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Paz y Ciencia
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domingo, 6 de diciembre de 2020

Adela Cortina.

 


Adela Cortina es Catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia, ciudad en la que nació y donde cursó sus estudios de Licenciatura y Doctorado en Filosofía, que profundizó en las Universidades de Munich y Frankfurt como becaria del DAAD y de la Alexander von Humboldt-Stiftung. Ha sido profesora visitante en la Universidad de Louvain-la-Neuve, en la Vrije Universitet (Amsterdan), en la University of Notre Dame (USA) y en la Universidad de Cambridge.

Es directora de la Fundacion ÉTNOR (para la Ética de los Negocios y las Organizaciones), Vocal de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, Vocal del Consejo Asesor del Ministerio de Sanidad y Consumo, Directora del Máster y del Programa Interuniversitario de Doctorado, con Mención de Calidad, “Ética y Democracia”.

En 2008 entró a formar parte de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, siendo la primera mujer que ingresa en dicha academia.

Trabaja en cuestiones de ética (tanto de fundamentación como de aplicación a las empresas, la política, la sanidad, las biotecnologías, los medios de comunicación, las profesiones y la educación) y de filosofía política (ciudadanía, democracia, desarrollo). Participa en congresos y proyectos tanto en España como en América Latina y Europa.

 Rodrigo Córdoba. Psicólogo Clínico. Zaragoza.

Teléfono: 653 379 269 Gran Vía 32, 3° Izada.

Instagram: @psicoletrazaragoza

Nueva Página Web: Nueva Página Web. Rodrigo Córdoba


martes, 23 de abril de 2013

Desahucio Moral

Introduzco el texto de esta página: http://ariovisto.wordpress.com/2012/11/07/desahucio-etico/
Que mejor forma de hacerlo que con un caso real. Mi compáñía de telefonía móvil me hizo una contraoferta cuando iba a cambiarme a otra. Me dijeron que las llamadas internacionales a fijos estaban incluidos en los minutos. Lo pregunté porque tengo amigos en Shangai. Así que he llamado y he estado un buen rato.
Ahora me llaman y me dicen que no pueden pasarme la factura por el banco por motivos logísticos. (Les debe dar vergüenza robar y mentir a la gente en el fondo). Bien, yo he cambiado a otra compañía. Por supuesto, alfombra roja y el móvil más virtuoso del mundo. Mientras tanto, la compañía antigua, como medida de presión, me ha quitado las llamadas, internet y sms. Después de 13 años, un matrimonio...
Mundo Bizarro le pondría como título a esta introducción a un post muy visceral. Que lo disfruten.
Rodrigo Córdoba Sanz, Psicólogo, Psicoterapeuta. Humanista, Gestaltista, Psicoanalista.



A mi me preocuparía más el desahucio moral, el desahucio de valores, el desahucio humano, el desahucio educativo y quizá el más grave y que ya estamos desenmascarando: el desahucio político.

Andamos parajodiando con que si los Bancos son unos usureros, que si el Banco nacionalizado debe hacerse cargo de las hipotecas, de que esta sociedad es una malvada que no se apiada de los pobres que no pueden con las hipotecas…

Sí, sí… algunos casos la verdad es que son verdaderamente sangrantes y que a nadie que le pase… (casos habrá para estudiar) pero… la usura tiene muchos siglos, lo de que un banco te “preste” se inventó allá por los albores de la burguesía – El Mercader de Venecia – W. Shakespeare – y que yo recuerde los bancos no se fundan en ninguna “regula” monacal, ni aspiran al premio Nobel de la paz o el Asturias de la concordia tipo madre Teresa…

¿Jaleamos al temerario? ¿ninguneamos al prudente? ¿Aquellos que se tuvieron que conformar con un piso de 75-80 m2 porque decidieron ser prudentes y están pagando piedrecita a piedrecita sus mensualidades quitándose de otras cosas como ir fashion, cenitas de viernes, o viajecitos o escapaditas “puentunas”, porque la naturaleza, o un mal dios, los ha hecho así de imbéciles? ¿Esos que? Esos que sigan pagando, que mire usted lo bien y lo sabiamente que se administran…

Que yo sepa., y este galo anda con poquitas tardes en lecciones de economía, aunque más que Zetaspé I El Destructor, que yo sepa, inquiría, toda la mandanga y el fandango de burbuja cancerígena que ha dado al traste con esta potencia europea, se ha basado precisamente en el desmán, en jalear al temerario, en cubrir con fuego cruzado al imprudente que se ha empeñado en más de lo que podía, gracias a la nefasta didáctica de los poderes públicos que, subidos al carro del cachondeo estadista e histórico, siguen adorando al becerro de oro de la imprudencia, el poco esfuerzo, la escasa responsabilidad, el todo vale, el tira p’alante que ya veremos…

