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Paz y Ciencia
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lunes, 7 de mayo de 2018

Bipolaridad



Con Karl Leonhard comienza a fraguarse la conceptualización poskraepeliana más influyente en la perspectiva actual del diagnóstico de la enfermedad maníaco-depresiva: la distinción entre formas bipolares y unipolares.
Leonhard sintetiza, unifica y modera las ideas de su maestro Karl Kleist (quien sostenía que manía y melancolía "son dos enfermedades afines con una cierta tendencia a asociarse"), y propone su conocida clasificación basada en criterios clínicos, evolutivos y heredo-biológicos:

:: CLASIFICACIÓN DE LAS PSICOSIS FÁSICAS Y CICLOIDES (FASOFRENIAS):
# Psicosis FÁSICAS:
- Psicosis maníaco-depresiva
- Depresiones Puras (unipolar):
Depresión agitada
Depresión hipocondríaca
Depresión de autoacusación
Depresión de referencia
Depresión fría
- Euforias Puras (unipolar):
Euforia improductiva
Euforia hipocondríaca
Euforia exaltada
Euforia confabulatoria
Euforia fría

# PSICOSIS CICLOIDES
- Psicosis de angustia/felicidad
Ansiosa
Estática
- Psicosis confusional
Inhibida
Excitada
- Psicosis de la motilidad
Acinética
Hipercinética
...............................................
:: Para este autor, el elemento clínico diferencial más importante entre formas bipolares y unipolares no está sólo en la oscilación del tono del humor entre los dos polos, sino en la sintomatología: es polimorfa en aquéllas y puras en éstas. Llega incluso a aceptar que "es posible reconocer casos que se manifiestan casualmente sólo en la misma polaridad, pero que, en realidad, tienen en sí la disposición a desviarse hacia el polo opuesto, por lo cual deben ir adscritos a las formas bipolares", donde "la disposición a desviarse" a la que se refiere es la variabilidad sintomatológica del paciente. Por el contrario, sostiene que las formas unipolares recorren siempre "los mismos motivos temáticos".

:: Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta.
Zaragoza (Zona Centro)
C/ Lacarra de Miguel 27. 2C.
Antes General Sueiro
Cita: 653 379 269
email: rcordobasanz@gmail.com
web: www.rcordobasanz.es

viernes, 12 de septiembre de 2014

Las Psicosis BIpolares no Maníaco-Depresivas



Las Psicosis Cicloides: Psicosis Bipolares no Maníaco-depresivas
UN POCO DE ANTECEDENTES

