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Paz y Ciencia

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La corrupción institucional de la psiquiatría y el daño a niños y adolescentes: el caso del TDAH


La corrupción institucional de la psiquiatría y el daño a niños y adolescentes: el caso del TDAH

by nmurcia
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Los psiquiatras se han vuelto locos, no nuestros hijos” Peter Gøtzsche, en su último libro, "Deadly Psychiatry and Organised Denial"
La expansión del mercado
En la obra de Cosgrove y Whitaker que estamos analizando, llama la atención el protagonismo que los líderes de la psiquiatría tuvieron en dos procesos que los autores denominan “expansión del mercado” y “protección del mercado”.
Una vez que el DSM se convirtió en “una teoría del todo”, un instrumento con la vocación de categorizar y etiquetar como patológica prácticamente cualquier situación emocionalmente conflictiva, la expansión del mercado tenía que venir del etiquetado como enfermos de personas sanas, mediante dos procesos: lainvención de nuevas enfermedades -donde poder incluir a nuevos grupos de la población- y la relajación de los criterios diagnósticos de enfermedades ya descritas, como la depresión o la ansiedad:
La APA y la psiquiatría académica tenían buenas razones para colaborar en este esfuerzo. Expandir el número de diagnósticos incrementaría el poder de la psiquiatría como disciplina; aumentaría el número de pacientes potenciales y la influencia de la psiquiatría en la sociedad, procurando nuevas oportunidades de enriquecimiento a los expertos. El dinero de la industria acabaría fluyendo a cada uno de los rincones de la especialidad, desde la APA y las revistas científicas hasta los expertos académicos con múltiples oportunidades de ser contratados como líderes de opinión e investigadores al servicio de la industria” (Cosgrove y Whitaker)
Convertir en enfermos a personas sanas es especialmente sencillo en psiquiatría donde no existen criterios biológicos para poder determinar la existencia o no de enfermedad: los criterios son “fungibles” y dependen del juicio profesional con lo que, en esencia, “los profesionales pueden hacer casi lo que quieran”.
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El DSM-III, en 1980, describió 83 nuevos síndromes respecto al DSM-II, dejándolos en un total de 265; el DSM-IIIR de 1987, elevó el número de síndromes a 292; siete años más tarde, el DSM-IV los incrementó, dependiendo cómo se definan nuevos diagnósticos, a entre 297 y 374.
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La consecuencia es que el DSM-IV permite que el 26,2% de los norteamericanos adultos pueda ser diagnosticado de alguna enfermedad mental a lo largo de un año.
El DSM-IV dedicó 86 páginas a los trastornos que podían afligir a niños y adolescentes. Basándose en estos criterios, el 13% de los niños entre 8 y 15 años podían ser diagnosticados de una enfermedad mental cada año (CDS National Health and Nutrition Survey, 2012).
En total –sin tener en cuenta las elevadas tasas de sobrediagnósticos- unos 69 millones de norteamericanos podían ser etiquetados como enfermos mentales, a lo largo de un año, considerando los criterios diagnósticos descritos en el DSM-IV.
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La infancia medicalizada: la invención de una epidemia
La infancia y la juventud, una población considerada, tradicionalmente, sana mentalmente y, por tanto, casi virgen de diagnósticos psiquiátricos y medicación psicoactiva, era un bocado demasiado apetitoso como para que la industria farmacéutica y la psiquiatría lo dejaran escapar.
El ejemplo del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una rara entidad descrita en el año 1902, es paradigmático. Esta enfermedad fue considerada durante gran parte del siglo XX un trastorno de probable base orgánica. De hecho, el DSM-I la llamó, “síndrome orgánico cerebral”.
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El DSM-II comenzó a relajar los criterios diagnósticos y la denominó, “Reacción hipercinética de la infancia”. En 1956, Ciba-Geygi desarrolló el fármaco estimulante metilfenidato (Ritalin) para tratar la narcolepsia. Pronto, basándose en algunos casos que señalaban buenos resultados en el corto plazo, los psiquiatras comenzaron a utilizarlo con los niños diagnosticados de TDAH. En todo caso, a finales de los años 70, en EE.UU no había más de 150.000 niños tomando Ritalin.
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La aparición del DSM-III, otorgó una nueva denominación al TADH, “Enfermedad por déficit de atención”, y volvió a implicar una nueva relajación de los criterios diagnósticos. Los autores de los nuevos criterios -recordemos, producto de un consenso profesional y, por tanto, sin base científica alguna- calcularon que este trastorno afectaba al 3% de los niños. El DSM-IIIR puso la denominación definitiva al TDAH y de nuevo cambió los criterios haciendo más fácil su diagnóstico. De una manera u otra, a finales de la década de los 80, había unos 600.000 niños diagnosticados de TDAH, el doble que 10 años antes.
El DSM-IV introdujo en 1994 tres sub-tipos de TDAH y unos nuevos criterios diagnósticos capaces de aumentar el numero de niños etiquetados como enfermos un 23%, afectando a entre el “3 y el 5% de la población infantil”. El DSM-V de 2013, vuelve a facilitar la expansión de la prevalencia del trastorno.
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El psiquiatra norteamericano Joseph Biederman, de la Harvard Medical School, es el médico que más ha hecho por expandir el TDAH. Miembro del panel de expertos que establecieron los nuevos criterios diagnósticos en el DSM-IV, tras la publicación del Manual, se convirtió en uno de los autores científicos más prolíficos del mundo: durante 20 años ha estado publicando 1 texto científico cada 2 semanas, fundamentalmente sobre TDAH. Su empeño ha sido convencer a médicos y población de que el TDAH:
es una enfermedad real, con un componente genético aparente… con síntomas que suelen persistir hasta la edad adulta y que, si no es tratada, incrementa la probabilidad de resultados catastróficos: pobre rendimiento escolar y laboral, abuso de sustancias, comportamiento criminal y trastornos psiquiátricos del humor”.
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En 1995, un año tras la publicación del DSM-IV, Biederman anunció que entre el 6 y el 9% de los niños podían estar afectados por la enfermedad. En 1996, coincidiendo con la salida al mercado de nuevos estimulantes, el profeta del TDAH declaraba que "el 10% de la población infantil norteamericana podía beneficiarse de medicamentos estimulantes". En un reciente texto, (ver la impactante diapositiva de arriba) la prevalencia de la enfermedad en niños va desde menos del 2% en Holanda a ¡más del 20% en Ucrania!:
Así es como se construyó el mercado del TDAH. No fue un invento de la industria farmacéutica sino de la psiquiatría organizada. El DSM-III y el DSM-IV dieron el marco diagnóstico y los psiquiatras académicos desarrollaron los estudios que otorgaban legitimidad científica al tratamiento médico de la enfermedad. Las compañías farmacéuticas contribuyeron a popularizar esta narración científica de una manera tan asombrosa que en el año 2012, el 10% de la población entre 4 y 18 años había sido diagnosticada. Ese año, 3,5 millones de niños y jóvenes norteamericanos recibieron algún estimulante para el TDAH, seis veces más que en 1990” (Cosgrove y Whitaker)
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En España, como puso de manifiesto el espléndido informe del Boletín de información farmacoterapéutica de Navarra (BITN) realizado por Luis Carlos Saiz Fernández, con polémica incluida, la utilización de estimulantes se retrasó una década respecto al EE.UU.
Captura de pantalla 2015-09-08 a las 13.36.16Su despegue en la utilización, tuvo lugar en el año 2004, cuando se comercializó la forma retard del metilfenidato (Concerta):
"Actualmente nos encontramos entre los principales consumidores mundiales de metilfenidato. Entre los años 2000 y 2012 las DHD de metilfenidato y atomoxetina en población infantil se han multiplicado casi por 30, manteniendo un crecimiento exponencial constante."
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Esta capacidad de la psiquiatría para inventarse epidemias diagnósticas generó el previsible incremento del gasto en medicación psicotrópica, que pasó de unos 800 millones de dólares anuales en 1987 a 35.000 millones en el año 2010 (aun considerando la inflación, multiplicar por 43 el gasto en 20 años, no está nada mal).
Estas ganancias económicas tenían que ser protegidas por todos los medios y de eso, también, se iba a encargar la, bien pagada, psiquiatría.
MTA means - Multimodal Treatment Study of Children with ADHD
MTA means - Multimodal Treatment Study of Children with ADHD
La protección del mercado: la burbuja del TDAH en peligro
A finales de los 90, dado el incremento de los diagnósticos de TDAH, el National Institute of Mental Health (NIMH), una institución pública norteamericana, decidió llevar a cabo un estudio para conocer los efectos a largo plazo de la medicación: el “Multisite Multimodal Treatment Study of Children con TDAH” (MTA en adelante).