Entonces, parece ser que se está insinuando que o bien los bancos se queden sin un dinero que, en un principio es suyo – en esta diabólica pescadilla que se muerde la cola de forma que al final quienes perdemos siempre seremos los mismos – o que sencillamente el Estado se haga cargo de esos desahucios. ¿Corremos con los gastos del hijo tonto? ¿No tenemos bastante con el irresponsable kazastaní (o catalaní) que ya chupa del bote por la cara? ¿Ahora también vamos a pagar las irresponsabilidades de los manirrotos que han cantado póker llevando una pareja de doses? ¿Cuánta gente saldrá a los balcones a gritar a los cielos que le liberen de tan ominosa carga hipotecaria? ¡¡Todos!! Pues claro, tontos serían.

Irresponsables unos, irresponsables otros, y responsables todos, el caso es que la vaca, cada vez más flaca.

Aquí Salomón disfrutaría como un enano. En caso de impago, el banco se queda con el piso y que se lo coma con papas por irresponsable (y por incompetente al darle un crédito a un pelele); el inquilino que se vaya a la calle- sin carga hipotecaria -, a casa de un familiar o a un comedor social, a la única empresa que aumenta su número de afiliados, Cáritas, o… ¡a hacer el camino de Santiago! por irresponsable…

¡¡Y ni un euro a ninguno!!

Así ha sido de toda la vida, oye. Y ya… ya sé que soy muy cruel y muy poco solidario, pero es que este blog Regeneracionista padece de Colon Irritado cada vez que le vomitan la falacia de lo “políticamente correcto”. Anda que no ha hecho daño este aforismo ponzoñoso.

Sólo el prudente, sólo el cumplidor, solo el responsable será capaz de sacarnos de esta miasma.

Los siniestros siguen sin encontrar la piedra filosofal… Y es que, ¡ea! todos no podemos ser ricos… y, menos, si hay gente que pretende largarse sin pagar.

Me cago en lo políticamente correcto y me sobra mierda.

domingo, 22 de julio de 2012

El Cinismo Ético del Dr. House

El cinismo ético del Dr. House [1]
Por Juan Jorge Michel Fariña

"No trato enfermos, trato enfermedades” – Dr. Gregory House
A la memoria de Ignacio Lewkowicz, al cumplirse un nuevo aniversario de su trágica muerte, el 4 de Abril de 2004. Nacho era también un cínico, en el sentido filosófico del término. En una oportunidad compartíamos una reunión en la UBA y en una de las paredes del aula habían pegado un afiche anunciando un evento académico sobre “discapacidad”. El texto, en grandes caracteres, decía: Universidad y Discapacidad: Un Compromiso. Cruzamos miradas con Nacho y él dijo sencillamente: “a confesión de parte, relevo de pruebas”.

