PEACE

PEACE
Paz y Ciencia
Mostrando entradas con la etiqueta Silvia Bleichmar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Silvia Bleichmar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de junio de 2012

La generosidad de la madre, el inconformismo del padre: Hugo Bleichmar

La generosidad de la madre, el inconformismo del padre
Hugo Bleichmar
Cuando Silvia -Yeye para la familia- estaba en los primeros grados de la escuela primaria la maestra llamó a mis padres por alguna conducta que supongo debe haber sido un acto creativo no esperado en una niña de esa edad. Mi padre escuchó la queja y cuando la maestra terminó de hablar le dijo en un castellano que traicionaba la impronta judía: “Yo estoy muy orbulloso de mi hija”. Así terminó el incidente pero, estoy seguro, no la marca de una aprobación incondicional a una hija que crecía no siendo convencional, aprobación que se multiplicó en muchas circunstancias. Cuando ella tenía unos doce años, un vecino de Bahía Blanca se acercó al negocio de mi padre y le dijo, con cara de preocupación que esperaba fuera compartida: “don Salomón, acabo de ver a su hija dando vueltas a la plaza en un carro a caballo haciendo propaganda política”. La respuesta nuevamente fue de admiración, con una frase que mi padre repetía siempre delante de Silvia “¡Qué chica ésta!, que en un nivel expresaba una crítica pero dicha con una cara de satisfacción que no sólo anulaba el mensaje aparentemente reprobatorio sino que alentaba a continuar en la conducta. Mi hermana siempre reconoció la importancia que tuvo para ella esa validación de su inteligencia, de su no conformismo, para vivir acorde con lo consideraba que era su deseo, su derecho.
Nada de lo que hizo, como intelectual socialmente comprometida, como psicoanalista en búsqueda de nuevas vías teóricas y de eficacia en la terapia, como persona enormemente generosa y desprendida en lo material, como la más amorosa de las abuelas, como polemista temible, se podría entender sin referencias a sus padres. Orgulloso él, brillante y de lógica abrumadora, contestatario capaz de decir las cosas más terribles, escéptico ante los convencionalismos, con gran inventiva. Ella, nuestra madre, admirada por su marido –“tu madre es una mujer extraordinaria”-, tratando siempre de limar asperezas, de hacer sentir bien al otro, de creerse las justificaciones más inverosímiles que fabricaba de manera automática para que los errores de los que ella quería fueran disculpados. Jamás ninguno de los tres hermanos escuchó una crítica por parte de ella. Su enorme inteligencia estuvo al servicio del amor a los demás y de la solidaridad con las causas sociales –candidata a diputada por el Partido Comunista en la provincia donde vivíamos. Silvia encarnaba muchas de las cualidades que vengo de mencionar. Por ello era adorada y se temía su enfrentamiento. Era hermosa en su juventud, con su pelo pelirrojo que en la mitología familiar se asociaba con carácter intenso e incendiario, con sus pecas, con su boca amplia, con sus movimientos enérgicos. Era hermosa en su madurez, con una elegancia en el vestir que gozaba y, simultáneamente, se mofaba de ella, cualidad de aquellos que son capaces de ironizar sobre sí mismos, sobre sus contradicciones. Era lo que mi madre hubiera querido para sí. Por eso la mimaba y despertaba lo que, mucho tiempo después, entendí como celos en mí y que me llevaron a escribir con grueso marcador en una pared del patio de mi casa “Yeye, diplococus”, creyendo que era un insulto terrible. Anécdota que reflejaba no sólo mis sentimientos en esos momentos sino el clima de absoluta libertad con que vivíamos los hijos.
Nunca discutimos sobre nuestros posicionamientos en psicoanálisis ni nos preocupamos de exponérselos uno al otro tratando de convencer. Los dos sabíamos que nuestras orientaciones respondían a algo que iba más allá de las ideas sustentadas, reflejaban modalidades de ser, grandes vectores que orientaron nuestras formas de aproximarnos al conocimiento. Yo admiraba la facilidad con la que se podía adentrar en cuestiones espinosas para darles un giro original y belleza literaria. Ella me contaba acerca de una frase o de un párrafo de un gran pensador que le despertaban enorme placer intelectual y deseos de profundizarlo. Yo le hablaba de un dato concreto en psicología, en neurociencia, en las ciencias experimentales, que creía pudiera abrir un nuevo camino. Nuestras conversaciones muchas veces nos conducían a una pregunta que compartíamos con colegas de Argentina y de Latinoamérica preocupados por la misma cuestión: ¿por qué habiendo en nuestro campo del psicoanálisis gente tan inteligente, trabajadora, sin embargo la creatividad, el desarrollo de nuevas líneas de pensamiento, no recogía suficientemente esa realidad? La respuesta, que llegaba al nivel de la estereotipia, concluía con que el miedo, la necesidad de pertenencia, la presión de los grupos, tendían a uniformar el pensamiento. La frase de que “la anatomía marca el destino” encontraba en “la geografía marca el destino” una extensión que nos hacía reflexionar acerca de que si se vivía en Buenos Aires, Londres, París o New York –igual para otras ciudades-, ello marcaba los intereses psicoanalíticos, el horizonte dentro del cual se podía pensar, incluso la forma bajo la cual se escribía. Lo que conducía al problema de cómo pertenecer y ser, ser uno en el grupo. Ella había superado lo que en nuestros padres fueron modalidades que no encontraron una síntesis, la necesidad de mi madre de pertenecer y la de mi padre de ser en su aislamiento. Supo estar dentro y en la interfase.
Cuando escribió “Dolor país” entendí que la práctica psicoanalítica y sus contribuciones teóricas eran insuficientes para contener su vitalidad y polifacética personalidad. Ingresó en el periodismo de opinión con el mismo despliegue de inteligencia, de pensamiento agudo, corrosivo, con los que siempre había encarado sus proyectos. Sabía que lo que escribía debía servir, generar movimiento, no ser solamente solaz narcisista en la contemplación del propio talento. Vivir con el sentimiento de que la vida de uno es finita pero que lo que se haga encuentra continuidad presidió los años de su larga enfermedad. Rechazó la autocompasión, me decía, incluso en los últimos tiempos, “Huguito, todo bien”, no porque creyera que ese era el estado de su enfermedad –su lucidez era admirable-, sino porque no quería producir dolor. La frase se prestaba a la ambigüedad que ninguno de los dos quería disipar: parecía referirse a su estado físico pero, en realidad, aludía a que, a pesar de lo que le pasaba, para ella “todo estaba bien”, era “lo que nos toca”, y eso está bien que lo aceptemos. Su muerte nos deja un lleno, una guía de cómo vivir y morir con dignidad siendo leal a nosotros mismos en un destino que debe ser construido de manera individual y con enorme gratitud hacia quienes nos aportaron los materiales para ello.
http://www.herreros.com.ar/melanco/bleichmar.htm Vínculo de Bleichmar sobre la Depresión.
http://www.silviableichmar.com Familia de Hugo Bleichmar, genial psicoanalista.
http://www.aperturas.org/articulos.php?c=Articulos-originales Página Aperturas Psicoanalíticas del Grupo Elipsis. Hogo Bleichmar y Emilce Dio Bleichmar son fundadores. Artículos muy interesantes.
http://www.topia.com.ar/articulos/la-clinica-cien-a%C3%B1os-de-tres-ensayos-de-teor%C3%AD-sexual Artículo de Emilce Dio Bleichmar titulado: "La Clínica a cien años de Tres ensayos de teoría sexual".

