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Paz y Ciencia

martes, 17 de mayo de 2011

Tipología de las Familias Disfuncionales

Se han propuesto clasificaciones para intentar una "tipología" familiar. Algunos autores han pasado revista y resumido los criterios que permitan distinguir las familias "sanas" de las "disfuncionales". La desventaja de este punto de vista es repetir a escala familiar el dispositivo de selección frecuentemente discutible de una segregación normativa, a la cual la psiquiatría del individuo enfermo nos ha habituado demasiado. La ventaja es la de proveer instrumentos de reflexión clínica que faciliten el trabajo terapéutico. Una revisión rápida de los parámetros propuestos por ciertos investigadores podrá ayudar a situar de manera sintética una parte de las nociones examinadas.

Bamhill enumera ocho parámetros de distinción entre familia funcional y disfuncional:
1. Individuación-Fusión
2. Mutualidad-Aislamiento
3. Flexibilidad-Rigidez
4. Estabilidad-Desorganización
5. Claridad-Distorsión (de percepciones)
6. Claridad-Confusión de roles
7. Reciprocidad-Conflictividad (de roles)
8. Claridad-Herencia (de fronteras intergeneracionales)

Fleck reparte los parámetros de otra manera, según cinco datos globales utilizables en la evaluación de la familia:
1. Leadership: personalidad de los padres; alianza parental; complementariedad de los roles parentales; disciplina en la utilización de poder.
2. Fronteras: desarrollo de fronteras del Yo en el niño; fronterasintergeneracionales; permeabilidad entre familia y comunidad del entorno.
3. Afectividad: intimidad entre los padres; equivalencia de tríadas; tolerancia a la expresión de sentimiento; unidad emocional,.
4. Comunicación: resonancia; coherencia entre lo verbal y lo no verbal; claridad formal y de sintaxis; pensamiento abstracto y metafórico.
5. Resultados (en las tareas y fines): alimentación y destete; control de separaciones y de triángulos; control y dirección del comportamiento; relaciones con los "pares"; diversiones; crisis; emancipación; ajustes posnucleares.

Beavers distingue site tipos de familias, según un doble parámetro: la competencia y el estilo. La competencia se refiere a las dos escalas de adaptación: la del individuo y la de la unidad familiar. El estilo se refiere a la tendencia centrífuga o centrípeta de la unidad familiar. Así se señalan siete tipo de familias sobre una curva que integra, a partir del eje de abcisas, el grado de competencia y, a partir del de ordenadas, la tendencia centrípeta o centrífuga.

A partir del metamodelo que han definido como paradigma evolucionista, Fivaz y cols. han establecido igualmente una tipología familiar. Distinguen tres tipos de familias según la capacidad para mantener la estabilidad pese a las fluctuaciones. Es un concepto que se liga con la resiliencia (capacidad para soportar un choque). Así, la familia sana evoluciona de tal manera que sus fluctuaciones no alcanzan los límites de resiliencia encargados de mantener la estructura. La familia en crisis es un caso límite en el que las fluctuaciones alcanzan los límites de resiliencia del sistema. Si éste no se disgrega, puede hacer una transición hacia otra estructura o bien evolucionar y limitar su dimensión. En el segundo caso, se convierte en una familia de transacción psicótica en la cual las fluctuaciones desbordan los límites de resiliencia del sistema. Este tipo de familia permite que surjan comportamientos sintomáticos en uno o más de sus miembros.

Estas clasificaciones tienen poco o nada un factor importante, la incidencia temporal de las disfunciones.

lunes, 16 de mayo de 2011

Organización Estructural

La familia humana, a semejanza de las familias animales con organización social, es un grupo natural "autodestructivo". A partir de una situación base donde la cohesión y la estabilidad son máximas, evoluciona hacia una disolución parcial o completa de su composición. Para que pueda realizarse una evolución de este tipo en buenas condiciones, es indispensable una organización diferenciada de su estructura interna. Esto se hace alrededor de dos realidades biológicas esenciales: el sexo y la edad.

La diferenciación de los sexos confiere habitualmente al hombre un rol de tipo "instrumental" (gestión de las relaciones entre la familia y el medio externo) y a la mujer un rol de tipo "expresivo" (encuadramiento de las relaciones afectivas y gratificación de las necesidades ligadas al crecimiento biopsicológico de los niños). Esta repartición de roles no es rígida, ya que puede, por necesidad, ser intercambiable (en efecto, la identidad sexual no aporta aquí más que una especie de motivación biológica primitiva a determinado rol). Este tipo de diferenciación requiere, además, una cooperación en cada instante, fundada parcialmente en la complementariedad de los roles y que se manifiesta en diferentes campos: relaciones sexuales entre cónyuges, procreación consentida libremente por ambos, colaboración económica, cuidados y educación de los hijos, etc.

