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viernes, 10 de abril de 2020

Habilidades Sociales




El término asertividad deriva del vocablo latino tardío assertum, participio pasivo de asserere, que significa afirmar, conducir ante el juez; y, a su vez, procede de serere (entretejer, encadenar). También proviene de otra expresión latina: assertus, que alude a la afirmación de certeza de algo.

En el Diccionario de Martín Alonso, a continuación de la voz asertivo leemos: "afirmativo (...) que tiene fuerza de afirmación".

Bien, llegados a este punto debemos formularnos una pregunta: ¿qué quiere decir asertividad o tener un comportamiento asertivo? Asertiva es aquella conducta que hace y dice lo que es más adecuado a cada situación, sin inhibiciones ni agresiones inadecuadas.

Desde el punto de vista psicológico es éste un concepto cada vez más utilizado en salud mental. Reúne tres características:

1. Se trata de algo muy relacionado con la personalidad y con la forma en que ésta se muestra y funciona.

2. Conjunto de técnicas de comportamiento orientadas a una mejoría de las propias relaciones sociales. En una palabra, asertividad=habilidad social. Dicho esto en términos más explícitos:
- Expresión de emociones positivas y negativas según la circunstancia.
- Defensa de los derechos más legítimos.
- Saber pedir favores.
- Negativa a acceder a peticiones no razonables.
- Aprender a decir que no (pero con la sonrisa en los labios).
- Comportamiento personal y social adecuado a cada momento.

3. Poder expresar ideas, juicios y sentimientos tanto de signo positivo como negativo frente a cualquier persona, situación o circunstancia. Libertad de expresión ideológica y emocional.

Rodrigo Córdoba Sanz. Psicólogo y Psicoterapeuta. Nº Col.: A-1324
Tfno.: (+34) 653 379 269
Instagram: @psicoletrazaragoza
Página Web: www.rcordobasanz.es
Se realizan Videollamadas Internacionales.

lunes, 16 de abril de 2012

Técnica de Comunicación Asertiva

Prmero debe aplicar la conciencia plena a descubrir y aceptar qué asuntos o actitudes en las personas que le rodean disparan su reactividad, mediante miedo o rabia. Cuando ocurra esto, en vez de aceptar algo de lo que quizá luego se arrepienta o de iniciar una lucha para vencer al contrario, pruebe esta fórmula en tres pasos:

1. Una vez que ha escuchado -no solo dejado hablar, sino oído con atención a su interlocutor-, demuéstrele que ha comprendido. Comprender no supone cesión ninguna y tranquilizará a la otra parte. Es una satisfacción que siempre se puede dar y le evitará las repeticiones innecesarias de su interlocutor. Para ello inicie la frase con algo así como: "Te comprendo", describiendo la postura de su interlocutor, honestamente, no como un falso formalismo, que lo notará. No tenga reparos en reconocer el derecho de la otra persona a sentir lo que siente y a pensar como piensa: sus razones tendrá y es libre de tenerlas tanto como usted es libre de tener las suyas.

2. Pero esa misma libertad de expresión que usted ofrece, sin juzgar, también la expresa con la misma serenidad y convicción. Para ello puede exponer sus razones a continuación, sin hacerlas más o menos importantes. Puede iniciar la frase con: "Sin embargo, no estoy de acuerdo contigo". En este punto uno se debe plantear si hay que dar razones de su desacuerdo o no.
Si un vendedor de enciclopedias me aborda en mi casa para venderme un producto (trabajo muy digno), puedo darle una razón por cortesía solamente, pero no tengo ninguna obligación. Si es una cuestión laboral con mi jefe, probablemente deba darlas. Si es sobre gustos, como qué película ir a ver con mi pareja, quizá no tiene mucho sentido justificar racionalmente mis preferencias. En fin, este asunto queda abierto a las necesidades de la situación y a su mejor juicio.

3. Lo óptimo en situaciones así es poder dar una solución alternativa, que pueda satisfacer a ambas partes. Ello no es fácil y quizás a veces, como ante el vendedor de enciclopedias, resulte imposible. Pero aquí la intención es lo que importa, porque refleja este espíritu de "yo te respeto y me respeto a mí mismo". Por otro lado, las soluciones de beneficio mutuo solo surgen cuando se conecta de verdad con las necesidades de ambas partes. En este caso puede concluir con: "Por eso te propongo...", donde expresa su propuesta de solución -algo aceptable para ambas partes- creativa, equilibrada, abierta. En este caso debe estar abierto a que la otra persona la acepte o haga una propuesta alternativa, que usted podrá aceptar o rechazar con libertad.