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Peter Jensen, un reputado psiquiatra infantil, fue el coordinador del estudio: 579 niños de entre 7 a 10 años a los que se distribuyó en cuatro grupos: medicación, psicoterapia, medicación+psicoterapia y tratamiento estándar.
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El 1999, los investigadores del MTA anunciaron los primeros resultados: aunque los cuatro grupos habían mejorado a los 14 meses, la medicación había demostrado ser claramente superior en la reducción de los síntomas del TDAH
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Sin embargo, el estudio no terminó a los 14 meses sino que se hicieron tres cortes a los tres, seis y ocho años, encontrando resultados completamente diferentes: el grupo en tratamiento farmacológico había empeorado en todos los síntomas; además, su crecimiento se había visto afectado de manera muy significativa, con tallas y pesos inferiores a los niños de los otros grupos.
Los investigadores estaban sorprendidos y buscaron y rebuscaron todo tipo de explicaciones metodológicas a estos inesperados datos... sin encontrar ninguna.
La burbuja del TDAH parecía en peligro.
Pero como hemos visto en el caso del Trankimazin, una cosa es publicar datos y otra comunicarlos.
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Cosgrove y Whitaker en su libro, tras detallarnos el alto nivel de relaciones económicas que los investigadores del estudio MTA, todos reputados académicos, tenían con la industria (ver tabla arriba), nos relatan el proceso de maquillado y ocultación a la opinión pública de los resultados de la investigación, recordemos, financiada con fondos públicos.
No hubo mención de los resultados negativos en el medio ni largo plazo en ninguno de los títulos o resúmenes de los artículos publicados.
En el articulo con los datos a los 3 años, los autores escribieron en las conclusiones del resumen:
A los 36 meses, las ventajas observadas en los pacientes tratados con medicamentos a los 14 meses, no fueron tan aparentes, probablemente debido a una mejoría de los síntomas de TDAH con la edad, cambios en la intensidad de las terapias, inicio o discontinuación de otra medicación concomitante u otros factores no evaluables
Esta conclusión escrita en la parte más leída y visible del artículo, el abstract o resumen, contrasta con los datos comunicados en el cuerpo del texto que hablan de la medicación como un "marcador de deterioro al final del periodo" (ver tabla de arriba todos los cortes del estudio MTA: a los 36 meses no hay diferencias en esta escala -sí las hay en otros indicadores- y a los 96 meses están mejor los niños sin tratamiento; menor puntuación en SNAP significa mejoría)
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El comunicado de prensa de el NIMH también contribuyó a amortiguar los malos resultados:
Mejoría sostenida de la mayoría de los niños con TDAH en tratamiento farmacológico”.
La nota de prensa enfatizaba que los padres ya no tenían que preocuparse sobre posibles efectos nocivos de la medicación a largo plazo.
En palabras del propio Jensen:
Nuestros resultados sugieren que la medicación puede establecer diferencias en el largo plazo para algunos niños si continúan con un seguimiento adecuado
Investigaciones realizadas en otros países demuestran resultados negativos parecidos a los del MTA, en los niños tratados con medicación para el TDAH en el largo plazo (ver links en imágenes de arriba y abajo)
Cosgrove y Whitaker escriben, con razón:
“Los resultados de estos estudios deberían haber influido de manera importante en la utilización de la medicación para TDAH. Sin embargo, los datos son poco conocidos, sobre todo entre la población general, y de esta manera, el mercado de los medicamentos para el TDAH ha sido protegido.
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Incluso, en 2013, la APA y la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry publicaron un reportaje titulado Guía para padres sobre los tratamientos para el TDAHen el que vuelven a manipularse los datos, señalando solo los resultados a los 14 meses e ignorando los resultados que asociaban un empeoramiento de los síntomas con la utilización de fármacos en el largo plazo.
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Los textos científicos sesgados tienen una gran importancia en la posterior transmisión que los medios de comunicación convencionales hacen de las investigaciones. En un reciente trabajo, se analizaba la manera cómo los medios de comunicación malinterpretaban los estudios sobre el TDAH, contribuyendo de manera notable a que la percepción del público sobre la eficacia de los tratamientos fuera exagerada:
- El 55% (56 de 101) de los artículos científicos sobre el TDAH exageraba en las conclusiones la relevancia de los hallazgos; el 23%, su potencial terapéutico.
- Los medios de comunicación, cuando comentan los artículos científicos, utilizan en el 82% de los casos los resultados de estos exagerados y sesgados resúmenes (137 de 168).
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La corrupción institucional de la psiquiatría y el daño a la infancia
El TDAH se ha convertido en una epidemia construida que está haciendo un terrible daño a los niños y jóvenes. La "broma pesada" que suponen sus criterios diagnósticos se ponía en evidencia en un artículo que encontraba mayor prevalencia de la enfermedad entre los niños nacidos en diciembre que entre los niños, del mismo curso escolar, nacidos en enero (es bien conocida las diferencias que a esas edades implican unos meses de madurez en relación con el comportamiento y el grado de atención) (ver imagen arriba)
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Peter Gøtzsche dedica un capítulo entero al TDAH en su recientemente publicado texto "Deadly Psychiatry and Organised Denial".
Escribe:
Un médico amigo me contaba que la profesora de un colegio le había mandado a casi todos su alumnos para que descartara el TDAH; obviamente ella tenía un problema, no sus alumnos. Tan pronto como se etiqueta a los niños de enfermos, todos se quitan responsabilidades de encima.. hemos decidido como sociedad que es demasiado complicado cambiar nuestros sistemas educativos así que hemos preferido cambiar el cerebro de los niños. Esto es muy cruel… el TDAH no es una explicación sino solo un nombre que le hemos dado a un conjunto de síntomas
Gøtzsche relata en su texto como los medicamentos para el TDAH son estimulantes, y tienen efectos semejantes a las anfetaminas o la cocaína, pudiendo causar manía, psicosis, daño cerebral y muerte. Los estimulantes, de igual modo, pueden producir dependencia y las personas diagnosticadas de TDAH que son tratadas con medicamentos pueden acabar abusando de la cocaína con más frecuencia que los no tratados. Los estimulantes, además, reducen la actividad mental y el comportamiento espontáneo, incluyendo el interés social, con apatía e indiferencia, y muchos niños -en algunos estudios, más de la mitad- acaban desarrollando depresión y comportamientos compulsivos.
Estos peligrosos medicamentos además:
1- Elevan la tensión arterial (≈ 4mmHg) y la frecuencia cardiaca (3-6 lpm) y se han relacionado con muerte súbita en niños sin cardiopatía de base. 
2- El tratamiento a largo plazo conlleva una pérdida de peso y talla, quizá vinculada con el efecto anoréxico, con una incierta recuperación al suprimir el fármaco. En el estudio MTA se constató pérdida, a los 3 años, de alrededor de 2 cm de talla y 2,7 kg de peso.
3- El insomnio o las cefaleas son muy frecuentes pero también se dan casos de tics (sobre todo con metilfenidato), trastornos afectivos, alucinaciones, reacciones psicóticas y maniacas, incluso sin antecedentes previos. Los modelos animales sugieren hipótesis de neurotoxicidad, síndrome de discontinuidad y potenciales alteraciones detectadas por neuroimagen.
4- Los estudios pre-clíncos informan de desequilibrios hormonales en la pubertad
5- Son frecuentes los síntomas gastrointestinales inespecíficos
6-Se relaciona la medicación con casos de ideación suicida e incluso con iatrogenia en forma de facilitadores de trastorno bipolar
La base de datos española de farmacovigilancia (FEDRA) recogía hasta el 13 de septiembre de 2013 un total de 264 sospechas de reacciones adversas (185 graves) a metilfenidato y 104 sospechas (85 graves) sobre atomoxetina. Con ambos fármacos los efectos más frecuentemente notificados corresponden a trastornos de la esfera psiquiátrica, destacando los 22 casos de alucinaciones con metilfenidato y los 11 casos de ideación suicida con atomoxetina
La Agencia Española AEMPS ha recomendado realizar un examen cardiovascular y psiquiátrico previo al tratamiento con metilfenidato además de un seguimiento durante el mismo, monitorizar el peso y altura de los pacientes y, muy importante, evaluar la pertinencia del tratamiento al menos una vez al año. Con respecto a atomoxetina, ha puesto el foco en la seguridad cardiovascular. En la práctica se suelen realizar controles de tensión arterial y frecuencia cardiaca, añadiendo electrocardiograma o consulta en Cardiología en aquellos pacientes con factores de riesgo cardiovascular (sobre todo historia familiar de muerte súbita e historia personal de arritmia congénita o cardiopatía congénita).

