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Paz y Ciencia
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miércoles, 7 de mayo de 2014

Reflexiones del relato del análisis de Margaret Little con Winnicott


Les presento un artículo bellísimo. Reflexiona sobre la clínica de ciertos pacientes y su transferencia.
Para engarzar esto con la clínica se menciona el texto de Margaret Little, autora de un magnífico libro que nos enseña desde las entrañas cómo vivió el psicoanálisis con Donald Woods Winnicott. Ambos pudieron, finalmente, sobrevivir al psicoanálisis y, Margaret, consiguió recuperarse y trazar un texto en homenaje a Winnicott y a sí mismo sin pelos en la lengua. Fabuloso.
 Rodrigo Córdoba Sanz

El pensamiento de Winnicott
Reflexiones del relato del análisis de Margaret Little con Winnicottpor Saúl Peña K.
(presentado en Milán, Italia 1998)
La contribución técnica de Winnicott incide fundamentalmente en la psicosis de transferencia con una regresión a los niveles (narcisismo primario) donde se desarrolló la desorganización cataclísmica temprana que difiere sustancialmente de la neurosis de transferencia.
Si el paciente en su infante interno es prototipo normal para el verdadero self necesita un sostén intuitivo, silencioso y discriminativo del analista, a diferencia de una actitud intrusiva.
Un elemento fundamental sería la personalización del analista considerándolo no solamente como objeto objetivo, sino primordialmente como objeto subjetivo. De otra manera, la relación analista-paciente se aniquilaría o fosilizaría.
La influencia hamletiana se evidencia: ser o no ser, y con esto se integran aspectos sentidos como sanos y locos que facilitarán el encuentro y la ayuda del mutuo descubrimiento de estos aspectos en uno y en el otro. El comunicarse con aspectos psicóticos del paciente inevitablemente nos aproxima a los propios.
Es igualmente importante que el analista vaya reconociendo y descubriendo sus aspectos comunicativos y la esencia personal de su self, el comunicante y el aislado. Es así que descubre la paradoja del ser humano y la del vínculo; de su ambivalencia, de lo inseparable de su creatividad y destructividad inherentes a la vida misma, llegando a momentos de enorme impacto en nuestro vínculo de no respuesta de algo que nos sorprende pero que existe, como la frialdad, la indiferencia, la impiedad y la rabia que experimentamos cuando nos sentimos oscuros e impotentes. Y aquí se percibe otra paradoja fundamental en Winnicott que nos trasmitió más allá de las palabras. Percibí la paradoja y la dialéctica de vida y muerte permanentemente en su quehacer, en sus vivencias, en sus emociones y en sus pensamientos, a pesar de que teóricamente él discrepaba en cuanto a sus orígenes. Su realidad era tal que evidenciaba su trascendencia.
Era capaz de ser receptivo y acogedor y a veces se permitía confrontar firmemente, tomando en cuenta el timing.
En situaciones de su propia regresión, a pesar de la enorme valoración de su intimidad, privacidad y discreción se permitía abrir y exponer al paciente temas que tenían que ver con su propia vida.
El analista de pacientes severamente perturbados se enfrentará a las angustias que conciernen a la existencia, a la supervivencia y a la identidad; es decir, a la psicosis transferencial. La empatía comprenderá la comunicación no verbal, lo mismo que el lenguaje del cuerpo que va hasta el simple reconocimiento de un movimiento inconsciente, de una postura, así como de la mutualidad de la experiencia. La revisión de cada uno de nuestros materiales clínicos serán la base indispensable para el desarrollo y la comprensión de la teoría y de la metapsicología.
