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miércoles, 27 de febrero de 2013

Exclusión

Nunca entendí tan bien lo que era el miedo a sentirse excluido, como en una mañana de soledad.
Aquella mañana no me levanto. Minne está en algún lugar del Sudoeste. Visita a los alumnos de un instituto técnico en la zona de Toulouse. Escritora invitada. Aquella mañana, pues, no hay despertar amoroso bajo los auspicios de la cafeína. Tendría que ponerme enseguida manos a la obra en mi libro, pero no, me quedo en la cama, con la mirada en el vacío como antaño ante los deberes que no hacía...
Daniel Pennac: "Mal de Escuela"

Mayorías de poder

¡Ah!, los defensores de una norma, sea esta la que sea: norma cultural, norma familiar, norma de empresa, norma política, de clan, de club, de barrio, de salud, de músculo o de cerebro.
Ese miedo a ser amenazados por lo que se sale del molde.
¡Qué peligrosos se vuelven los códigos ante aquellos que no los dominan!
Incluso los niños deben desconfiar de ellos.
Daniel Pennac: "Mal de Escuela". Pág.: 169

jueves, 16 de agosto de 2012

Mensaje a mamás


"¡Ah, una cosa más! No se preocupe, querida señora (podría añadirle yo hoy a esa mamá que, de generación en generación, no cambia), toda esa belleza en la cabeza de sus hijos no va a impedirle chatear fonéticamente con sus amiguitos en la red, ni mandar esos SMS que le hacen chillar como una rata: '¡Dios mío, que ortografía! ¡Cómo se expresan los jóvenes de hoy! Pero ¿qué hace la escuela?'. Tranquilícese, haciendo trabajar a sus hijos no reduciremos su capital de inquietud materna".

Danniel Pennac: "Mal de Escuela". Debolsillo Contemporánea, 2009, Barcelona. P.: 113
Título Original: "Chagrin d'Ecole"

Dedicatoria: ... Y a la memoria de Jean Rolin, que nunca se desesperó ante el zoquete que yo era.

"Ningún tratado sobre los problemas de la docencia, por muchas cifras y autorizadas opiniones que aporte, podría competir con algo así, con algo contado desde las entrañas mismas del conflicto".
Clara Sánchez, Babelia, El País

"Mal de escuela" aborda la cuestión de la escuela y la educación desde un punto de vista insólito, el de los malos alumnos. Pennac, un pésimo estudiante en su época, estudia esta figura del folclore popular otorgándole la nobleza que se merece y restituyéndole la carga de angustia y dolor que inevitablemente le acompaña. Desde su experiencia como "zoquete" y como profesor, reflexiona acerca de la pedagogía y las disfunciones de la institución escolar, sobre el sentimiento de exclusión del alumno y el amor a la enseñanza del profesor.

viernes, 10 de agosto de 2012

La Resiliencia del "zoquete"


"¿para qué deslomarse en la tarea si las más altas autoridades consideran que la suerte está echada?
Como puede verse, desarrollaba cierta aptitud para la casuística. Es un rasgo de ingenio que, cuando empecé a ejercer de profesor, encontraba enseguida en mis zoquetes".

Llegó luego mi primer salvador.
Un profesor de francés.
A los catorce años.
Que me descubrió como lo que era: un fabulador sincera y alegremente suicida.
Pasmado, sin duda, ante mi capacidad de forjar excusas cada vez más inventivas para las lecciones no aprendidas o los deberes no hechos, decidió exonerarme de las redacciones para encargarme una novela. Una novela que yo debía redactar durante el trimestre, a razón de un capítulo por semana. Tema libre, pero me rogaba que las entregas llegaran sin faltas de ortografía, "para poder elevar el nivel de la crítica". (Recuerdo esta fórmula aunque haya olvidado la propia novela). Aquel profesor era un hombre muy anciano que nos consagraba los últimos años de su vida...
Un viejo caballero de anticuada distinción que había descubierto al narrador que había en mí. Escribí con entusiasmo aquella novela.
No creo haber hecho progresos sustanciales en nada aquel año pero por primera vez en toda mi escolaridad un profesor me concedía un estatuto; existía escolarmente para alguien, como un individuo que tenía una línea que seguir y que la podía aguantar duraderamente.

En aquella época, leer no era la absurda proeza que es hoy. Considerada como una pérdida de tiempo, con fama de perjudicial para el trabajo escolar, la lectura de novelas nos estaba prohibida durante las horas de estudio. De ahí mi vocación de lector clandestino...

