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Paz y Ciencia
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martes, 10 de marzo de 2020

¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo?



Para algunos el niño interior dista mucho de ser inspirador, puesto que es apenas real. Su experiencia infantil ha sido borrada por el dolor y por el tiempo, oscurecida por la racionalidad, expulsada por la ambición o distorsionada por el apremio a crecer y adaptarse.

Son pocos los que gozaron de una infancia sin ansiedad, llena de contacto y de participación compenetrada en el mundo de los adultos; una infancia libre y abierta al juego imaginativo o al gozo del esparcimiento; un entorno emocional en el que el hecho de ser vulnerable no era causa de inseguridad. Para muchos, el niño interior es un ser herido y traumatizado, una vida menoscabada por las experiencias que el adulto prefiere no recordar.

Según la terapeuta infantil Edith Sullwold, el niño de nuestra experiencia "es el niño al que todos deseamos curar para poder recuperar la energía necesaria para nuestra a actividad adulta, energía que reside aún en aquellos mecanismos automáticos de defensa que desarrollamos como respuesta a nuestras primeras experiencias dolorosas"

Siempre que nos ligamos estrechamente a alguien, como ocurre, por ejemplo, en el matrimonio, nos enfrentamos al niño interior, ya que es entonces cuando las heridas afectivas de nuestro pa sado se sienten más profundamente. "Esas heridas del alma infantil", comenta el autor y analista junguiano Robert M. Stein, "dificultan enormemente, cuando no imposibilitan, la posibilidad de establecer contactos  humanos íntimos y creativos. En este sentido el niño herido representa también ese aspecto del alma que necesita y exige la unión con el prójimo".

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es

viernes, 7 de febrero de 2020

Epidemiología en la Depresión




La depresión amenaza a una de cada cinco personas y todos estamos expuestos a ella; tanto la madre de familia que no da abasto como la que vive sola después de que sus hijos se hayan emancipado; tanto los ejecutivos sobrecargados de trabajo como los jubilados...

La epidemiología de la depresión estudia la distribución de esta enfermedad entre la población. La epidemiología es en un principio el estudio de las epidemias definidas como la aparición de un gran número de casos de una enfermedad infecciosa transmitible, y luego, por extensión, de toda enfermedad no contagiosa.

La epidemiología investiga las relaciones entre la existencia de una enfermedad y la presencia de ciertos factores que pueden determinar la distribución de dicha enfermedad. Estos factores pueden hacer referencia a las características individuales (raza, sexo, edad, estado civil), al medio socioeconómico y profesional y al modo de vida. Influyen sobre la frecuencia, la distribución, así como la evolución de la patología considerada (en este caso, la depresión).

Factores estudiados:

- Raza: no se encuentran diferencias evidentes.
- Sexo: dos tercios de los deprimidos son mujeres. Influye el hecho de que las mujeres tienen menos reparo de comunicar sus sentimientos, también los negativos.
- Edad: la mayoría de los deprimidos tienen de treinta y cinco a sesenta y cinco años, pero se puede estar deprimido a cualquier edad.
- Medio socioeconómico: la depresión es tan frecuente en las clases modestas como en el resto. Según ciertos estudios, la depresión afecta más a las mujeres jóvenes, de clase social menos favorecida, que no trabajan, que tienen niños pequeños en casa y que viven en la periferia de las grandes ciudades. No hay diferencias entre e hábitat rural y el urbano.
- Estado civil: las mujeres separadas o divorciadas serían las más afectadas por la depresión y los hombres casados los menos. El matrimonio parece ejercer un efecto protector contra la depresión, pero es un factor de riesgo en caso de mal entendimiento conyugal.
- La profesión: no se ha demostrado que las profesiones se relacionen con la depresión; en todo caso, el trabajo a deshora o el trabajo en cadena, por su monotonía, implica una pérdida de la actividad y es frecuente de decepción crónica y de empobrecimiento psíquico.
En contrapartida, la ausencia de profesión parece acentuar la frecuencia de las depresiones, ya que el trabajo permite ampliar la vida social y mejorar la situación financiera.
- La herencia: existe más predisposición entre hijos con padres deprimidos, pero el mecanismo de transmisión no está aclarado. Hay más de dos a cinco veces más deprimidos que en las que no lo hay
- La personalidad: se ha intentado poner de manifiesto la tendencia a deprimirse y un tipo de personalidad. Entre las personalidades analizadas, se pueden citar:

a) la personalidad obsesiva, marcada por la angustia y la duda, la obstinación y la prudencia excesivas, los pensamientos obsesivos, la necesidad de comprobarlo todo y el gusto por el perfeccioinsmo-
b) el tipo cicloide, descrito por Kretschmer, que afecta a individuos tranquilos, concienzudos e inhibidos.
c) el typus melancolicus descrito por Tellenbach, caracterizado por el orden y la meticulosidad, así como un gusto por el trabajo. Estos individuos temen la soledad y no permiten con facilidad que se independicen los miembros de su familia.

En resumen, no existen criterios específicos que permitan describir el perfil del deprimido y, por otra parte, los caracteres llamados fuertes no están menos expuestos que los débiles. No obstante, entre los deprimidos se hallan con frecuencia mujeres de mediana edad que viven solas y presentan antecedentes familiares depresivos.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo Nº Col.: A-1324
Tfno.: +34 653 379 269
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Página Web: www.rcordobasanz.es