Historia de las psicosis cicloides
Las Psicosis cicloides son una entidad clínica con características propias, que no se encuadran en las denominaciones dicotómicas clásicas de psicosis maníaco o esquizofrenias de la era Kraepeliniana.
La última centuria, según Lanczik, fue dominada por dos conceptos diametralmente opuestos. Por un lado la noción unitaria de las psicosis (llamada psicosis unitarias) desde la nosología y patología; a este concepto adhirieron Zeller (1804-1877) y Griesinger (1814-1884). En contrapartida surgen los defensores de la existencia de varias enfermedades psiquiátricas y problemas del humor, negando las psicosis únicas. (Neumann, 1859; Rennert, 1965; Vliegen, 1980; Lanczik, 1989).
Las psicosis cicloides son entidades clínicas que fueron identificadas por distintos autores y que recibieron diferentes denominaciones a través del tiempo.
En la escuela francesa, Magnan, describió los delirios agudos y los denominó delirio polimorfo de los degenerados o bouffèes delirantes. Los dividió en tres tipos, uno de los cuales, era el de los sujetos que no revelaban ninguna tara apreciable a primera vista, pero que ante un factor desencadenante como puede ser una emoción, una enfermedad, una simple debilidad física, incluso un acontecimiento fisiológico, se alteraba el orden psíquico del paciente.
Según Magnan: “Este delirio en su inicio es tan brusco como insidioso. En pocos días estas psicosis realizan profundas perturbaciones alucinatorias y de la personalidad y se derrumban tan pronto como se han elevado” (bouffèes delirantes). La descripción que hizo de estos cuadros contiene la esencia de las psicosis cicloides, por supuesto sin la formidable sistematización de Leonhard.
En 1950, Henri Ey, retomó la noción de bouffèes delirantes a las que denominó “psicosis delirantes agudas”.
En la escuela alemana, el fundador de la investigación clínica fue L. Kahlbaum (1828-1899), publicó “La agrupación de las enfermedades psíquicas y la clasificación de los trastornos mentales”, siguiendo el modelo empírico francés. Kahlbaum insistió en la importancia de establecer no solo un síndrome con síntomas idénticos sino en reconocer una misma etiología, respuesta, pronóstico y hallazgos patológicos. En su monografía de 1874, describió la catatonía o “locura de tensión”, dentro de las enfermedades cíclicas del ánimo. Esta entidad encontró su defensor en Carl Wernicke y constituyó el germen de una de las formas de las psicosis cicloides: la psicosis de la motilidad inhibida.
El desarrollo del concepto de las psicosis cicloides se remonta al problema de las “psicosis atípicas”, que surgió a su vez de la dicotomía en las psicosis endógenas, creada por Kraepelin (1923). Este problema concernía a la clasificación de aquellos cuadros que no podían asignarse a la demencia precoz ni tampoco a la enfermedad maníaco-depresiva.
La realidad clínica mostraba síndromes que no se podían clasificar dentro de esta dicotomía, tanto por sus síntomas en el corte transversal, como por el curso y desenlace, que evidenciaban ser diferentes por completo.
La división diagnóstica efectuada por Kraepelin creaba una dificultad clínica para hacer afirmaciones pronosticas. Muchos trastornos diagnosticados como esquizofrénicos, de acuerdo con su apariencia clínica, mostraban a menudo remisiones completas y una evolución favorable. Por último, Kraepelin reconoció que algunos casos diagnosticados como demencia precoz tenían una evolución fásica con buen pronóstico y los denominó “estados mixtos de locura maníaco-depresiva”.
Para solucionar este problema se recurrió a una ampliación del concepto de esquizofrenia, tal como lo concibió Bleuler, el representante de la corriente psicodinámica.
Bleuler admitió la existencia de esquizofrenias de curso periódico y recuperación total, haciendo referencia al hecho de que eran psicosis agudas, cuyas fases seguían la pauta evolutiva de la psicosis maníaco-depresiva. Decía: “En la mayoría de los casos vemos al principio sólo ligeros casos de deterioro residual después de cada ataque. En cambio, los síntomas esquizofrénicos suelen ser muy pronunciados”. Hablaba de esquizofrenias agudas curables.
Seguía siendo casi imposible hacer un juicio pronóstico confiable utilizando el concepto de Bleuler.
En esta misma corriente psicodinámica se pueden mencionar otros autores que describieron cuadros delirantes de buen pronóstico y de curso periódico y es muy probable que muchos de estos cuadros correspondieran a casos de psicosis cicloides.
Podemos mencionar a Friedman, que hablaba de “paranoias benignas”, y a Gaupp, para quien existían formas de paranoia que se curaban o mostraban remisiones muy importantes; a estos cuadros los denominaba “paranoias abortivas”.
Estos trabajos fueron coronados por la obra de Ernest Krestchmer, quien en su monografía de 1918 analizó el cuadro clínico de su “delirio sensitivo de referencia”.
Según Kretschmer este delirio se caracterizaba por su tendencia a la curación, la perfecta conservación de la personalidad y viva reactividad psicológica en todos los estadios patológicos; algunos de los casos que presentó en su monografía podrían corresponder a las psicosis cicloides.
Kasanin, un psiquiatra de origen norteamericano, publicó en 1933 un trabajo denominado “The acute schizoaffective psychosis” (psicosis esquizoafectivas agudas). Tomó el corte transversal de síntomas en siete pacientes jóvenes adultas y reconoció una labilidad emocional grave, mezcla de síntomas esquizofrénicos y afectivos, una grave distorsión de la percepción del mundo exterior, y la presencia de “impresiones sensoriales falsas”. Estos pacientes se recuperaban por completo del cuadro psicótico en pocas semanas, pero había una tendencia a la repetición.
Con Kasanin queda aceptada la denominación: “psicosis esquizoafectiva”, que se utiliza actualmente en el DSM IV. Pero es importante mencionar que la entidad que queda plasmada en este manual tiene poco que ver con la descripción original de los cuadros de Kasanin, que estaban mucho más cerca de nuestras psicosis cicloides que el trastorno esquizoafectivo tal como se lo describe en la actualidad. Los cuadros desplegados en el DSM IV se parecen más a una esquizofrenia con episodios depresivos.
Por otro lado, los criterios diagnósticos de la CIE 10 para las psicosis cicloides recuerdan más a cuadros maníacos o depresivos con delirios, o bien estados mixtos.
Lanczik y col. opinan que el concepto de psicosis cicloide de Leonhard surge como un modelo diferente al de Kasanin. Como entidad clínica, ha sido validada por Perris (1974), Brockington (1982), Maj. Y col. (1988) y Beckmann (1990). Según Brockington la subdivisión simplificada de las psicosis endógenas en dos, iría en detrimento de la psiquiatría científica y de los esfuerzos por una terapia psicofarmacológica diferenciada.
La clasificación de Kraepelin sirvió de base para la descripción de la acción del antidepresivo imipramina en 1957, pero en la actualidad, con ninguna de la modificaciones hechas a la clasificación dicotómica de Kraepelin se logró captar la etiología de las psicosis endógenas.
Según Ban, en realidad lo interesante de este punto es poder conseguir una nosología psiquiátrica basada en la delineación de formas y subfromas de las enfermedades mentales, para incrementar la homogeneidad, es decir poblaciones con alta validez predictiva.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Psicosis Cicloides