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Los efectos secundarios sobre el sistema nervioso central de los medicamentos estimulantes suelen ser diagnosticados como un empeoramiento de la enfermedad o como una comorbilidad, con lo que lo más frecuente es que se inicien nuevos tratamientos psicotrópicos que hacen que los síntomas tiendan a cronificarse.
¿Cuántos padres conocen estos datos? ¿Cuántos padres habrían aceptado tratar a sus hijos si hubieran tenido una información equilibrada?
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Des Spence, en el BMJ, describía perfectamente lo que está pasando:
La psiquiatría se ha convertido en la mina de oro de la industria farmacéutica, con un plan de negocio muy simple. Busca un pequeño grupo de psiquiatras en una institución prestigiosa. Los convierte en reputados profesionales, financiando generosamente sus investigaciones. Influye para que esas investigaciones siempre acaben señalando que la patología está infra-diagnosticada e infra-tratada, nunca lo contrario. Controla los datos y hace estudios a corto plazo. Utiliza los medios de comunicación y controla las asociaciones de pacientes. Paga a esos expertos para que hablen bien de sus productos. Presiona a los gobiernos. Coloca a sus expertos en las comisiones que asesoran a los políticos. De esta manera, finalmente, la visión sobre una enfermedad acaba controlada por un pequeño grupo de especialistas que ha desarrollado enormes intereses en común con la industria... Hacen legítimo lo ilegítimo.
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El TDAH es el ejemplo perfecto. Los psiquiatras de Harvard, capitaneados por el inefable Biederman (que tiene que defenderse con frecuencia de las acusaciones de conflictos de interés con la industria que le hacen los medios de comunicación), fueron los autores del 49% de los 43 ensayos clínicos analizados en una revisión que encontraba una mínima consideración de los efectos secundarios de los medicamentos.
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Cosgrave y Whitaker, concluyen:
Los estudios analizados, si sus resultados hubieran sido presentados con claridad a la comunidad científica y a la población, habrían contribuido a que la gente entendiera mejor los riesgo y beneficios de los medicamentos y, con toda seguridad, la utilización de fármacos hubiera disminuido… La influencia de la industria es bien conocida por la sociedad. Pero se presta mucha menos atención a la influencia corporativa y su efecto corruptor
¿Alguna vez la psiquiatría organizada se bajará de su pedestal, reconocerá su gran fracaso y pedirá perdón a la sociedad por haber puesto sus intereses económicos, profesionales y corporativos por delante de la salud de los pacientes y poblaciones?
Como dijimos en la entrada previa "no hay alternativa al juicio profesional en la toma de decisiones clínicas".
La sociedad necesita a los profesionales de la psiquiatría para que sigan aplicando el cada vez más complejo conocimiento médico en la ayuda de pacientes y poblaciones; pero necesita profesionales independientes, críticos con las evidencias y que demuestren activamente su compromiso con la mejor ciencia y el bienestar de los pacientes y poblaciones.
Mientras esto sucede, como diría Juan Gérvas, "pobres niños"
Abel Novoa es médico de familia y presidente de NoGracias
PD1: muy recomendable ver la airada conferencia (no es para menos) sobre el TDAH de uno de los fundadores de NoGracias, el Profesor Joan-Ramon Laporte
PD2: Esta entrada está dedicada a Eva y a sus padres (que representan a todos los niños y a todas las familias que tratan de hacer lo mejor para sus hijos, estén o no utilizando medicamentos estimulantes). Eva es una preciosa e inteligente niña sometida al hostigamiento de profesores, psicólogos y médicos deseosos de colgarle una etiqueta. Sus padres se debaten entre la preocupación, el sentimiento de culpa, la impotencia y el amor incondicional. Ganará el amor.

Zen y Psicoterapia

Contra la ansiedad: ¿psicoterapia o meditación?

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La ansiedad puede ser un estado o una patología. Algunos puntos a tener en cuenta para hacer la mejor elección.

La práctica meditativa promueve un cambio en el estilo de vida y en la forma de relacionarse con los factores que causan ansiedad y estrés.
La práctica meditativa promueve un cambio en el estilo de vida y en la forma de relacionarse con los factores que causan ansiedad y estrés.
Frecuentemente recibimos esta consulta: "Siento mucha ansiedad, ¿qué es mejor, psicoterapia o meditación?". Es importante tener en cuenta algunos aspectos importantes de lo que llamamos a veces indiscriminadamente “ansiedad”.
En principio, hay que aclarar que la ansiedad puede ser un estado o un rasgo de personalidad, es decir, un patrón de la mente.
Cuando nos sentimos momentáneamente ansiosos se activan sensaciones en nuestro cuerpo y una serie de pensamientos intensos, de alarma, que buscan obtener control en relación a una determinada situación. Este estado muchas veces es necesario, porque si no activáramos el sistema autónomo (responsable de reaccionar ante amenazas) no tendríamos la energía necesaria para afrontar los desafíos diarios.
Pero el problema es que a veces estamos hiperreactivos e inclusive nos aceleramos mentalmente de tal forma que nos llenamos desufrimiento innecesario. Cuando esto ocurre habitualmente desarrollamos un rasgo ansioso y a veces inclusive un trastorno de ansiedad, definido por el mantenimiento de síntomas físicos y mentales (preocupación, anticipación alarmismo, angustia) durante más de un mes.
¿Estado de ansiedad o trastorno de ansiedad?
En el primer caso (personas que a veces experimentan lo llamado ansiedad-estado) la práctica de meditación mindfulness es muy beneficiosa, mientras que en el segundo, no siempre ocurre así.
Por ejemplo personas con pánico (sensaciones físicas intensas que producen el temor a la muerte, la despersonalización o la posible pérdida de control) pueden sentirse muy mal durante una práctica de atención consciente a las sensaciones corporales, ejercicio inicial en un programa de 8 semanas.
Personas con ansiedad fóbica o ansiedad obsesiva-compulsiva en momentos de efervescencia de síntomas también pueden experimentar reacciones negativas.
Es conveniente esperar a un momento más avanzado de tratamiento terapéutico para recién incluir entonces la meditación mindfulnes.
Como norma hay que privilegiar el tratamiento psicológico cuando los síntomas ansiosos son intensos e interfieren con la funcionalidad de la vida del paciente.
En cambio, si observamos que la persona puede lidiar bien con sus síntomas y lo que necesita en realidad es modificar su estilo de su vida y tomar conciencia de cómo se relaciona con los estresores diarios, sugerimos la práctica meditativa.



