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Paz y Ciencia

domingo, 20 de noviembre de 2011

¿Qué hay en un cigarrillo?



El título del post remite a lo material, sin embargo podemos hablar sin procurarnos escorarnos a extremos, esto es, posturas "talibanes" o de Peris dibujando a Rajoy en un diván con un puro. Este último señor, presidente ya casi a estas alturas de España, ha manifestado que no está del todo de acuerdo con la Ley que él mismo apoyó. Hay factores políticos que invitan a que esta decisión se mantenga, por otro lado, hay motivos estratégicos de cara al mundo de la empresa que invita a pensar que luchará por acabar con la ley.
Pero todo esto me resulta aburrido. Una adicción es una pérdida de libertad, un punto de fuga de un sufrimiento profundo que encuentra mágicamente una salida y anestesia en una sustancia externa que se asocia con el relax, el sosiego, la tranquilidad o la ansiólisis. Las personas tienen verdadero miedo de abandonar la sustancia, en este caso estamos hablando de una droga legal, que además tiene poca difusión de sus efectos perniciosos; hasta hace muy poco la población no ha tomado conciencia de lo molesto que puede resultar para un no fumador y lo nocivo a nivel de salud tanto para ese fumador pasivo como para el propio fumador. Este vídeo ilustra el negocio del tabaco, como la cocaína sigue siendo un negocio, el tabaco es algo legal, que se hace de forma expansiva y exhibicionista y sin ningún tipo de sentimiento de culpa ni remordimiento. Creo que el que más y el que menos conoce personas que han fumado estando enfermos, que han enfermado por el tabaco o que han fallecido por el tabaco. No tengo nada contra la sustancia (natural), no adulterada para potenciar el "enganche" del fumador; no tengo nada en contra de la coacaína, existen personas que viven en las montañas que mastican la hoja para aguantar el mal de altura y la carga de trabajo, no tengo nada contra eso; no tengo nada contra la marihuana, solo me consta que cada vez produce más fracaso escolar y más consultas en psicología y psiquiatría, problemas laborales, familiares y otros de sobras conocidos.
El fumar es una profunda esclavitud, dejar de fumar es verdaderamente complicado, la dificultad se incrementa con el número de cigarros. Existen medios eficaces para dejar de fumar, desde terapia sustitutiva hasta medicamentos para bloquear los receptores nicotínicos como la vareniclina, la vareniclina es un agonista parcial del receptor nicotínico de acetilcolina, α4β2. Es un ansiolítico.
Se trata de combinar esos tratamientos farmacológicos con ayuda psicológica. Es importante mencionar que es difícil encontrar un momento para dejar de fumar porque la vida está sembrada de momentos estresantes, el hecho de que suene el despertador ya es un fastidio. La terapia psicológica ayuda a obtener una retroalimentación del tabaquismo, apoya y analiza el uso del tabaco. También se orienta a la motivación para el cambio, previamente debe de haber superado ciertas fases mencionadas por Prochaska y DiClemente.
No han sido seres alucinados ni marcianos los que han diseñado esta ley disuasoria, son personas que ven día a día morir a personas y enfermar por causas derivadas por el tabaco.
Les comento una anécdota de la ignorancia que existe con respecto al tabaco, es lo que podríamos llamar mejor "distorsión cognitiva": un operario de una entidad bancaria me dijo que se ahorraría mucho si dejara de fumar. Yo le dije que se resfriaría menos, el señor me contestó que el tabaco "mata los virus". Disculpen pero el tabaco daña el sistema inmunológico y lo hace más propenso a contraer enfermedades, especialmente del aparato respiratorio.
El caso es que la fantasía y la ilusión del fumador es que ese objeto mágico que es el cigarro supone un "objeto fetiche" salvador de sus males, objeto que le apuntala en momentos de debilidad.
En otra ocasión habría que hablar de pacientes con problemas psiquiátricos; ellos también pueden dejar de fumar, con un tratamiento adecuado y apoyo psicológico y psiquiátrico. De hecho, en muchos hospitales de España se promueve la deshabituación tabáquica en los ingresos hospitalarios de psiquiatría.
Un saludo. Les dejo con otro vídeo muy claro y la composición química de la vareniclina. Por si quieren hacer laboratorios de Champix(R)


Jornada de reflexión

“Comprométete, lleva contigo la humanidad, créate a ti mismo siempre de nuevo, solamente a través de tus acciones”

sábado, 19 de noviembre de 2011

Información valiosa sobre el TLP: mecanismos de defensa

Trastorno Límite de la Personalidad, TLP, Borderline





MECANISMOS DE DEFENSA EN EL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD



Mª José Fernández Guerrero
Facultad de Psicología
Universidad Pontificia de Salamanca

Fuente: REVISTA Nº4 ALAI-TP


Dentro de los trastornos de personalidad existentes es, quizá, el trastorno límite el más llamativo, inquietante y sorprendente, el que genera más dudas y el que, a lo largo de la historia, ha sido sometido a debates, dudas sobre su existencia como trastorno independiente, maltratado como un compendio de síntomas, calificado como cajón de sastre donde todos los síntomas caben... en fin, que es probable que haya sido una de las alteraciones que más quebraderos de cabeza ha traído tanto a pacientes como profesionales y familiares. Es la existencia de foros como esta Asociación Levantina de Ayuda e Investigación de los Trastornos de la Personalidad y otras Asociaciones similares donde se puede ir construyendo una plataforma que dé relevancia a las investigaciones y estudios sobre los trastornos de la personalidad en general y el TLP en particular, por lo que siempre es un honor colaborar en cualquier medida con ellos.

Todas las personas hemos de funcionar en la vida poniendo en marcha una serie de mecanismos de defensa o de afrontamiento que hagan de escudo ante las circunstancias adversas con las que nos podemos ir encontrando. Es como nuestra “piel psíquica”, que se adapta a la distinta temperatura ambiente o a los rayos del sol para que nuestro organismo no quede dañado. De la misma forma, un psiquismo sano, sin conflictos y sin alteraciones aparentes (aunque, en realidad, ¿quién no tiene algún punto conflictivo dentro de sí?) ha de emplear una serie de estrategias que le ayuden a vivir y disfrutar de la vida en su sentido más pleno. Hago este comentario introductorio porque tradicionalmente se ha tendido a patologizar el concepto de defensas, considerando la puesta en marcha de éstas como un proceso perteneciente a distintos niveles de trastornos mentales: si excluimos la sublimación, el resto de los mecanismos defensivos propuestos primero por Freud y sistematizados más tarde por su hija Anna pertenecen al ámbito de lo “anormal” poniéndose en liza el asunto de los mecanismos primitivos (identificados con lo psicótico) frente a los más evolucionados (o neuróticos). Pero vayamos por partes.

Es necesario tener en cuenta que los pacientes TLP son personas que sufren, que tienen los sentimientos a flor de piel, que perciben la realidad de una forma muy concreta y que ante determinados acontecimientos frustrantes su capacidad de afrontamiento se ve mermada. Por lo general, el suceso que encierra más amenaza para estas personas es el abandono, el ser abandonado por alguien querido o relevante para él/ella supone el perder su identidad como persona, el no ser nadie, el vacío y el dolor irresistible. Es esta intolerancia a la soledad o a su mera posibilidad lo que le hace poner en marcha todo su arsenal defensivo para entrar en el combate que supone el día a día. Los pacientes borderline (como todos) necesitan defenderse ante lo que les hace daño y es por ello por lo que despliegan una serie de procesos, en su mayoría inconscientes, que les ayude con esta tarea.

Situándonos en una perspectiva psicoanalítica clásica, el autor que ha realizado una sistematización mejor de los mecanismos defensivos puestos en marcha por los sujetos TLP es Otto Kernberg (1975, 1984), considerando este aspecto uno de los puntos clave para el diagnóstico. Para él (y la mayoría de los psicoanalistas) la escisión y sus mecanismos asociados, como la idealización, identificación proyectiva, negación, omnipotencia y devaluación, protegen al paciente límite del conflicto intrapsíquico, pero acarrean el precio de debilitar la fuerza del Yo, reduciendo su capacidad adaptativa y su flexibilidad. De esta forma, el empleo sistemático de defensas resta frescura y fuerza a la personalidad del sujeto.

Aunque, como hemos dicho, los mecanismos de defensa han sido puestos de manifiesto por los modelos dinámicos, otras modalidades terapéuticas y otros autores no psicoanalistas han hablado de la importancia de este tema en estos pacientes, llamándolos de otra forma pero refiriéndose a conceptos similares. Los llamemos mecanismos de defensa, de afrontamiento, escudos o como sea, vamos a revisar algunos de los más utilizados por los sujetos límite.