En los años 60 la televisión popularizó a dos médicos de ficción, el Dr. Kildare y Ben Casey, y a un abogado, Perry Mason, personajes protagónicos de series emblemáticas que acercaron por primera vez al gran público los dilemas que deben enfrentar a diario los profesionales del campo de la Salud y del Derecho. En aquellos tiempos no se hablaba todavía de bioética y muy poco de ética profesional, no obstante lo cual los distintos episodios anticipaban las dos cuerdas del debate moral contemporáneo: el tratamiento del cuerpo del sufriente y las vicisitudes del sujeto ante la ley.
Casi medio siglo después, la ficción televisiva nos confronta nuevamente con una variedad de juristas, forenses y clínicos a través de distintas series que se caracterizan por el rigor investigativo, el cuidado de los guiones y una realización por demás atractiva. Capítulos memorables de CSI, ER, La ley y el orden y, por supuesto, Dr. House, la cual ha obtenido ya dos Golden Globe y que, como veremos, merece le dediquemos este comentario.
Dr. House –o House M.D., donde M.D. puede significar "Medical Doctor" o "Medical Diagnostic"– fue estrenada en 2004 por la cadena Fox y ha entrado ya en su cuarta temporada. Según la Wikipedia, donde House también se ha ganado un lugar, se trata de un drama médico que gira en torno al Dr. Gregory House, un médico huraño que se desempeña de manera brillante en el departamento de diagnóstico del ficticio Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey.
El personaje está inspirado en el de Sherlock Holmes –el propio autor de la serie, David Shore, reconoce tal filiación, ofreciendo al espectador pistas en esta dirección. La similitud en sus apellidos, la numeración de sus domicilios (ambos viven en el número 221B), la analogía de sus respectivos colaboradores: John Watson y James Wilson, la adicción a una sustancia (cocaína en Holmes, vicodina en House). Pero lo que más los emparenta es el modo de encarar el enigma que supone cada caso y la estrategia deductiva para resolverlo.
Ante todo, tanto Holmes como House, se abstienen en lo posible de establecer un vínculo con las personas involucradas directamente en el caso –sean éstos sospechosos o testigos, en el caso de Holmes, o pacientes en el caso de House. Pero, contra toda evidencia, esta distancia no supone descompromiso o desinterés. Cuando House evita hablar en exceso con los pacientes con el célebre argumento de “los pacientes siempre mienten –el síntoma no”, lo que hace es, en realidad, sustraerse del discurso del yo del paciente, que siempre se presenta engañosamente consistente, aún cuando ello sea un obstáculo para la cura. Aquello que indefectiblemente ocultan al médico no es en absoluto azaroso y suele transformarse en la pieza que resuelve el enigma de los diagnósticos complejos. Al manejarse a través de las indagaciones e informes de sus colaboradores, House logra establecer la distancia operativa que le permite intervenir desde un lugar diferente, desbaratando la maniobra del yo y salvando al sujeto.
Esta actitud distante le ha valido el calificativo de “huraño”, pero ello no debe inducirnos a error respecto de House. Si en ocasiones tiene para con sus pacientes comentarios sarcásticos, es porque hace síntoma de su propia angustia como médico frente a las situaciones con las que debe lidiar. Como cuando le dice a una paciente que no sabe que está embarazada:
House: "Tiene un parásito."
Paciente: "¿Como la lombriz solitaria o algo así? ¿Puede quitármelo?"
House: "Hasta dentro de un mes, sí. Después es ilegal. Bueno, en un par de Estados no."
Paciente: "¿Ilegal?"
House: "Tranquila. Muchas mujeres se encariñan con estos parásitos. Les ponen nombres, les compran ropita y los llevan al parque a jugar con otros parásitos... Mire, si hasta tiene sus ojos..."
O cuando se dirige a su colega afroamericano Foreman, que lo acusa de molestarle cada día más: "Pues eso descarta el racismo, ayer eras igual de negro".
Pero esta preferencia por la ironía y el sarcasmo –una vez más, rasgo compartido con Holmes – se desliza en ocasiones hacia una posición cínica, en el sentido filosófico del término. Es este viraje el que nos interesa analizar.
La escuela cínica, fundada por Antístenes (-450, -366) sostiene que sólo se alcanza la felicidad si alguien puede prescindir de las ataduras que lo condicionan a los ideales mundanos. El propio Antístenes vivía según su propia concepción de la virtud y para él las convenciones sociales no significaban demasiado, ya que como todos los cínicos, relativizaba el peso de las normas y las instituciones. A otro representante de la Escuela Cínica, Diógenes de Sinope, se le adjudica la conocida frase “córrete que me tapas el sol”, dirigida a Alejandro Magno cuando éste, al regreso de una de sus campañas, le ofrece: “filósofo, pídeme lo que quieras”. O la que dirige a sus compatriotas cuando lo expulsan de la ciudad por haber atentado contra la moneda en curso: “ellos me condenan a irme y yo los condeno a ellos a quedarse”.
Como se puede ver, la afirmación cínica puede adoptar el tono de la ironía, pero se separa de ella, ingresando un enunciado de verdad. A diferencia del sarcasmo, que hace síntoma de un punto ciego en el emisor, el comentario cínico siempre suplementa la escena, reorganizando el universo situacional. La respuesta de Diógenes a Alejandro Magno, responde a la demanda del soberano pero, para desnudar las limitaciones de su poder, para poner en evidencia el punto de inconsistencia en que se encuentra, sin siquiera sospecharlo.