Recuerde que también puede aplazar el asunto si no hay salida, esperando otras circunstancias más favorables; siempre mejor que una confrontación estéril. Una trampa frecuente en las discusiones es que las partes trasladan el conflicto del objetivo hacia las razones correspondientes, intentando competir sobre qué razones son más relevantes.
La asertividad no es fácil. Hay personas que la desarrollan de forma intuitiva, evitando así caer en la discusión o en la evitación. No se trata de ser siempre asertivos, ya que puede resultar cargante y, en ocasiones, ineficaz. La recomendación es disponer de varios estilos de comunicación para las distintas situaciones. Fíjese en cuál es su estilo habitual en momentos de conflicto y pruebe otras alternativas que puedan ser más efectivas para que usted se sienta mejor y consiga sus objetivos. Practique expresar sus disconformidades de forma clara y firme, pero manteniendo un enfoque amable. No espere a la gran crisis para poner esto en práctica; necesita empezar con asuntos sencillos, en su entorno afectivo, para probar la técnica e desarrollando habilidad para poder hacerlo en situaciones difíciles.

Estilos de Comunicación y Emociones




¿Qué tal si cuando no quieres, dices que no; cuando te hace daño, lo dejas; cuando necesitas pedir, lo pides; cuando quieres dar, se lo das; y cuando quieres llorar o gritar, lo dejas salir?
¿Qué tal si cuando quieres comunicarte, te abres?
¡Y cuando estás contento, te ríes!
¿Qué tal si te quedas aquí y ahora, lo único real, en donde hay tanto que no requiere ni del pasado ni del futuro?
¿Qué tal si te das a tu esencia y te dejas Ser verdadero?
Claudio Casas, "La paleta del pintor". Extraído de Álex Rovira: "La brújula interior". Urano, Barcelona, 2003.

El estrés que sufrimos es mayoritariamente de tipo psicosocial y, por lo tanto, está íntimamente ligado a nuestras relaciones personales. Por ello la comunicación es la otra "víctima" colateral del estrés. Además del tipo de conversaciones que buscamos en momentos de tensión emocional, tenemos el estilo con el que comunicamos nuestra tensión.
Las comunicaciones difíciles tienen dos implicaciones importantes: una es la capacidad de movilizar emociones negativas,, como el miedo o la rabia, generando estrés; la otra característica de una comunicación difícil es que las personas no consiguen su objetivo, creando un problema añadido en torno a su relación o sus posibilidades de entenderse en el futuro.
Cuando el estrés está coordinado por ls emoción miedo, el estilo de comunicación preponderante recive el nombre de pasiva, algunas personsa dicen sentirse sometidas. Estas personas dirán que sí a todo, simplemente por satisfacer y evitar el conflicto, no presentarán objeciones, ni afrontarán los asuntos en profundidad. El miedo les hace renunciar a sus derechos. Por ello suelen hablar en voz baja, evitando el contacto visual con su interlocutor. Digamos que intentan pasar desapercibidas, evitar la confrontación. Esta actitud sumisa no siempre satisface al interlocutor y, en ocasiones, puede enfurecer o estimular la agresividad de otras personas, contrariamente a lo que se desea. Tampoco resulta agradable para quien la experimenta, que siente que los demás abusan de él y no tiene libertad de expresarse.
Si, por el contrario, la emoción que capitanea esa comunicación es la rabia, la situación es bien distinta. Uno se siente atraído hacia la confrontación; se trata de vencer al oponente, de plantarle cara, de demostrar quién es el más fuerte, quién tiene razón. Es el estilo para discutir acaloradamente, imponer los puntos de vista propios sin que importen los sentimientos de la otra persona. Se llama comunicación agresiva y suele estimular miedo o rabia, según sean las circunstancias de la otra persona. Si produce miedo, esa victoria aparente crea mucho resentimiento en el vencido. Si la agresividad despierta agresividad en el otro, se encamina hacia un conflicto verbal, un choque dialéctico. Aunque la sensación que se experimenta es de energía y no es tan desagradable como el miedo, a medio plazo tampoco resulta agradable para ninguno de los contendientes.
Estos son prototipos, claro. Digamos que son estilos extremos que nos sirven para identificar patrones. También pueden combinarse en lo que llamamos estilo pasivo-agresivo, que es aquel que aparenta sumisión, pero en el fondo está buscando la oportunidad para atacar por la espalda. Es un estilo donde hay miedo de dar la cara, y el interpelado dice que sí, aunque luego intente sabotear los planes o criticar por la espalda. Aquí también se busca machacar al contrario, pero sin que se note, por supuesto. Tampoco resulta muy estimulante para el que lo expresa, aunque algunos se pueden hacer expertos.
Existe una vía alternativa, la comunicación asertiva, que, por supuesto, tiene que ver, como las anteriores, por las habilidades sociales de la persona.
La asertividad es un camino medio que trasciende el miedo y la rabia, es una actitud de respeto que requiere conciencia de la situación y regulación emocional. Por ello, cuando se sabe utilizar, resulta muy eficaz para reducir los conflictos.
La asertividad, como saben, es exponer el punto de vista, los pensamientos, sentimientos, actitudes, deseos con serenidad, sin llegar a los polos anteriormetne descritos. Por supuesto, estos estilos de comunicación están íntimamente relacionados con la situación emocional de la persona, con la afectividad. Punto que hay que trabajar(se). Un saludo, Rodrigo Córdoba Sanz.

Inspirado en el texto: "Con rumbo propio", de Andrés Martín Asuero.