ESCISIÓN

La escisión (splitting) es considerada el mecanismo más primitivo existente, puesto que se pone en marcha en los primeros momentos de vida del infante humano. En estos momentos iniciales, el niño necesita separar radicalmente lo gratificante de lo frustrante para ir organizando su mundo psíquico; si no lo hace así, caerá en una situación confusional y no podrá defenderse del peligro puesto que no sabrá de dónde procede. Es una estrategia defensiva básica el ser capaz de situar con exactitud lo bueno y lo malo, lo peligroso y lo inofensivo, lo placentero y lo displacentero. De esta forma sabremos qué hacer en cada momento, de dónde viene el peligro y nos podremos preparar para ello.

Desde una perspectiva cognitiva, A. Beck (1990) y M. Linehan (1993) se refieren a la escisión como pensamiento dicotómico o pensamiento del “todo o nada”, considerándola una de las distorsiones cognitivas más frecuentes del TLP. En este sentido, el pensamiento dicotómico tiende a ver la realidad en términos de categorías mutuamente excluyentes y no en un continuo. Dicho de una forma práctica: para un paciente TLP la realidad se distribuye en blanco y negro, buenos y malos, conmigo o contra mí, todo está escindido, distribuido en dos grupos extremos sin que haya zonas intermedias. De esta forma una persona puede ser amada u odiada, pero es inconcebible que pueda ser ambas cosas, no es posible que las personas tengamos aspectos amables y bruscos, no es posible que te quiera alguien que antes te ha echado una bronca...

De esta forma la evaluación de las situaciones según términos extremos lleva a respuestas emocionales y acciones también extremas, a cambios abruptos entre estados de ánimo opuestos permitiéndoles obviar información que no pueden tolerar. En este aspecto, el pensamiento típico del sujeto límite se expresaría de la siguiente forma:

“Algunas personas son buenas y todo respecto a ellas es perfecto. Otras personas son profundamente malas y deberían ser severamente culpadas y castigadas por ello” (Mason & Kreger, 1998, p. 55).

Pero la escisión, pensamiento dicotómico o del “todo o nada”, puede manifestarse en otras conductas perfectamente reconocibles en personalidades límite:

■Con su dificultad de integrar los aspectos placenteros y displacenteros de la persona significativa, el color del sentimiento que tenga hacia él/ella vendrá dada por la última interacción que hayan tenido: si lo último que ha hecho con su pareja fue discutir, ésta (su pareja) será un ser absolutamente despreciable (y remarcamos absolutamente porque sus afirmaciones son tajantes, sin dejar resquicios, totalitarias).

■Cuando hay un problema sólo hay una solución y, además, ésta es inmutable. No es fácil que estas personas puedan tener diferentes puntos de vista al mismo tiempo (aunque, como veremos, la inconstancia en su vida, ideas y opiniones es otra característica crucial).

■Los esfuerzos suelen ser de tipo extremo: no son capaces de dedicar un espacio de tiempo a cada una de las tareas o cosas que tienen entre manos, sino que acometen una abandonando por completo las demás. Si están leyendo un libro, no hacen otra cosa hasta que lo acaban, o hasta que se cruza otra tarea y dejan inacabada la anterior (que suele ser lo más frecuente).

■El sadismo y el masoquismo, tan frecuentes en estas personas, son reflejo también de aspectos escindidos del Yo.

■Tienen la necesidad de que la naturaleza de las relaciones que mantienen con otras personas esté extraordinariamente bien definida: o es amiga/o de otra persona, o es su amante, o su compañero/a... pero no varias cosas a la vez.

■Es un mecanismo de defensa que les ayuda a llevar mejor (temporalmente y a corto plazo) una situación que en ese momento es intolerable para ellos. Sin embargo es un tipo de pensamiento variable, que no está presente en todo momento, poniéndose en marcha sobre todo en situaciones de activación emocional.

Pero esa dicotomización no está sólo dirigida hacia el mundo exterior y hacia los demás, sino que estas personas también muestran visiones contradictorias coexistentes e imágenes de sí mismas que alternan de día en día o de hora en hora: por la mañana puede sentirse la reina del Universo, por la tarde la mujer más desgraciada y más sola, todo en función de que obtenga lo que necesita de los otros ya que su identidad se fundamenta en su relación con las personas significativas.

La escisión se produciría entre áreas o parcelas psíquicas, lo que impediría que coexistan opciones diferentes y es que “dividir el mundo en bueno y malo lo hace más fácil de entender” (Mason & Kreger, 1998, p. 57).


NEGACIÓN

Desde el punto de vista psicoanalítico se contemplan dos tipos de negación, representantes de la dialéctica mundo interno vs mundo externo:

■Negación de la pulsión: prototipo de mecanismo neurótico, consiste en el rechazo de contenidos instintivos o pulsionales, sentimientos o deseos intolerables para el propio sujeto. Es una estrategia madura, evolucionada, que permite la plena adaptación de la persona a su realidad aunque con conflictos puntuales.

■Negación de la realidad: Prototipo de mecanismo psicótico, se refiere al rechazo de la toma de conciencia de la realidad por ser extremadamente intolerable. Así, la esquizofrenia o los trastornos gravemente delirantes o alucinatorios serían los grados máximos de negación de la realidad. Pero no nos engañemos, por muy primitiva que sea esta estrategia, todos, en mayor o menor medida, hemos tenido que echar mano de ella, por ejemplo ante una noticia impactante (“¡no puede ser cierto!”), o cuando nos evadimos de la realidad y hacemos castillos en el aire, soñando con una situación ideal.

¿Y los pacientes TLP? La negación de los pacientes límite consiste en la incapacidad de reunir dos áreas de conciencia emocionalmente contradictorias, realizando una función de reforzamiento de la escisión. El sujeto se da cuenta de que sus percepciones, sentimientos y pensamientos sobre sí mismo o sobre otras personas son opuestos a los que había tenido en otras ocasiones, pero el recuerdo carece de repercusión emocional y su memoria no puede influir en la forma en la que siente ahora. Puede manifestarse como falta de interés, la persona tiene clara conciencia de lo que está ocurriendo pero niega su implicación emocional. Es como si su vida estuviera repleta de “cosas que pasan”, no de cosas que él vive y siente.

Constituiría no tanto una negación de la realidad ni una negación de la pulsión sino, más bien, una negación de la emoción, convirtiendo a estas personas en una especie de “inconscientes emocionales”.

Los episodios micropsicóticos que padecen muchos pacientes TLP, con experiencias alucinatorias y delirantes breves, pasajeras y que no dejan defecto, en algunas ocasiones pueden responder a una puesta en acción del mecanismo de negación de la realidad en su más puro sentido. Podemos asistir, de esta forma, a una manera de poner voz y forma a un miedo interno del paciente, al intento de rechazar el vacío y el sentimiento de abandono. En el momento en que éste retoma el control de la situación, el episodio remite y ya no necesita acudir a estrategias defensivas.


IDEALIZACIÓN-DEVALUACIÓN

Los sujetos fronterizos tienden a ver a los demás como extremadamente buenos o como absolutamente perversos, apoyándose, una vez más, en el mecanismo de escisión que, como vamos observando, se constituye en la base a partir de la cual se estructuran otros procesos defensivos. Crean imágenes de los otros absolutamente buenas o malas, poderosas y alejadas de la realidad, exagerando patológicamente sus atributos y dotándolas de facultades extraordinarias, con un significado importantísimo para el paciente (a modo de idea sobrevalorada).

”Perciben a las otras personas como brujas malvadas o como hadas madrinas, como santos o como demonios. Cuando parece que estás satisfaciendo sus necesidades, te ven como a un súper-héroe. Pero cuando perciben que les has fallado, te conviertes en un malvado villano” (Mason & Kreger, 1998, p. 30).

Como nos señalan Mason & Kreger, el cambio en la categoría de maravilloso a malísimo puede depender de aspectos tan aparentemente triviales (un retraso en una cita, un olvido, una sonrisa no producida en el momento preciso...) que hunden al sujeto no-TLP en la mayor confusión, pues sienten que, como titulan los autores antes mencionado su “Biblia de los no-TLP”, tienen que andar sobre cáscaras de huevo porque cualquier pequeño desliz puede hacer girar el tono de las cosas. Las idealizaciones y las devaluaciones no son fijas, pudiendo cambiar una misma persona de rol en cuestión de momentos, pasando de héroe a villano varias veces al día; el sujeto límite puede sustituir el objeto de amor en cuanto comprueba que el anterior es defectuoso para, de este modo, completar el ciclo de ascensión/caída con otra persona.Estas personas pueden tener el mismo tipo de sentimientos y percepciones que los demás, pero viven y sienten de forma tan intensa, su grado de vulnerabilidad es tan alto, que todo adquiere características desproporcionadas.

