del estado de ánimo (p.ej.: carbonato de litio);
Antidepresivos
Antipsicóticos y/o
Ansiolíticos

David J. Miklowitz: "Trastorno Bipolar. Una guía para pacientes y familiares". Paidós, 2004, Barcelona. Pp. 34-36

Perspectivas tras el diagnóstico de Trastorno Bipolar

La vida es un sueño, el despertar es lo que nos mata. Virginia Woolf.

http://www.youtube.com/watch?v=JZkERB6dU_Y Un tema interesante de Pink Floyd.



Anque el Trastorno Bipolar es muy difícil de diagnosticar, las descripciones de "manual" que de él se dan no lo presentan como si fuera tan difícil. Después de todo, ¿qué puede ser más evidente que pasar de una conducta extremadamente maníaca, donde uno se siente en la cima del mundo y rebosante de energía, a sentirse deprimido, retraído y con impulsos suicidas?
Consideremos un dato sorprendente: por término medio suelen pasar ocho años entre el primer episodio depresivo o maníaco y la primera vez que el trastorno se diagnostica y se trata. ¿Cómo es posible que pase tanto tiempo hasta que una persona que sufre el trastorno llame la atención de algún profesional de la salud mental? En parte, la respuesta es que las conductas que resumimos con la expresión trastorno bipolar pueden tener un aspecto muy diferente en función de la perspectiva adoptada. Y aunque distintos observadores puedan estar de acuerdo sobre la medida en que la conducta de una persona afectada se desvía de la normalidad, pueden abrigar creencias muy diferentes sobre las causas de ello.
Un caso de David J. Miklowitz:

Lauren, una mujer de 28 años de edad y madre de tres hijos, se describía a sí misma como una "adicta al ejercicio". Así había sido un día típico durante las últimas tres semanas: después de dejar a los niños en la escuela, iba a toda prisa al gimnasio, donde se pasaba hasta dos horas en la bicicleta estática: por la tarde, después de tomarse un yogur, salía a dar una caminata de varias horas; luego iba a buscar a sus hijos a la escuela y, después de prepararles la cena, hacía ejercicio en casa hasta la noche. Lauren no decidió visitar al psiquiatra hasta que, a finales de la segunda semana, sintiéndose totalmente agotada e incapaz de hacer nada, dejó a los niños con los abuelos y se pasó varios días en la cama. Admitió haber pasado varios ciclos como éste.


Veamos ahora cómo describen esta conducta la misma Lauren, su madre y su médico. Para Lauren, sus problemas son el resultado de sus excesivas obligaciones. "Es muy difícil cuidar de tres hijos, llevar una casa y procurar estar en forma -sostiene-. Mi marido me ayuda muy poco y tampoco tengo muchos amigos que me puedan echar una mano. A veces me ejijo demasiado, pero siempre me recupero." Su madre cree que Lauren es "irresponsable y egoísta", que "prefiere hacer ejercicio a cuidar de sus hijos" y duda de que los niños tengan la guía y la seguridad que necesitan. Por su parte, el médico ha diagnosticado un trastorno bipolar II.
¿Quién tiene razón? Lauren cree que su conducta está en función de su entorno. Para su madre, esa misma conducta se debe a las características de la personalidad. Su psiquiatra cree que sufre un trastorno del estado de ánimo de origen biológico. Estas perspectivas diferentes plantean un problema a Lauren porque conducen a soluciones muy diferentes para su situación. Lauren cree que los demás deberían prestarle más ayuda. Su madre cree que debería ser más responsable. Y su médico cree que necesita medicarse para estabilizarse.
Prácticamente todos los pacientes con los que se trabaja describen su conducta de una manera distinta a como la describen sus familiares y médicos.
En general, los psiquiatras y los psicólogos conciben el trastorno bipolar como un conjunto de síntomas que deben estar presentes en grupos (es decir, más de uno a la vez) y durante un período de tiempo dado, normalmente en forma de "episodios" que tienen una fase de inicio, otra donde los síntomas alcanzan su auge y una posterior de recuperación. El método tradicional de diagnóstico psiquiátrico sigue esta línea de razonamiento. En cambio, las personas que sufren la enfermedad suelen concebir el trastorno bipolar como una serie de experiencias vitales donde los verdaderos síntomas tiene una importancia secundaria en relación con los factores que los han provocado. Por su parte, los familiares y otros allegados suelen tener una concepción totalmente diferente que destaca la personalida del paciente o sitúa su conducta anormal en una pespectiva histórica (p.ej.: "Siempre he tenido muchos cambios de humor"). Aunque estos tres puntos de vista son muy diferentes, todos tienen una cierta validez.
Por tanto, las perspectivas para intentar comprender los cambios del estado de ánimo propios del trastorno bipolar y la influencia de estas perspectivas en las creencias y los sentimientos relacionados con los tratamientos a seguir. Estas perspectivas incluyen el punto de vista personal de los pacientes que sufren el trastorno; el punto de vista de los observadores, que normalmente son los padres o la pareja, los amigos más íntimos; y el punto de vista del médico. Las preguntas que debemos tener presentes son:

¿Cómo experimenta la persona afectada los cambios de su estado de ánimo?
¿Los experimenta de la misma manera que otras personas con trastorno bipolar?
¿Cómo interpreta la persona afectada su propia conducta?
¿En qué difiere la interpretación de la persona afectada de la percepción que los demás tienen de ella?
¿En qué difiere la idea que tiene de sí misma la persona afectada de la idea, que tiene su médico?
¿Qué problemas surgen de estas diferencias de percepción?

Independientemente de que la persona afectada sufra su primer episodio o ya haya pasado por muchos, comprender estas distintas perspectivas le será muy útil porque podrá ver con un poco más de claridad en qué pueden diferir sus experiencias de las experiencias de la gente que no sufre un TB. También podrá comprender por qué sus familiares, amigos o compañeros de trabajo creen que necesita seguir un tratamiento aunque la persona no esté de acuerdo.

Inspirado en el texto de David J, Miklowitz: "El Trastorno Bipolar. Una guía práctica para familias y pacientes".


http://youtu.be/YAyjDHbsmRg Un tema de Amaral.

Primeras reacciones ante el Trastorno Bipolar

"La Noche Estrellada", por Vincent Van Gogh.

Dime la exactitud del mundo,
qué camino tomar,
qué hambre inicia la tormenta ,
la escuálida razón de existir
y la soleada pregunta que no conozco,

dime la mesura concreta ,
dime la piel y la situación para huir,
dónde se duermen los sueños ,
y dónde se confunde el fin y el origen

dime para qué
dime acaso si será o no será jamás

dime quién soy
dime quién soy
¿Quién soy?

"Princesa Inca". Cristina Martín.



Muchas personas que sufren un trastorno bipolar se sienten abrumadas por sentimientos de culpa porque creen que su trastorno se debe únicamente a factores psicológicos o incluso a una simple debilidad de carácter. La persona enferma puede evitar esa sensación de culpa si se sabe que el TB está asociado a unos desequilibrios bioquímicos de los neurotransmisores cerebrales que provocan los cambios tan espectaculares del estado de ánimo. Sus experiencias habrían tenido más sentido en el contexto de árbol genealógico.
Conocer las causas biológicas de este trastorno también ayuda a aclarar por qué la constancia en el seguimiento de los tratamientos es esencial para mantener un buen estado de ánimo. La persona sabe que debe seguir una medicación pero, en ocasiones, no sabe por qué. Hoy en día hay muchos fármacos disponibles, en diversas dosis y combinaciones. Los médicos y los psicólogos deben estar constantemente al día en relación con los tratamientos que deben recomendar a sus pacientes porque las directrices aceptadas para el tratamiento de este trastorno cambian con gran rapidez. Y los pacientes podrán afrontar este trastorno con más eficacia si pueden hablar abiertamente con su médico y su psicólogo de los fármacos más eficaces en su caso, de sus efectos secundarios y de las sensaciones contradictorias que les produce el hecho de tomarlos.

Estrategias de Autocontrol:

Más allá de medicarse y de visitar al psiquiatra y al psicólogo, hay buenas y malas maneras de afrontar este trastorno. El autocontrol supone que la persona aprenda a reconocer los disparadores de sus episodios y lhaga los cambios y ajustes necesarios en su vida. El objetivo es aumentar la estabilidad del estado de ánimo.
Del mismo modo, llevar un registro diario del estado de ánimo ofrece una estructura para seguir los cambios emocionales y determinar la relación entre estos cambios y las fluctuaciones del sueño, la constancia en tomar la medicación y los sucesos que provocan estrés. Hay que recordar que el empeoramiento del estado de ánimo puede ser precipitado por problemas físicos y por estrés. Además de reconocer estos sucesos como disparadores, se puede desarrollar una lista de señales de advertencia que indique el posible inicio de un nuevo episodio maníaco. Por ejemplo, la irritabilidad y un súbito interés por crear algún negocio. Cuando una persona empieza a sentirse deprimida, ciertas estrategias conductuales pueden impedir que la persona se hunda aún más, incluyendo los ejercicios de activación conductual y las técnias de reestructuración cognitiva. La persona se puede sentir más segura si sabe que sus pensamientos e impulsos suicidas -un componente común del trastorno bipolar- se pueden combatir mediante la psicoterapia, la medicación y la aplicación de estrategias de prevención basadas en el apoyo de familiares y amigos íntimos.
El paciente puede tener problemas a la hora de volver al trabajo, adaptarse a su familia y a su comunidad después de una hospitalización. Las personas que desarrollan otras enfermedades crónicas como diabetes, afecciones cardíacas, esclerosis múltiple o hipertensión, también tienen problemas para relacionarse con su pareja, sus hijos, otros familiares, sus amigos y sus compañeros de trabajo. Cuando una persona vuelve a su mundo cotidiano después de un episodio de trastorno bipolar, ni los familiares más benévolos saben cómo interpretar sus cambios de conducta (por ejemplo, la irritabilidad o la falta de motivación). Con frecuencia piensan erróneamente que actúa de esta manera a propósito y que podría controlar su conducta si se esforzara un poco más. La consecuencia de ello es que se vuelven muy críticos y severos. También pueden pensar equivocadamente que la persona no puede cuidar de sí misma y tratan de hacer por ella cosas que en realidad puede hacer sin ninguna dificultad. Pueden intentar controlar su tiempo, dirigir sus pasos en el campo profesional, telefonear a sus médicos para darles información sobre ella o estar en constante alerta para darles información sobre el afectado o estar en constante alerta ante los cambios más insignificantes de su estado emocional.
En el trabajo, las personas afectadas pueden encontrar que al principio sus superiores se muestran comprensivos, pero que pronto empiezan a impacientarse, por ejemplo por una reducción de jornada. Los compañeros de trabajo pueden mostrarse cautos, recelosos o hasta asustados. Además, las personas afectadas pueden tener dificultades para concentrarse en el trabajo como antes de caer enfermas. Todas estas dificultades forman parte del período de convalecencia que sigue a un episodio. Lo más probable es que los problemas de concentración disminuyan a medida que el estado de ánimo se vaya estabilizando. Pero puede ser terrible sentirse incapaz de rendir al nivel que uno sabe que es capaz de alcanzar.
Como probablemente sabrá cualquier persona afectada, el trastorno bipolar conlleva un estigma social que no está asociado a una enfermedad normal. Aunque es evidente que el trastorno bipolar es una afección del cerebro y que sus bases genéticas y biológicas están bien documentadas, se sigue considerando una "enfermedad mental". Muchas personas aún creen que está relacionada con las opciones personales o los principios morales. La consecuencia es que la persona afectada puede ver que los demás se distancian de ella cuando saben que sufre este trastorno.
Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas para informar o "educar" a familiares, amigos y compañeros de trabajo sobre la naturaleza de esta enfermedad. Sin duda, la persona afectada verá que la gente responde a su trastorno de maneras que le producirían incomodidad, pero sus reacciones, por lo menos en parte, en función de la manera de presentarles el trastorno. Uno de los objetivos es destacar el papel de la familia y de otros individuos del entorno social de las personas afectadas para ayudarles a rebajar la intensidad de las oscilaciones o ciclos del TB. La idea de la "Psicoeducación" es que el paciente y los allegados entiendan y sepan detectar los "pródromos", es decir, las señales que indican una descompensación, y que puedan poner medidas. Estas estrategias concretas para establecer una comunicación eficaz con la familia y para que los desacuerdos en torno al trastorno no provoquen una escalada de discusiones improductivas generadoras de tensión.
Un paciente puede decir: "He aprendido a aceptar que tengo un desajuste bioquímico, pero yo soy algo más que eso. Si pudiera modificar una sola cosa relacionada con esto, cambiaría el estado de ánimo de la gente que me rodea y la influencia que ejerce en mí, aunque sea más un problema suyo que mío".
Lo fundamental es la Esperanza. Muchas personas afectadas, tanto si les acaban de diagnosticar un trastorno bipolar como si ya han sufrido muchos episodios, contemplan el futuro con temor. El hecho de que una persona reciba este diagnóstico no significa que deba renunciar a aceptar el trastorno y aprender técnicas para afrontarlo con el fin de llevar una vida plena y satisfactoria. Hay que puntualizar algo importante, el TB no es un problema solo biológico o ambiental, tiene componentes de ambas cuestiones. Por ello, con tratamiento farmacológico, psicoterapia y estrategias de afrontamiento, la persona puede disfrutar de la vida e incluso salir fortalecida con respecto a la situación previa. Un ejemplo español es el de "La Princesa Inca" (Cristina Martín), su "apodo" viene de un delirio que tuvo en una fase maníaca. Se trata de una mujer que expone sus pensamientos y sentimientos en una cadena de radio muy popular y ha sido capaz de escribir y publicar un libro de poesías con el prólogo de Gemma Nierga. Esta persona pertenece a un grupo llamado Radio Nikosia, del que soy uno de los que les apoya en su línea de lucha y salida del estigma social.
La perspectiva de seguir un tratamiento a largo plazo, con una combinación de fármacos, plantea a los afectados muchos retos de carácter emocional y práctico. Es importante concienzarse porque es típica la siguiente frase: "No tengo por qué medicarme si me encuentro bien".