El ejemplo de su propio análisis que nos describe Margaret Little de su primera sesión con Winnicott, echada en el diván con terror, acurrucada, oculta bajo la manta, sin poder hablar ni moverse, permite algunas formas de entender y al mismo tiempo la responsabilidad de elegir aquella intervención que sentimos más natural y más próxima al sentir de la paciente. El terror, a mi entender, significaba una amenaza condensada de destructividad que le hacía experimentar una angustia de destrucción. El acurrucarse bajo la manta, objeto transicional, mostraba un aspecto de su mente a mi entender y de su piel psíquica, de naturaleza protectora frente a esta amenaza. La parálisis de no poder hablar ni moverse es que había predominio de la amenaza sobre la protección. Winnicott le dijo: "me parece que me está evitando", centrando esta amenaza en el presente. Otra hubiera podido ser: "¿Seré yo el que le está haciendo sentir este terror, o me lo estará mostrando para que yo sea una manta que no solamente la cubra y la proteja sino que la libre de este terror que usted me trae?"
A mí me parece que el señalamiento de Winnicott no produjo un alivio de la angustia terrorífica, pero sí un efecto de descarga o catártico que generó que la paciente al desesperarse hiciera trizas el florero y lo pisoteara mostrando experiencias similares previas. Pero que tampoco excluye que en la transferencia psicótica Winnicott representara potencialmente este ambiente tan destructivo y nefasto. Sin embargo, creo que ella muestra cómo el ambiente temprano la destrozaba y pisoteaba. Quizás Winnicott al salir lo que quiso es evitar la presencia que él se atribuía que generaba. El gesto restitutivo concreto fue la aparición sustitutiva del florero y las lilas, quizás su mejor interpretación. Sin embargo le comunicó que le había roto algo valioso para él, que él podía sufrir por el destrozo, experimentar cólera, pero comprender y restituir genuinamente. Lo que significaba también transmitirle que él la iba a proteger, cuidar, y desarrollar, a diferencia de su experiencia original. El ambiente perturbador e intrusivo de su infancia, el estado angustiante de su madre y la hostilidad general de la que tuvo que apartarse para hallar tranquilidad, se vincula con el apartarse de Winnicott. De ahí en adelante las sesiones fueron más largas (90 minutos), lo que condujo a un sostén y a una regresión a la dependencia, tomando sus manos, en silencio mientras ella estaba presa de pánico, de ira o de llanto, dormida y a veces hasta soñando. El igualmente se adormecía, se dormía y despertaba de un salto, reaccionando ella con enojo, aterrorizada y sintiéndose como si él se apartara. De tal manera que sus manos proporcionaban la fuerza que el yo de ella carecía y las retiraba gradualmente para que ella pudiera hacerse cargo de sí misma, proporcionándole el ambiente facilitante que le permitiera ser.
Aquí él también muestra su capacidad de utilizar creativamente su agresión y que ella no era la única que tenía estos sentimientos. Es lo que yo llamo "tanatos terapéutico". Cuando se ama, se puede expresarlo sabiendo lo creativo de su finalidad. Si se ha fallado sin beneficio del paciente sino para responder a la agresión, mostrando su vulnerabilidad, también permite que el paciente perciba que él no es el único vulnerable.
Nos enseñó igualmente a delegar el sostén y a prevenir situaciones peligrosas y esto me hace sustentar que el setting no solamente es externo sino fundamentalmente interno y que frente a situaciones convenientes se puede cambiar de setting externo, discriminativa y responsablemente, sea en la casa de la paciente, en la clínica o en la calle manteniendo un setting interno. Dando un apoyo que en vez de que sea exclusivamente dependógeno y paralizante sea liberador y móvil.
La capacidad que me enseñó era que al introducirse en las emociones, éstas no debían ser reprimidas necesariamente sino liberadas con empatía y poniéndose en contacto no solamente con el ello, el yo y el superyo del paciente, sino de uno mismo, comprendiendo el lenguaje corporal de ambos, no defendiéndose de sus propios sentimientos sino que los dejaba fluir con toda su gama y en ocasiones hasta se permitiría la libertad de expresarlos, sintiendo con su paciente y por su paciente. En una circunstancia en que ella experimentaba un dolor, su madre al no recepcionarlo le respondió en una forma agresivo-destructiva, que hizo que Winnicott dijera "Odio a su madre" y escandalizarse cuando la obligaban a descansar en una habitación sin juguetes ni libros. A veces Winnicott nos mostraba la importancia sensible y discriminativa