De esta manera los sujetos TLP perciben el mundo dividido en dos: una parte persecutoria llena de objetos peligrosos que le pueden atacar y destruir (y abandonar), y otraparte poblada de objetos buenos en los que poder refugiarse contra el ataque de “los malos”.


OMNIPOTENCIA Y GRANDIOSIDAD

Hay ocasiones en las que los sujetos límite necesitan defenderse de sus sentimientos de vacío, devaluación y ruina poniendo en funcionamiento, a modo de formación reactiva, estrategias de tipo hipomaníaco que intenten poner una tapadera a sus emociones desoladoras.

Cuando, según el mecanismo anterior, se ha producido una idealización, la persona idealizada es tratada de una forma despiadada y posesiva; para defenderse de los sentimientos de inseguridad, autocrítica e inferioridad, los pacientes fronterizos muestran muchas veces tendencias omnipotentes y grandiosas manifestadas como un firme convencimiento de que tienen derecho a esperar de los demás gratificaciones y recompensas y a ser tratados como personas privilegiadas y especiales. Incluso cuando se sienten personas despreciables, siguen siendo especiales y grandes en su “despreciabilidad”: son los más odiosos y las peores personas del mundo, lo cual también es una forma de alimentar el narcisismo herido: consiste en ser “lo más”, si no se puede ser el más feliz se puede ser el más desgraciado, reclamando atenciónpor ello porque es su derecho.


PROYECCIÓN E IDENTIFICACIÓN PROYECTIVA

La esencia del mecanismo de proyección radica en la expulsión fuera de sí de aspectos no aceptados por el sujeto. Es un “poner fuera”, la persona niega sus propias características no aceptadas atribuyéndoselas a otra persona. En el sujeto límite, el defecto que ve en los demás es el mismo que no puede ver en sí mismo. Cuando una persona con TLP nos ataca, está consumida por sus propias necesidades. También puede estar desplazando la rabia hacia nosotros como resultado de la frustración que sufrió en el pasado. Si intenta manipularnos, está intentando controlar su propia vida, en realidad no la nuestra.

Otras veces la proyección es una exageración de algo que tiene cierta base real: el paciente siente que su pareja le odia cuando en realidad sólo está enfadado. A modo de interpretación delirante light, a partir de un detalle real (el enfado, mala cara o una respuesta algo brusca) elabora una construcción ideativa irreal (me odia). A la expulsión de elementos fuera de sí se le añade la tendencia a exagerar (estilo hiperbólico, según Zanarini & Frankenburg, 1994), la hipersensibilidad, la escisión o pensamiento del “todo o nada”, con lo cual el cuadro situacional se completa.

La esperanza del paciente límite es que proyectando los aspectos desagradables en otra persona pueda sentirse mejor consigo mismo, lo que consigue por un tiempo determinado. Pero al final el malestar regresa, iniciándose de nuevo el proceso.

Otro propósito de este mecanismo es el intento por parte del TLP de ocultar al otro que no es perfecto lanzando una especie de cortina de humo, ya que si la persona significativa se da cuenta de su poca valía podría abandonarle, temor básico de todo sujeto TLP.

Proyectar las características y sentimientos negativos en la otra persona es una forma de mantener la atención dirigida fuera de sí mismo. “La mejor defensa es un buen ataque”: antes de que me digas que me vas a abandonar te digo yo que eres un insensible por no darte cuenta de cómo estoy.

Después de muchas acusaciones y atribuciones de sentimientos y pensamientos procedentes del sujeto borderline, la otra persona puede empezar a creerse todo ello, comenzando a reaccionar y a comportarse de forma que convierte en ciertas las acusaciones de la persona límite.

En esto consiste la identificación proyectiva. Si alguien importante para nosotros desvaloriza continuamente lo que sabemos o cómo hacemos las cosas, acabaremos por creérnoslo. A veces se convierte en una especie de profecía autocumplida: la persona fronteriza teme tanto que su pareja le abandone que ontinuamente le está exigiendo demostraciones de amor eterno y exclusividad, con ataques de celos cuando siente que le ha traicionado. Al final los temores se confirman: su pareja le abandona porque no puede soportar tales explosiones y tanta tensión. Así, los temores del fronterizo se justifican y se confirman.

Aun siendo estos mecanismos los tradicionalmente contemplados, hemos de repetir lo que comentábamos al principio de esta exposición: aparte de como procedimientos inconscientes puestos en marcha por el Yo, las defensas deben ser consideradas también como un fenómeno generalizado en la vida mental que juega un papel adaptativo. De esta forma, muchas conductas pueden ser utilizadas para evitar efectos indeseables.

Pasemos revista, siquiera brevemente, a otros procedimientos defensivos puestos en marcha por las personas con TLP ya que síntomas básicos del trastorno (conductas autolesivas, aparente falta de empatía, la insensibilidad o las tormentas afectivas) han de considerarse como actuaciones con el propósito de defenderse de sentimientos abrumadoramente displacenteros.


“PERSONALIDAD COMO SI”

En 1942 H. Deutsch describió la personalidad “como si” (as if) para referirse a aquellas “personas con un trastorno severo de la personalidad consistente en la creación ilusoria de una imagen de compromiso y convicción sin una participación auténtica en las ideas y sentimientos que se expresan. Son rasgos importantes la ausencia de profundidad en la experiencia emocional y la tendencia imitativa” (Moore & Fine, 1990, p. 303). Como una forma de defenderse de una identidad poco construida, tienden a adoptar identidades falsas y prestadas para no caer en un vacío interior. Se percibe en ellos una falta de autenticidad, una tendencia a imitar ideas, conductas e, incluso, opiniones de otras personas, apropiándose, así, de diferentes personalidades según lo que cree que esperan de él/ella las personas con las que esté en cada momento.

Esto refuerza su intrínseca “difusión de la identidad” por no poder mantener un sentido permanente y coherente de sí mismo. La relación con el mundo exterior parece normal, demasiado normal, “hiperadaptada” (Cruz Roche, 1995), pero sólo gracias a un esfuerzo imitativo y reproductivo, identificándose con lo que los demás piensan y sienten. De esta manera, el paciente borderline es alguien dependiente de los demás para conseguir pistas de cómo comportarse, qué pensar y cómo ser; el estar solos los deja sin un sentido de quiénes son. “Sin ti no soy nada” se convierte en una traducción literal de su mundo interior y deja de ser una apasionada frase de amor.


DESPERSONALIZACIÓN Y SÍNTOMAS DISOCIATIVOS

Pongámonos en la piel de una persona TLP relativamente bien adaptada, con un alto rendimiento intelectual y laboral y una red social aceptable. Se le considera alguien amable y gentil, que siempre está pendiente de ayudar a los demás. Pero, como buena TLP, cuando siente que las cosas no funcionan, cuando siente que va a ser abandonada o se siente despreciable, surge su “otro yo”, la otra personalidad hostil, dominante, manipuladora, incluso cruel. Esto, que podríamos adscribir a los trastornos disociativos descritos por el DSM-IV-TR, corresponde a una alternancia de estados, a una defensa que aparece en situaciones de estrés, ansiedad, nerviosismo extremo o en situaciones de desesperación. No llegamos a hablar de “personalidad múltiple”, pero sí de la coexistencia de varias formas de comportamiento aparentemente opuestas.

Esto, que podríamos adscribir a los trastornos disociativos descritos por el DSM-IV-TR, corresponde a una alternancia de estados, a una defensa que aparece en situaciones de estrés, ansiedad, nerviosismo extremo o en situaciones de desesperación. No llegamos a hablar de “personalidad múltiple”, pero sí de la coexistencia de varias formas de comportamiento aparentemente opuestas.

En cierta medida podemos relacionar esta disociación con la negación de la que hablábamos anteriormente, formando un conglomerado defensivo que se apoya mutuamente. Nos referimos a que otro aspecto de la disociación puede ser el que la persona niegue hechos realizado anteriormente, o sentimientos expresados con anterioridad. Por ejemplo, una chica TLP discute con su pareja y le amenaza con cortarse las venas, matarse porque sin él su vida no tiene sentido, etc, etc.

Al día siguiente el episodio está olvidado y la paciente niega haber dicho o llevado a cabo intentos autolesivos, interpretándose por parte del no-TLP como una tomadura de pelo, que está mintiendo o que le intenta manipular.