domingo, 27 de noviembre de 2011

Tertulia

Les dejo una tertulia interesante sobre la subjetividad, la victimización de los pacientes, el psicoanálisis, historia de la ciencia y de las personas en función de su condición de sujetos, y todo ello dentro de un marco agentino muy lúcido.
http://www.youtube.com/watch?v=7O1O3UrnZ0U&feature=colike

domingo, 13 de noviembre de 2011

Lecciones de Silvia Bleichmar: Historia de la Argentina y el Psicoanálisis



El psicoanálisis es un método de psicoterapia, un modelo de la mente y una forma de investigación social. Todo ello es perfilado por esta brillante mujer. Un recuerdo amistoso a esta gran persona y profesional.
Ella habla de la resistencia autoinmune para enfrentarse al psicoanálisis. Esto lo relaciona con la biopolítica. La realidad puede ser transformada por nuestra praxis. Lo más extraordinario de lo nuestro es que seguimos trabajando en la subjetividad. Es mentira que la pobreza genere violencia.
Ostáculos del psicoanálisis; no se trata de hablar de nuevas patologías sino de una nueva patología que destierra el carácter libidinal del síntoma. Cada época histórica le da un matiz distinto a este tipo de "clasificaciones".
Habla de la prostitución desde el punto de vista del "cliente", en relación al poder. Y desarrolla con el problema con las teorías. Reconoce que las comunicaciones de los psicoanalistas en los medios de comunicación es muy pobre y que "nadie responde". Valga decir que hemos sido descalificados para opinar en este tipo de asuntos por pertenecer al estamento. Un ejemplo personal que todos hemos vivido es la madre perversa que intenta inconscientemente manipular a su hijo diciéndole que remover la mierda hace que luego huela.
La subjetividad implica nuevos históricos de construcción, y nuestra labor es darse cuenta de la época histórica. Por tanto hay que considerar la obra de Freud en su época y contexto así como la de Lacan.
Un ejemplo, sabemos que los niños de hoy no saben nada del campo y que hay una puerilidad del psicoanalista en relación a la escena primaria, como si su papá y su mamá no hicieran a su hermano.
El Edipo es la forma con la cual cada cultura pauta los modos de limitación del goce del adulto sobre el cuerpo del niño. Esto tiene que ver con la paidofilia también. Hay universales que rescatarlas pero hay que hacerlo tras la chatarra de los siglos. Por ejemplo el concepto de perversión. Perversión modo de emplear el cuerpo del otro de una manera desubjetivada. Es imposible el placer sexual sin un otro, va produciendo insatisfacción. Por eso es importante trabajar la ética y la moral. La ética es el reconocimiento de la existencia del semejante y es aquello que viene a irrumpir en mi solipsismo arrancándome del egoísmo al que quedo convinado. Como diría Levinas, aclara Silvia Bleichmar.
La moral pragmática es una degradación del imperativo categórico. Y un lastre de las escuelas.
El humano puede manipular la realidad y puede trasnformarla. Esto lo sabe mucha gente, entre ellos aquellos indignados y muchas personas que se esfuerzan en cambiar su vida.

