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Paz y Ciencia
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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Aprender Disfrutando

 
 
 
UNA NOTICIA PARA APRENDER
 
Un día en un periódico apareció una noticia muy curiosa y significativa.
Un buen día una institución, tal vez, asociación, había organizado una jornada de encuentro, diversión y deporte para los muchachos y muchachas con síndrome de Down.
Había muchas actividades, desde pintar, juegos de equipo, talleres de distintos tipos, en definitiva, un ambiente divertido para jugar y crear.
Una de las actividades propuestas era hacer una carrera. Antes de comenzar la carrera se explicó que se daría la salida después del clásico preparados, listos... Bien, se explicó que lo importante no era quien llegara primero a la meta sino que lo valioso es participar. Había chicos y chicas, de distintas edades.
"Preparados, listos...Puuum" (Sonó la pistola). Los niños y niñas comenzaron a correr. Dos muchachos empezaron a destacar en la parte de delante. Al poco tiempo se escuchó un grito, una niña rezagada se había caído y hecho pupa en la rodilla. Estaba asustada y desconsolada. Tenía una herida en la rodilla. El niño que iba delante suyo se dio cuenta, se acercó y le besó la rodilla y le abrazó. Después, con el balbuceo de la niña, poco a poco, los demás corredores y corredoras se dieron cuenta y regresaron sobre sus pasos para ayudar y consolar a la niña. Cuando se había hecho una piña en torno a la pequeña, le subieron entre todos y caminaron, pausada y calmadamente, sosteniendo en brazos a la niña. Llegaron todos juntos, a la vez, a la meta.
 
Rodrigo Córdoba Sanz. www.rcordobasanz.es @PSICOLETRA 
 
 
HOMBRE QUE BEBE SOLO

Los centinelas vigilan, los revolucionarios conspiran, las calles están vacías. La ciudad se ha dormido al ritmo monocorde de la lluvia; las aguas de la bahía, viscosas de petróleo, lamen, lentas, los muelles. Un marinero tropieza, discute con un farol, erra el golpe. Al pie del cerro, arde como siempre la llama de la refinería. El marinero cae de bruces sobre un charco. Esta es la hora de los náufragos de la ciudad y de los amantes que se tienen ganas.
La lluvia arrecia. Llueve desde lejos; la lluvia se abate contra las ventanas del café griego y hace vibrar los vidrios. La única lámpara, amarilla, luz enferma, oscila desde el techo. En la mesa del rincón, no hay ninguna muchacha tomándose un cortado ni fabricando un barquito con el papel de azúcar para que el barquito navegue en el vaso de agua y naufrague. Hay un hombre que mira llover, en la mesa del rincón, y ninguna otra boca fuma de su cigarrillo. El hombre escucha voces que caen desde lejos y dicen que juntos somos poderosos como dioses, y dicen: así que no valía la pena, todo ese dolor inútil, esta basura. El hombre las escucha, esta mentira, estatua de hielo, como si no llegaran desde lo hondo de la memoria de nadie y fueran capaces de sobrevivirlo y quedarse flotando en el aire, en el aire que huele a perro mojado, diciendo: Me gusta gustarte, hermosa mía, mi lindísima, cuerpo que yo completo, me rozás con las puntas de los dedos y me sale humo, nunca me pasó, nunca me pasará, y diciendo: Ojalá te enfermes, que todo te salga mal, que no puedas seguir viviendo. Y también,gracias, es una suerte que existas, que hayas nacido, estés viva, y también: maldigo el día en que te conocí.
Como ocurrre siempre que las voces llegan, el hombre siente una acosadora necesidad de fumar. Cada cigarrillo enciende el siguiente mientras las voces van cayendo, trepidantes, y si no fuera por el vidrio de la ventana es seguro que la lluvia le lastimaría la cara.

Eduardo Galeano (Vagamundo y otros relatos). En el libro "Amares".




Autobiografía de un espantapájaros, recibió el prestigioso Premio Renaudot al mejor libro de ensayo publicado en Francia en 2008. Boris Cyrulnik. El fragmento es para pensar.
 
“Un espantapájaros, un espectro, se esfuerza por no pensar porque es demasiado doloroso construir un mundo íntimo plagado de representaciones atroces. Cuando uno tiene un trozo de madera en lugar de corazón y paja bajo el sombrero, sufre menos. Pero basta que ese espantapájaros encuentre a un hombre vivo que le insufle un alma para que el dolor de vivir vuelva a tentarlo.”
 