de ser exigente, en vez de un desinterés o una frialdad que tienden a la no pertenencia. En mi lenguaje es una intervención muy válida, al expresar algo que el paciente no puede, por ejemplo, al sentir la muerte de una gran amiga a la que no había escrito, Winnicott, conmovido, derramó unas lágrimas por ella, dado que en ese momento ella no podía, lo que le permitió luego llorar por aquella pérdida como nunca lo había hecho. Al preguntarle Winnicott por qué siempre lloraba en silencio trataba de facilitarle un insight sobre el hecho de que no llorar concretamente no significaba no hacerlo. Ella le respondió, porque era lo que había aprendido.
Su manera de aproximarse a las interpretaciones era siempre en forma tentativa, no infalible. Creo que, quizás, me pregunto si, o parece como si.
Es importante señalar que también le permite al paciente ir conociendo la verdad del analista frente a situaciones importantes para ambos. Así, cuando la paciente lo veía enfermo y gris impidiéndole terminar la sesión, él insistió en que era una laringitis, luego al saber que tenía una afección cardíaca la llamó, sintiéndola capaz de recepcionar un dolor compartido y de esta manera estar en lo cierto y confiar en su percepción.
A veces se permitía hacer interpretaciones extratransferenciales o dirigidas a sus objetos tempranos cuando le manifestaba que de acuerdo a lo que ella le contaba, su madre aparecía como impredecible caótica y que organizaba el caos alrededor de ella, que no era tan difícil evidenciarlo ya que ella justamente por identificación padecía de lo mismo. De esta manera comprendió y aprendió muchas cosas, reconociendo también las virtudes que tenía su madre.
No es como se dice que el padre no tenía importancia para Winnicott, quizás no le daba la magnitud deseada, pero estaba presente cuando habla de elementos femeninos y masculinos.
Todo este mundo perturbador y desintegrador de la infancia nos mostró que gradualmente podía irse restituyendo al transformarlo en un juego para así llegar a tolerarlo y superar traumas vinculados a la sexualidad, al embarazo y a perversiones que se manifestaban. Así, respecto a la sexualidad, su madre decía que era un deber desagradable con el esposo, que parir era un espanto y que el parto sería fatal. Igualmente Winnicott le da importancia al triángulo edípico, es decir a todas las vicisitudes provenientes de la relación entre el paciente y su madre, el paciente y su padre y la relación entre su madre y el padre, sin excluirlos innecesariamente como cuando indica aspectos del padre, de la madre, de la relación entre éstos, enfatizando aspectos de la destructividad e impredictibilidad.
Igualmente aprendimos la importancia de la inseparabilidad de la psique y el soma. Se permitía ciertas singularidades que estos pacientes comprenden mucho más que otros supuestamente más sanos. En una cita, ella preguntó a la recepcionista si estaba o no, porque no respondía; lo que había ocurrido era que se había quedado dormido en el diván y no había oído el timbre. En otras oportunidades llegaba aparentemente a romper el setting externo al introducir café y masas, que restituían distancias, dado que eran muy diferentes, nuevas, libidinales y creativas.
El suicidio representa muchas veces la identificación más extrema con todo lo traumático, perturbador y doloroso que se ha vivido. De ahí que el analista tiene que ir gradualmente enseñando a sus pacientes a sufrir saludablemente y no autoagredirse y automutilarse como defensa frente al dolor. Soportar lo insoportable.
Llegar al aspecto del self, verdaderamente incomunicado, a través del comunicarse y no comunicarse, a través de lo creativo y destructivo, a través de la ambigüedad y de la certidumbre, a través de la luz y la oscuridad, de lo enigmático y lo transparente, de lo paradójico y unívoco. No argumentaba nunca tener la última palabra.
El psicoanálisis cambiará y crecerá en direcciones que no se pueden prever. Coraje, confianza, franqueza, independencia y originalidad. El trabajo sería definitivamente ser uno mismo. La alianza transferencia-contratransferencia sería el instrumento esencial de cambio.