viernes, 4 de septiembre de 2015

Virginia Ungar: presidenta de la Asociación Psicoanalítica Internacional


La médica psicoanalista Virginia Ungar fue elegida presidenta de la mítica Asociación Psicoanalítica Internacional (API) que fundó Freud y un puñado de colegas en 1910. Por primera vez en la historia, una mujer estará al frente de la API. Tras ser votada por sus pares, la argentina asumirá en el período 2017-2021. Desde su consultorio de Palermo, Ungar le dice a Clarín: “Un rasgo característico de la sociedad actual es el afán por la imagen, el deseo de aparecer y la adoración por las celebrities. Esto hace que te vuelques para afuera, que descuides tu mundo interno y vivas para el exterior y la imagen”.
¿El desarrollo de las redes sociales influye?
Desde ya. El fuerte interés por la imagen y el afuera revirtió nociones como “lo esencial es invisible a los ojos”. La intimidad se ha vuelto un espectáculo.
¿Cuáles son las consecuencias?
En la realidad virtual, uno puede ser capaz de construir su propio personaje y perder autenticidad. Este modelo de estar exageradamente proyectado hacia el exterior y a lo que hay que mostrarles a los otros, hace que se estreche el espacio de intimidad necesario para la propia creatividad. Se está más pendiente de la imagen que se quiere proyectar que de las inquietudes singulares. Sin embargo, la creatividad es una de las llaves del bienestar de una persona.
¿Vivimos en la era de la ansiedad?
A las patologías descriptas por el psicoanálisis hace más de 100 años, se agregan otras propias del contexto actual. Vivimos en una época de alta competitividad entre las personas y urgencias, y eso genera sus efectos. De los argentinos, Ungar destaca que somos cálidos y pedimos ayuda sin pudor: “Hubo un auge del psicoanálisis y el hecho de analizarse o concurrir a algún servicio de salud mental es algo naturalizado. En otras sociedades, no”. También le preocupa la “adolescentización de la sociedad”. Profundiza: “Se trata de un mandato inducido por el marketing y la publicidad. Tiene que ver con el mito de la juventud eterna. Los chicos quieren ser adolescentes antes y los adultos quieren parecerse más a los adolescentes. No asumir el momento vital que a cada uno le toca, a la larga, genera problemas. Un efecto puede ser el auge de las cirugías estéticas. Se trata de una solución externa a una crisis vinculada con el paso del tiempo que tiene más que ver con un conflicto interno. La resolución quirúrgica es efímera, el problema volverá a aparecer”.
Y en el caso de la adolescencia, ¿crecer hoy es más difícil?
Es diferente. En otros tiempos, la sociedad proveía de rituales de pasaje. Hoy, la cultura ya no ofrece esos ritos. La consecuencia es que los adolescentes se ven obligados a crear sus propios rituales de pasaje. Pueden ser beber hasta perder la conciencia o probar sustancias, lo que amplía la problemática de las adicciones. También, la iniciación sexual sólo para ser portador de algo que parece ser importante, sin que pese tanto el vínculo de ternura hacia la otra persona. El problema es que la función reguladora de los padres también está en transformación y a veces los chicos se sienten menos contenidos al encarar estas problemáticas.
¿Qué deberían hacer los padres?
Que los padres se corran de su función reguladora no es bueno. Un psicoanalista inglés que fue pediatra, Donald Winnicott, dijo que “el peor escenario ocurre cuando los padres abdican”, porque dejan al chico con la violencia propia del proceso adolescente, enfrentando a la violencia del mundo. Esto no quiere decir tener a los chicos sostenidos y no dejarlos explorar el mundo, sino ofrecerles diálogo y contención. Pero no soy partidaria de pensar que antes era mejor que ahora, porque creo que eso paraliza. La sociedad está en transformación y genera nuevos desafíos.


jueves, 3 de septiembre de 2015

Julia Kristeva: "Psicoanálisis y Literatura son la misma cosa"

Julia Kristeva: "Psicoanálisis y literatura son la misma cosa"

Referente ineludible de las teorías lingüísticas, la relación entre la literatura y el psicoanálisis y las políticas de género, esta discípula del Roland Barthes estuvo en Chile donde aportó sus nociones a las manifestaciones estudiantiles y por estos días llega a Buenos Aires para dictar una serie de conferencias y recibir un Honoris Causa en la UBA. 

