ALGUNAS BREVES IMÁGENES DE PABLO NERUDA
Como cenizas, como mares poblándose...
Yo quiero traer aquí, en esta primavera madrileña y como introducción a la presente ANTOLOGÍA POÉTICA de Pablo Neruda, algunas de sus imágenes, tanto de nuestra amistad como de su poesía, aquel inmenso arrebatado mar de su poesía, bamboleado por lluvias y huracanes de sus altas montañas andinas, sacudidas por fuertes arenales invasores, agitada de bosques ensoñadores y crujientes, estremecida de latigazos sísmicos, de tanta luz nevada, de extraño territorio y minerales, repartidas islas, voces, soles, flores, rayos y sombras, toda ella, como contenida en aquel verso inicial de su primera
Residencia en la Tierra.
Como cenizas, como mares poblándose...
Y así también su imagen, que hoy, digo, quiero traer aquí, sacándola de entre los soles alegres, los vivos, claros, oscuros y dramáticos años de nuestra amistad.
Cuánto he sufrido, Pablo, por no haber estado contigo, acompañándote, cuando aullaban todas las furias sueltas que aquellas recién engalonadas panteras de tu país soltaron alrededor del vigilado lecho en el lenta, desesperada y angustiosamente agonizabas hasta morirte, pocos días después de asesinado el presidente de todos los chilenos, tu gran amigo, Salvador Allende. Pero yo quiero imaginar que tú no has estado solo, que a tu cabecera y a tanta distancia de tu alcoba, acompañaban tu agonía, al lado de Matilde, tu ejemplar compañera, aquellos grandes que igual que tú sufrieron desvelados por sus pueblos, como Whalt Whitman, Maiakovski, Machado, García Lorca, César Vallejo, Paul Eluard, Quasimodo, Miguel Hernández, entre los muertos o sacrificados, y también tantas voces líricas vivientes e inmensas multitudes que te amaban, que admiraron en ti tu conducta, tu fe, tu grandeza de poeta en aquel trance supremo de tu vida.
Tu vida, Pablo, aquella otra, la alegre, la optimista, cuando llegaste, apareciste por vez primera en Madrid, el día menos pensado, subiendo a aquella terraza mía en Marqués de Urquijo, desde donde la sierra guadarrameña me saludaba al fondo con sus níveos azules transparentes. Aunque yo nunca entonces te había visto y llegabas sin avisar, comprendí rápidamente que eras tú, aquel mismo que me escribía cartas desesperadas desde su consulado chileno en Batavia (Java), sintiéndose muy solo, tan distanciado del mundo y de su propio idioma. Y eso que ya tú eras el inmenso poeta que había escrito Residencia en la tierra, cuyo manuscrito llegué a conocer por un amigo tuyo, secretario de la Embajada de Chile en Madrid. Desde su primera lectura me sorprendieron y admiraron aquellos poemas, tan lejos del acento y el clima de nuestra poesía. E intenté que se publicara. Tan extraordinaria revelación tenía que aparecer en España. Lo propuse a los pocos editores amigos. Fracaso. Entonces se lo di a Pedro Salinas para que él mismo tanteara a la Revista de Occidente. Pero Salinas también fracasó, logrando tan solo -menos mal- que la revista publicase algunos ejemplos de tu libro. Aumenté entonces mi correspondencia contigo. Tus respuestas eran cada vez más angustiosas, llegándome a pedirme en una de tus cartas disculpas por los errores gramaticales que pudiese encontrar en ellas [...]

PERMANENCIA DE PABLO NERUDA
En el mar, en la tierra,
en los pueblos perdidos,
en las grandes ciudades,
en las naciones,
siempre tu nombre, tú,
tu estrella inextinguible,
tu fulgurante ejemplo.
Es dulce y es alegre y amargo hasta las lágrimas
encontrarte,
saber que tu presencia es más fuerte que todo,
que habla por ti tu verso,
su sondear infinito,
prendiendo el corazón,
arrebatándolo
a altas cimas de paz
o sacudiéndolo hasta dura coraza indeclinable.
No,
tú no tienes, hermano,
que retornar, tu ida,
a pesar de la sangre por las calles,
en medio de tu muerte,
no se cumplió, jamás
saliste de tu cuerpo
y es tu cuerpo, su voz,
es tu encendido espacio el que cae cada día,
cada alba del viento,
en el mar, en la tierra,
en los pueblos perdidos,
en las grandes ciudades,
en las naciones...
RAFAEL ALBERTI
Pablo Neruda.
Antología poética.
Selección y prólogo de Rafael Alberti.
Austral. Espasa. Madrid, 2009.