viernes, 2 de mayo de 2014

Desarrollo emocional

Cuando las cosas no fueron bien en estas etapas tempranas (ya veremos a qué nos referimos con esta expresión tan amplia y algo vaga), no nos encontraremos con el sufrimiento neurótico que podemos resumir diciendo que remite a las angustias de castración, siguiendo con la terminología freudiana, sino que estaremos ante angustias de otro tipo, angustias que son vividas como "partirse en pedazos", caída interminable, completo aislamiento, separación entre psique y soma. Winnicott, 1968.

domingo, 19 de julio de 2009

Margaret Little a través del espejo


Leía un artículo de Margaret I. Little: “R”- LA RESPUESTA TOTAL DEL ANALISTA A LAS
NECESIDADES DE SU PACIENTE.
Allí expone el uso de la contratransferencia desde su análisis, ella estuvo con un junguiano, una freudiana clásica (Ella Freeman Sharpe) y Donald W. Winnicott. Cargada a sus espaldas del San Benito de "Psicótica Fronteriza", expresión que acuña ella misma en su relato "Retrato de mi análisis con Winnicott" (1971).
Conocida también por su trabajo "Neurosis de Transferencia y Psicosis de Transferencia".
En "R", asimila todo lo vivido y recorrido en su análisis a los dos lados de la mesa para trabajar con una señora que entre otras muchas cosas roba, y la paciente, "conocedora de la bibliografía", recuerda que eso se debe (según dicen) a que ha sido privada en un momento de algo, y añadiríamos, es una señal de "esperanza". Puestos a enfatizar el espacio donde se instala M. Little, el Middle Group o Grupo Intermedio, con Winnicott como máximo exponente.
La contratransferencia es usada por Little según lo que pudo vivir en sus análisis, el último fue Winnicott quien iba aduciendo otras razones que los problemas cardiacos que terminaron con su vida, éstos también interfieron en su análisis con Little. Ella como médico pudo detectar signos de esta enfermedad, también hubo algún momento en el que DWW se ausentó por este mismo problema.
Este análisis le dejó huella, tal vez, por esa regresión que invitó a realizar DWW a Little. Todos los que hemos leído el trabajo nos quedamos con la imagen de Little acurrucada en el diván cubierta con la manta, hecha un ovillo. A su lado DWW sujetándole las manos, sosteniéndolas en un sentido literal.
Y ese holding polisémico es abierto aquí a través de la lectura de "R". Little nos habla de otro famoso pasaje, en este caso de "Alicia a través del espejo", cuando Humpty Dumpty le dice aquello de: "Cuando yo empleo una palabra significa lo que yo quiero que signifique..., ¡ni más ni menos!"
En el mundo a través del espejo las palabras remiten a un estudio desde Wittgenstgein, William James y otras contribuciones de la filosofía del lenguaje. Otro mensaje, como Shakespeare, Descartes, Calderón, Berkeley y Unamuno es que la vida podría ser un sueño nuestro o de alguna deidad. Muchísimas historias que han calado en el lenguaje y por ende, en la cultura inglesa son recogidas en este libro y Little nos sorprende citando a ese especio de huevo que por su anatomía despista a Alicia, quien confunde la corbata de Humpty Dumpty con un cinturón.
Las cosas a través del espejo son distintas, el tiempo transcurre hacia los dos lados, otra imagen es la de que Alicia debe poner delante de un espejo una nota que le acercan para poder leerlo, la cara interna del espejo es la que desconcierta a Alicia a quien le cuesta entender el mundo desde esa forma, en la que ella participa jugando como si se tratara de un tablero de ajedrez donde es coronada al llegar al lado opuesto al punto de partida.
Margaret Little primero sufrió desde una cara del espejo y después pudo aprehender lo que esa vivencia podría proporcionarle a través del espejo, con su formación y sus vivencias. Ella aportó para siempre la idea de "R", la Respuesta Total del Analista.
A quienes gusten de trabajar con la contratransferencia es un artículo delicioso. Me ha sorprendido que está más armado de lo que están los propios ensayos despreocupados de Winnicott, Little escribe muy bien y aporta nuevas fuentes que hay que contemplar para poder ser coronados por nuestros pacientes como Reinas o Reyes ( a mí me correspondería en todo caso lo segundo). Pues bien, un hurra por Alicia y por Lewis Carroll.