Por otro lado, muchas personas con TLP describen la presencia de sentirse observadores de sí mismos, de un sensación de extrañeza o de estar viviendo un sueño. Están bajo un estado de despersonalización que les posibilita distanciarse psíquicamente de la situación perturbadora y hacer frente al malestar en determinados momentos. Es como si el tomar distancia les permitiera adoptar una perspectiva más objetiva, o sentir que aquello que está sucediendo y que le podría hacer daño le está sucediendo a otro/a (como vemos, muy próximo a la disociación). Este síntoma es particularmente frecuente en pacientes TLP que tienen antecedentes de malos tratos o abusos sexuales, ya que ese alejamiento ha sido la manera más eficaz que han podido poner en funcionamiento para no ser destruido/a psíquicamente, perpetuando esa estrategia en su vida posterior.


CAMBIOS DE HUMOR SELECTIVOS

Obviamente no todos los cambios de humor en estos pacientes son de índole defensiva; no olvidemos que la inestabilidad afectiva es uno de los ítems básicos para el diagnóstico, siendo prototípica la “estable inestabilidad” (Schmideberg, 1959) que muestran como rasgo de carácter. Nos referimos aquí a las oscilaciones del humor con un propósito claro, a modo de manipulación o coacción, a las situaciones en las que la persona aprende que enfadándose o deprimiéndose las discusiones terminan, que si se muestra débil y llorosa su pareja no sale y se queda con ella. No estamos hablando aquí de un mecanismo de defensa inconsciente per se, ya que seguramente empezó a llevar a cabo determinadas conductas o a mostrar determinadas emociones para conseguir algo que no se le ocultaba a la conciencia. Sin embargo, a fuerza de utilizarlo puede haberse automatizado, incorporándose a su personalidad y haciéndose al menos preconsciente, cercano a lo consciente pero sin llegar a serlo y, por ello escapando al control inmediato.


RECHAZO DE LA MENTALIZACIÓN

Una tarea evolutiva que todos los humanos hemos de llevar a cabo es aprender que los demás y nosotros mismos tenemos una mente, que tenemos pensamientos, y que éstos nos pueden llevar a actuar de una forma u otra. Cuando, por ejemplo, un niño es sometido a malos tratos o a abusos desde edades muy tempranas, la tarea de la mentalización se ve interrumpida o, al menos, entorpecida: al niño le resulta imposible de asumir que su padre, su madre, las personas que presumiblemente deben brindarle apoyo, protección y amor, piensan cosas malas de él, quieren hacerle daño o les resulta insoportable su presencia.

Para defenderse de esta situación tan destructiva, rechazan pensar que los demás tienen una mente y sienten cosas. Algunos padres pueden revelar inconscientemente estados mentales como odio, ira, disgusto, que si son generales y continuados constituyen abuso psicológico. El aspecto más perturbador para el niño puede ser contemplar la crueldad o el odio que el objeto significativo siente hacia él; por ello, el niño puede crecer con miedo a comprender los estados mentales, repudiando toda conciencia de sentimientos o intenciones y aislándose emocionalmente del ambiente.

Este rechazo de la mentalización puede considerarse una medida defensiva ya que le permite salvar el dolor psíquico intolerable. Pero el problema surge cuando esta medida se generaliza y se perpetúa, llegando a la vida adulta. En este momento la persona muestra una ausencia de preocupación por el otro que se puede manifestar como crueldad que, en parte, sería una indicación de que el funcionamiento borderline no contiene una convincente teoría del dolor en la mente del objeto.

El egoísmo y egocentrismo típico del TLP también puede entenderse como una falta de conciencia de que los demás tienen pensamientos y sentimientos. Los esquemas interpersonales de los pacientes borderline son notablemente rígidos porque no son capaces de imaginar que el otro tenga una construcción de la realidad diferente de la suya, pensando que su idea de las cosas es la única válida y la única que existe. El sujeto ve el resultado de una acción y eso se considera su explicación (Higgitt & Fonagy, 1992)

Unido a esto, observamos cómo los sujetos TLP adaptan los hechos a los sentimientos: en general, las personas emocionalmente sanas basan los sentimientos en hechos acaecidos y que resuenan en ellos emocionalmente de determinada forma. Si a mí me pasa algo, me siento de tal forma (si me toca la lotería me siento feliz, si pierdo el trabajo me siento triste). Las personas con TLP pueden hacer lo contrario: debido al maremágnum de sentimientos y a las emociones contradictorias, cuando sus sentimientos no encajan con los hechos, inconscientemente pueden revisar los hechos para que encajen con los sentimientos. Esa puede ser una razón de por qué su percepción de los hechos puede llegar a ser tan diferente de la nuestra ya que están adaptados a los sentimientos del momento. Puede parecer que no se acuerdan bien de lo que pasó, o que intentan engañarnos, pero, en realidad, necesitan dar coherencia a lo que han sentido aunque ello sea a costa de transformar la realidad.







¿DE QUÉ SE DEFIENDE UN TLP?


Es importante que, además de examinar cómo se defiende un persona con trastorno límite, pensemos, como colofón, de qué se defiende, qué es aquello tan temeroso y peligroso que el sujeto tiene que intentar alejar de sí.

Aunque ya lo hemos repetido y es sabido, la angustia básica del paciente borderline es el miedo al abandono. La falta de constancia de objeto, la dificultad de guardar dentro de sí la imagen afectiva de las personas y sentirse acompañado por ellas aun en caso de su ausencia física, hace que cualquier estímulo pueda convertirse en potencialmente peligroso y sea, real o ficticiamente, motivo de alejamiento por parte del otro. Para evitar este alejamiento, pone en marcha una larga lista de maniobras, inconscientes unas, preconscientes otras y totalmente conscientes el resto, que intentan paliar estos peligros.

Con las variadas parejas sexuales que a veces tienen no buscan satisfacer el plano sexual, sino ser abrazado/a, ser tocado/a. De la misma forma la necesidad imperiosa de intimar con cualquier persona, de contar enseguida sus cosas habla de este hambre de afecto tan voraz. Debido a que sólo les importa la función que cumple el objeto y no el objeto mismo, pueden cambiarlo fácilmente en cuanto hayan conseguido otro que cumpla la misma función que el anterior. Su lema podría ser “más vale mal acompañado que solo”.

La falta de autenticidad y de sentimiento de identidad (o difusión de la identidad) es otro de los síntomas básicos del que el sujeto necesita defenderse para afrontar la vida de una manera más operativa. El asumir distintas personalidades según el caso, la inconstancia en sus actividades con el fin de contentar a todos y, a veces, el acudir a actos autolesivos, ponen control a este displacer.

Los sentimientos de vacío también forman parte del cortejo de sentimientos que amenazan con aniquilar al paciente borderline. La lista de conductas puestas en marcha para llenar este hueco sin fondo, este agujero negro o esta falta básica (Balint, 1968) pueden ser infinitas: acudir al abuso de sustancias psicoactivas, la inconstancia en sus actividades, la dependencia voraz de alguien que le llene (cosa que jamás consigue), las autolesiones (cortes, quemaduras) o intentos suicidas, las conductas de búsqueda de sensaciones o los trastornos del control de los impulsos (cleptomanía, juego patológico o sobreingesta compulsiva) pueden utilizados para rellenar el vacío, obviamente sin éxito.

Es lógico que no todos los sujetos borderline tienen por qué poner en marcha todos los procedimientos que aquí hemos descrito. Aunque, como señalamos al principio, predominan los mecanismos primitivos (de corte psicótico o pseudo-psicótico, como escisión, negación, proyección o identificación proyectiva), también pueden observarse otros mecanismos más avanzados, como la intelectualizacióno la represión. Una pista que nos puede ayudar para identificar ante qué grupo de estrategias defensivas estamos consiste en poner atención en la interacción con el paciente. Los mecanismos avanzados normalmente no interfieren en la relación paciente-terapeuta ni, me atrevería a decir, en la relación del paciente con las personas que le rodean. Los mecanismos primitivos pueden observarse directamente ya sea en el contenido del discurso del paciente (contradicciones, adjetivos muy positivos hacia el terapeuta, o muy negativos) como en el comportamiento (reacciones de angustia, muestras de desprecio, provocación, exigencias de atención y afecto).

Con todo esto esperamos haber arrojado un punto de luz o al menos de sistematización de los mecanismos de defensa que puede poner en funcionamiento un paciente límite. Pero, al hilo de esto, no podemos olvidarnos de que estas personas, a no ser que su grado de afectación sea muy grande y sea un paciente grave (en esto, como en todo, hay niveles de gravedad), pueden funcionar de manera muy normal cuando sus comportamientos TLP no son desencadenados, cuando no se enfrentan a situaciones aterradoras para ellos. En muchos momentos no parecen tener un trastorno. Cuando no están dominados por sus intensas emociones no necesitan acudir a sus estrategias de afrontamiento disfuncionales porque poseen el control de sus vidas.