Fue el internado lo que despertó en mí esta afición. Necesitaba un mundo propio, y fue el de los libros

La primera cualidad de las novelas que llevaba al colegio era que no estaban en el programa... Mis autores y yo permanecíamos solos. Al leerlos yo ignoraba que estaba cultivándome, que aquellos libros iban a despertar en mí un apetito que iba a sobrevivir incluso a su olvido. Esas lecturas de juventud concluyeron en cuatro puertas abiertas a los signos del mundo, cuatro libros de lo más diferentes pero que tejieron en mí, por razones que en parte me siguen resultando misteriosas, estrechos vínculos de parentesco: "Las amistades peligrosas" de Laclos, "A contrapelo" de Huysmans, "Mitologías" de Roland Barthes, y "Las cosas" de Perec...
Yo le debía un manuscrito sin faltas. Un genio de la enseñanza, en suma. Tal vez solo para mí, y tal vez solo en aquellas circunstancias, ¡pero un genio!

Di con tres más de estos genios entre los catorce y los dieciocho, en que repetí el último curso, tres nuevos salvadores de los que hablaré más adelante: un profesor de matemáticas que era las matemáticas, una pasmosa profesora de historia que practicaba como nadie el arte de la encarnación histórica, y un profesor de filosofía a quien mi admiración sorprende hoy tanto más cuanto no guarda recuerdo de mí (eso me escribió), lo cual lo engrandece más aún sin que deba yo nada a su estima, sino todo su arte. Esos cuatro profesores me salvaron a mí mismo.

Otro elemento de mi metamorfosis fue la irrupción del amor en mi supuesta indignidad. ¡El amor! Perfectamente inimaginable para el adolescente que yo creía ser [...]

Fragmentos escogidos del libro de Danniel Pennac: "Mal de Escuela". Capítulo 20.
Pennac nació en Casablanca en 1944. Es uno de los escritores franceses más queridos y seguidos de las últimas décadas.
En 2007 obtuvo el prestigioso premio Renaudot por "Mal de Escuela". Es profesor, o dicho a la vieja usanza, maestro. Criticando desde dentro del sistema educativo y apoyándose en su experiencia.

Nota de Rodrigo Córdoba Sanz: el lector que comience a leer el texto, detectará sin duda que el haber sido "zoquete" durante los tiempos sensibles de maduración emocional y crecimiento mental, han dejado un poso de vasta experiencia, empatía y saber.
Habla de pesadillas, de dolor sordo, de heridas que no se pueden curar.
Sin embargo parece mostrarse, sin pelos en la lengua, para liberarse, escribir (una de sus profesiones) y ayudar a otros. Cabe pensar que existe una crítica constructiva de un sistema educativo caduco.
A los 14 años comenzó a vislumbrar esperanza y confiar en ciertos profesores.
Como decía Carl Gustav Jung: "El intelecto solo puede ver una parte de la realidad".

lunes, 6 de agosto de 2012

Mal de Escuela. Sueño del autor


Tuve un sueño. No un sueño de niño, un sueño de hoy, mientras escribo este libro. A decir verdad, justo después del anterior capítulo. Estoy sentado, en pijama, al borde de mi cama. Grandes cifras de plástico, como esas con las que juegan los niños pequeños, están diseminadas por la alfombra, delante de mí. Debo "poner orden a esas cifras". Es el enunciado. La operación me parece fácil, estoy contento. Me inclino y alargo los brazos hacia las cifras. Y advierto que mis manos han desaparecido. No hay ya manos al extremo de mi pijama. Las mangas están vacías. No es la desaparición de mis manos lo que me aterroriza, es no poder alcanzar esas cifras para ponerlas en orden, algo que habría sabido hacer.

Capítulo 6. "Mal de Escuela". Danniel Pennac. De "zoquete" a profesor y escritor.

sábado, 4 de agosto de 2012

Mal de Escuela: Testimonio


El capítulo 3 del fabuloso libro de Danniel Pennac arranca con sus vivencias de "mal alumno". Se ha convertido en un laureado profesor y escritor. Sabe, desde los dos lados cómo le trataron y cómo se trata a los "zoquetes". Un mundo donde los que destacan son desazados. ¿Acaso alguien detectó el talento de Einstein o de tantos y tantos niños que no obtenín "buenas notas"? Una criatura no puede sostener la responsabilidad de los errores del sistema educativo.
Pensemos en los "índigo" y superdotados: ¿por qué fracasan?
La respuesta no se puede atribuir a unas criaturas que incluso llegan a desarrollar problemas graves emocionales. Los padres me llaman desesperados y cuentan que mientras su hija adescente lee a Quevedo, sus compañeros juegan a la videoconsola, hablan de maquillajes, borracheras y de fútbol. Les desplazan por "raros". Eso se internaliza, es como un bullying sofisticad y subterráneo que dura toda la vida. Los familiares no entienden generalmente. Nadie les entiende.
Así que conectan con un profesional. Escuchen y hablen con sus hijos, lo esencial lo ocultan. Esto en la adolescencia forma parte de la crisis de identidad normal, pero no tiene por qué seguir siendo casi norma. Rodrigo Córdoba Sanz.