POR MAURO LIBERTELLA

Tengo que confesar que cuando me hablan de Julia Kristeva, yo digo ¿quién es esa? Mi hijo me dice ‘no me gusta Julia Kristeva. Prefiero simplemente a Julia’. Yo estoy en un momento avanzado de mi vida, y al mismo tiempo no me siento en la hora de los balances. En mi familia, en Bulgaria, mi madre, de una genealogía de varias generaciones de misticismo judío religioso, era bióloga, y me había transmitido el darwinismo. Mi padre era muy creyente, y había hecho el seminario antes de ser médico; esa era su forma de resistir un poco al comunismo duro. A través de lecturas nos transmitió el amor por las lenguas, pero su religión era sobre todo la cultura. Me empujaban fervientemente a mí y a mi hermana a aprender lenguas extranjeras. Bulgaria, además, es el único país del mundo que festeja un día de la cultura, todos los 24 de mayo, que es el día de la creación del alfabeto eslavo. Sé, por lo pronto, que en ese contexto me crié. Cuando llegué a Francia, al alba del año 68, cuando la universidad francesa empezaba a desperezarse, recalé directamente en los cursos de Roland Barthes y de Emile Benveniste. Que yo fuera una mujer no era un obstáculo. No había muchas mujeres, y tampoco muchas extranjeras, por lo que me había erigido en una especie de curiosidad. Yo tuve suerte de haber caído en ese contexto; el grupo Tel Quel y mi marido Philippe Sollers estaban muy abiertos a lo que yo pudiera decir, y era paradójico ver a una joven que no era tan fea y decía cosas”. Suerte de autobiografía jibarizada, museo en miniatura de una educación intelectual, Julia Kristeva, tan joven como siempre, espeta estas palabras desde el escenario de un teatro en la ciudad chilena de Valparaíso. Las arroja como se lanzan dardos al vacío, pero ahí abajo es lo opuesto al vacío y sus ideas encuentran un eco efervescente: cientos de jóvenes chilenos anotan las palabras de la pensadora con la voracidad con la que se desgrana una letanía o se repite el estribillo de una canción de rock. Es el último día del Puerto de Ideas, la primera edición de un festival cultural que llevó a las costas de esta ciudad alucinante a estrellas intelectuales como Carlo Ginzburg, Marc Augé y la propia Kristeva, entre otros. Es el primer eslabón de una modesta pero largamente esperada gira por ciertos puntos neurálgicos de Latinoamérica, y que la trae por estos días a Buenos Aires a recibir el título Honoris Causa de la UBA e impartir dos conferencias en la UNSAM.
Ahí fuimos, entonces, para hacerle algunas preguntas a una de las más complejas y luminosas pensadoras de una camada francesa que cruza disciplinas y que caló en la academia y los libros de nuestro país con una hondura profunda y hasta ahora indeleble. Condensadísima hoja de vida: de formación lingüística y semiológica, llegó con 24 años a la París de la primavera convulsionada y se insertó rápidamente en los grupos intelectuales de avanzada. Se podría decir que la creación de las universidades interdisciplinarias que emergieron en esos meses fueron el toque mágico que las inquietudes de Kristeva necesitaban para terminar de materializarse. Su pareja, el escritor Philippe Sollers, la convidó a participar en las páginas y las reuniones de la revista Tel Quel, que supuso una modernizante cruza de teorías formalistas con psicoanálisis, lingüística, filosofía y literatura. Fueron los años, también, en que los teóricos franceses forzaron los cimientos del estructuralismo hasta hacerlo languidecer, y aparecieron entonces con fuerza las corrientes posestructuralistas que marcarían la impronta colectiva del grupo. Sus primeros libros son tratados recargados y puntillosos, apuntalados siempre por certidumbres teóricas bien de época.
Semiótica y La revolución del lenguaje poético se pueden leer en esa línea. Huidiza por natualeza y vocación, Kristeva sin embargo no se quedó encandilada por las propuestas juveniles de sus días de formación, y fue revisando sus postulados hasta el punto de repensar el hecho artístico más en términos de experiencia que de lenguaje puro, como quería el primer tel quelismo. Varios son los elementos que le permitieron “desencapsular” lo más rígido de las teorías del lenguaje: el psicoanálisis en general y el lacaniano en particular (que para la autora fue siempre un agente conflictivo, a veces dramático, en tensión permanente con lo freudiano), el feminismo, la política. En el prólogo a la edición correspondiente al año 1994 de Sentido y sinsentido de la revuelta apunta que “procuraré integrar en los ámbitos del arte y de la literatura, concebidos como experiencias, la noción de cultura-revuelta. E introducir una apuesta que consiste en superar la noción de texto a cuya elaboración contribuí junto con tantos otros, y que llegó a ser una forma de dogma en las mejores universidades de toda Francia, para no hablar de Estados Unidos y de otras más exóticas todavía. En su lugar, me esforzaré por introducir la noción de experiencia”. Cuando le pedimos que profundice en este paso de la textualidad pura a la experiencia en sentido amplio, Kristeva arquea las cejas, respira y dispara: “Para mí la noción de texto nunca ha superado la noción de experiencia. A lo mejor me entendieron mal. Una cierta recuperación estructuralista de la noción de texto sólo ve en el texto la técnica: cómo construir un producto de mercado, por ejemplo. A mí lo que siempre me interesó es el laboratorio en donde se producen los textos. Si mirás bien, hay artículos que escribí hace treinta años, como ‘La productividad llamada texto’, y con eso quería decir que para producir un texto hay que cuestionarse entero: la manera de sentir, la sexualidad, el lenguaje. Y desde este punto de vista se trata de una experiencia, pero no en el sentido de un científico que hace un ‘experimento’ con los conejillos de indias para buscar un resultado, sino como cuestionamiento de lo antiguo y posterior surgimiento de lo nuevo. Se parece más a la experiencia mística, si se quiere. Es una experiencia personal que va a contracorriente del mercado y de la comunicación. En un momento determinado voy a comunicarlo, pero primero tengo que transitar ese renacimiento para luego poder construir de manera comercializable. Que haya dos períodos en ese proceso no significa que sean consecutivos, ‘primero cambio y luego escribo’. Pasan al mismo tiempo. Si lo digo de este modo, enunciando dos momentos, lo hago para la claridad de la exposición, y que la gente que lea esto entienda que hay dos momentos en el acto creativo, pero finalmente esos dos momentos son uno solo y suceden de un modo simultáneo. La técnica es inseparable de esa transformación íntima, personal. En alemán hay dos términos: uno para cambiar la vida y otro que se refiere a la técnica”.
Lacan en la pampa
Una de las razones más nítidas por las que la obra de Kristeva tuvo semejante trascendencia en nuestras costas es, desde luego, el modo tan propio con el que reelabora y metaboliza las líneas centrales del psicoanálisis, una disciplina que encontró en nuestro país una devoción inaudita. Inclinada siempre a cruzar imaginarios, pensó el psicoanálisis a través de la literatura y la literatura a través del psicoanálisis, en un juego de espejos invertidos, ampliación del campo de batalla para una y otra disciplina. Así, en Sol negro. Depresión y melancolía , por ejemplo, lee la obra de Marguerite Duras para rastrear, en un gesto crítico quirúrgico, lo que llama “figuras melancólicas”. Pero, ¿cómo pensar simultáneamente la literatura y el psicoanálisis sin caer en la trampa del ‘psicoanálisis aplicado’?, le preguntamos. “El psicoanálisis y la literatura son la misma cosa –dice, y traza una conciliadora pausa antes de seguir–. Salvo que una publica, y la otra guarda su descubrimiento para vivir mejor. Pero es la misma dinámica psíquica, que consiste en barrer todo lo que es palabras cansadas y modos de vida aburridos, contar un nuevo aliento, cambiar el modo de hablarse a sí mismo y de nombrar las cosas y ligarse a los otros. Algunos logran darle un lugar a esa experiencia del lenguaje e inscribir esa recreación de la intimidad y de lo personal en una tradición cultural como la literatura. Hacer una obra que se sitúa después de Balzac, o Dostoievsky o Cervantes, formar parte de una memoria cultural... para eso toman la fuerza de pulir su lenguaje, buscar un editor, ir a la televisión a publicitar su libro. Otros no dan ese paso, y se contentan con volver a casarse, o cambiar de profesión, o dejar de beber, o simplemente estar enamorados habiendo pensado que eran incapaces de amar. El laboratorio donde sucede ese click es el mismo”. En su propia práctica profesional como analista, Kristeva dice profesar la sesión prolongada, de base más bien freudiana, que busca el punto ciego para destrabar la inhibición y el síntoma. Sin embargo, la idea lacaniana del inconsciente estructurado como un lenguaje le sirvió para pensar ese proceso terapéutico desde el prisma de la lengua, y conjugar así sus campos de especialidad. Una preocupación por el lenguaje en el interior del discurso y la práctica psicoanalítica que a su modo ya estaba en el primer Freud pero que Lacan, según Kristeva, amplificó y llevó a un estadio altísimo.
El segundo sexo
Julia Kristeva llegó a Valparaíso para hablar, sobre todo, del feminismo, una de las patas más importantes de su pensamiento. En los albores del siglo XXI, elaboró a fondo la cuestión en una trilogía que tiene edición argentina bajo el título El genio femenino . Ahí toma tres casos que le sirven como paradigma para edificar una lectura de la mujer como agente de transformación humano y esquirla revolucionaria en el campo del pensamiento (Hannah Arendt), el psicoanálisis (Melanie Klein) y la literatura (Colette).
En el segundo tomo del tríptico asegura que “es posible entrever algunas constantes comunes en los genios de Arendt y Klein: ambas se interesan por el objeto y el vínculo, se preocuparon por la destrucción del pensamiento, y rechazaron el razonamiento lineal”, a lo que añade, ya en el tercer tomo, que “al nomadismo de estas dos mujeres, a su reflexión reveladora que sólo se apaciguó pagando el precio de atravesar la tragedia, Colette agrega otra experiencia que también es uno de los rostros de ese mismo siglo”. Desde los micrófonos del Puerto de Ideas, agrega: “El movimiento feminista moderno pasó por tres etapas. Las sufragistas, de origen anglosajón, que provenían del protestantismo y querían obtener el derecho a voto después de largas luchas. Luego el gran momento de El segundo sexo de Simone de Beauvoir, de 1949, en donde declara que la palabra felicidad hoy es libertad, y que en esta libertad los hombres y las mujeres son hermanos; hay una igualdad de las exigencias y también de los derechos. Fue un momento radical en la historia de la humanidad para la posición de la mujer, y sabemos que muchas de estas cosas se fueron consiguiendo, sobre todo en las democracias avanzadas, y tenemos que luchar ahora por la paridad a nivel económico, social y político. Esta universalidad no fue dejada de lado por el movimiento siguiente, fue más bien completado ese movimiento, que data de la Francia del 68, en el que yo participé sólo brevemente por cuestiones que no vienen al caso. Este movimiento se planteó una vuelta de tuerca: la mujer tiene esos derechos, sí, pero es distinta. Tiene una sexualidad diferente, una creación literaria diferente, y esto es importante”.
¿Y de qué modo ese tercer movimiento del feminismo, el de Francia en 1968, abrió caminos para que hoy en Latinoamérica, por ejemplo, tengamos ya presidentas mujeres?
Tengo la impresión de que en ese momento participamos en un movimiento que era general y colectivo, cada una desde su lugar particular. Teníamos entonces la exigencia de superarnos a nosotras mismas y superar así las normas de la sociedad. Todas esas mujeres eran unas “revueltas”, y esa revuelta fue conduciendo a esta aparición, en Latinoamérica y en otros lados, de una serie de personalidades inclasificables, singulares, animadas por una gran energía, y que tratan de trascender con los otros hacia un universo ideal, espiritual, pero tratando de cambiar las leyes y los lenguajes de la cadena humana, de la globalización. Estoy muy orgullosa de todas nosotras.
Recrear nuevos ideales
El concepto de revuelta es, desde luego, otro de los pilares centrales de la arquitectura kristeviana, y es uno de los tópicos de mayor longevidad en su derrotero pero que, al mismo tiempo, encuentra hoy una pertinente actualidad. Su último trabajo en esa línea tuvo edición española en 2000 y se tituló El porvenir de una revuelta .
Escuchémosla: “Dediqué muchos años a estudiar lo que llamo la revuelta. Como soy de formación lingüística, me dediqué primero a entender el significado de la palabra, que tiene origen sánscrito, y quiere decir pasar hacia atrás y volver hacia el futuro. Una memoria fuerte de la transformación, pero que no es nunca una negación del tipo ‘estoy en contra y mato eso’. El sentido profundo de la revuelta tiene que ver con revalorizar los antiguos valores para que surjan otros, nuevos. La palabra ‘volumen’, por ejemplo el volumen de un libro, cuyas páginas doy vuelta para aprender, viene de la misma raíz. Esa fuerza que mira hacia el futuro aprendiendo algo del pasado es la que me interesa. Otra significación que es muy querida es la que desarrollé en La revuelta íntima . Acá va a hablar la psicoanalista. Contrariamente a lo que se dice, el psicoanálisis no es algo viejo o rígido. Es una técnica que consiste en reapropiarse del pasado propio, de los padres y de generaciones anteriores, para construirse una secularidad: ¿quién soy, cuál es mi singularidad, como la puedo compartir con los otros? Estamos en la civilización de Internet, de los mensajes de textos, de Facebook. Es algo maravilloso, que incita a revueltas en el mundo árabe, por ejemplo, pero como otras cosas también tiene trampas. La trampa que me interesa puntualizar es que nos mantenemos a un nivel horizantal, no acelera la comunicación pero no se cuestiona aquello que se comunica. Uno no se pregunta por los sistemas de comunicación. Y en Francia se llega a decir incluso que la gente comunica por ‘elementos de lenguaje’. Lo que se pierde en este proceso es el lugar de interrogación de la persona, y es allí donde se ubica la especificidad de nuestra civilización, la de las luces, en la que cada ser humano es capaz de poner en problematización a sí mismo y a los otros. Y es esa capacidad de problematización que crea la experiencia humana lo que hace de cada uno de ustedes un maestro. Hannah Arendt, cuando se le preguntó cuál es la manera de combatir contra la banalidad del mal, dice que hay que restituir la capacidad de pensar libremente, plantearse preguntas, que es lo contrario de calcular mensajes. La mayoría de ustedes acá son universitarios: la universidad tiene como finalidad evitar que las personas se vuelvan calculadores de mensajes. Y para eso hay que apropiarse del pasado, pensarlo, y hacer algo nuevo. Esa es la revuelta contemporánea”.
Usted habla de la experiencia-revuelta y pone el concepto en sintonía y actualidad con los movimientos de indignados y las protestas estudiantiles en Chile. En uno de sus últimos trabajos habla de la adolescencia como un grupo “enfermo de ideales”. ¿Cómo piensa esa enfermedad de ideales en el contexto mundial de hoy?
Yo sé que, por ejemplo en el caso chileno, los jóvenes buscan una revuelta que modifique las estructuras pragmáticas, como los subsidios y las becas, pero al mismo tiempo buscan un cambio en los valores. Recrear nuevos ideales: ese es el sentido real de la palabra revolución. Eso es posible solamente si uno se cuestiona a sí mismo, si es capaz de atravesar experiencias interiores, y recién después uno podrá traspolar eso a una sociedad encadenada por las finanzas y por los elementos del lenguaje. Eso está en la base de lo que buscan los estudiantes. Hay muchos jóvenes que no participan de estas manifestaciones, y que cuando van al analista nosotros percibimos en ellos la experiencia de la revuelta, pero ellos todavía no lo saben o no pueden expresarlo. En ese sentido, y esto tiene que ver con lo que está pasando en el mundo, el psicoanalista está ahí para comprender al que busca nuevos ideales, al que está cansado, aburrido e indignado de los antiguos ideales. Pero cuidado: el psicoanalista no es un sacerdote o un educador que le va a dar a esos jóvenes un guión moral. El psicoanalista les puede legar, solamente, una confianza. Les va a decir ‘ustedes tienen que crear, vayan’”.