Asimismo, las estrategias de afrontamiento pueden ir haciéndose cada vez más eficaces, los descontroles emocionales menos frecuentes y menos intensos, las situaciones ansiógenas menos atemorizantes, si el paciente se pone en manos de profesionales que le guíen en su camino hacia el crecimiento y el control y el mejor rendimiento de sus capacidades y habilidades.

Pensando sobre el amor y la psico(pato)logía

El amor y la psico(pato)logía trae muchos problemas. Las personas que sufren problemas psíquicos aman y muchas veces, como otras, con increible intensidad. El tener un problema psíquico construye una forma peculiar de relación. La persona afectada puede necesitar la continua aprobación de su pareja, expresiones continuas de afecto, apoyo incondicional, independientemente de su comportamiento. Nada del otro mundo.
Es necesario que transcurrido un tiempo en la relación de pareja, haya un conocimiento profundo del problema, a veces se da la circunstancia de que las dos personas tienen problemas psíquicos. Esta labor psicoeducativa ayuda a a entender reacciones. Sin embargo lo común es que el otro miembro de la pareja, como la familia, niegue la "enfermedad" de la persona afectada y cierre los ojos ante la realidad, es un recurso habitual. Dígase que en cierto modo tratar de llevar una vida normal sin tratar a esa persona como una enferma forma parte de una relación sana y de su "tratamiento". Entonces, hablaríamos de informarse, por un lado, y de comportarse por otro. Cuestiones que naturalmente están unidas, el entender porqué o cómo reacciona una persona cuando entra en crisis puede modular el comportamiento de la pareja para ayudarle.
La ignorancia no es funcional para ningún ámbito y más aún cuando se comparte la vida con una persona con dificultades. Excepto en los tratamientos vinculares y sistémicos así como ciertas corrientes dirigidas a la psicoeducación de los familiares no se ha considerado demasiado esta faceta. Como decía anteriormente, los familiares se suelen sentir incómodos en contextos "psi" y cuesta trabajo y mucha dedicación así como establecer una buena alianza de trabajo con la persona el transmitir y compartir esos componentes que interfieren en la relación.
Dicho esto, debo decir que soy partidario de un tratamiento individual siempre y cuando no esté en peligro la relación. En otros casos es importante trabajar con los dos miembros de la pareja para potenciar el tratamiento. Esto hay que valorarlo y trabajarlo con el paciente designado para discernir si esa persona y su pareja están por la labor de tener una sesión conjunta.
Un grave error de los psicoterapeutas es culpabilizar y emplear nomenclaturas psicopatológicas para responsabilizar al paciente de su actitud en relación a la pareja. La persona tiene que ganarse su independencia, su autonomía y su libertad. El diagnóstico, además de ser un invento tecnocrático poco operativo puede resultar un impedimento más que una ayuda para el desarrollo de una relación sana con el terapeuta y el progreso del trabajo psicoterápico.
Con respecto al diagnóstico en la pareja: puede servir de arma de doble filo, forma de ataque en momentos de colisión, he escuchado comentarios muy vehementes al respecto. Por otro lado, si se gestiona con cuidado puede servir como ayuda a la persona afectada, pero no es posible en todos los casos.
Rodrigo Córdoba Sanz

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sobre el DSM, un vídeo

http://www.youtube.com/watch?v=GmcbJwZSGCs

Una aproximación a la poca base científica y al error en un sentido humanista a la hora del diagnóstico. Es un obstáculo, un parapeto, un estigma y una falta de respeto. Algunos psiquiatras y psicólogos clínicos lo llevan al pie el de la letra. No se dejen diagnosticar, déjense tratar a nivel farmacológico y psicoterápico. La medicina es la corriente dominante en el ámbito "psi" y la psicología ha tratado de homologarse a la psiquiatría para reivindicar su papel de disciplina científica.
Los diagnósticos tienen un componente subjetivo, cualquier persona que haya visitado varios profesionales habrá recibido varios diagnósticos, un solo psiquiatra o psicólogo, basándose en el DSM puede diagnosticar más de un trastorno a una sola persona. Es un cajón de sastre.
Hay que entender que influyen factores sociales, económicos, culturales, políticas e ideológicos. Por ello, aquellos que estamos dentro de ese "sistema" y los que quieren acceder como clientes deben estar bien informados para acercarse con un pensamiento crítico. Desde el DSM-III predomina la tesis del "desiquilibrio quimico", es decir, si una aspirina quita el dolor de cabeza, entonces, siguiendo la lógica de estos "pensadores" el déficit de aspirinas neuropsiquiátricas produce enfermedades mentales. Rodrigo Córdoba Sanz

Algunos aportes de Jung a la Psicología Humanista




Algunos aportes de C.G.Jung a la Psicología Humanista
Horacio Ejilevich Grimaldi




Hablar de Psicología Humanista, parece a primera vista, una redundancia, dado que la Psiquè pertenece, en sí al Ser Humano.

No obstante la Psicología Humanista nos indica que existe algo más que la dualidad mente-cuerpo y que ese algo más se denomina espíritu

El movimiento de la Psicología Humanista - puesto que engloba una gran cantidad de escuelas - se caracteriza por su capacidad receptiva y su espíritu tolerante, a la vez que por un eclecticismo pragmático que da lugar en su seno a distintas teorías. Estas son, en general, parcialmente compatibles entre sí, no son del todo coincidentes ni en cuanto a sus afirmaciones últimas ni tampoco a sus metodologías, pero por otra parte, toman al Ser Humano como una totalidad.

La Psicoterapia Integradora Humanista es un modelo que deviene en muchos aspectos de la tarea pionera de C.G.Jung y es retomada, desde la Psicología Transpersonal por excelentes colegas como Ken Wilber, Stanislav Groft, Virginia Satir, Andrew Samuels y el propio Maslow, egresado del Instituto C.G.Jung de San Francisco.



Esta Psicología Humanista y Transpersonal se caracteriza por algunos presupuestos meta teóricos, teóricos, psicoterapéuticos y metodológicos como los que describo a continuación.



La Psicoterapia Integradora Humanista es epistemológicamente constructivista, es decir, parte de la concepción de la existencia de una realidad externa ajena a la propia conciencia cuyo conocimiento no se da en forma directa, sino a través de la mediación de la propia subjetividad, de manera que incluso las formas más simples de contacto con la realidad, las sensaciones, ya son percibidas impregnadas de subjetividad.

En C.G.Jung y su Psicología Analítica es constante el ínter juego entre lo que el denomina Realidad Objetiva y la Realidad del Alma o la Realidad Subjetiva y aún más, es imposible, destacar como más fidedigna una de otra. Por ello la realidad, tanto objetiva como subjetiva es susceptible de diferentes interpretaciones, sin que podamos atribuir a una de ellas la capacidad para captar la totalidad de la realidad. Comparte entonces esta afirmación junguiana genéricamente, tanto la Psicología de los Constructos Personales de Kelly como el Análisis Transaccional, la Psicoterapia de la Gestalt o el Focusing, como asimismo, determinados enfoques existenciales y, en particular, aquellos no directivos, que participan de esta concepción de la dimensión subjetiva del conocimiento y están atentos, desde el punto de vista clínico, a que el paciente logre un sistema interno coherente y significativo para él, más que a imponerle una determinada visión de la realidad o unos contenidos pretendidamente objetivos. En esto se opone drásticamente no solo a las mas crudas escuelas conductistas sino también a movimientos pseudos psicológicos que terminan siendo sectarios y propenden al denominado “lavado de cerebro” como por ejemplo el mal denominado “insight” que se presenta en algunos workshops y cursos elitistas, como así también en algunos manuales de autoayuda.



