PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta psicoterapeutas Zaragoza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicoterapeutas Zaragoza. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de febrero de 2019

Frustración en Altas Capacidades

Si no enfrentas a tu hijo a situaciones frustrantes, ¿cómo quieres que aprenda a manejarlas? Si cada vez que tu hijo protesta, te apresuras a atenderlo, ¿cómo aprende a manejarse a una contingencia negativa? ¿Tenemos que enfrentarlos a situaciones frustrantes? ¡Sí! Rotundo y mayúsculo, ¡pero ojo!, no esperemos que eso ocurra por sí mismo dentro del ambiente escolar, porque eso no ocurrirá.

Los niños con un desarrollo que podríamos denominar normalizado, aprenden a frustrarse en el colegio, aprenden a cooperar con ese sentimiento y lo aprenden porque se les presentan cosas que no conocen y que tardan en dominar. ¿Qué ocurre con los niños con alta capacidad? que no aprenden, porque el colegio no los frustra. Un niño que lee antes de que en su clase enseñen a leer, que escribe antes, que aprende más rápido, no experimentan nunca esa sensación de "no alcanzar", de "no conseguir". El colegio no sólo no les enseña a frustrarse, sino que, con frecuencia, les enseña a reaccionar con desidia y desinterés.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Teléfono: 653 379 269
E-mail: rcordobasanz@gmail.com
Página Web: www.rcordobasanz.es
C/ Lacarra de Miguel 27, 2C. General Sueiro

domingo, 12 de marzo de 2017

Laura Gutman




Extracto del libro Adicciones y violencias invisibles
El maternaje depende fundamentalmente de la capacidad de contacto emocional que las mujeres estemos en condiciones de desplegar en el vínculo con el niño pequeño durante las horas que efectivamente estamos en casa. Si la comunicación, el amparo, la vibración perceptiva, la sincronicidad de tiempos y de emociones se plasman con facilidad en la relación, el niño puede esperarnos durante las horas de ausencia. De todas maneras, las madres fusionalmente conectadas dejaremos a nuestro hijo en manos de alguien que perciba el clima sutil que mantenemos y que sea capaz de respetar el ritmo y la cadencia que nos envuelve.
Esas horas de encuentro llenarán de gozo y de leche las necesidades de ambos; nos fundiremos entre sensaciones oníricas y dormiremos abrazados sin desperdiciar un instante de intercambio y de ternura. Las madre sabremos regalarles a nuestro bebé, palabras suaves que expliquen dónde estaremos durante nuestras ausencias y cuánto lo extrañamos cuando no estamos juntos. Por su parte, el niño confirmará cada día que regresamos llenas de entusiasmo ofreciéndole nuestro cuerpo caliente para nutrirlo sin pausa. Un niño íntimamente amparado sabe que estamos siempre cerca, que solo tiene que esperar un rato. Que en breve lo compensaremos.
Por eso el problema no es trabajar. El único problema para el niño pequeño es la distancia emocional y el miedo que las madres tenemos respecto a nuestro propio despertar. A veces el trabajo es una excelente coartada para no tener que confrontar con nuestros demonios internos, ni tener que acercarnos a nuestra dura realidad interior. El trabajo no lastima nuestra capacidad para fusionarnos con el bebé. Solo nos obliga a ser más prolijas para lograr un mejor rendimiento de las horas del día.
Cuando creemos enloquecer, cuando las imágenes de unión con el cosmos se presentan, cuando las percepciones se agudizan al punto de escuchar realidades paralelas, podemos aferrarnos a ese lugar tan seguro que es nuestra oficina. No está mal si las mujeres tomamos esta decisión, que probablemente sea la mejor para muchas de nosotras. Pero queda claro que esta también es una determinación: alejarnos del mundo sombrío y deleitarnos con la luz. En cualquier caso, no es el trabajo el que determina nuestra cuota de fusión, sino que –por el contrario– es nuestra capacidad o incapacidad de fusión la que determina cómo, cuándo, cuánto y dónde elegimos trabajar.

Laura Gutman