Próxima estación: Buenos Aires
En Buenos Aires, el pensamiento kristeviano y el de todo su grupo –la escuela francesa, diríamos– pegó con fuerza en la Academia argentina de la reconstrucción democráctica e hizo metástasis en las aulas de los años ochenta y noventa de un modo profundo. Las cátedras de Pezzoni, Panesi, Ludmer, Sarlo y tantas otras acusaron recibo de ese pensamiento disrruptivo y pusieron a jugar aquellas teorías con la tradición local. De una manera tremendamente vital, estos textos funcionaron como un deshielo o un golpe de luz para modernizar la Academia y el pensamiento argentino después de los años oscuros. Con la década de 2000, las inquietudes de Julia Kristeva siguieron transformándose y diversificándose. Ningún volantazo atomizó su inspiración, lo que demuestra una vez más, por si hacía falta, que la persistencia acrítica de las taras juveniles, por más exitosas o productivas que hayan sido, es lo que verdaderamente envejece un pensamiento. Así, sus múltiples líneas de sentido se estudiaron aquí en círculos bien distintos: la Escuela de Orientación Lacaniana, la Asociación Psicoanalítica Argentina, la Facultad de Filosofía y Letras, los estudios de género, la facultad de Sociales. Algunas traducciones argentinas acompañaron a lo largo de los años el desembarco de este pensamiento, y otros libros españoles o en su idioma original circularon de mano en mano o en gastadas fotocopias. Esa misma experiencia transmitían los lectores de Kristeva en Valparaíso, y esa es, sin dudas, la experiencia compartida de un continente que, además de leerla, ha encontrado muchas veces en el día a día político, social, psicoanalítico y literario de sus países la materialización de esa vasta teoría de vida.

martes, 1 de septiembre de 2015

Defender el psicoanálisis... contracorriente

Alain Badiou y Elisabeth Roudinesco: defender al psicoanálisis

A propósito del 30° aniversario de la muerte de Lacan, el pensador y la historiadora se reunieron a conversar y alertaron sobre los tratamientos reaccionarios y la obsecuencia de algunos psicoanalistas. En marzo, lo publicaron en “Lacan, pasado y presente” (Seuil), pero la discusión siguió en los medios.

