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Paz y Ciencia
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lunes, 13 de agosto de 2012

Decimos ¡Keledén! cuando por fin hacemos algo de lo que nos creíamos incapaces


Léase los post anteriores Irreverencia Espiritual y Keledén...

De modo que por fin hacemos las cosas a nuestro aire. Por el motivo que sea, no nos permitimos hacer muchas cosas.
En este preciso instante hay personas diciendo ¡Keledén! porque:

- Por fin se acercan al chico/chica que les gusta y le cuentan cómo se sienten.
- Dejan trabajos de los que están hartos para irse a viajar por el mundo.
- Por fin dicen lo que piensan a un amigo o a un miembro de la familia.
- Piden la baja por enfermedad por primera vez en su carrera laboral.
- Echan un vistazo al armario de su mujer y se prueban un bonito vestido de fiesta.
- Se ponen a gritar en la biblioteca.
- Se comen una tarta de chocolate entera.
- Le hacen un corte de mangas a otro conductor y luego se marchan a toda velocidad.
- Se tumban en la hierba y se quedan mirando el cielo durante horas.

Eso es la libertad. Hacer por fin lo que verdaderamente deseas. Decir ¡Keledén! al mundo y a lo que la gente opina de ti e ir a por ello.
Esta parte requiere una banda sonora de rock como acompañamiento. Recuerda aquel viejo anuncio de Levi's en el que un chico entra en una oficina montado en una moto, recoge a la chica y se alejan juntos hacia la puesta de sol.

Así que dale gas y canta conmigo:

Get your motor runnin'
Head out on the highway
lookin' for adventure
and whatever comes our way
Yeah Darlin' go make it happen
Take the world in a love embrace
Fire all your guns at once
and explode into the space
Born to be w....i...l...d.

(Pon el motor en marcha. / Sal a la autopista / buscando aventuras / y lo que se cruce en el camino. / Cariño, hagamos que ocurra. / Estrecha el mundo con un abrazo de amor. / Dispara todas tus armas a la vez / y explota en el espacio. / Nacido para ser libre).
Canción del grupo Steppenwolf, del año 1968.

Por qué decimos ¡Keledén!


Decimos ¡Keledén! cuando dejamos de hacer algo que no deseamos hacer

Cada semana limpias las ventanas de tu casa/piso/barco.
Lo haces religiosa y concienzudamente. Pero empieza a aburrirte. Lo haces porque tu madre siempre te decía que unas ventanas limpias dicen mucho de su dueño. Según ella, las personas que tienen las ventanas sucias seguramente también son sucias.
Pero, últimamente, hacerlo todas las semanas se ha vuelto tan fastidioso que un lunes dices ¡Keledén! y te pones a ver la tele mientras te comes unas galletas de chocolate. ¡Es una sensación estupenda! A medida que pasan las semanas, disfrutas viendo cómo las ventanas están cada vez más sucias. Se convierten en un símbolo de tu nueva libertad. Cuando ya te resulta difícil ver a través de ellas, contratas a un profesional. Te sientes todavía mejor con tu nueva actitud al ver que el tipo es joven y está en forma... y fantaseas con que abre una lata de Coca-Cola light...

Cuando las cosas que creemos que nos importan empiezan a fastidiarnos, llegamos a un punto en que decimos ¡Keledén! Entonces dejamos de hacerlas y pasamos a algo más divertido. Así pues:

- Decimos ¡Keledén! a intentar ponernos en forma y nos dedicamos a ver la tele.
- Decimos ¡Keledén! a ser agradables con personas que nos caen mal y les hacemos el vacío.
- Decimos ¡Keledén! a llegar al trabajo y llegamos tarde.
- Decimos ¡Keledén! a limpiar y contratemos a alguien que limpie por nosotros.
- Decimos ¡Keledén! a Dios e idolatramos al diablo.

De hecho, decimos ¡Keledén! cada vez que renunciamos a algo que nos fastidia. Puede que digamos ¡Keledén! y dejemos de ser alguien que no queremos ser. Puede que digamos ¡Keledén! y simplemente dejemos de preocuparnos por algo que creíamos importante.
Decimos ¡Keledén! a todas las obligaciones que sentimos: empezando por la familia, los amigos, el trabajo, la sociedad y todo el mundo exterior. La presión que los demás ejercen sobre nosotros para que adoptemos una actitud determinada a veces resulta excesiva. Entonces decimos ¡Keledén! y nos dedicamos a hacer las cosas a nuestro aire.