La Psicología Humanista concibe, al igual que la Psicología Analítica, la realidad en forma sistémica, aspecto que comparte con los diferentes enfoques de la orientación humanista-experiencial y con la denominada Terapia Sistémica. Es decir entiende al ser humano, tal como Von Bertalanffy (1968/1976) formulo, como un sistema -entendiendo como tal un conjunto de elementos conectados entre sí de tal forma que la variación de uno de ellos varía el conjunto- inserto en el seno de sistemas más amplios (familia, por ejemplo) y a su vez estos sistemas dentro de otros más vastos (como podría ser una cultura concreta). La persona se entiende también como integrada por diferentes subsistemas (cognitivo, corporal, afectivo, interaccionad, práxico, entre otros) formando una realidad. Incluso a los que denominé subsistemas, tales como el cognitivo, el corporal, etc., cabe añadírsele el espiritual Es un error considerar que C.G.Jung, basa su Psicología en los moldes preformados del Ser Humano (los arquetipos), dejando de lado pautas culturales. Este concepto erróneo es bastante difundido en especial, por aquellos que critican sus teorías sin tener un conocimiento profundo de las mismas. El propio Jung nos lego el concepto de que el Ser Humano no nace todo los días, sino que es el resultante, no solo de las interacciones socioculturales políticas y religiosas, sino también de sus propias raíces ancestrales, que se encuentran en los albores de la primigenia humanidad. Otra de sus concepciones teóricas, la del Inconciente colectivo, es definida por Gherard Adler, como “Una inmensa playa de arena inagotable la cual con el paso de las épocas (o sea de las transformaciones socio-culturales) se va ampliando infinitesimalmente”. Por esta razón entonces, no considerar en C.G.Jung la tremenda importancia del factor socio cultural, es un error grave.



El movimiento de la Psicología Humanista, entiende al Ser Humano como parcialmente libre, es decir que no es meramente reactivo a unos estímulos concretos -dentro de los condicionamientos, ambientales, sociales, laborales, económicos y políticos a los cuales, sin duda, está sometido- sino también posee un relativo margen de libertad de elección del cual es responsable y coadyuva conjuntamente con lo anterior en la conformación del individuo como Persona única e irrepetible.

Jung es lo suficientemente claro en este punto. El mismo dice que: ...Nuestro libre albedrío es la mejor forma de hacer aquello a lo que hemos venido”...



La conceptualización junguiana siempre está teñida por una connotación espiritual que, al decir del Psiquiatra Francés Henry Ey, la constituye en una excelente “Terapia del Alma “.

Con esto, podemos afirmar que Jung fue el primero que planteó un quiebre en la construcción separatista cartesiana mente/ espíritu. Y, en consecuencia su Psicología, es el primer intento logrado de reunir al Alma con nuestro propio devenir histórico.



La Psicología Humanista, concede una gran importancia al proyecto vital de la persona y a la búsqueda de sentido, coincidiendo así con el enfoque existencial, y asumiendo las líneas básicas del pensamiento de Rollo May y Víctor Frankl

Actualizando, de acuerdo con Rychlak, la clasificación aristotélica de las cuatro causas, y no limitándonos -como ha sido muy frecuente al investigar las causas de las conductas psicopatológicas y de los cambios terapéuticos- a las causas "material" y "eficiente", se concede mayor relevancia, a las causas "formal" y, en especial, a la causa "final". El énfasis otorgado a esta última nos aproxima a algunas teorías y aportaciones de Alfred Adler como por ejemplo la del “Sentimiento Social” y se refleja, en el plano psicoterapéutico, en la importancia que concede a lo cual el Análisis Transaccional denomina "análisis del guión vital".En cuanto a la relevancia dada a la "causa formal", se manifiesta en la práctica terapéutica a partir de la concepción de un modelo basado, ante todo, en un análisis del proceso (o "forma"), que el sujeto desarrolla para lograr aquellos objetivos, a semejanza de la perspectiva de la Psicoterapia de la Gestalt, la Psicología de los Constructos Personales de Kelly y la Psicoterapia Post rogeriana de Egan.



La Psicología Analítica junguiana, está prácticamente basada en la premisa del encuentro con nuestro propio sentido de vida, nuestro Santo Grial, constituyéndose de esta manera también en precursora de lo antedicho.



En C.G. Jung, a nuestro arquetipo interior de Dios, (nuestro Selbst), le corresponde una idea acerca del Dios exterior, con lo cual retoma una vieja tradición hermética acerca de “lo que es arriba es abajo y lo que es dentro es fuera “. Más aún. Nuestra tarea en la vida, está inexorablemente orientada (finalismo teleológico) a la consecución de nuestro propio sentido de vida, como cité anteriormente. No obstante ello, la etiología filosófica debe buscarse en el gnosticismo y, en especial en el Platonismo y neo platonismo mucho más que en Aristóteles.



La Psicoterapia Humanista, se interesa de modo especial por los temas específicamente humanos, interés que comparte con los iniciadores del Movimiento de la Psicología Humanista por temas que diferencian nuestra especie animal de las otras (amor, creatividad,

Metas, motivaciones, o búsqueda de sentido, por ejemplo).

La Psicología Analítica, con sus construcciones acerca de los Complejos, el Inconsciente colectivo y los arquetipos y, en especial el plano psicoide y la Sincronicidad, nos da una visión holística y revolucionaria acerca del papel del Ser Humano y su meta final. Algunas teorías sobre la personalidad están, como la Psicología Transpersonal, prácticamente integradas en su totalidad en nuestro modelo.



La Psicoterapia Integradora Humanista, admite la presencia de procesos no conscientes en el comportamiento humano, a pesar de que se distancia del Psicoanálisis en la concepción del inconsciente como una especie de depósito de contenidos concretos, especialmente de temática sexual, reprimidos por su carácter socialmente destructivo. Los procesos no conscientes asumen , por el contrario, las posiciones del Análisis Transaccional de Berne y de la Psicoterapia de la Gestalt de Perls que lo contemplan más en términos formales que de contenidos, y no le atribuyen un carácter caótico ni destructivo necesariamente, ni tan rígidamente separado de las instancias conscientes.

Cabe acotar aquí que el primero que revalorizó el concepto del Inconciente no solo como el reservorio de lo “reprimido “, sino también como el hermano oscuro que necesariamente debemos integrar en cuanto a sus potencialidades se refiere, nuevamente fue C.G.Jung con su genial conceptualización de la Sombra, ya individual, ya colectiva, considerando que una conlleva la otra, tal el caso de la película actualmente en exhibición Farenheit 9/11.



La Psicología Humanista acepta la variabilidad de las motivaciones, es decir que supone que la persona amplía intereses y motivaciones que no son necesariamente los diferentes disfraces de una o dos pulsiones originarias. En este punto siguiendo a Allport, discrepamos de Freud y de Adler, entre otros.

Acepta también la distinción entre motivaciones y meta motivaciones propuesta por Maslow o dicho con la terminología de Lersch, que indica que más allá de las tendencias de la vitalidad y del yo individual, el ser humano dispone de genuinas tendencias transitivas que no son coincidentes con la sublimación de otras tendencias, sino que tienen una entidad propia.

Aquí C.G.Jung nos habla del arquetipo de la máscara, de las cuales nos rodeamos y mediante aquellas con las que nos expresamos cotidianamente, y también nos alerta del peligro de anquilosarnos en una de ellas perdiendo de vista la amplísima gama de matices de nuestra propia Psiquè.



La Psicología Humanista considera que los valores éticos constituyen un núcleo importante de la personalidad y que en torno a ellos se aglutina el sentido de identidad y facilitan la evolución personal hacia la autonomía.

La Psicología Analítica nos enseña que, el problema de impartir o no el conocimiento adquirido es, en última instancia un problema moral.

Considera la unicidad de cada ser humano y el carácter original de cada individuo, si bien entiende que -en la línea de Millon y Everly - se dan patrones consistentes de personalidad (generalmente patrones mixtos), también considera que dichos patrones, por sí mismos, no pueden considerarse sanos o insanos, puesto que no hay un modelo único de personalidad a imponer o sugerir, sino que es el ejercicio flexible o rígido de los mismos en relación con las situaciones, el que determina el grado de salud mental.

En este punto en particular, cabe destacar que este cuestionamiento acerca de la denominada Salud y enfermedad, fue planteado por C.G.Jung ya específicamente en 1912.



El modelo de Psicoterapia Integradora Humanista posee diversidad de principios, algunos de los más destacados son:

El modelo integrador, en tanto en cuanto considera que no existe en la actualidad un tipo de psicoterapia excluyente que sea válido para todas las personas, problemas y circunstancias, y por ello se siente llamado a mantenerse receptivo y dialogante a las aportaciones que desde otros modelos o paradigmas pudieran ser integradas en forma coherente y que pudieran hacer más efectivo el tratamiento. Ya Jung mencionaba en un reportaje que le realizó la BBC de Londres que “Con algunos pacientes soy freudiano, con otros Adleriano y con los que puedo junguiano”.



Es holístico en relación con la persona y los sistemas en que participa, es decir se ocupa de la globalidad y considera que hay que trabajar conjunta e integradamente en los diferentes subsistemas del individuo, elaborando cualquiera de los trabajos realizados en un determinado nivel de intervención dentro de la experiencia del sujeto considerada como un todo global.