martes, 14 de julio de 2009

Reflexiones del análisis de Margaret Little con Winnicott

El pensamiento de Winnicott
Reflexiones del relato del análisis de Margaret Little con Winnicott
por Saúl Peña K.

Fuente: http://psiconet.org/winnicott/textos/pena7b.htm


(presentado en Milán, Italia 1998)

La contribución técnica de Winnicott incide fundamentalmente en la psicosis de transferencia con una regresión a los niveles (narcisismo primario) donde se desarrolló la desorganización cataclísmica temprana que difiere sustancialmente de la neurosis de transferencia.

Si el paciente en su infante interno es prototipo normal para el verdadero self necesita un sostén intuitivo, silencioso y discriminativo del analista, a diferencia de una actitud intrusiva.

Un elemento fundamental sería la personalización del analista considerándolo no solamente como objeto objetivo, sino primordialmente como objeto subjetivo. De otra manera, la relación analista-paciente se aniquilaría o fosilizaría.

La influencia hamletiana se evidencia: ser o no ser, y con esto se integran aspectos sentidos como sanos y locos que facilitarán el encuentro y la ayuda del mutuo descubrimiento de estos aspectos en uno y en el otro. El comunicarse con aspectos psicóticos del paciente inevitablemente nos aproxima a los propios.

Es igualmente importante que el analista vaya reconociendo y descubriendo sus aspectos comunicativos y la esencia personal de su self, el comunicante y el aislado. Es así que descubre la paradoja del ser humano y la del vínculo; de su ambivalencia, de lo inseparable de su creatividad y destructividad inherentes a la vida misma, llegando a momentos de enorme impacto en nuestro vínculo de no respuesta de algo que nos sorprende pero que existe, como la frialdad, la indiferencia, la impiedad y la rabia que experimentamos cuando nos sentimos oscuros e impotentes. Y aquí se percibe otra paradoja fundamental en Winnicott que nos trasmitió más allá de las palabras. Percibí la paradoja y la dialéctica de vida y muerte permanentemente en su quehacer, en sus vivencias, en sus emociones y en sus pensamientos, a pesar de que teóricamente él discrepaba en cuanto a sus orígenes. Su realidad era tal que evidenciaba su trascendencia.

Era capaz de ser receptivo y acogedor y a veces se permitía confrontar firmemente, tomando en cuenta el timing.

En situaciones de su propia regresión, a pesar de la enorme valoración de su intimidad, privacidad y discreción se permitía abrir y exponer al paciente temas que tenían que ver con su propia vida.

El analista de pacientes severamente perturbados se enfrentará a las angustias que conciernen a la existencia, a la supervivencia y a la identidad; es decir, a la psicosis transferencial. La empatía comprenderá la comunicación no verbal, lo mismo que el lenguaje del cuerpo que va hasta el simple reconocimiento de un movimiento inconsciente, de una postura, así como de la mutualidad de la experiencia. La revisión de cada uno de nuestros materiales clínicos serán la base indispensable para el desarrollo y la comprensión de la teoría y de la metapsicología.