John C. Parkin: "Keledén. Lo último en medicina para el espíritu". Debolsillo Clave, 2012, Barcelona. Pp.: 25-26

domingo, 12 de agosto de 2012

Irreverencia Espiritual


"Con un poco de azúcar, esa píldora que os dan pasará mejor" Mary Poppins.

Nota de Rodrigo C.: Ha surgido este título del post porque mi mujer me ha llamado irreverente. Al mismo tiempo mi "irreverencia" viene de atrás. Cuando estudiaba modificación de conducta leía "La voz de su amo". Un profesional armado de técnicas para reprogramar a una persona.
Mientras, en formaciones al margen de lo académico, que paradójicamente, somos legión, mayoría absoluta votada por quienes conectan con nosotros; apareció la bella expresión "sujeto singular". Eso me hizo coger aire.
Surgió la palabra identidad. Soplo de aire fresco que luego se vinculó con el legado de la filosofía y, por citar un ejemplo querido: Carl Gustav Jung.
Después aparecieron los pensadores orientales: el Ego.
Apareció la profundización y varias relecturas de la obra de Winnicott (un irreverente que cometió el "error" de pensar por sí solo). Hay una imagen de él en internet en la que aparece sentado en una silla con la pierna izquierda extendida, como diciendo "KELEDÉN", texto que introduciré al final de estas líneas.
Otra fuente de inspiración fue la llamada antipsiquiatría. La lectura de "El mito de la Enfermedad Mental" y "El segundo pecado", de Thomas Szasz: "Si hablas a Dios es oración, si Dios te habla es esquizofrenia".
Seguí rastreando esos caminos que se dirigen a ENTENDER al ser humano. Entre tanto DSM y psicopatología, vemos los árboles pero no vemos el bosque.
También rastreé la terapia familiar de sus tres mayores exponentes y su evolución hacia la terapia estratégica.
KELEDÉN a la teoría.

Ahora concibo a la persona que me consulta como alguien por ser descubierto en el espacio intersubjetivo, o mejor: cuando dos personas se juntan de verdad sucede como en una reacción química, ambos elementos se transforman.

El libro KELEDÉN es una traducción de "Fuck it!". Su autor es John C. Parkin, que sin adornos y "ligereza" habla de "Lo último en medicina para el espíritu". La portada recuerda a un fármaco contra el dolor de cabeza.
Parkin es hijo de predicadores anglicanos, tras estudiar los sistemas de sabiduría oriental, es el fundador del centro holístico The Hill that Breathes, en Italia. Tiene un "site" donde escribe, con el irreverente www.thefuckitway.com

Para hacer boca comparto un epígrafe del comienzo:

TODO ES CUESTIÓN DE ANARQUÍA

Decir ¡Keledén! es como hacer un corte de mangas al mundo del sentido común, al convencionalismo, a la autoridad, a los sistemas impuestos, a la uniformidad y al orden establecido. Eso es la anarquía. Anarquía significa literalmente "sin un gobernante". Los anarquistas proponen la existencia de un estado libre de gobernantes y dirigentes. Pero el significado más amplio de anarquía es la ausencia de cualquier norma, objetivo o sentidos comunes a todos.
Y esa es la clave de la esencia anarquista de ¡Keledén!
Nuestra vida se basa en una búsqueda incesante en encontrarle sentido a todo aquello que nos rodea y en ir acumulando esos numerosos sentidos. Pese a que tal necesidad nos fastidia, el mundo en que vivimos nos exige esa indagación sin fin.
Para vivir juntos armoniosamente, tratamos de ponernos de acuerdo en las normas, los objetivos y los sentidos. De modo que todo aquello que amenace esos sentidos colectivos, las vacas sagradas de nuestros universos semánticos, supone una gran amenaza. Y el anarquismo -la ausencia real de sentido y finalidad- es la mayor amenaza que existe.
La connotación política más estricta del anarquismo -derrocar al Estado- no es nada comparada con el poder destructivo de su verdadero sentido: derrocar la percepción común del sentido y la finalidad. El anarquismo, en este sentido, es la filosofía más destructiva y radical con la que el hombre podría soñar jamás.
Cuando dices ¡Keledén!, adoptas una filosofía que asusta mucho a todo el mundo [...]
Una glosa filosófica oculta en la etimología de la palabra "anarquía": Anarchos, viene del griego, y era una descripción aplicada frecuentemente a Dios; lo "inmotivado" y "sin principio" se consideraba divino...

John C. Parkin: "¡KELEDÉN! Lo último en medicina para el espíritu". Debolsillo, 2012, Barcelona. Pp.: 20-22.