Jung fue el pionero en el tratamiento global del Ser Humano y aún más, sus conceptualizaciones tanto teóricas como prácticas, indican que éste no está completo ni en sensación de armonía, hasta que no este completo y armónico con el Universo entero, lo cual, desarrollado desde la teoría que construyó conjuntamente con Wolfang Pauli, acerca de la Sincronicidad, nos lleva directamente a la revalorización de las mal denominadas “mancias” como la Astrología, el Tarot y, en especial el I Ching.



Enfatiza la importancia del vínculo terapéutico, y propone la adopción por parte del terapeuta de las actitudes rogerianas de aceptación incondicional positiva hacia el paciente, empatía y autenticidad (Rogers 1957), no sólo a título de exigencias éticas que enmarquen la relación, sino también como actitudes indispensables para que pueda surgir una alianza efectiva (Lafferty, Beutler y Crago, 1990). Sin embargo, no considera que esas tres actitudes básicas sean suficientes para esa implicación por parte del paciente.

A la vez, entiende que la vinculación terapéutica debe estar atenta, en forma idiosincrática, a las perturbaciones en el vínculo que presenta la persona, a las hipotéticas causas de las mismas, y a proporcionarle unas experiencias globales diferentes de aquellas que contribuyeron a la creación de la perturbación.

Jung considera que el terapeuta es meramente la pantalla de las proyecciones que constituyen la propia historia personal del paciente, su propio Cuento de Hadas, su Mito y la actitud del terapeuta debe necesariamente y en todos los casos permitir la proyección hasta que ella se diluya en el conocimiento del propio paciente de su problemática con respecto a éstas proyecciones. Al igual que otros modelos de Psicoterapia Humanista, la Psicología Analítica exige al psicoterapeuta un papel activo que, a la vez que escucha empáticamente al cliente, interacciona con él haciéndole propuestas de exploración concretas, que deben ser intrusivas en la más mínima medida posible, separándose en ello de la no-directividad del enfoque rogeriano.



El Movimiento Humanista es tecnológicamente pluralista y ecléctico. Dentro de él la utilización simultánea de varios modelos no supone, por fuerza, un tratamiento fragmentado del ser humano, ni tampoco se trata de un eclecticismo no comprometido que no se atreve a optar por un modelo concreto, sino que esta multiplicidad de posicionamientos puede ser y de hecho lo es, una fuente de enriquecimiento para la comprensión del inabarcable misterio de lo humano, puesto que cada uno de ellos ha seleccionado unos determinados aspectos del individuo a fin de dar una estructura económica y operativa a su trabajo terapéutico. Y no tiene lugar la fragmentación o falta de compromiso, cuando se ponen en práctica en el seno de su meta-modelo, la Teoría General de los Sistemas de Bertalanffy, como, asimismo, las perspectivas holista, existencial, constructivista y, por supuesto la Psicología Analítica.



Cabe añadir para finalizar esta exposición que la Psicología Analítica junguiana, a diferencia del Psicoanálisis freudiano o lacaniano, es prospectiva, o sea está orientada hacia el futuro y no al pasado. No se detiene - aunque se tenga en cuenta- en el ¿Por Qué?, sino que se apoya mayoritariamente en el ¿Para Qué?



Asimismo, es importante hacer mención de la deuda que toda la Psicología Humanista y la Transpersonal (englobada en la primera), poseen con la figura y el desarrollo de C.G.Jung, pues el no solo fue precursor del movimiento de Psicología Humanística y Transpersonal, sino también, de la danza terapia, “El movimiento auténtico”, el ArteTerapia, La imaginación activa, el polígrafo, los grupos de autoayuda como alcohólicos anónimos y ha sido y será fuente de inspiración, para todos los terapeutas humanistas y Transpersonales que realmente se ocupen de la integración totalizadora del Ser Humano, con su psiquè, su corporalidad, su Alma y su Espíritu.



Como Post junguiano y Presidente de la Fundación C.G.Jung de Psicología Analítica, miembro representante de la Humanistic Association en América Latina. Ha sido un honor departir con ustedes.

¡Muchas Gracias!





Dr. Horacio Ejilevich Grimaldi

Psicoterapia Integradora Humanista




LA PSICOTERAPIA INTEGRADORA HUMANISTA: INTEGRACIÓN TEÓRICA Y/O TÉCNICA DE MÁS DE 20 MODELOS PSICOTERAPÉUTICOS

Presentación

Ramón Rosal Cortés, Doctor en Psicología

Co-director del Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista


En este simposio pretendemos presentar las características principales, teóricas y tecnológicas, del modelo psicoterapéutico que denominamos Psicoterapia Integradora Humanista y que, como indicamos en el título del simposio, implica la integración teórica y/o técnica de más de veinte modelos psicoterapéuticos.

La elaboración de este modelo se inició en el año 1980 y se ha ido perfeccionando y consolidando durante estos veinte años. El equipo de psicólogas y psicólogos que lo ha aplicado y que desde hace más de diez años está compuesto por trece psicoterapeutas, ha atendido con este método a unos mil seiscientos pacientes -o clientes- con diferentes trastornos de personalidad y/o síndromes psicopatológicos. Con esta cifra de mil seiscientos me refiero a los que han sido atendidos en el marco del Instituto Erich Fromm de Psicología Humanista, ya que si incluimos a los pacientes atendidos fuera de nuestro Instituto, por parte de los miembros de nuestro equipo o por los otros psicoterapeutas que han realizado su formación de postgrado con nosotros, la cifra aumentaría notablemente.

Si consideramos los dos seminarios permanentes de supervisión de casos clínicos, en julio del 2000 habrán implicado un total de 920 horas de supervisión, en las que aproximadamente se habrá atendido consultas referidas a unos 1100 casos clínicos diferentes, con aplicación de la Psicoterapia Integradora Humanista, en su gran mayoría.

En las sesiones clínicas del equipo terapéutico del Instituto Erich Fromm -cuatro horas mensuales desde hace diez años- han sido presentados y estudiados alrededor de 200 informes escritos (una media de seis folios de extensión) sobre casos clínicos normalmente ya concluidos satisfactoriamente.

De la media de cien nuevas demandas anuales de psicoterapia -este curso serán unas ciento cincuenta- el 95% han acudido por recomendación de un amigo o familiar que practicó anteriormente su terapia con nosotros.

Los que iniciamos, en 1980, la elaboración de este modelo terapéutico, habíamos entrado en contacto, a fines de los años setenta, con diversos modelos integrados en el denominado Movimiento de la Psicología Humanista. Este contacto lo habíamos experimentado por las vías de la lectura, la participación en talleres y cursos a cargo de psicólogos y psiquiatras extranjeros, y la frecuentación de los Congresos Europeos de Psicología Humanista.

El estudio y la implicación personal como receptores, sobre nosotros mismos, de métodos terapéuticos experienciales, como el gestáltico, el transaccional, el rogeriano y diversas modalidades de las psicoterapias con imágenes y fantasía, o las psicocorporales, nos indujeron a una serie de convicciones y decisiones respecto a las teorías y técnicas terapéuticas que integraríamos en nuestro trabajo y a las que nos referiremos a lo largo de este simposio. Aquí selecciono únicamente algunas decisiones que se refieren a lo que no compartimos.

1) Consideramos inválidas todas las variantes de las interpretaciones reduccionistas sobre la conducta humana. Por lo tanto nos distanciamos, entre otros, de los enfoques que reducen la explicación de la conducta a reacciones a partir de estímulos, siguiendo las leyes de los condicionamientos clásico y operante, entre otros, o bien a la expresión o transformación de impulsos de base psicofisiológica. Para comprender la conducta humana, no nos convence ningún tipo de reduccionismo, sea el fisiológico, el conductista, el emocional, el cognitivo, o cualquier otro.

2) Nos distanciamos de la vinculación a una "escuela cerrada", con su consiguiente peligro de una actitud autosuficiente y excluyente, y con la tendencia al desinterés, e incluso menosprecio, por cualquier aportación -para la comprensión del ser humano o para su curación- que proceda de una corriente o escuela ajena, como también si procede de la filosofía. Por el contrario, nos adherimos a un enfoque metodológicamente integrador, no en el sentido de un mero eclecticismo.

3) Nos apartamos de un centramiento excesivo en el estudio de las psicopatologías. Además de prestar atención a las diferentes formas de psicopatología, nos interesa -tanto en la investigación científica como en el tratamiento psicoterapéutico individual- profundizar en el conocimiento de los potenciales y características sanas de las personas y, en especial, de aquellas que se encuentran dotadas de un alto grado de salud mental, de lo que algunos denominan "crecimiento personal" o "autorrealización", que no se reduce a la ausencia de patologías.