La segunda realidad biológica, la edad, determina la diferenciación jerárquica. Ésta establece, a un nivel primitivo, patterns de dominación y sumisión que se expresan, a un nivel más elaborado, por la autoridad parental indispensable para el cuidado de los niños hasta que éstos adquieran una competencia suficiente para valerse por sí mismos. Así, la autoridad pertenece claramente a la generación de los padres, lo mismo que el privilegio de las relaciones sexuales en el seno de la familia. Toda intervención competitiva de un niño en estos dos campos, si no es es reprimida, refleja una disfunción importante del sistema familiar, imputable a una enorme permeabilidad entre las fronteras intergeneracionales.

domingo, 15 de mayo de 2011

Fronteras, Funciones Centrípetas y Centrífugas

Si las relaciones mantenidas por el sistema familiar con sus miembros y con la sociedad son regidas por un conjunto de reglas susceptibles de evolucionar en el tiempo, estas relaciones dependen también de la manera en que se establecen las fronteras entre el individuo y su sistema familiar o entre el sistema familiar y el entorno social. Por lo general, no sólo existen tales fronteras, sino que tienen efectivamente la función de marcadores "territoriales". En las mejores condiciones son flexibles, a la vez limitantes y permeables, a fin de permitir al sistema los cambios necesarios para su supervivencia (la analogía con la membrana semipermermeable de la célula viva). Si las fronteras son demasiado permeables, el sistema pierde su integridad. Si están "estancadas", muy rígidas, la interacción con el entorno es muy pobre y el sistema se expone a una entropía creciente.
Las fronteras representan, pues, las interfaces entre la familia y el entorno social (y entre los diversos subsistemas internos -subsistema conyugal, subsistema de fratría, de sexos, territorios individuales) se puede concebir el dispositivo de separación como la membrana del sistema familiar. No sólo le permite comunicar con el entorno, sino que negocia con él la distribución de competencias implicadas en su desarrollo. De esta manera, la familia tiene un papel mediador entre sus miembros y el entorno social: es quien selecciona la información intercambiada en ambos sentidos. Según el estadio evolutivo o las necesidades de los miembros, facilita o frena los intercambios directos entre cada uno de sus sujetos y el entorno social; de ahí la necesidad de asumir una doble serie de funciones, las funciones "centrípetas" y las funciones "centrífugas".
Las funciones centrípetas consisten, por ejemplo, en proteger a los miembros de la familia, a alimentarlos, a satisfacer sus necesidades afectivas, a hacerles partícipes de la solidaridad económica familiar, a facilitarles el descanso y la posibilidad de una regresión natural, etc. Las funciones centrífugas consisten en preparar a los niños y a los adolescentes para su futura emancipación, facilitando el desarrollo de sus propias competencias, favoreciendo su socialización progresiva, fortificando su tolerancica a las separaciones, todo ello permitiendo a los padres reforzar su propia autonomía afectiva, económica y social, tanto en el plano conyugal como en el plano individual.

sábado, 14 de mayo de 2011

Tipología Familiar, Adaptación, Ciclo Evolutivo

La evolución de una familia pasa por fases de equilibrio alternantes con fases de desequilibrio. La capacidad de cambiar o de evolucionar de una familia depende mucho de un parámetro esencial: su grado de apertura a las informaciones externas e internas. Este parámetro permite distinguir diversos tipos de familia, unos muy "cerrados", otros muy "abiertos", por no señalar más que los polos extremos de esta escala. En los primeros tiempos del movimiento sistémico, Jackson decía que era necesario poner a punto una tipología familiar. Desde entonces se han elaborado muchos modelos, todos discutibles y ninguno confirmado en el momento actual, dada la dificultad de confinar a una familia en una categoría precisa.
Sin embargo, la propuesta por Wetheimer, y que tiene en cuenta precisamente el grado de apertura de los sistemas familiares, parece bastante pertinente desde el punto de vista sistémico para ser mencionada aquí.