PSICOSIS ATÍPICAS, PSICOSIS CICLOIDES, LA PSICOSIS DESUBICADA

Introducción
El reconocimiento de una tercera categoría de psicosis funcionales, adicional a la dicotomía kraepeliniana de demencia precoz y psicosis maníaco-depresiva, data de principios del siglo XX —Kraepelin llegó a comentar favorablemente tal postura en sus escritos postreros—1. En este rubro intermedio se han descrito cuadros de psicosis caracterizados por presentar síntomas mixtos de las patologías antes mencionadas pero cuya naturaleza se discute: así, se ha postulado que tal grupo sería una variedad cercana ya sea a la esquizofrenia o a las psicosis afectivas, o una variedad distinta y medianera, o bien una heterogénea conglomeración2.
Hay consenso acerca de algunas características generales de este grupo de psicosis: inicio agudo, curso remitente, desenlace favorable a largo plazo y polimorfismo sintomatológico. Estos rasgos han sido descritos en distintos constructos nosológicos según las respectivas escuelas psiquiátricas, verbigracia: la bouffée délirante de la escuela francesa, la psicosis psicogénica de los escandinavos, la psicosis atípica de los japoneses o las psicosis cicloides de los alemanes, por mencionar algunos ejemplos: las diferentes conceptualizaciones del aparentemente mismo fenómeno reflejan la predominancia dispar que se asigna a sus distintos rasgos clínicos34.
Lo heterogéneo de estas concepciones se plasma en los sistemas clasificatorios: mientras el DSM-IV —muy usado en nuestro medio por el influjo de la psiquiatría norteamericana— menciona al Trastorno psicótico breve, al Trastorno esquizofreniforme y al Trastorno psicótico no especificado, diferenciados solamente por su tiempo de duración o por la completitud de criterios; en la CIE-10 encontramos en la categoría de Trastornos psicóticos agudos y transitorios, diversos cuadros que comparten el inicio agudo y la presencia de múltiples síntomas psicóticos3,5. Este último grupo recoge algunas características de las Psicosis Cicloides aunque existe evidencia de que tales criterios no las representan cabalmente5.
Con la finalidad de revisar tópicos acerca de las psicosis agudas, especialmente las Psicosis Cicloides, presentamos un par de casos ilustrativos. Cabe anotar que estos casos no son infrecuentes en la casuística cotidiana —se ha mencionado que las Psicosis Cicloides constituyen entre 15 y 24% de los internamientos psiquiátricos—6, asimismo hacemos énfasis en la necesidad de una mejor diferenciación nosológica de estas entidades en la práctica clínica.
Caso clínico 1
Varón de 56 años, dedicado a la compra y venta de chatarra, sin antecedentes personales ni familiares de importancia. Presentó el primer episodio de su enfermedad a los 18 años de edad luego de enterarse de la infidelidad de su pareja: tras la intensa cólera inicial empezó a mostrarse inusitadamente jovial, inquieto, verborreico, llegando a deambular desnudo, agresivo y hablando incoherencias por los cerros aledaños a su vivienda. Refería no guardar pleno recuerdo de lo sucedido durante las tres semanas que duró el episodio. Luego de tres años presentó un episodio similar de un mes de duración y fue internado en un hospital psiquiátrico: al alta no siguió ningún tratamiento y mantuvo su estabilidad durante nueve años, sin nuevos episodios ni oscilaciones marcadas de su estado anímico.
En el transcurso de más de treinta y cinco años de evolución el paciente ha presentado un total de nueve episodios similares y que sus familiares describen con la frase: "se pone como borracho", es decir, inquieto y locuaz al inicio, pronto se muestra frenético, destructivo, desorganizado, entremezclando situaciones y vivencias previas "como si estuviera soñando", incluso sin reconocer a los familiares. La menor duración de estos episodios ha sido una semana y la máxima aproximadamente siete semanas: hasta en un par de ellos ni siquiera llegó a recibir tratamiento. En general, nunca la prescripción antipsicótica se prolongó más allá de pocos días tras la finalización del episodio, tanto por los efectos secundarios como porque el paciente se sentía ya plenamente restablecido. Una minoría de episodios fueron precedidos por algún suceso particularmente estresante. Tras los episodios psicóticos en sólo dos oportunidades el paciente mostró pesadumbre por haber estado "como loco", pero nunca tal decaimiento anímico excedió las dos semanas de duración; tampoco hubo nunca ideación o intento suicida.
El último episodio de la enfermedad sucedió hace dos meses: tras una serie de sinsabores el paciente empezó a mostrarse taquilálico e hiperactivo, trazó planes sobre edificar su casa con material noble y sin ayuda, intentó derribar a puntapiés una pared de adobe y se volvió furibundo al ser contenido, destrozando enseres. Tras una semana de alteraciones conductuales fue llevado para atención psiquiátrica: al llegar a emergencia se le halló perplejo, en estado de confusión mental, con parcial desorientación en espacio y tiempo: decía saber que estaba en el hospital pero a la vez buscaba supuestas prendas de vestir para cambiarse. Su ánimo era ansioso y su afecto restringido. En su discurso fragmentado negaba tener alucinaciones aunque podía entreverse la presencia de delirios paranoides. En el transcurso de escasos días empezó a mostrar conciencia de enfermedad preguntando: "¿otra vez he estado loco, no?" pero evidenciaba amnesia importante de lo ocurrido durante su enfermedad. El examen neurológico fue anodino. Se efectuaron diversos análisis hemáticos, bioquímicos y hormonales, además de electroencefalograma y tomografía encefálica, sin hallazgos positivos. En el momento actual el paciente se halla totalmente asintomático y en ejercicio pleno de sus capacidades, sin prescripción antipsicótica.
Caso clínico 2
Varón de 42 años, albañil, sin antecedentes personales o familiares de importancia. Refiere que hace dos años, tras ruptura de relación conyugal, reaccionó con pesadumbre e ira hacia su esposa, sufrió insomnio y sensación de que "no controlaba sus pensamientos" así que fugó de su hogar: hizo un extraño periplo por la carretera en bus o a pie a lo largo de varios días y fue hallado a setecientos kilómetros al norte de Lima, deambulando desnudo en unos basurales: al ser intervenido se mostró irritable y suspicaz, con delirios de persecución y referencia. Fue llevado para atención médica e intentó fugar del vehículo donde era conducido: tras repetidos exámenes y análisis médicos no se hallaron datos de organicidad. El episodio en total duró alrededor de dos semanas y el paciente recuerda fragmentariamente: "No quería estar en este mundo, esperaba un llamado desde lo alto. Mi ropa no la sentía como propia por eso me la quité buscando un estado de pureza. Pensaba que nadie me amaba pero yo sí amaba a todos." Al examen mental se le notó perplejo, confuso ante la situación en que fue hallado, su lenguaje era fluido, su ánimo era ansioso y suspicaz, su discurso contenía delirios paranoides y místicos e igual temática afloraba en sus alucinaciones auditivas; no tenía conciencia de enfermedad. Tras unos pocos días de tratamiento antipsicótico y benzodiazepínico el paciente mostró parcial desaparición de síntomas, que en menos de un mes fue total. No continuó la medicación y reanudó a plenitud sus actividades habituales.
Hace seis meses el paciente empezó a mostrarse preocupado por unas deudas contraídas. En el transcurso de pocos días se tornó insomne y ansioso: percibía inexistentes hostigamientos —con elementos de grandiosidad— tanto en su trabajo como en su domicilio: "me envidian porque soy capataz, me ponen pruebas, creen que no puedo demostrar mi capacidad". Incorporó en su sistema delirante a sus familiares, rechazando su acercamiento, y en el paroxismo de su miedo notaron cómo el paciente desorganizaba su afecto, lenguaje y conducta: empezó a desnudarse, amenazaba con lanzarse por la ventana, ora lloraba, ora los bendecía al borde del éxtasis místico. Fue llevado para atención psiquiátrica donde se repitieron la evaluación neurológica y los exámenes de laboratorio y de imágenes sin hallazgos positivos: en el examen mental se le halló aterrorizado y clamando que lo querían asesinar: arrancó la tubería del baño aferrándose para que los enfermeros "no lo lleven". Sin embargo, por momentos se lo apreciaba en postura quiescente y pasmada como si estuviese orando. Su evolución fue igualmente favorable en pocos días. Ahora se halla asintomático y no ha cumplido con la dosis mínima de risperidona que se le prescribió.
Discusión
La concepción de las Psicosis Cicloides entronca con la noción novecentista de "degeneración", en el sentido de una labilidad predisponente a la eclosión de brotes psicóticos en ciertos individuos1,2. Kleist —discípulo de Wernicke— trabajó la idea de un grupo de "psicosis marginales" a la dicotomía kraepeliniana: en 1926 este autor acuñó el término "Zycloiden Psychosen", recogido luego por Leonhard7, quien a su vez describió hasta tres subtipos de Psicosis Cicloides: la psicosis de angustia —felicidad, la psicosis confusional y la psicosis de la motilidad, aunque sin enunciar criterios diagnósticos específicos. Posteriormente, Perris y Brockington8, establecieron criterios diagnósticos generales para las Psicosis Cicloides por encima de subtipos hipotéticos (Tabla 1).