Danniel Pennac: "Mal de Escuela", Debolsillo, Barcelona, 2009. Pp.: 15-17

De modo que yo era un mal alumno. Cada anochecer de mi infancia, regresaba a casa perseguido por la escuela. Mis boletines hablaban de la reprobación de mis maestros. Cuando no era el último de la clase, era el penúltimo. (¡Hurra!) Negado para la aritmética primero, para las matemáticas luego, profundamente disortográfico, reticente a la memorización de las fechas y a la localización de los puntos geográficos, incapaz de aprender lenguas extranjeras, con fama de perezoso (lecciones no sabidas, deberes no hechos), llevaba a casa unos resultados tan lamentables que no eran compensados por la música, ni por el deporte, ni, en definitiva, por actividad extraescolar alguna.
- ¿Comprendes? ¿Comprendes al menos lo que te estoy explicando?
Y yo no comprendía. Aquella incapacidad para comprender se remontaba tan lejos en mi infancia que la familia había imaginado una leyenda para poner fecha a sus orígenes: mi aprendizaje del alfabeto. Siempre he oído decir que yo había necesitado todo un año para aprender la letra "a". La letra "a", en un año. El desierto de mi ignorancia comenzaba a partir de la infranqueable "b".
- Que no cunda el pánico, dentro de veintiséis años dominará perfectamente el alfabeto.
Así ironizaba mi padre para disipar sus propios temores. Muchos años más tarde, mientras yo repetía el último curso en busca de un título de bachiller que se me escapaba obstinadamente, soltó otra sentencia:
- No te preocupes, incluso en el bachillerato se acaban adquiriendo automatismos...
O, en septiembre de 1968, con mi licenciatura de letras finalmente en el bolsillo:
- Para la licenciatura has necesitado una revolución, ¿debemos tener una guerra mundial para la cátedra?
Todo dicho sin especial maldad. Era nuestra forma de connivencia. Mi padre y yo optamos muy pronto por la sonrisa.
Pero volvamos a mis comienzos. El menor de cuatro hermanos, yo era un caso especial. Mis padres no habían tenido la posibilidad de entrenarse, sin ser excepcionalmente brillantes, había transcurrido sin tropiezos.
Yo era objeto de estupor, y de un estupor constante, pues los años pasaban sin aportar la menor mejoría a mi estado de estupor escolar. "Me quedo de una pieza", "Es para no creérselo", me resultan exclamaciones familiares, unidas a unas miradas adultas en las que veo perfectamente mi incapacidad para asimilar cualquier cosa abre un abismo de incredulidad. Aparentemente, todo el mundo comprendía más deprisa que yo.
- ¡Eres tonto de capirote!
Una tarde del año de mi bachillerato (de uno de los años de mi bachillerato), mientras mi padre me daba una clase de trigonometría en la estancia que nos servía de biblioteca, nuestro perro se tendió sin hacer ruido en la cama, a nuestra espalda. Descubierto, fue expulsado con sequedad:
- ¡Fuera, a tu sillón!
Cinco minutos más tarde, el perro estaba de nuevo en la cama. Solo se había tomado el trabajo de ir a buscar la vieja manta que protegía su sillón y tenderse en ella. Admiración general, claro está, y justificada: que un animal pudiera asociar una prohibición a la idea abstracta de limpieza y extraer fe ello la conclusión de que era preciso hacer su cama para gozar de la compañía de los dueños, era para quitarse el sombrero, evidentemente, ¡un auténtico "razo.amiento"! Fue un tema de conversación familiar durante décadas. Personalmente, llegué a la conclusión de que incluso el perro de la casa lo pillaba todo antes que yo. Y creo, incluso, haberle dicho al oído:
- Mañana irás tú al cole, lameculos.

viernes, 3 de agosto de 2012

Mal de Escuela: Danniel Pennac

"Estadísticamente todo se explica, personalmente todo se complica". Danniel Pennac.