Los Árboles ("Princesa Inca") Cristina Martín:

Hablábamos a los árboles,hicimos el amor a los árboles,besábamos a los árboles.Una ambulancia vino a buscarnos, nos ataron.Ellos siguieron hablando a sus dioses,de rodillas en las iglesias,masturbándose ante una tele.Nosotros seguimos atados y pinchados con Haloperidol mientras leían y creían sus cartas astrales por internet...Pero sí, los locos,los paranoides éramos nosotros...Porque hablábamos a los árboles y porque les hacíamos el amor.Ellos eran los cuerdos

viernes, 13 de abril de 2012

La Experiencia de la Bipolaridad




El trastorno bipolar es una alteración del estado de ánimo que afecta por lo menos a un individuo de cada setenta. Las personas afectadas corren el riesgo de sufrir problemas de carácter familiar, social y laboral, pero también pueden sufrir problemas físicos, abusar del alcohol u otras sustancias, e incluso llegar al suicidio. Pero, por suerte, también hay muchos motivos para la esperanza. La medicación y la psicoterapia, junto con el uso de ciertas técnicas por parte de la persona, permiten controlar los "episodios" o cambios del estado de ánimo -desde las alturas de los estados maníacos hasta las profundidades de los estados depresivos- que caracterizan este trastorno. También permiten impedir la aparición de futuros episodios, rebajar el impacto de los factores que actúan como "disparadores" de esos episodios y afrontar el trastorno con la eficacia necesaria para poder disfrutar de una buena calidad de vida.
El objetivo de este libro es ayudar a las personas diagnosticadas con trastorno bipolar, que crean sufrir este trastorno o que estén preocupadas por alguien que lo sufra, a comprenderlo y controlarlo con enficacia.
Un caso: Martha tuvo un episodio maníaco, se fue a un casino a 150 kilómetros de su casa y se acostó con un señor que conoció allí, cuando su marido le fue a buscar no estaba. Cuando el marido regrésó a casa, ella estaba desaliñada y muy irritable. Fueron al hospital y le diagnosticaron de trastorno bipolar. El médico le recomendo un estabilizador del estado del ánimo (litio) y un fármaco antipsicótico (haldol). Tras unos pocos días se pudo ver que Martha respondía muy bien al tratamiento. Pero cuando el médico le comentó su intención de darle el alta, Martha le planteó una serie de preguntas que expresaban su inquietud por todo lo que había desencadenado aquel suceso. ¿Por qué le habían dado aquella "sentencia de muerte" (el diagnóstico)? ¿Por qué la "drogaban" y se la "sacaban de encima" con tanta rapidez? ¿Por qué se le decía que sufría un episodio maníaco si ella creía que la mayor parte de lo que había hecho se podía atribuir a su personalidad o a su estilo personal? "Siempre he tenido mucha confianza en mí misma", decía quejándose a su médico, a su marido y prácticamente a cualquier persona que veía. "¿Desde cuándo todo lo que hago se debe a una enfermedad mental?" Su médico se mostraba muy comprensivo, pero Martha creía que la información que le daba no era suficiente. Presionado por la necesidad de dar de alta a los pacientes del hospital con la mayor rapidez posible, el médico la dejó con un régimen de medicación pero con muy poco conocimiento de lo que le había pasado o de lo que podía esperar al volver a casa.