Aparte de estos criterios, son prominentes en el cuadro clínico de las Psicosis Cicloides la alteración global de la vida psíquica ("holodisfrenia"), la característica variabilidad de síntomas intra e interepisodios —al punto que un cuadro totalmente estable suele ser incompatible con el diagnóstico del cuadro—, la inexistencia de síntomas deficitarios durante y tras los brotes y la relativa amnesia luego del episodio, a modo de un síndrome oniroide2. La edad de inicio es, en promedio, posterior a la de la esquizofrenia. Asimismo la brevedad de los episodios no debe asumirse como norma pues varios casos de Psicosis Cicloides llegan a durar algunos meses3,4,9.
En los casos presentados resaltan los síntomas clásicos de las Psicosis Cicloides: nuestro primer paciente semeja una psicosis cicloide de tipo confusional por su marcada desorientación, perplejidad e incoherencia del discurso; el segundo, una psicosis de angustia-felicidad, donde destaca la interposición de ansiedad extrema y terror a la muerte con sentimientos de altruismo extático y prominentes delirios paranoides y místicos. La benignidad del curso y la recuperación ad integrum de los pacientes corroboran nuestra impresión clínica. La estabilidad diagnóstica del primer cuadro abarca inclusive más de tres décadas y la condición clínica en ambos casos nunca ha requerido sino dosis bajas de antipsicóticos en cursos cortos.
La trascendencia del diagnóstico de las Psicosis Cicloides rebasa lo concerniente a la nosotaxia10,11: aunque la categoría de Trastornos psicóticos agudos y transitorios (F23, CIE-10) supuestamente engloba a las Psicosis Cicloides y constructos análogos, el mismo texto del CIE-10 advierte que "la nomenclatura y status nosológico de esta categoría son inciertos". De hecho, un buen porcentaje de pacientes con Trastornos psicóticos agudos y transitorios (alrededor de 50%) no encaja en el diagnóstico de Psicosis Cicloide12. Se ha demostrado asimismo que esta categoría posee validez incierta y pobre poder predictivo6,12.
Ante ello, y siendo las psicosis agudas más frecuentes en países en desarrollo como los latinoamericanos, se impone su consideración y estudio amplio en nuestras latitudes: infortunadamente el grueso de la investigación científica psiquiátrica se ejecuta en países industrializados donde estas psicosis son raras13. Es penoso que tal situación nos haga susceptibles a lo denunciado por Leonhard: por desconocimiento, o inadecuada ponderación en el diagnóstico diferencial, muchos pacientes con Psicosis Cicloides reciben regímenes prolongados e innecesarios de antipsicóticos mientras que, sin fármacos, tales pacientes podrían estar perfectamente bien9. No existen estadísticas de tal hecho aunque constatarlo en la práctica psiquiátrica no es una experiencia infrecuente.
Si bien la independencia de las Psicosis Cicloides respecto a la esquizofrenia parece hallarse más o menos esclarecida, un aspecto aún controversial es su filiación con las psicosis afectivas; algunos estudios han distinguido dos grandes grupos en las Psicosis Cicloides: uno cercano a los trastornos afectivos y otro independiente de ellos3,14. Recordemos que Kleist había señalado que las Psicosis Cicloides eran ciertamente psicosis "bipolares" pero no psicosis maníaco-depresivas7. Esta circunstancia se aduna a lo descrito por otros autores acerca de la difícil distinción entre psicosis agudas como las cicloides y episodios afectivos tal los maníacos y mixtos15 —cuántos episodios de Psicosis Cicloides podrían estar siendo etiquetados como episodios afectivos mixtos en nuestro medio y hasta qué punto podrían traslaparse sus respectivos cuadros clínicos, es punto pendiente de discernimiento aún—. García-Valdecasas2, en su autorizada revisión, propone operativamente reservar el diagnóstico de esquizofrenia para cuadros psicóticos crónicos con deterioro, o bien el de paranoia si, siendo también crónicos, tal deterioro no existe. Y diferenciar entre trastornos bipolares o Psicosis Cicloides si, ante la presencia de fases con recuperación plena y sin deterioro, predomina el aspecto afectivo o bien el trastorno delirante-alucinatorio con cierta afectación global de la vida psíquica.
Recientemente se ha introducido el constructo de Psicosis Agudas Remitentes No Afectivas13 en un intento de englobar psicosis sin exigencia de sintomatología específicamente definida pero con un límite de duración de hasta seis meses (de tal manera que se incluyan no sólo los Trastornos psicóticos agudos y transitorios cuyo margen temporal es de tres meses). Sin embargo, tal propuesta global e indiferenciada —con interés quizá a nivel epidemiológico— obsta contra la creciente validez del constructo de las Psicosis Cicloides: tanto a nivel genético —menor heredabilidad ante otras psicosis—; fisiológico —mayor componente P300 de la onda de potencial evocado respecto a la esquizofrenia, algunas alteraciones en el metabolismo de aminoácidos y asociación a oscilaciones hormonales estrogénicas-; de neuroimágenes —observaciones no replicadas sobre ausencia de agrandamiento de ventrículos cerebrales— y obviamente su sólida validez a nivel psicopatológico y terapéutico3,4,5,10,11. Pero aparte del valor clínico y pronóstico de las Psicosis Cicloides, debe señalarse su trascendencia heurística que desborda los límites estrictos de las taxonomías actuales al incorporar signos y síntomas alternativos como las experiencias subjetivas de perplejidad, desconcierto emocional y sentimientos extáticos así como disturbios de la motilidad distintos a la catatonía5.
Desde luego, hay razones para presumir que pese a la elevada consistencia interna del constructo de Psicosis Cicloides, probablemente estemos ante un trastorno heterogéneo desde el punto de vista etiológico3: en nuestro actual nivel de conocimientos es imposible articular todavía una hipótesis neurobiológica. Sin embargo, existe un buen número de razones para considerar a las Psicosis Cicloides como una propuesta diagnóstica seria, al menos a nivel descriptivo5,10, a saber: su consistencia interna, su valor discriminativo ante diagnósticos adyacentes, su valor predictivo de benignidad y el hecho insoslayable de que tomar en cuenta este diagnóstico diferencial permitirá ampliar el panorama ante cuadros psicóticos frecuentes en nuestra práctica, y que pudieran estar siendo mal abordados o simplemente pasando desapercibidos.
Referencias bibliográficas
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martes, 25 de septiembre de 2012