 
 
 

http://youtu.be/UJCIbgi1M5k Queen -Made in Heaven-
http://youtu.be/J28mIOGOshM Antonio Vega -Chica de Ayer-
http://youtu.be/iwy309kLRyc Antonio Vega -Una décima de segundo-

La cercanía de la muerte y las experiencias duras pueden servir para crecer. Una persona sabia es aquella que se beneficia de la experiencia, que aprende de los errores, del sufrimiento atravesado. Eso es la "sophia". La "phronesis" es la mera acumulación de conocimientos. Así pues, la erudición, está genial pero difícilmente ayuda a crecer, cambiar, mejorar, si no se "mira el miedo a los ojos". Es por ello, por lo que estamos los psicólogos. Para que las personas más o menos "sanas", más o menos "enfermas" puedan tomar contacto con sus sentimientos y encontrar una gramática de la fantasía. Rodrigo Córdoba Sanz.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Boris Cyrulnik

"Desde la guerra, ya no veo las cosas como antes [...] Después del tsunami estoy más atento a los otros [...] Me volví creyente [...]"
Para poder establecer algunos criterios de resiliencia y predecir la aparición de perturbaciones o, por el contrario, el nacimiento de un nuevo estilo de existencia, debemos conjugar precisamente estos tres parámetros: el desarrollo del sujeto y su historia pretraumática, la estructura del trauma y la organización del apoyo postraumático.
Cuando se pone en marcha una trayectoria resiliente, hasta los silencios son reveladores de la estructura del discurso social. Suele ocurrir que la huida hacia la acción sea, para el herido, un modo de no tener que hablar y, para quienes lo rodean, una forma de hacerle callar: "Vamos, todo eso ya pasó; hay que mirar hacia delante". También puede suceder que la cultura se las arregle para evocar algunos temas soportables a fin de eclipsar los más incómodos. Después de Hiroshima y Nagasaki (1945), los discursos se apoyaban en los estudios psíquicos y médicos que correspondían a los valores de la época. A nadie se le ocurría estudiar los efectos psíquicos de una atomización de la materia. Sólo después del terremoto de Kobe (1995), que dejó seis mil muertos y trescientas mil personal sin hogar, gracias al cambio experimentado por la cultura japonesa, los socorristas se atrevieron a considerar las perturabaciones psicológicas. Lo que en 1945 era inconcebible, en 1995 se consideró seriamente, porque la cultura japonesa se había occidentalizado y la noción de perturbación traumática flotaba en los relatos culturales. Los investigadores que analizaban el sufrimiento de Kobe se hicieron la siguiente pregunta: "Pero entonces, ¿qué perturbaciones psíquicas habrá dejado Hiroshima?"
Cincuenta años después, los escasos supervivientes de la desintegración atómica pudieron finalmente encarar lo impensable. Confesaron la vergüenza que sentían de no pertenecer ya a la especie humana. Su supervivencia hasta les parecía monstruosa en un mundo donde la muerte era la norma...
...La negligencia afectiva de una familia alterada, la negligencia institucional que no prevé la ayuda médica, psicológica o financiera, o la negligencia cultural de una sociedad que deja de lado sus lisiados porque ya no tienen valor, todas esas maneras de distanciarse paralizan el proceso de emprender una trayectoria resiliente y encierran a una parte de la población en una especie de campo de refugiados psíquicos que ya no podrán participar en la aventura social.

Boris Cyrulnik: Autobiografía de un espantapájaros

jueves, 2 de septiembre de 2010

Autobiografía de un espantapájaros, un relato.