POR PABLO E. CHACÓN

Lacan, pasado y presente es el título que Badiou y Roudinesco decidieron firmar juntos. El pensador y la historiadora dialogaron y editaron una serie de conversaciones sobre la invención freudiana. Y alertaron sobre los ataques permanentes que recibe esa práctica. Ya no se trata sólo de las diferencias políticas entre ambos, y de cada uno respecto, por ejemplo, de la organización empresarial del psicoanálisis después de la muerte de Jacques Lacan en 1981, sino de prender una luz roja sobre el carácter reaccionario de los tratamientos y los diagnósticos en un mundo cada vez más inclinado a las soluciones urgentes, sometido a las operaciones mediáticas de los laboratorios farmacéuticos, sus brazos ejecutores (los médicos y muchos analistas) y cierta prensa que encuentra en la publicidad de placebos una manera de continuar sus negocios por otros medios.
Se sentaron a discutir cuando se cumplieron los 30 años de la muerte de Lacan, hace ya unos meses. Y descubrieron, el filósofo de la izquierda radical, y la historiadora que supo (o sabe) construir una imagen de Jacques-Alain Miller como la de un usurpador al que no puede dejar de reconocerle inteligencia, capacidad de dirección y una legitimidad donada por el mismo Lacan, que además de los malentendidos, y de extrañar la transmisión sin par del autor de los “Escritos”, el problema era más grave que las disonancias personales: el problema era el psicoanálisis y su capacidad de supervivencia en un universo hostil al silencio, la paciencia, el trabajo a largo plazo (y con otros) que propone su práctica. Y algunos psicoanalistas de peso que bajo la excusa de seguir “a la letra” la enseñanza del maestro, o bien se convierten a la obsecuencia, esa pasión de multitudes, o bien, descartada la cura por la palabra, han optado por el aparato sanitario montado por la industria farmacéutica y sus voceros oficiales y oficiosos. Lacan mismo –recuerda Badiou– advirtió sobre la posibilidad de una regresión global que si se la traduce, implicaría el triunfo de la religión sobre la ciencia del inconsciente, que desde la lógica más rigurosa, puede entender, de los fundamentalismos y sus variantes “humanistas” o ecuménicas, su valor de consuelo, pero nunca, para cada quien, su valor de verdad. A menos de entender, como hacen cantidad de religiosos y psicoanalistas, que consuelo y verdad resultan equivalentes y universales. Pero no es el caso.
El 15 de marzo, Seuil publicó el libro. Badiou y Roudinesco se reunieron algunas veces más y continuaron la conversación y acordaron los términos. El primer punto: advertir que también durante el siglo XXI, el psicoanálisis corre el riesgo de diluirse en una especie de psicoterapia o de psicología para masas, perdiendo el filo subversivo que es la marca de Freud y de Lacan. Y también consideraron, el primero en recordar la presencia activa del psicoanalista, durante los 60, ajustando, si fuera posible todavía más sus conceptos (al igual que su escepticismo), contrario al de sus discípulos de la época, orientados por el filósofo Louis Althusser, y disidentes con su posición a favor del PCF. Eran abiertamente maoístas, normalistas que entre 1966 y 1969 publicaron los Cahiers pour l’Analyse –entre ellos Miller, Alain Grosrichard, Michel Tort, Francois Regnault, Jean Claude Milner, Luce Irigaray, Serge Leclaire, Jacques Derrida y el propio Badiou. La señora Roudinesco –que acaba de perder un juicio contra Miller y su esposa, Judith, hija de Lacan–, prefirió, en cambio, atender las causas por las cuales considera que el psicoanálisis corre peligro: burocratización, institucionalización empresarial, falta de consideración a los fenómenos psicopatológicos colectivos, pánicos inéditos, etcétera. Sobre los ataques que pudieron leerse en el Libro negro del psicoanálisis y la biografía novelada de Freud escrita por el profesor Michel Onfray, tomó posición en su momento, en dos libros, bien argumentados, desestimando falsedades e injurias diversas. Para la autora de la biografía (no autorizada) de Lacan, el psicoanálisis debería cuidarse no sólo del conductismo y las neurociencias sino de los mismos psicoanalistas. Sin embargo, la defensa de práctica tan compleja pasó sin pena ni gloria, al menos para los psicoanalistas de mayor nombre fuera de Francia.
Ese fenómeno es el que reprodujo hace dos semanas la revista parisina Le Nouvel Observateur. Dijo entonces Badiou: “Hoy en día se nos dice que ser un individuo es suficiente. Es el discurso del liberalismo supuestamente democrático, que produce individuos maleables y sumisos, atrapados, incapaces de acciones comunes (…) Ese también es el discurso de la neurociencia, que pretende reducir el sujeto a la neurona individual. La neurología dice que ‘el hombre es una gran bolsa de neuronas’. Se trata de un sistema científico para mejor despliegue del capital. En el campo de la psique, sólo el psicoanálisis, creo yo, es capaz de salvarnos. Pero parte de nuestro llamado es que los psicoanalistas, atrapados en sus peleas, no hacen lo necesario para defenderse. Se debe encontrar una manera de satisfacer la nueva demanda dirigida al psicoanálisis sin caer en el neo-positivismo. Y son ellos quienes pueden dar ese paso.
Roudinesco quizá sea más explícita (o menos simpática). “Los psicoanalistas deberían producir más teoría. Sus grupos funcionan como empresas, como corporaciones profesionales. Condenan a los padres del mismo sexo, la omnipotencia de la madre en contra de la función paterna. Los psicoanalistas no tienen que estar haciendo trabajo de policías en nombre del complejo de Edipo. Viven en el diagnóstico y en los medios. Y abandonaron la cuestión política: son escépticos, falsos estetas desvinculados de la sociedad. Dicen que curar el sufrimiento es un modelo antiguo. Sin embargo, las condiciones no han cambiado tanto. En la época de Freud, los pacientes eran de clase media y media alta, tenían tiempo y dinero. Es lo que no tiene la mayoría de las personas ahora. El problema es que de seguir así, los analistas sólo se analizarán entre ellos. Lo que dice Badiou es que habría que escuchar esta nueva demanda. Y creo que eso es posible. El análisis estándar estará reservado para quienes lo deseen. Porque hay que entender que no todo el mundo quiere explorar su inconsciente. No estamos en 1900. El psicoanálisis creció. Las personas saben algo del inconsciente. La demanda siempre es de saber, pero a menudo también es para resolver una situación específica. A eso también tienen que responder los nuevos analistas. Si no, tendrán cada vez menos pacientes”.

¿Qué implica el regreso a Lacan?

¿Qué implica el regreso a Lacan?

Psicología. La pregunta fundamental que guió todo el quehacer lacaniano es la que hoy se soslaya: ¿qué es el psicoanálisis? Retomarla sería esencial.