Bipolaridad desde lo personal y lo teórico

 
 
"Las teorías nunca coinciden con las personas". Rodrigo Córdoba Sanz

DESDE LA BIPOLARIDADpor Carles Cornejo


LOS ASPECTOS POSITIVOS DE LA BIPOLARIDAD

Después de recorrer un largo camino de más de quince años con una mochila a mis espaldas hoy llamada “bipolaridad”, me ha llegado la hora de sacar a la luz mis conclusiones al respecto.
En un primer momento todo el mundo puede asustarse ante esta enfermedad, por un desconocimiento general de lo que conlleva vivir con este tipo de trastorno. La gente tiende a esconder estos estados por considerarlos vergonzosos o por creer que son mal vistos por un amplio espectro de la sociedad, que incluso puede llevar a la estigmatitación, pero yo he querido hacer “de tripas corazón” y me propongo en este escrito hablar de los aspectos positivos de esta forma de ser , ya que los negativos son obvios.

En primer lugar tengo que decir que la bipolaridad trae consigo una especial sensibilidad, se tiene un espectro afectivo mucho más amplio que la mayoría de la población. Este potencial hace que se pueda sintonizar mejor con un el mundo menos material, un mundo al que, de acuerdo con Ramon Marquès, llamaré “ideático”, donde la persona se ve más expuesta a todo aquello que no se puede experimentar directamente, como las intuiciones y la atracción hacia el desarrollo de la creatividad. En el lenguaje de C.J. Jung diríamos que hay una marcada receptividad a los arquetipos, entendiendo como tales a “los elementos estructurales y primordiales de la psique humana” y, en palabras de Ramon Marquès, podríamos decir que existe una hiperactividad de la “función ideática”; Stanislav Grof hablaría de la “consciencia holotrópica”.

El concepto expuesto con anterioridad podría parecer que cae dentro de la filosofía e incluso del esoterismo, pero mis últimas averiguaciones me han llevado a la conclusión de que existen unas bases biológicas de la personalidad ideática, que en palabras del Dr. Javier Álvarez se llama “hiperia”. La hiperia sería una actividad que parece derivada de la capacidad fisiológica que poseen las neuronas de determinadas áreas cerebrales para funcionar de forma hipersincrónica, es decir, para encenderse en gran número y al unísono La hiperia nos llevaría a una excesividad, que sería la forma de contacto con los ya mencionados arquetipos. Un símil a esta función es cuando sintonizamos las ondas hertzianas con una radio.

Expuestos los anteriores puntos, viene para mi la parte más importante, la de explicar los aspectos positivos de la bipolaridad. Considero que pueden haber aspectos positivos siempre que se sepa sincronizar con lo bueno, lo bello y lo justo. Si este potencial del que se dispone nos lleva a un crecimiento como personas debido a que quedan amplificadas todas las ideas y, si éstas son positivas, es evidente que existe una ventaja con respecto al resto de los mortales, ya que se puede llegar a unos niveles de autorrealización muy elevados y es aquí donde encontramos el aspecto positivo. Pero no debemos olvidar que existe la ley de los opuestos y que cada moneda tiene su reverso; con ello quiero prevenir a los que sintonicen con ideas negativas, pues ello les puede llevar directo a la autodestrucción. Sin embargo, entiendo que son nuestros valores los que deciden a qué lado nos inclinamos.


AL OTRO LADO DEL ESPEJO

- La dopamina en concentraciones elevadas es responsable de las capacidades artísticas, de la fantasía, de lo absurdo, lo extraordinario, es una molécula potenciadora de la locura. Para estimular la dopamina, se debería dejar volar la imaginación y los sentimientos.

- Las fases de manía se caracterizan por un exceso de la dopamina, aparte de otros neurotransmisores.

- Las tradiciones ascéticas ancestrales de todas las religiones han utilizado técnicas muy concretas para elevar las concentraciones de dopamina, técnicas tales como el ayuno, la fijación en un punto luminoso (una vela), la repetición monótona de un mantra, las postraciones, el aislamiento sensorial, la danza, la música, el esfuerzo físico, la meditación , la contemplación, el sexo, las drogas, etc. En todas estas técnicas se intenta el encendido dopaminérgico del celebro, que nos conduce a experiencias fuera de lo normal, en las que las ideas se suceden en cascada y que en el caso de un bipolar, éste no sabe o no puede controlar sin ayuda de medicación.