...Akayesu, por su parte, se vio obligado a guardar silencio por las circunstancias en las que discurrió el genocidio. Una vez restablecidos los lugares nominales, el niño no pudo expresarse en ellos. La escena de horror había instaurado en su memoria una representación aterradora imposible de negociar. Su padre era hutu y su madre tutsi. Cuando empezó el genocidio, una tía suya había llegado para refugiarse en casa de su hermana y ésta la había escondido en el granero. Akayesu le llevaba comida todos los días pero una noche, al llegar al granero, sorprendió a su padre asiendo a su tía por los cabellos y matándola con el hacha. Lo que más aterrorizó al niño fue el silencio de aquella ejecución. Su tía se protegía quedamente de los golpes mientras su padre la mataba. Aquellas dos personas que se conocían tan bien no cruzaron un grito ni una palabra. Nada. Ningún ruido. Nadie pronunció ni una sílaba; ni siquiera cuando el padre volvió a entrar en casa con las ropas limpias.
Cuando terminó el genocidio, la pareja de los padres de Akayesu se transformó en símbolo de la reconciliación nacional. El padre hutu que se había casado con una tutsi fue elegido juez de un tribunal gacaca. En la aldea se decía que la sabiduría de aquel hombre traería paz. El único que sabía la verdad era Akayesu, pero no podía decir nada. Si hubiera hablado, habría matado a su padre y destruido a su familia. Pero al callar, se convertía en cómplice del crimen. El niño se volvió mudo, pero todas las noches, cuando se adormecía y su vigilia entumecida se alejaba de lo real, los fantasmas de la oscuridad despertaban los dramas sepultados y el filme mudo de la aterradora escena resurgía en su conciencia. Habría bastado con que Akayesu abriera la boca y contara lo ocurrido pero, para no ser responsable del estallido familiar consecuente, se callaba y adormecía su mundo íntimo: "cuando me hablan de la sabiduría de mi padre, presidente del tribunal gacaca, me las arreglo para no pensar en nada, para no sentir nada". El silencio protegía a todos y a la vez amputaba la personalidad del niño...
Akayesu, maniatado por las circunstancias de la tragedia, optó por callar y así se sometió al sufrimiento. Cuando no pudieron escapar a su tragedia personal, todos estos niños imaginaron que se habían convertido en espectros: "Usted es un ser humano porque tiene una verdadera familia y lugares donde hablar. Pero yo, si cuento lo que me sucedió, voy a asustar a los demás y todos huirán de mí. Usted cree que soy un Hombre, pero yo sé que sólo tengo la apariencia de persona". En todos estos casos un relato, una sola frase a veces, ha torturado, demolido o, por el contrario, dado nueva vida al mundo íntimo de estos heridos.
Ya sea que nos atormenten o que nos tranquilicen, ¿podríamos vivir sin historias?

págs. 24-25. "Autobiografía de un espantapájaros. Testimonios de resiliencia: el retorno a la vida". Boris Cyrulnik. Gedisa.

martes, 31 de agosto de 2010

Boris Cyrulnik: Autobriografía de un espantapájaros. Testimonios de resiliencia: el retorno a la vida


"Un espantapájaros, un espectro, se esfuerza por no pensar porque es demasiado doloroso construir un mundo íntimo plagado de representaciones atroces. Cuando uno tiene un trozo de madera en lugar de corazón y paja bajo el sombrero, sufre menos. Pero basta que ese espantapájaros encuentre a un hombre vivo que le insufle un alma para que el dolor de vivir vuelva a tentarlo."
Boris Cyrulnik

"En el trabajo que presenté en el Congreso Internacional de 1957, sugerí que la analogía que establece Freud entre psicoanálisis y una investigación arqueológica, era productiva si se la consideraba como el descubrimiento no de una civilización primitiva, sino de un desastre primitivo"
W.R. Bion

Autobiografía de un espantapájaros ha recibido el prestigioso Premio Renaudot al mejor libro de ensayo publicado en Francia en 2008. En sus páginas, Cyrulnik aborda nuevamente la resiliencia como pieza central de un discurso escrito con vigor y destreza estilística. Esta vez, el autor se centra en un aspecto específico de la resiliencia: la construcción de la historia que permite a la persona crecer a partir de la experiencia traumática. Aquí y allá, a lo largo de las diferentes culturas del mundo, Cyrulnik ha ido al encuentro de los heridos de la vida, narrándonos su biografía y cómo han sabido reparar y hacer de su fragilidad una fuente de donde extraer energía vital.
En cierta medida, puede decirse que esta Autobiografía de un espantapájaros retoma la propuesta lanzada al principio de la segunda parte de Los patitos feos, publicado por Gedisa en 2002 con gran éxito de público y crítica: "El acto de la simple palabra crea una separación que nos hace existir en calidad de sujeto, un sujeto cuya forma de interpretar el mundo es personal y única". En aquella ocasión, Cyrulnik reflexionaba acerca de aquellos elementos que relacionan el pasado doloroso con la identidad del individuo, mientras que, en este su libro más reciente, aborda la naturaleza misma de la verbalización de la herida sufrida.

Autobiografía de un espantapájaros es un libro que quiebra los silencios y los tabúes que las sociedades imponen a la desdicha; un libro que explica por qué es necesario hablar, dejar hablar y saber escuchar y comprender a los traumatizados: un libro lleno de esperanza y coraje.


Boris Cyrulnik es neurólogo, psiquiatra y psicoanalista y uno de los fundadores de la etología humana. Asimismo, es profesor en la Universidad de Var, en Francia, y responsable del equipo de investigaciones en etología clínica del hospital de Toulon. Desde 1998 es también presidente del Centre National de Création et de Diffusion Culturelles de Châteauvallon y miembro directivo de la oficina en Francia coordinadora del Programa Decenio de Naciones Unidas. Editorial Gedisa ha publicado la práctica totalidad de sus obras. Entre otras: Los patitos feos, El encantamiento del mundo, El murmullo de los fantasmas, Del gesto a la palabra, El amor que nos cura o De cuerpo y alma.