Si estuviéramos en la posición de Martha, lo más probable es que encontráramos la experiencia en el hospital tan confusa y tan frustrante como la sintió ella. Según mi experiencia, las personas suelen estar muy necesitados de información acerca del trastorno, sobre todo durante un episodio maníaco o depresivo o justo después del mismo. Naturalmente, las personas que padecen el trastorno tienen menos dificultades para asimilar esta información cuando sus peores síntomas ya han pasado. Pero incluso durante la hospitalización de Martha, a ella y a su marido les hubiera beneficiado mucho recibir alguna información básica, por ejemplo, sobre cómo sabían los médicos que padecía este trastorno, cómo experimenta los síntomas la persona afectada y cómo evoluciona la enfermedad con el tiempo. Les hubiera sido útil saber qué debían esperar después de que Martha recibiera el alta del hospital, incluyendo los riesgos de sufrir nuevos episodios. Sin esta información, era difícil que Martha pudiera situar sus experiencias en el contexto adecuado. La consecuencia de ello es que empezó a dudar del diagnóstico y, por extensión, de la conveniencia de seguir el tratamiento prescrito.
Uno de los supuestos básicos de este libro es que la comprensión de este trastorno ayuda a las personas que lo padecen a aceptarlo y a convivir con él. Algunas preguntas importantes que con frecuencia se quedan sin respuesta porque los profesionales de la salud mental no tienen tiempo para responder a ellas, son las siguientes:

¿Cuáles son los síntomas del TB?
¿Quién es la persona aparte de su trastorno?
¿De dónde procede esta enfermedad?
¿Cómo puede saber alguien que está empezando a padecer este trastorno?
¿Qué activa los ciclos o cambios del estado de ánimo?
¿Qué se puede hacer para minimizar las probabilidades de experimentar recaídas o "recidivas"?
¿Cómo explicar esta enfermedad a otras personas?
¿Qué futuro le espera a la persona afectada?

Poder situar esta enfermedad en un contexto informativo ayuda a la persona afectada a evitar, o por lo menos minimizar, los perjuicios asociados a futuras recidivas y a establecer unos objetivos adecuados para el futuro inmediato y a largo plazo.

Inspirado en el texto de David J. Miklowitz: "El Trastorno Bipolar: Una Guía Práctica para Familias y Pacientes". Paidós, 2004, Barcelona.

Del cielo al infierno.

Muchos libros se han escrito acerca de que el trastorno bipolar en vez de una enfermedad podría ser un “don”, dado el alto porcentaje de genios de la humanidad (y, en general, personas exitosas en sus ámbitos); o al menos una “diferencia” cognitiva útil desde un punto de vista evolutivo. Según un estudio de uno de los máximos especialistas a nivel mundial en este trastorno, Hagop Akiskal, mientras los bipolares en la población general no pasan del 4% o 6%, entre escritores llega al 50% y entre los artistas supera el 60%.

Sin embargo, Strejilevich insiste en que es una enfermedad. “En todo caso, podría tratarse de un don útil en términos sociales y no individuales, ya que no resulta ciertamente fácil vivir con semejante trastorno”, agregó. Y puso como ejemplos los casos de Vincent van Gogh y de Virginia Woolf, dos conocidos bipolares.

“Van Gogh creó obras que hoy todos admiramos pero ni él ni su familia pudieron disfrutar de ese éxito, y Virginia Woolf sufrió tremendamente y tuvo varios intentos de suicido antes del definitivo; sólo escribió en los intervalos de lucidez”, precisó.

Por su parte, Cóppola agregó que “cuando están arriba son extremadamente lúcidos y muy ocurrentes... si se quedan dentro de la realidad puede irles muy bien. La cuestión es que en los episodios de euforia puede aparecer también la psicosis y ahí la relación con la realidad es igual a cero. La genialidad se pierde, se hacen malos negocios y aparece el despilfarro de dinero, una de las causas de inhabilitación judicial”, remarcó.

Qué tomar. Uno de los grandes vuelcos que tuvo el tratamiento para el trastorno bipolar se dio cuando el médico australiano John Cade descubrió la acción de las sales de litio, hacia fines de la década de 1940. “Cerca del 70% de las personas afectadas por trastornos bipolares puede esperar una recuperación plena y el tratamiento con litio ha demostrado disminuir también la tasa de suicidio”, opinó Strejilevich.

Cóppola –uno de los organizadores de la Semana del Paciente Bipolar– mencionó también que se pueden usar antirrecurrenciales, justamente para evitar los puntos álgidos de los ciclos. Pero Strejilevich disiente fuertemente: “El litio es el gold standard del tratamiento y salva muchas vidas cada año, las otras medicaciones son tan nuevas que no se tiene el suficiente conocimiento como para avalarlas de este modo.”
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=44035