El ejemplo de su propio análisis que nos describe Margaret Little de su primera sesión con Winnicott, echada en el diván con terror, acurrucada, oculta bajo la manta, sin poder hablar ni moverse, permite algunas formas de entender y al mismo tiempo la responsabilidad de elegir aquella intervención que sentimos más natural y más próxima al sentir de la paciente. El terror, a mi entender, significaba una amenaza condensada de destructividad que le hacía experimentar una angustia de destrucción. El acurrucarse bajo la manta, objeto transicional, mostraba un aspecto de su mente a mi entender y de su piel psíquica, de naturaleza protectora frente a esta amenaza. La parálisis de no poder hablar ni moverse es que había predominio de la amenaza sobre la protección. Winnicott le dijo: "me parece que me está evitando", centrando esta amenaza en el presente. Otra hubiera podido ser: "¿Seré yo el que le está haciendo sentir este terror, o me lo estará mostrando para que yo sea una manta que no solamente la cubra y la proteja sino que la libre de este terror que usted me trae?"

A mí me parece que el señalamiento de Winnicott no produjo un alivio de la angustia terrorífica, pero sí un efecto de descarga o catártico que generó que la paciente al desesperarse hiciera trizas el florero y lo pisoteara mostrando experiencias similares previas. Pero que tampoco excluye que en la transferencia psicótica Winnicott representara potencialmente este ambiente tan destructivo y nefasto. Sin embargo, creo que ella muestra cómo el ambiente temprano la destrozaba y pisoteaba. Quizás Winnicott al salir lo que quiso es evitar la presencia que él se atribuía que generaba. El gesto restitutivo concreto fue la aparición sustitutiva del florero y las lilas, quizás su mejor interpretación. Sin embargo le comunicó que le había roto algo valioso para él, que él podía sufrir por el destrozo, experimentar cólera, pero comprender y restituir genuinamente. Lo que significaba también transmitirle que él la iba a proteger, cuidar, y desarrollar, a diferencia de su experiencia original. El ambiente perturbador e intrusivo de su infancia, el estado angustiante de su madre y la hostilidad general de la que tuvo que apartarse para hallar tranquilidad, se vincula con el apartarse de Winnicott. De ahí en adelante las sesiones fueron más largas (90 minutos), lo que condujo a un sostén y a una regresión a la dependencia, tomando sus manos, en silencio mientras ella estaba presa de pánico, de ira o de llanto, dormida y a veces hasta soñando. El igualmente se adormecía, se dormía y despertaba de un salto, reaccionando ella con enojo, aterrorizada y sintiéndose como si él se apartara. De tal manera que sus manos proporcionaban la fuerza que el yo de ella carecía y las retiraba gradualmente para que ella pudiera hacerse cargo de sí misma, proporcionándole el ambiente facilitante que le permitiera ser.

Aquí él también muestra su capacidad de utilizar creativamente su agresión y que ella no era la única que tenía estos sentimientos. Es lo que yo llamo "tanatos terapéutico". Cuando se ama, se puede expresarlo sabiendo lo creativo de su finalidad. Si se ha fallado sin beneficio del paciente sino para responder a la agresión, mostrando su vulnerabilidad, también permite que el paciente perciba que él no es el único vulnerable.

Nos enseñó igualmente a delegar el sostén y a prevenir situaciones peligrosas y esto me hace sustentar que el setting no solamente es externo sino fundamentalmente interno y que frente a situaciones convenientes se puede cambiar de setting externo, discriminativa y responsablemente, sea en la casa de la paciente, en la clínica o en la calle manteniendo un setting interno. Dando un apoyo que en vez de que sea exclusivamente dependógeno y paralizante sea liberador y móvil.