Este autor distingue tipos de funcionamiento familiar, según su modo de autorregulación. Se dice que una familia es morfostática cuando tiende a mantener de una manera rígida su equilibrio y su estructura, porque tiene todas las dificultades del mundo para adaptarse a situaciones nuevas. Es el caso, por ejemplo, de ciertas familias de emigrantes, que acusan importantes alteraciones de adaptación ligadas, entre otras, a la aculturación. La posicíón extrema de esta tendencia de morfostasia forzada, que se observa en familias muy perturbadas, que, por ejemplo, tienen uno o más miembros esquizofrénicos. Por el contrario, una familia es morfogenética cuando da muy fácilmente feedbacks positivos a las informaciones nuevas que provienen del exterior o del interior. Una familia como ésta carece de estabilidad, como es el caso de familias aún llamadas "superadaptadas" al contexto social y cuya identidad inconsciente se diluye en el entorno y absorbe muy rápidamente las normas y los estereotipos culturales externos.
La adaptación óptima de una familia se reconoce por el hecho de que cada uno de sus miembros tiene la posibilidad, según las situaciones, de participar de manera tranquila y equilibrada en las decisiones de la familia. Esta manera de adaptación óptima permite al sistema familiar negociar de manera aprovechable las diversas crisis o fases de cambio que jalonan su ciclo evolutivo, favoreciendo la socialización de los niños y quedando un recurso, un refugio y un sostén para todos los miembros. El concepto de ciclo evolutivo ha sido objeto de muchos estudios, que intentan fijar las etapas decisivas en el crecimiento de una familia, que describe, al mismo tiempo, las tareas y los cambios a los cuales se enfrenta en cada etapa.

viernes, 13 de mayo de 2011

Krishnamurti

http://youtu.be/g-AH3LT6AjU

Lope de Vega y su depresión

Lope de Vega, que padeció una depresión "endógena", ahora depresión mayor decía lo siguiente de su sufrimiento: "Si me preguntase a mí mismo qué mal tengo, no sabría responderme, por mucho tiempo que lo pensase".

Poema A LA NOCHE

Noche fabricadora de embelecos,


loca, imaginativa, quimerista,

que muestras al que en ti su bien conquista,

los montes llanos y los mares secos;



habitadora de celebros huecos,

mecánica, filósofa, alquimista,

encubridora vil, lince sin vista,

espantadiza de tus mismos ecos;



la sombra, el miedo, el mal se te atribuya,

solícita, poeta, enferma, fría,

manos del bravo y pies del fugitivo.



Que vele o duerma, media vida es tuya;

si velo, te lo pago con el día,

y si duermo, no siento lo que vivo.

Crisis, Morfogénesis y Cambio

La familia no puede mantener indefinidamente el mismo equilibrio, bajo pena de convertirse en patógena e incluso mortífera para sus miembros. Es natural, incluso, que la familia atraviese periódicamente crisis o fases de desestabilización que la lleven a modificar su calibración homeostática adaptándose a las nuevas necesidades de sus miembros o a las exigencias de su entorno. Lo hace dando feedbacks positivos a los comportamientos nuevos que ponen en cuestión las reglas habituales. Esto significa que la familia está modificando su sistema autorregulador, que está iniciando un cambio. Por ejemplo, en la adolescencia, los niños provocan crisis naturales de este género cuestionando los límites impuestos a su libertad por los padres. Reivindican la competencia de decidir a qué hora pueden volver a casa por la noche, con quién pueden salir, la posibilidad de administrar por sí mismos su dinero o de organizar sus vacaciones, etc. La familia tolera más o menos bien este paso, se adapta encontrando nuevos arreglos relacionales, nuevas reglas, que tienen en cuenta los nuevos imperativos.
Otras crisis naturales requieren cambios del mismo orden: separaciones, nacimientos, enfermedades, envejecimiento, muertes, matrimonios, etc. Los "momento bisagra" jalonan el ciclo evolutivo de toda familia y aumentan su aptitud a cambiar de estructura, de reglas, para permitir a sus miembros adaptarse a las nuevas exigencias impuestas por su edad, por la sociedad, por sus nuevas condiciones económicas, etc. Se habla entonces de morfogénesis para designar esta aptitud natural del sistema familiar a evolucionar con el tiempo.
Los diversos antagonismos y conflictos que surgen habitualmente durante las crisis no son, pues, tan "negativos": representan molestias útiles en la medida en que permanecen controlables y que el clima de tensión no pone en peligro los intereses de los miembros de la familia ( en la medida en que la entropía del sistema familiar no crece demasiado).
Una característica frecuente de familias muy perturbadas, por ejemplo las llamadas de "transacción psicótica", es la espectacular intolerancia a todo conflicto abierto. En estas familias, la regla que prohíbe airear los conflictos es inferible a partir de interacciones exageradamente pacíficas que los miembros mantienen a toda costa entre ellos, y a partir del mito compartido por todos: "entre nosotros todo va bien, jamás una palabra más alta que la otra, nosotros somos una familia unida". Esta seudomutualidad impide frecuentemente a estas familias "transitar" por las crisis necesarias para su evolución natural. Se asiste entonces a secuencias eternamente repetidas, que impiden toda novedad o todo cambio y que son altamente patógenas (trastornos mentales, enfermedades psicosomáticas, etc.). Si un conflicto, a pesar de todo, estalla en este tipo de constelación, la entropía del sistema familiar crece brutalmente y los dramas se suceden: rupturas definitivas, suicidios, descompensaciones psicóticas múltiples, etc.