- En la alerta hipomaniaca, nos damos cuenta de lo que va a suceder, y no podemos dejar arrastrarnos por el arquetipo que más nos llama, pues si se hace con nosotros, para la vuelta a la vigilia normal, seguro que tendremos que pasar por un ingreso. En ese instante de emergencia todo puede parecer maravilloso, y las sincronicidades se suceden, es el momento en que el artista puede hacer sus grandes obras, el poeta crea sus más fantásticos escritos, el místico conecta con la trascendencia, pero no se puede pasar el límite, se ha de saber recurrir en ese momento a los neurolépticos y a las urgencias psiquiátricas.

- Cuando se entra en estado de manía la conciencia humana se abre al mundo de las ideas, es el “ábrete sésamo” al mundo de los arquetipos. Este tipo de conciencia ha sido definido por el psiquiatra Stanislav Grof como conciencia holotrópica, en contraposición a la conciencia hilotrópica del mundo tangible y material. Ramon Marquès diría que es “un exceso ideático”. En la conciencia holótropica o ideática se entra en un mundo donde parece que todo sea posible y que las leyes materiales hayan perdido su validez, no se diferencia bien entre realidad y ficción.

- La consciencia ideática está más cercana a los que sufren enfermedad psíquica, son más receptivos, sintonizan mejor y están más empujados por ella.

- Una de las características que nos hacen pensar que se empieza a entrar en la espiral de la consciencia ideática es cuando se producen sincronicidades como la telepatía. Éstas siempre preceden a la aparición de una crisis psicótica.

- Pero cuando se abre el “molde”, es decir al inundar el inconsciente al consciente, cada persona tiende a sintonizar con lo que le es más similar, por ello puede contactar con patrones terribles o sublimes. Todo depende de los valores adquiridos en la propia evolución personal.

- La medicación neuroléptica es una solución de emergencia, pero sólo tendría que ser utilizada para tapar la herida, luego ésta tiene que ir cicatrizando al permitir una integración del inconsciente y de la consciencia de vigilia. Si tan sólo se decide ir tapando la herida y no hay un trabajo más profundo de realización, el problema siempre volverá a salir y con más intensidad.

- La psiquiatría académica y oficial sólo tiene tiempo para ir conteniendo los síntomas psicóticos, pero no indaga en las profundidades, para resolver problemas de fondo que, a medida que se van integrando y la persona madura, tendrían que minimizarse. El Estado no tiene recursos para dar una psicoterapia pública, y sólo se puede dedicar a contener los síntomas.

- La persona que ha accedido “Al otro lado del espejo” vive una realidad que para ella es verdadera, pero está en discordancia con la conciencia de vigilia por todos compartida, en el otro lado es cuando se manifiestan de una forma intensa y fehaciente las frustraciones y desilusiones de la persona afectada, pues conecta con lo más intimo de si mismo.

- Existen místicos y chamanes de todas las épocas que saben entrar y salir “del otro lado” sin problemas, pero el psicótico se pierde, es como un barco a la deriva hipnotizado por las ideas que le absorben en ese momento, y el lugar donde acaban es en el hospital psiquiátrico.

- Pero si se atraviesa al “otro lado de espejo” ¿qué ocurre? Mi experiencia me dice, que allí hay unas leyes del espacio y del tiempo diferentes a las de la vigilia, se navega a la deriva, pero tu estas convencido de las ideas que te poseen, que no son compatibles con las del resto de los mortales. Se pueden tener experiencias de dejà vu, de precognición, de ráfagas telepáticas, de psicocinesias; la parapsicología “al otro lado del espejo” campa a sus anchas. Pero ese estado sino es bajo control, está en discordia con la sociedad real de la calle. Se ha de volver pasando por un ingreso. Pero yo me pregunto ¿Por qué la psiquiatría académica no va más allá del delirio e intenta descubrir sus leyes? ¿Por qué sólo se intenta borrar la situación y no se comprende lo que el viajero del “otro lado del espejo” nos cuenta? Tal vez en esos delirios esté la llave para que no vuelvan a suceder, pues yo veo en ellos más bien una crisis psicoespiritual que una enfermedad. El encendido dopaminérgico es algo totalmente fisiológico, creo que no es una enfermedad, pero ésta se puede engendrar cuando no se sabe integrar bien todo lo que se “ha visto y vivido al otro lado”. Si no se produce un crecimiento personal, el simple proceso fisiológico puede acabar en una grave patología mental.

- Estamos en un momento muy importante para el mundo de la psiquiatría, ya que los nuevos medicamentos neurolépticos y antiepilépticos te permiten estar con los pies en tierra, pero dejan abierto un pequeño canal a la consciencia ideática, que puede proporcionar grandes creadores, pues la persona no cae en los síntomas parkinsonianos tan nefastos, tan duros, y sin embargo su creatividad puede materializarse. Con un conocimiento profundo de uno mismo y a través de los nuevos medicamentos se puede abrir y cerrar la llave que da paso a lo que hay entre “el cielo y la tierra”, aunque a veces para llegar al cielo se tenga que atravesar el infierno o el purgatorio de una depresión, que es la otra cara de la moneda.

- Siempre se ha sabido sobre la relación entre "genio y locura", si supiésemos encauzar la enorme energía de la manía correctamente, a través de las artes, la filosofía o las ciencias, estoy seguro que la balanza se inclinaría hacia la "genialidad", ya que cuando no se puede encarrilar esta fuerza se forma la tormenta de la psicosis.