POR EVA TABAKIAN

Lacan comienza su enseñanza enarbolando una consigna que lo localiza por fuera del psicoanálisis de su época, el ya famoso “Retorno a Freud”. Con este objetivo toma como punto de partida lo que denomina la experiencia germinal de Freud que constituye el origen del psicoanálisis y consiste en revelar el elemento estructural del proceso psicoanalítico: la reconstitución completa de la historia del sujeto. Pero no entiende la historia como el simple pasado sino como el pasado historizado en el presente.
En cambio, el freudismo se orientaba hacia la relación analítica en el presente ( hic et nunc ) lo que implica la readaptación del sujeto a la realidad, tomando el Yo del analista como medida de esto real. Con el retorno, Lacan retoma la posición de Freud acentuando el peso que tiene tal concepción del pasado y dejando de lado la “vivencia” y lo “vivencial” que tantas veces se desliza en algunas concepciones y que lleva a las conclusiones de la Ego Psichologie que entrona una psicología del Yo, desconociendo las coordenadas que Freud estableció en una de sus obras más importantes, El Yo y el Ello . Entonces opone al aquí y al ahora del freudismo la rememoración, entendida como función simbólica de la memoria. De modo que incluye en su lectura de Freud y sus seguidores la misma lógica temporal que el fundador del psicoanálisis estableció como fundamento de la operación psicoanalítica.
En una conocida entrevista que Paolo Caruso le hizo con motivo de la publicación de susEscritos , el mismo Lacan define lo que entiende como retorno. Allí dice que su “retorno a Freud” significa simplemente que los lectores se preocupen por saber efectivamente y de primera mano qué es lo que Freud dice y qué quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad aplicando la crítica freudiana a los textos de Freud. De este modo se llegan a descubrir muchas cosas. Dice también que “como se sabe, la mayor parte de lanzas las he roto contra los círculos dirigentes de la Sociedad Psicoanalítica Internacional, que después de la guerra me han colocado en una situación muy especial. Mi oposición es categórica, agresiva, y se acentúa ante una teoría y una práctica totalmente centradas en las doctrinas llamadas ‘del Ego autónomo’, que dan a la función del ego el carácter de una ‘esfera sin conflictos’, como se le llama. Este ego, en sustancia viene a ser el ego de siempre, el ego de la psicología general, y en consecuencia, nada de lo que pueda discutirse o resolverse a partir de él es freudiano. Simplemente, es una manera subrepticia, dogmática y autoritaria, no de incluir el psicoanálisis en la psicología general como pretenden, sino de llevar la psicología general al terreno del psicoanálisis, y en definitiva de hacer perder a éste toda su especificidad. Aquí me veo obligado a hacer un resumen poco preciso.” En este punto refiere a lo que se denominaba en ese momento el grupo de Nueva York, constituido por personajes que provienen directamente del ambiente alemán: Heinz Hartmann, Loewenstein, Ernest Kris, a los cuales se enfrentará con todo el rigor de la lectura propia haciéndolos responsables de la desviación de la teoría freudiana. Dice que “se han aprovechado de la gran diáspora nazi para imponer en América, con toda la autoridad que derivaba del hecho de proceder de aquel lugar benemérito, una cosa absolutamente adaptada a una sociedad que, en este aspecto, estaba esperando que los Magos la intimidaran. Para sus teorizaciones encontraron incluso muchas, tal vez demasiadas, facilidades, caminos demasiado trillados por una tradición, para no extraer beneficios extraordinarios de carácter personal. En una palabra, se trata de una traición muy clara a los descubrimientos originales y peculiares de Freud.” Esto nos enseña que no basta leer a Lacan insistentemente para poder seguirlo como él hizo con Freud, porque lo que está en juego en el seguirlo no es “saberlo mejor” ni poseer versiones más o menos auténticas. Sólo se puede tener acceso a su palabra cuando se establece una relación tal que permita aprender qué hay para pensar en ella. En este sentido originario, sólo podrán seguirlo aquellos que puedan someterse a su recorrido. Y este recorrido Lacan lo encara desde una lectura de El Yo y el Ello rompiendo con la tradicional interpretación de los psicoanalistas del momento.
Como también enfatiza Isidoro Vegh, en ese tiempo, Lacan se vio obligado a recordar que en El Yo y el Ello, cuando Freud habla de la función de síntesis del Yo, habla de lo que el Yo quiere lograr pero no de lo que logra, y por eso habla de los vasallajes del yo y no del señorío del Yo. A partir del instintivismo kleiniano, se volvía a poner como último determinante a los instintos que tenían que ver con lo biológico sin advertir la importancia que Freud estableció entre pulsión e instinto.
El instinto está determinado por el objeto que le conviene, la comida de las hormiguitas por ejemplo (no hay huelga de hormiguitas) y en cambio la pulsión es aquello que, originado también en el cuerpo, es lo que hace que pasemos de la comida al menú. Cuando tenemos esa libertad del menú también la oportunidad de desorientarnos y lo único que allí nos puede orientar es lo que llamamos la articulación simbólica. Es decir lo mismo que nos desorienta, el lenguaje y la palabra, es la oportunidad para volver a orientarnos.
Lacan tuvo que recordar eso fundamental a los psicoanalistas: el descubrimiento fundamental de nuestro maestro es el inconsciente y el inconsciente está estructurado como un lenguaje y el ser humano produce síntomas precisamente porque el lenguaje atraviesa el cuerpo y esa determinación del síntoma es lo que permite que el psicoanálisis opere deshaciendo el síntoma también a través de la palabra. Es decir que Lacan requiere del retorno para volver a los conceptos fundamentales del psicoanálisis, los conceptos de Freud, que fueron desvirtuados por los analistas que lo sucedieron.
En este momento de la historia del psicoanálisis, se vuelve a repetir la misma situación. En el caso de Lacan agravado por la modalidad oral de su enseñanza y por la transcripción de la misma en manos de una Escuela que impone su propia impronta y acentuación. De este modo se establecen distintos períodos en su enseñanza, generalmente tres, en los que se distinguen referencias específicas. El primero apunta al retorno a Freud, su deuda al estructuralismo y la lingüística, y una relación fundamental con el pensamiento de Heidegger. El segundo alude fuertemente a lo simbólico, la metáfora paterna y el establecimiento de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: el Inconsciente, la pulsión, la transferencia y la repetición. Y finalmente el tercero a toda la temática de lo Real como elemento último de su trilogía (Imaginario, Simbólico y Real), la institución de la topología como modo de pensarlo y el Goce en contraposición o complementariedad con el deseo y el placer.
Esta división que en algún momento el mismo Lacan avaló puede pensarse de distintos modos. Como una progresión en la cual una etapa supera a la otra, en el sentido de las ciencias naturales, o como un proceso de pensamiento en el cual una se resignifica en la otra y produce un nuevo saber acerca del inconsciente que fundamenta la teoría y la clínica. Hay también una modalidad en la que se ve una escisión entre el psicoanálisis clínico, político y epistemológico y se privilegian lecturas de una u otra orientación sin tener en cuenta que ninguna se sostiene sin la otra.
Esto tiene su origen en la misma modalidad en la que se gestó la publicación de sus seminarios, única fuente de acceso a su palabra, fuera de los escritos que él mismo editó. El establecimiento de esos seminarios ha sido pensado de distintas maneras, desde la restitución de un sentido que se habría perdido en la estenografía de las clases que dictó, hasta una puntuación que reforzaba el poder institucional de una Escuela que se fundó en su nombre después de que él hubiera disuelto la suya.
Esta marca institucional-familiar, hereditaria y legitimada también comprende una posición y una interpretación de la palabra lacaniana. El hecho de que esta legitimación anule de alguna manera otras lecturas y comprensiones ha llegado evidentemente a un nudo en el cual los otros participantes se encuentran en una situación de exclusión. Como plantea Michel Sauval en su artículo “El testamento de Lacan”: durante esos 20 años de espera hubo intentos, de parte de algunos de los asistentes al seminario, de dar cuenta de esa enseñanza. Pero, obviamente, medidos con la vara de las exigencias de un ejercicio de transcripción “fiel” que pudiera alcanzar la pretensión de llevar la firma del propio Lacan, estos “intentos” no podrían sino desecharse, por la sencilla y estricta razón de que nunca pretendieron ser más que el “resumen” o “versión” que los firmantes podían testimoniar de esa enseñanza oral a la que habían asistido. Que yo sepa, ninguno de ellos pretendió redactar un texto que pudiera ser firmado por Lacan.
Después de muchas escisiones y confrontaciones, el curso de la disputa podría pensarse en términos de quiénes son o no discípulos de Lacan, es decir quiénes pueden o no seguir su palabra más allá de la cercanía o familiaridad con su persona. Este concepto de discípulo que tan bien trabajara Kierkegaard da la medida de la lectura que hoy en día se hace de la obra de Lacan porque pone en juego un concepto de fidelidad que va más allá de las convencionales posiciones en juego. Ser fiel a su palabra significa hacerse cargo de lo que hay que pensar en ella, y con esto volvemos a los conceptos fundamentales y su fundamentación. Entonces cuando se plantea el retorno a Lacan sería conveniente poner sobre la mesa la pregunta que guió todo el quehacer lacaniano: ¿Qué es el psicoanálisis?, pregunta que hoy se deja de lado en tanto es la cuestión del ser la que a partir de aquí habla para siempre.
La pregunta por lo que es el psicoanálisis implica poder pensar más allá de estar a favor, en contra de las instituciones psicoanalíticas. Queda abierto el espacio para debatir en torno a lo que quizá sea un problema para nada carente de historia: el de la palabra al fin revelada y el poder que la promesa de su enunciación supone.