Les recomiendo que vean el vídeo, una disertación con enjundia y amena.
Un saludo.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Escuchando a Silvia Bleichmar

Silvia Bleichmar nació en Bahía Blanca en 1944. Allí transcurrió su infancia entre la Escuela Normal Mixta y la Biblioteca Rivadavia. Migración mediante a la Capital, estudia Sociología y luego Psicología en la Universidad de Buenos Aires, donde participa activamente del movimiento estudiantil de los años 60´. Casada, divorciada, casada nuevamente, madre de tres hijos, abuela de siete nietos, se radica en México durante los años de la dictadura militar y realiza el Doctorado en Psicoanálisis en la Universidad de París VII, bajo la dirección de Jean Laplanche. Retorna a su país, Argentina, en 1986, definitivamente. Profesora de diversas Universidades nacionales y del exterior, entre sus actividades extra-académicas se cuenta la dirección de los proyectos de UNICEF de asistencia a las víctimas infantiles del terremoto de México de 1985, y el proyecto de ayuda psicológica a los afectados por la bomba que destruyó la Mutual Judía, AMIA en 1994. Ha colaborado con publicaciones nacionales y extranjeras mediante artículos científicos y ensayos de actualidad. Sus libros más conocidos son: En los orígenes del sujeto psíquico", "La fundación de lo inconciente", "Clínica psicoanalítica y neogénesis" y "Dolor país", éste último calificado por la crítica como "un profundo y comprometido ensayo sobre la realidad argentina y su impacto en la subjetividad”. Esta misma crítica ha expresado: "tanto en su producción científica como en sus trabajos sobre la realidad social hay, en Silvia Bleichmar, una inclaudicable actitud de búsqueda y un profundo rechazo al irracionalismo, al pensamiento que se sostiene en la pura creencia, y aúna a esto una enorme libertad de espíritu que la hace original".

De la autora podemos organizar un entramado de ideas que lanza en su dicurso sobre lo humano, lo simbólico, la ética, la patología, las transformaciones, lo epocal... Este discurso lo realizó en las jornadas de El Campo Psi que procuraré esbozar a continuación.
A modo de entremeses, algunas son piezas bien sabidas, otras creaciones de calado profundo, tal y como ella lo dice no resulta tal evidente. Realmente apasionante. Para quien no entienda qué es el psicoanálisis AHORA.
-El humano es del orden de lo simbólico.
-La realidad puede ser transformada por nuestra praxis.
-Creamos realidades.
-Trabajamos en el registro de la subjetividad.
-El psicoanálisis tiene sus propias resistencias.
-La patología es el efecto de una relación entre el inconciente y las posibilidades que le da cada época a relación con el deseo. (En referencia a nuevas nomenclaturas que dejan de lado el aspecto libidinal de su nominación original).
-Hemos sido descalificados como interlocutores hasta para la respuesta contestataria, no siempre, pero en la mayoría de los casos. Por ejemplo, en el caso de la homosexualidad.
-La subjetividad implica modos distintos de constitución.
-Las formas de subjetividad que van variando van poniendo en crisis paradigmas y hay que reformularlos.
-El Edipo hoy es lo que cada cultura pauta en los modos de limitación del goce sobre el cuerpo del niño.
-La perversión es la imposibilidad de concebir al otro en cuanto a sujeto. El empleo del cuerpo del otro de manera desubjetivada.
-S. Bleichmar cita a Lévinas: La ética es el reconocimiento de la existencia del semejante y es aquello que debe irrumpir en mi solipsismo arrancándome del egoismo al que quedo convinado en ese sentido la diferencia entre ética y moral se hace claro.

Para consultar la página personal de la autora:
http://www.silviableichmar.com
Esta profesional es docente, entre otras, de la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) con Hugo Bleichmar. El que escribe estas líneas ha sido influido de manera indirecta por sus pensamientos. La decantación de sus teorías ha calado e invito a considerar seriamente sus trabajos.