- Si la humanidad supiera aprovechar la fuerza creativa de la manía en lugar de estigmatizar a las personas que la padecen, creo que nos veríamos alimentados por gran numero de genialidades, que ya denotan personajes famosos que consiguieron grandes obras, por lo cual propongo que toda empresa tendría que tener trabajando en su plantilla a un bipolar, pues sus estados emocionales y de creatividad seguro que revertirían en la productividad de la empresa, arriesgándose ésta a aceptar los momentos en los que la enfermedad pueda incapacitar temporalmente a la persona.


Urgencia por escribir para conseguir relajarme


Siento la fuerza del “otro lado del espejo”, estoy con acatisia y fumando mucho, pues no puedo canalizar bien toda la energía que me llega, no estoy psicótico, no tengo delirios, pero me desespero pues esa fuerza me arrastra ha hacer algo que no se lo que es.

Esta tarde voy a pintura y luego a ver al Dr. Carles Llusà pero, mientras llega el momento de ir a comer a casa de mis padres, voy dando vueltas por el piso y fumando continuamente. He subido la dosis de Rivotril a (1-1-2), pero lo cortés no quita lo valiente y la solución esta en saber canalizar esta enorme energía en algo tridimensional, así cuando estoy absorbido, desaparece la acatisia y me encuentro más relajado, como pasa en estos momentos que escribo estas líneas. ¡Aquí está la genialidad! en saber reconducir ésta inmensa fuerza en algo práctico que me absorba completamente, sino lo hago, me encuentro mal. No siempre puedo estar organizando cosas de la asociación. Busco desesperadamente ese algo que me absorba y me deje en paz y tranquilo.

Ernest Hemingway superaba esta situación escribiendo. Pero yo no se si tengo dones de escritor, tal vez la poesía es lo que se me da mejor.

Neutralizar la fuerza que viene del “otro lado del espejo” con una actividad que me absorba y que de unos resultados prácticos es mi misión. Siento un empuje ha hacer algo grande por los demás, por ello estoy implicado en diversas asociaciones, pero no puedo estar todo el día dedicado a telefonear y escribir cartas.

Ahora después de escribir éstas líneas, ya me siento mejor, ha desaparecido la compulsión de fumar y mis ideas van tomando sentido. Puede que la idea de organizar una conferencia, de prepararla, haga que se cristalice la fuerza que me invade, que por otro lado no está en fase hipomaniaca, ya que tengo controlado los gastos, y no me siento hiperactivo. Pero esa fuerza está ¡hay!, empujándome a hacer algo, precipitándome a no quedarme parado y a actuar, a crear, en el acto de crear es donde me siento en plena forma, relajado.

El impulso que más me llega a mi consciente es de tipo mesiánico, hacer algo por el resto de la humanidad, pero tendría que sintonizar con otros tipos de arquetipos que también me pueden colmar, uno de ellos es el de la paternidad, que la puedo aplicar específicamente en Guillem, el hijo de Àngels. Tendría que dedicarme a preocuparme más por él. Otro impulso que también me llega con fuerza es el de la relación de pareja. Puede que una tendencia algo olvidada es dedicarme más a mis padres y hermanos. Tengo que encontrar vías de salida, si no el destino es la psicosis, el delirio, por no poder integrar bien los patrones que me llegan de “la otra dimensión”.

Después de comer voy a intentar hacer la siesta y luego ir a pintura.

http://www.asociacionideatica.com/Revista/desde_la_bipolaridad.htm

      

Trastorno bipolar: La enfermedad de los genios

Transitar cíclicamente por depresiones y euforias no implica sólo un problema psicológico, sino también un desbalance neuroquímico. Cerca del 2% de la población es bipolar
 