"La razón es compartida por todos, la verdad es otra cosa. La razón es social, la verdad es personal". Miguel de Unamuno.

"Para educar a un niño se necesita toda la tribu". Jose Antonio Marina.

"Ningún tratado sobre los problemas de la docencia, por muchas cifras y autorizadas opiniones que aporte, podría competir con algo así, con algo contado desde las entrañas mismas del conflicto"
Clara Sánchez: Babelia. El País.

Mal de Escuela aborda la cuestión de la escuela y la educación desde un punto de vista insólito, el de los malos alumnos. Pennac, un pésimo estudiante en su época, estudia esta figura del folclore popular otorgándole la nobleza que se merece y restituyéndole la carga de angustia y dolor que inevitablemente lo acompaña. Desde su propia experiencia como "zoquete" y como profesor, el autor reflexiona acerca de la pedagogía y las disfunciones de la institución escolar, sobre el sentimiento de exclusión del alumno y el amor a la enseñanza del profesor.

Danniel Pennac (Casablanca, 1944) es uno de los escritores franceses más queridos y seguidos de las últimas décadas. Con su saga del señor Malaussène, de la que La felicidad de los ogros es la primera entrega, conquistó el corazón de los lectores. En 2007 obtuvo el prestigioso premio Renaudot por Mal de Escuela.

He realizado una lectura más que transversal, deteniéndome en un concepto o idea, de modo que no les revelaré nada del libro pero sí del "Mal de Escuela" que se da en consultantes, más o menos pequeños.
Se me ocurre que Pennant tuvo, como millones de personas de todos los países, la experiencia tan arcaica como posmoderna, de vivir la ignominia de la institución educativa. Los chavales con "trastornos del aprendizaje", en puridad, trastornos de ese sistema educativo, pasaron y pasan por auténticos tormentos.
El estigma de los profesores: tonto, torpe, zoquete...En las tutorías "mal estudiante", "no atiende", "no hace los deberes", tiene dislexia (esto es más moderno). Bien, en connivencia con la institución educativa, están los sistemas diagnósticos de clasificación de trastornos mentales. Allí entra el que confunde dos letras, dos colores o no calcula bien. Así que si usted es padre le deseo suerte a su hijo y le invito a que hable mucho con él por lo que pudiera pasar.
Actualmente, están científicamente demostradas dos tesis esenciales:
1) El CI no predice ni el éxito académico, y menos, el éxito en la  vida. Howard Gardner planteó las Inteligencias Múltiples: 8 subsistemas de una inteligencia holística con interrelación entre, al menos, 8 inteligencias. Tienen un substrato neurobiológico.
El CI mide la inteligencia verbal y aritmética. Gardner plantea también la musical, la lingüística, la espacial, etcétera. Desde ese prisma escribió "Mentes Excepcionales". Tienen más de un post en julio 2012 de Psicoletra, un espacio donde el lector "crea lo dado" (Donald Winnicott).
2) Estaba hace mucho tiempo demostrado clínicamente y ahora "científicamente" que los sentimientos y emociones determinan más el rendimiento académico que el dichoso CI, que se ve influído por la situación emocional del momento que interfiere en lo cognitivo y cognoscitivo. Existen estudios, por ejemplo, de que la actitud optimista facilita el éxito escolar. Esto es como la mejora en la salud: mejora variables como la tensión arterial y disminuye los problemas psicosomáticos (podríamos decir desde la concepción de yo organísmico de Perls, todos); además promueve conductas saludables y disminuye hábitos  nocivos como el tabaquismo. La analogía es simple. Un muchacho deprimido no rendirá, le dirán "zoquete" y como a Pennant le dirán que tiene "disortografía". Resultado del experimento "de caso único": estigma, sentimiento de inferioridad, culpa, sentirse raro, en según que contextos se habla de niños índigo.
Al guitarrista de AC/DC le dijeron que no llegaría a ningún lado. El sali al escenario vestido de cologial, es una mofa y una señal de que no se olvida. Ahora es parte del show. En España, Malú escuchó que no llegaría a nada por su profesor de música. Saben que las notas de Albert Einstein, autor de la vigente teoría de la relatividad y un ejemplo de humanismo escuchó que no servía para estudiar y así podemos estar miles de páginas.
Disfruten del libro, es una joya. Rodrigo Córdoba Sanz.

"No hay nada más humano e inaprehensible por la ciencia que el amor o una relación terapéutica". Rodrigo Córdoba Sanz.