La capacidad que me enseñó era que al introducirse en las emociones, éstas no debían ser reprimidas necesariamente sino liberadas con empatía y poniéndose en contacto no solamente con el ello, el yo y el superyo del paciente, sino de uno mismo, comprendiendo el lenguaje corporal de ambos, no defendiéndose de sus propios sentimientos sino que los dejaba fluir con toda su gama y en ocasiones hasta se permitiría la libertad de expresarlos, sintiendo con su paciente y por su paciente. En una circunstancia en que ella experimentaba un dolor, su madre al no recepcionarlo le respondió en una forma agresivo-destructiva, que hizo que Winnicott dijera "Odio a su madre" y escandalizarse cuando la obligaban a descansar en una habitación sin juguetes ni libros. A veces Winnicott nos mostraba la importancia sensible y discriminativa de ser exigente, en vez de un desinterés o una frialdad que tienden a la no pertenencia. En mi lenguaje es una intervención muy válida, al expresar algo que el paciente no puede, por ejemplo, al sentir la muerte de una gran amiga a la que no había escrito, Winnicott, conmovido, derramó unas lágrimas por ella, dado que en ese momento ella no podía, lo que le permitió luego llorar por aquella pérdida como nunca lo había hecho. Al preguntarle Winnicott por qué siempre lloraba en silencio trataba de facilitarle un insight sobre el hecho de que no llorar concretamente no significaba no hacerlo. Ella le respondió, porque era lo que había aprendido.

Su manera de aproximarse a las interpretaciones era siempre en forma tentativa, no infalible. Creo que, quizás, me pregunto si, o parece como si.

Es importante señalar que también le permite al paciente ir conociendo la verdad del analista frente a situaciones importantes para ambos. Así, cuando la paciente lo veía enfermo y gris impidiéndole terminar la sesión, él insistió en que era una laringitis, luego al saber que tenía una afección cardíaca la llamó, sintiéndola capaz de recepcionar un dolor compartido y de esta manera estar en lo cierto y confiar en su percepción.

A veces se permitía hacer interpretaciones extratransferenciales o dirigidas a sus objetos tempranos cuando le manifestaba que de acuerdo a lo que ella le contaba, su madre aparecía como impredecible caótica y que organizaba el caos alrededor de ella, que no era tan difícil evidenciarlo ya que ella justamente por identificación padecía de lo mismo. De esta manera comprendió y aprendió muchas cosas, reconociendo también las virtudes que tenía su madre.

No es como se dice que el padre no tenía importancia para Winnicott, quizás no le daba la magnitud deseada, pero estaba presente cuando habla de elementos femeninos y masculinos.

Todo este mundo perturbador y desintegrador de la infancia nos mostró que gradualmente podía irse restituyendo al transformarlo en un juego para así llegar a tolerarlo y superar traumas vinculados a la sexualidad, al embarazo y a perversiones que se manifestaban. Así, respecto a la sexualidad, su madre decía que era un deber desagradable con el esposo, que parir era un espanto y que el parto sería fatal. Igualmente Winnicott le da importancia al triángulo edípico, es decir a todas las vicisitudes provenientes de la relación entre el paciente y su madre, el paciente y su padre y la relación entre su madre y el padre, sin excluirlos innecesariamente como cuando indica aspectos del padre, de la madre, de la relación entre éstos, enfatizando aspectos de la destructividad e impredictibilidad.

Igualmente aprendimos la importancia de la inseparabilidad de la psique y el soma. Se permitía ciertas singularidades que estos pacientes comprenden mucho más que otros supuestamente más sanos. En una cita, ella preguntó a la recepcionista si estaba o no, porque no respondía; lo que había ocurrido era que se había quedado dormido en el diván y no había oído el timbre. En otras oportunidades llegaba aparentemente a romper el setting externo al introducir café y masas, que restituían distancias, dado que eran muy diferentes, nuevas, libidinales y creativas.

El suicidio representa muchas veces la identificación más extrema con todo lo traumático, perturbador y doloroso que se ha vivido. De ahí que el analista tiene que ir gradualmente enseñando a sus pacientes a sufrir saludablemente y no autoagredirse y automutilarse como defensa frente al dolor. Soportar lo insoportable.