Esta perspectiva del “cinismo” se aleja del uso que habitualmente hacemos del término, de allí que muchos especialistas propongan actualmente escribir kinismo para referirse a la posición filosófica, distinguiéndola así de su acepción cotidiana.
Cuando la lucidez se abre paso en medio del sarcasmo, House puede sustraerse a su propia angustia –sus miedos, sus inseguridades más íntimas. Y es allí cuando aporta su cuota de kinismo a la serie, emergiendo él mismo como sujeto en ese acto. Como es sabido, se resiste a utilizar el guardapolvo blanco y recorre los pasillos del hospital con su bastón, debido a la renguera en su pierna derecha. En una ocasión le dice a Wilson, su colega y confidente:
House: “¿Te das cuenta? Todo el mundo piensa que soy un paciente por el bastón.”
Wilson: “Pues ponte un guardapolvo blanco, como los demás.”
House: “No, entonces parecería un médico.”
House sabe que el guardapolvo blanco no garantiza autoridad médica alguna y no desea por tanto aparecer recubierto de semejante emblema. Pero sabe también que un médico no es un paciente –y no debe ser confundido con él. El comentario cínico que dirige a Wilson lo aleja tanto de la infatuación médica como de la demagogia de la igualación. El médico debe encontrar su lugar fuera de tales facilismos.
En la misma línea, le dice a un paciente: "¿Preferiría un médico que lo tome de la mano mientras se muere o uno que lo ignore mientras mejora?”. Contra la tendencia contemporánea que instruye al médico para que sea “empático” con el paciente, House subraya que es la competencia profesional lo que el enfermo realmente requiere de él.
La idea tiene un amplio alcance y recuerda el comentario de Alain Badiou dirigido a los psiquiatras durante un congreso internacional. Refiriéndose a la Comisión de Ética Psiquiátrica Europea, Badiou objeta uno de sus enunciados, justamente el que dice: “el psiquiatra deberá tratar con pasión no a la enfermedad, sino al enfermo”, y le contrapone la afirmación de Hamburger: “el enfermo no necesita la compasión del médico, sino su capacidad.”
Efectivamente, si el médico centra su práctica en el “enfermo” es porque ya le supone un lugar. Porque ya lo ha condenado a su condición de tal. Hacerlo sobre la enfermedad, en cambio, abre la posibilidad de “(…) examinar una situación de imposibilidad contingente y trabajar con todos los medios para transformarla”. (pág. 42)
En esta línea, cada episodio de House podría ser leído como una lección sobre la importancia de distinguir el campo moral – lo ya sabido de una situación – de la dimensión ética, en la que el médico emerge como un creador de posibilidades.
En una oportunidad, llega al hospital una mujer en estado crítico. Ha contraído una rara dolencia y los médicos no logran dar con la etiología. Se trata aparentemente de una enfermedad tropical, pero ella y su marido, un matrimonio muy unido, jamás han salido de la ciudad. Los médicos descubren, entonces, que unos días antes, ambos habían cenado en un restaurante jamaiquino de Manhattan. Se hace un control de bromatología en el establecimiento y se constatan varias infracciones, pero ninguna concluyente en relación al dato que los médicos están buscando. La mujer empeora y el desenlace parece inevitable. Su marido permanece junto a ella día y noche junto al lecho del hospital. Es entonces cuando House tiene uno de sus raptos de lucidez. Reúne a su equipo y anuncia su hallazgo: ella o él, alguno de los dos fue infiel y mantuvo relaciones sexuales con una persona contagiada. Es altamente improbable, pero no imposible y, de confirmarse, el dato permitiría apostar a un tratamiento de emergencia. Ordena entonces un inmediato interrogatorio a la paciente y a su marido. Foreman deberá interrogar al hombre, Cameron a la mujer. Allisson Cameron, médica aplicada y sumamente sensible, protesta enfáticamente: “¿me estás diciendo que le pregunte a una mujer moribunda si engañó a su marido?”. House responde: “no, te estoy pidiendo que seas gentil con ella y la dejes morir.”
Una vez más, el comentario señala a la joven colega que la ética no sabe de relaciones públicas ni de actitudes “políticamente correctas.” No es la compasión lo que la paciente requiere del profesional, sino su capacidad. Si la enfermedad es efectivamente una situación, ello explica por qué House nunca abandona a un paciente. Por qué busca hasta último momento, contra toda evidencia, una fórmula salvadora.
Es porque hace suya la célebre fórmula de Hipócrates, así reformulada por Alain Badiou: “Haz todo lo que está en tu poder para que sea de nuevo posible lo que es provisionalmente imposible, pero de lo cual todo humano es declarado axiomáticamente capaz.”
[1] Texto publicado en Journal Ética y cine http://journal.eticaycine.org

http://youtu.be/aI_KzfkjP24 Mejores Momentos de Dr. House Expresión del "kinismo"
http://youtu.be/FKbrJaY-V78 Tarja Turunen -I Feel Inmortal-
http://youtu.be/Xq5v6EuW9WA Amaral -Cuando suba la Marea-



Bibliografía: Badiou, A., “Etica y Psiquiatría”, En Reflexiones sobre nuestro tiempo. Interrogantes acerca de la ética, la política y la experiencia de lo inhumano. Ediciones del Cifrado, Buenos Aires, 1999.