La Nación Revista
Domingo 21 de Enero de 2007
 
Qué tuvieron en común Edgar Allan Poe, Miguel Angel, Virginia Wolf, Piotr Tchaikovsky, Cary Grant y Vincent Van Gogh? Su talento, es cierto. Sin embargo, cada uno de estos genios sufría una alteración que obraba como disparador de su creatividad, y quizá nunca lo supieron: el trastorno bipolar, más conocido como enfermedad maníaco-depresiva. Se dice que el famoso cuadro de Edvard Munch El grito podría haber estado inspirado en una de las cíclicas crisis del atormentado pintor.
Si se habla de bipolaridad lo más frecuente es pensar en una persona deprimida que no sale de la cama y que, en su etapa maníaca, compra autos de manera compulsiva. Y algo de ello hay, pero esta enfermedad tiene muchos más matices –y no siempre negativos– por descubrir.
Se trata de un problema del sistema nervioso que afecta las sustancias especializadas del cerebro (neurotransmisores) reguladoras del estado de ánimo. Quienes lo sufren pasan alternativamente de la euforia a la depresión, proceso que puede ocurrir en cuestión de horas, días, semanas, meses o años.
¿Cómo se desencadena?, ¿es sólo una deficiencia neuroquímica?, ¿un factor genético?, ¿o tiene que ver con el contexto familiar?
“Es una cadena de acontecimientos –explica el doctor Alejandro Lagomarsino, creador de la Fundación de Bipolares Argentina (Fubipa) y presidente honorario del Capítulo de Psicofarmacología de la Asociación de Psiquiatras Argentinos–. Hay predisposición genética, pero los genes que predisponen se activan en situaciones de estrés.” En ese punto está de acuerdo el doctor Marcelo Cetkovich-Bakmas, responsable de la Unidad de Trastornos del Animo del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco): “Los factores estresantes, como las pérdidas, afectan la capacidad de autorreparación del cerebro, la lentifican”.
Entre ciclos
“El carácter ciclotímico es una variante normal del humor: todos tenemos días malos y días buenos”, aclara Cetkovich-Bakmas, que es, además, jefe del Departamento de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.
Pero las cosas cambian cuando esos ciclos se hacen más marcados. Si una persona tiene etapas de tristeza, se encierra en sí misma, tiene trastornos del apetito y el sueño, seguramente está deprimida. Pero si luego mejora notablemente, se acelera, está contenta, exaltada, quizás irritable, comienza a entusiasmarse por un trabajo o un nuevo amor, y en los casos más graves delira, seguramente está transitando una etapa de euforia.
Hasta hace sólo 20 años se conocía muy poco sobre esta enfermedad. “Pero ahora hemos descubierto que hay muchas más personas de lo que se creía con este problema”, dice Cetkovich-Bakmas. En este sentido, se sabe que afecta a cerca del 2% de la población (y no al 1%, como se suponía), que es más frecuente entre las mujeres y aparece en la adolescencia o en los primeros años de la adultez.
¿Es posible afirmar en la primera consulta que alguien es bipolar? Según los especialistas, no es tan sencillo: puede tardarse hasta 10 años en dar un diagnóstico certero. “A los enfermos bipolares se los confunde con esquizofrénicos, depresivos unipolares, ansiosos... Y se los somete a tratamientos que no ayudan. A veces, los empeoran”, dice Cetkovich-Bakmas.
En su etapa eufórica, las personas difícilmente piden ayuda: no pueden reconocer que algo malo les pasa porque se sienten bien.
Por eso recomiendan la primera entrevista cuando la familia las encuentra deprimidas. “Si se sienten mal, es más fácil ayudarlas”, aclara Lagomarsino.
Hay tres pilares terapéuticos: la medicación, la psicoterapia y la psicoeducación. “Los bipolares sufren un deterioro cognitivo que si no se trata puede ser mayor, ya que la depresión es muy tóxica para el cerebro, así que recomendamos tratarlos lo antes posible”, agrega Cetkovich-Bakmas, al tiempo que señala que la medicación tiene como objetivo, básicamente, mantener bajo control las alteraciones del ánimo. El carbonato de litio se usa hace 50 años y sigue siendo aun hoy el más recetado.
La psicoterapia es otra herramienta esencial. Ayuda a cambiar aspectos de la vida y a mantener el tratamiento. “El problema es que la mayoría de ellos sienten que cuando están estabilizados pierden creatividad. Es que, en su etapa de euforia, experimentan una sensación ‘primaveral’, intensa, que no perciben cuando toman la medicación –explica Lagomarsino–. Pero dejar los remedios puede empeorar las cosas. Hay evidencia de que, si se interrumpe el tratamiento, puede haber una recaída y, luego, al volver a utilizar el litio, el cuerpo ya no responde”.
La psicoeducación es el tercer elemento: permite que la persona esté informada, que sepa lo que le va a ocurrir. “Son métodos que ayudan al paciente a convertirse en actor de su propio tratamiento”, piensa Cetkovich-Bakmas. Por eso los grupos de autoayuda son útiles para pacientes y familiares. Son organizaciones de ayuda mutua, gratuitas, coordinadas por un enfermo recuperado o un pariente. “Nadie va a entender mejor que ellos mismos lo que les está ocurriendo –reflexiona Lagomarsino–. Es alguien que pasó por lo mismo y pudo superarlo. Se lo dice un par, no un médico que lo señala con el dedo.”
Por Paula Halperin paulahalperin@lanacion.com. ar
Para saber más:
# Fundación de bipolares argentina: www.fubipa.org.ar
# Fundación mundo bipolar : www.mundobipolar.org
# Instituto nacional de psicopatologia: www.inapsi.com.ar

Una luz en el infierno
"… el trastorno bipolar es una condición humana fascinante y la vez trágica... Mientras la mayoría de los pacientes bipolares psicóticos no son líderes ni creadores, constituyen el reservorio de los genes que, en una forma diluida, podrían ser las semillas de la genialidad” (Hagop S. Akiskal en: Akiskal, Cetkovich-Bakmas, García Bonetto, Strejilevich y Vázquez: Trastornos bipolares. Conceptos clínicos, neurobiológicos y terapéuticos. Panamericana, Buenos Aires, 2006). Gente exitosa, políticos, artistas reconocidos, músicos, actores... Hay una característica particular que suele ser bastante común entre los bipolares: “Es reconocido que estas personas son más creativas y capaces”, afirma Lagomarsino.
Eduardo Greco, psicoanalista, dice en su libro La bipolaridad como don: “Al perderse los bordes, las restricciones y hasta las inhibiciones, el maníaco hace crecer la fuerza de todas sus funciones, rendimientos y actividades.” Se dice que Schumann llegó a escribir alrededor de 40 sinfonías en un año. Según Eduardo Greco, la oscilación emocional va acompañada de una serie de talentos que, al no ser desarrollados, se convierten en afección.

Los síntomas

Etapa maníaca: euforia con excesivo optimismo, alegría y vitalidad. Marcada disminución del sueño. Aumento del interés sexual, a veces con conductas inapropiadas. Alto nivel de energía y actividad, locuacidad excesiva. Extrema irritabilidad, inquietud, agresividad. Desmesurada valoración de sí mismo (grandiosidad). Cambios emocionales rápidos e imprevisibles. Conductas riesgosas sin tener en cuenta las consecuencias. Gastos excesivos.
Etapa depresiva: sentimientos exagerados o inapropiados, de tristeza, desesperanza, ansiedad, desgano y/o pesimismo. Pérdida de energía y motivación. Apetito disminuido o exagerado. Sueño disminuido o exagerado. Pérdida de interés o placer en las actividades usuales. Perturbaciones en la concentración y la memoria. Ideas recurrentes de muerte, de suicidio.
http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/suplementos/revista/nota.asp?nota_id=875748http://weblog.maimonides.edu/gerontologia2007/2007/01/trastorno_bipolar_la_enfermeda.html

Recomiendo leer los documentos de los doctores Vieta y Colom. Tienen trabajos técnicos, divugativos y también de autoayuda, o, mejor dicho, de manejo y control de la tempestad bipolar. También recomiendo, desde una pespectiva psicoanalítica el fundamental trabajo de Melanie Klein "La Psicosis Maníaco-Depresiva" y desde la Psicología Transpersonal, las obras de Eduardo Grecco. Rodrigo Córdoba Sanz