Llegar al aspecto del self, verdaderamente incomunicado, a través del comunicarse y no comunicarse, a través de lo creativo y destructivo, a través de la ambigüedad y de la certidumbre, a través de la luz y la oscuridad, de lo enigmático y lo transparente, de lo paradójico y unívoco. No argumentaba nunca tener la última palabra.

El psicoanálisis cambiará y crecerá en direcciones que no se pueden prever. Coraje, confianza, franqueza, independencia y originalidad. El trabajo sería definitivamente ser uno mismo. La alianza transferencia-contratransferencia sería el instrumento esencial de cambio.

lunes, 9 de junio de 2008

De cara al receso veraniego la llama sigue viva, "chispeando"

Intrigado por el delicioso trabajo de D.W. Winnicott y el reciente apogeo de su obra en tratados, libros y ensayos relacionados estoy preparando un verano pleno de “objetos transicionales”, que me acerquen entre el “objeto objetivo” y el “objeto subjetivo” a la clínica, recordando y reelaborando. Sonia Abadi con su texto “Transiciones”, Ripesi: “Quemar las naves”, Nemirowski con su trabajo entre Kohut y Winnicott, libros, artículos e incluso páginas web (www.espaciopotencial.com.ar) dedicadas a la obra de este autor que habló de lo psicopatológico desde la perspectiva de potencialidad, así le diría a Margaret I. Little, psicoanalista y analizando de DWW, “usted está muy enferma pero tiene una parte sana” (sic). Éste último y otros libros que se han ido adentrando en el espacio de trabajo a través de compañeros y de analizandos nutren las estanterías de mi mundo interno y tejen redes hacia el exterior, reafirmando ese “espacio potencial”, en un primer lugar clínico y también otro, por qué no, vivencial, de crecimiento personal y profesional en base a la modestia, la humildad y los “buenos modales” de este autor “chispeante”, por un decir de un analista en formación con él.

Winnicott considera el método de análisis de dos formas, una, la ortodoxa (freudiana) para los casos de neurosis más leves y otra, la que me interesa por apuntar a las patologías de estudio y profundización en mi especialidad, me refiero a adicciones y fenómenos esquizoides (Fairbairn). Winnicott fue una persona que rompió la hegemonía del sinsentido del establishment analítico, hablo de los freudianos por un lado y los kleinianos por otro. Ese “Grupo Intermedio” que formó DWW con otros como Balint, Guntrip, Khan o Fairbairn fue el primer fenómeno transicional que dejó como huella indeleble de su manera de ser y hacer.

En plano práctico, para DWW lo importante no es el resultado de la creatividad sino “el acto de crear”, por esta razón las interpretaciones en dichas estructuras mencionadas anteriormente y que podríamos denominar en términos modernos “océano borderline” (Luigi Cancrini), son el resultado de un “ambiente facilitador”, de crear una atmósfera para reparar y reconstruir las fallas ambientales, que son, para él, el origen de las patologías psicóticas: “la psicosis es una falla ambiental”. Ahora sabemos que Margaret Little pudo haber desempeñado aun mejor su obra con la contención farmacológica disponible sin necesidad de hacer paréntesis depresivos o ingresar por miedo al suicidio.

Invito a leer a este autor porque invita a reflexionar, que planteó un modelo de entender la psique-soma de manera poética, incompleta, dejando que cada uno le de un cierre subjetivo, algo inevitable como comenta A. Green en su texto “Jugar con Winnicott”, en éste libro reproduce un diálogo con Bion en el que se habla de llegar al final de cada lenguaje para poder convocar un único metalenguaje analítico, esto parece difícil y Winnicott lo resuelve ofreciendo la paradoja dialéctica como clausura. De esta forma, si tomamos su técnica, formada por la experiencia, intuición y conocimiento que da la práctica podemos desempeñar nuestra función de analistas-terapeutas de una forma más fluida y puede que también más satisfactoria para los convocados en el espacio analítico, en ese “espacio transicional”.