jueves, 25 de octubre de 2012
TOLTECAS: México
lunes, 6 de agosto de 2012
Las enseñanzas de Don Juan
"Este libro es a la vez etnografìa y alegoría...
Como es apropiado en toda alegoría, lo que se ve está en quien contempla, y no necesita aquí ninguna exégesis"
Walter Goldschmidt.
[...] El viaje definitivo es la posibilidad de que la conciencia individual, acrecentada hasta el límite por la adherencia del individuo a la cognición de los chamanes, pudiera mantenerse más allá del punto en que el organismo es capaz de funcionar como una unidad cohesiva, es decir, más allá de la muerte. Esta conciencia trascendental fue comprendida por los chamanes de México antiguo como la posibilidad de que la conciencia de los seres humanos fuera más allá de lo conocido para llegar, de esta forma, al nivel de energía que fluye en el universo. Para los chamanes como don Juan Matus su búsqueda consistía en llegar a ser, al final, un ser inorgánico, es decir, energía consciente de sí misma, actuando como una unidad cohesiva, pero sin un organismo. Llamaron a este aspecto de su cognición libertad total, un estado en el que existe la conciencia, libre de las imposiciones de la socialización y la sintaxis.
Estas son las conclusiones generales que se han extraído a partir de mi inmersión en la cognición de los chamanes del México antiguo. Años después de la publicación de "Las enseñanzas de don Juan. Una forma yaqui de conocimiento", me di cuenta de que lo que don Juan me había ofrecido era una revolución cognitiva total. En mis obras subsiguientes he tratado de dar una idea de los procedimientos para efectuar esta revolución cognitiva. En vista de que don Juan me estaba familiarizando con un mundo vivo, los procesos de cambio en tal mundo nunca cesan. Las conclusiones, por lo tanto, son solo dispositivos mnemotècnicos o estructuras operacionales que sirven como trampolines para saltar hacia nuevos horizontes de cognición.
Carlos Castaneda en ocasión del trigésimo año de la publicación de "Las enseñanzas de don Juan".
Todo empezó con un trabajo de campo para la Universidad, en Antropología...
"Para mí solo recorrer los caminos que tienen corazón, cualquier camino que tenga corazón. Por ahí yo recorro, y la única prueba que vale es atravesar todo su largo. Y por ahí yo recorro mirando, mirando sin aliento".
Don Juan
"...nada más puede intentarse que establecer el principio y la dirección de un camino infinitamente largo. Pretender cualquier totalización sistemática y definitivs sería, al menos, un autoengaño. La perfección puede aquí puede ser lograda por el estudiante individual solo en el sentido subjetivo de que este comunica todo cuanto ha podido ver".
Georg Simmel.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Lo Onírico
Ya que un sueño es como un reflejo de la vida real, los hechos que parecen ocurrir en él siguen generalmente, incluso en su incoherencia, ciertas leyes cronológicas coherentes con la secuencia normal de todo hecho verdadero. Quiero decir que si, por ejemplo, sueño que me he roto el brazo, me parecerá que lo llevo en cabestrillo o haré uso de él con precaución, o si sueño que se cierran los postigos de una habitación, me parecerá que se ha interceptado la luz y que alrededor de mí se hace la oscuridad. Por lo tanto, imaginé que, si en sueños hacía el ademán de ponerme la mano sobre los ojos, obtendría, en primer lugar, una ilusión semejante a lo que me ocurriría verdaderamente estando despierto si hacía el mismo ademán, es decir, que haría desaparecer las imágenes de los objetos que me parecía ver delante de mì. Luego me pregunté si, después de producir esta interrupción de la visión, no podría mi imaginación evocar más fácilmente los nuevos objetos en los que yo tratara de fijar el pensamiento. La experiencia demostró que el razonamiento era correcto. La colocación, en el sueño, de una mano delante de mis ojos borró en ese momento la visión de un campo que antes había tratado inútilmente de cambiar solo mediante la fuerza de la imaginación. Estuve sin ver nada durante un instante, exactamente como me habría ocurrido en la vida real. Hice entonces un nuevo llamamiento enérgico al recuerdo de la famosa irrupción de los monstruos y, como por arte de magia, este recuerdo, nítidamente colocado ahora en el foco de mi pensamiento, se dibujó de pronto claro, brillante, tumultuoso, sin que, antes de despertarme, tuviera yo percepción de la manera en que se había operado la transición... Si conseguimos establecer de modo terminante que la voluntad puede conservar, durante el sueño, la fuerza suficiente para dirigir la trayectoria de la mente a través del mundo de las ilusiones y las reminiscencias (como durante el día dirige al cuerpo a través de los acontecimientos del mundo real), podremos deducir que cierto hábito de ejercer esta facultad, unido al de tomar conocimiento, en sueños, de su verdadero estado, llevarán poco a poco, al que persista en el esfuerzo, a resultados concluyentes. No solo reconocerá, en primer lugar, la acción de su voluntad consciente en la dirección de los sueños lúcidos y tranquilos, sino que pronto descubrirá la influencia de esta misma voluntad en los sueños incoherentes y apasionados. Los sueños incoherentes se coordinarán notablemente bajo esta influencia; y en los sueños apasionados, llenos de deseos tumultuosos o pensamientos dolorosos, el resultado de este conocimiento y esta libertad de espíritu adquiridos será la facultad de ahuyentar las imágenes desagradables y favorecer las ilusiones felices. El temor a las visiones desagradablea disminuirá en la medida en que se aprecie su iniquidad, y el deseo de ver aparecer imágenes gratas será más activo al reconocer la capacidad de evocarlas; el deseo será pronto más fuerte que el temor y, puesto que la idea dominante es la que hace aparecer las imágenes, el sueño agradable será el que prevalezca. Tal es, al menos, la manera en que me explico, teóricamente, un fenómeno experimentado por mí de forma constante.
Francia: "Les rêves et les moyens de les diriger", de Hervey de Saint-Denis, 1867.
Seguiré compartiendo estas cuestiones tan interesantes, que parecen anticiparse a lo que descubrió Carlos Castaneda.