También nos interesa prestar atención a las denominadas "experiencias cumbre" y a las "experiencias transpersonales".

4) No compartimos tampoco la sobrevaloración de la importancia de la metodología experimental convencional, muy ensalzada hasta los años setenta. Esta metodología, copiada de la que había sido concebida para el estudio de los fenómenos de los que se ocupan las ciencias físicas, químicas y biológicas, trata de cuantificar los fenómenos observados y de identificar variables dependientes e independientes, partiendo de la suposición -no aceptada por nosotros- de que todo hecho de la conducta humana puede explicarse según un proceso de causalidad lineal.

5) Asimismo nos desmarcamos de las luchas de poder, que se produjeron principalmente desde los años cincuenta, entre una parte de los representantes de las grandes escuelas, en vistas a alcanzar el predominio o incluso el monopolio en el mundo académico. En relación con esto, rechazamos totalmente toda actitud de recelo -o incluso menosprecio y rechazo sistemático- respecto a las múltiples y variadas aportaciones psicológicas y psicoterapéuticas procedentes de muy variados modelos terapéuticos y paradigmas. Optamos decididamente por una actitud receptiva respecto a las diversas manifestaciones creativas o innovadoras -teóricas o terapéuticas- aunque no procedan de nuestros modelos o paradigmas preferidos. Consideramos que la preferencia y dominio personal respecto a un determinado camino para facilitar la salud mental no nos impide aceptar la existencia y validez de otros caminos diferentes para el mismo logro.

Al surgir un nuevo movimiento social o una nueva metodología terapéutica que posea ciertos elementos reductores, como ha pasado en el caso de las psicoterapias experienciales humanistas, con su rica variedad de procedimientos verbales, imaginarios o psicocorporales, no es extraño que surjan en el colectivo en gestación algunos aventureros que, sin preparación psicológica y terapéutica suficiente, lleven a cabo prácticas imprudentes, sin la previa comprobación de lo adecuado de su utilización, teniendo en cuenta el destinatario de dicha práctica, su tipo de problema y personalidad, y la fase de su terapia. La alarma ante estos hechos se agrava debido a la característica ansiedad que en mayoría de psiquiatras y de algunas corrientes de psicoterapia producen las expresiones emocionales potentes.

En nuestro caso nos sentimos vinculados a lo que Joseph Rychlak (1977) denominó "the psychology of rigorous humanism".


Intervención 1ª:

LA PSICOTERAPIA INTEGRADORA HUMANISTA (a): INTEGRACIÓN TEÓRICA Y/O TÉCNICA DE MÁS DE 20 MODELOS PSICOTERAPÉUTICOS

Ramón Rosal Cortés, doctor en Psicología


El movimiento de la Psicología Humanista se caracteriza por su capacidad receptiva y su espíritu tolerante, a la vez que por un eclecticismo técnico y pragmático que da lugar a que albergue en su seno teorías distintas. Esas teorías son, en general, parcialmente compatibles entre sí pero no del todo coincidentes ni en cuanto a sus afirmaciones últimas ni en cuanto a teoría o estrategias.

Por ello, aún cuando nuestro modelo se califique como encuadrado dentro de aquél movimiento, no es indiferente a esa discrepancia interna y opta por unos determinados compromisos, tanto teóricos como metateóricos, lo cual hace que la integración entre diferentes modelos sea desigual: en efecto, en algunos casos el solapamiento es tan sólo a nivel de técnicas, mientras que respecto a otros sintetiza teorías psicológicas y clínicas y respecto a otros comparte metateorías comunes a varios de ellos, o parte de esas metateorías.

Sintetizando, diremos que la Psicoterapia Integradora Humanista es un modelo que se caracteriza por los presupuestos metateóricos, teóricos, psicoterapéuticos y metodológicos que se describen a continuación.


1. Marcos de referencia metateóricos: epistemológicos y antropológico-filosóficos


La Psicoterapia Integradora Humanista es:

1.1. Epistemológicamente constructivista, es decir, parte de la concepción de la existencia de una realidad externa ajena a la propia conciencia -es decir, objetiva, en este sentido- cuyo conocimiento no se da en forma directa, sino a través de la mediación de la propia subjetividad, de manera que incluso las formas más simples de contacto con la realidad, las sensaciones, ya son percibidas impregnadas de subjetividad:

Por ello la realidad es susceptible de diferentes interpretaciones, sin que podamos atribuir a una de ellas la capacidad para captar la totalidad objetiva de la realidad.

Comparte entonces esta afirmación genérica tanto con la Psicología de los Constructos Personales de Kelly como con el Análisis Transaccional, la Psicoterapia de la Gestalt, el Focusing, determinados enfoques existenciales y, en general, los enfoques no directivos, que participan de esta concepción de la dimensión subjetiva del conocimiento y están atentos, desde el punto de vista clínico, a que el paciente (o cliente) logre un sistema interno coherente y significativo para él, más que a imponerle una determinada visión de la realidad o unos contenidos pretendidamente objetivos.

1.2. Concibe la realidad en forma sistémica, aspecto que comparte con los diferentes enfoques de la orientación humanista-experiencial y con la Terapia Familiar Sistémica. Es decir: entiende al ser humano, tal como Von Bertalanffy formuló (Von Bertalanffy, 1968/1976), como un sistema -entendiendo como tal un conjunto de elementos conectados entre sí de tal forma que la variación de uno de ellos varía el conjunto- inserto en el seno de sistemas más amplios (familia, por ejemplo) y a su vez estos sistemas dentro de otros más vastos (como podría ser una cultura concreta). La persona se entiende también como integrada por diferentes subsistemas (cognitivo, corporal, afectivo, interaccional, práxico, entre otros) formando una realidad.

1.3. Entiende al ser humano como parcialmente libre, es decir que no es meramente reactivo a unos estímulos concretos y -dentro de los condicionamientos a que, sin duda, está sometido- mantiene un margen de libertad de elección del cual es responsable y por el cual se constituye en sujeto agente. Dentro de esta afirmación incluimos que, aún cuando considera al ser humano como un organismo, no es organicista a la manera de Perls, Rogers y Lowen, que confían en la bondad espontánea del proceso organísmico del ser humano, y a la vez, a nuestro juicio, minusvaloran las instancias culturales e históricas en que el proceso se desenvuelve, o les atribuyen un papel patogenético.

1.4. Concede una gran importancia al proyecto vital de la persona y a la búsqueda de sentido, coincidiendo así con el enfoque existencial, y asumiendo las líneas básicas del pensamiento de May (1953/1974, 1967/1978, 1981b/1988) y Frankl (1977/1980, 1982/1988, 1987/1990). Actualizando, de acuerdo con Rychlak, la clasificación aristotélica de las cuatro causas, y no limitándonos -como ha sido muy frecuente al investigar las causas de las conductas psicopatológicas y de los cambios terapéuticos- a las causas "material" y "eficiente", concedemos relevancia, a las causas "formal" y, en especial, a la causa "final".

El énfasis concedido a esta última nos aproxima a algunas teorías y aportaciones de Adler y se refleja, en el plano psicoterapéutico, en la importancia que concede a lo que el Análisis Transaccional denomina "análisis del guión vital", incluyendo dentro de los objetivos globales de la psicoterapia -si es armónico con la demanda del paciente o cliente- la posibilidad de sustitución de un proyecto construido en forma rígida (lo que propiamente es el "guión") o la ausencia de proyecto (ausencia de guión, o guión de "ir tirando" en términos analítico-transaccionales) por un proyecto flexible elegido desde la libertad y lucidez que en ese momento de su vida es capaz (salirse del guión, o guión de triunfador.

En cuanto a la relevancia dada a la "causa formal", se manifiesta en la práctica terapéutica a partir de la concepción de un modelo basado, ante todo, en un análisis del proceso (o "forma"), que el sujeto desarrolla para lograr aquellos objetivos, a semejanza de la perspectiva de la Psicoterapia de la Gestalt, la Psicología de los Constructos Personales de Kelly y la Psicoterapia Postrogeriana de Egan.

1.5. Se interesa de modo especial por los temas específicamente humanos, interés que comparte con los iniciadores del Movimiento de la Psicología Humanista por temas que diferencian nuestra especie animal de las otras (amor, creatividad, metamotivaciones, o búsqueda de sentido, por ejemplo).

2. Algunas teorías sobre personalidad y motivaciones integradas en nuestro modelo

En cuanto a éstas, la Psicoterapia Integradora Humanista,

2.1. Admite la presencia de procesos no conscientes en el comportamiento humano, si bien se distancia del Psicoanálisis en la concepción del inconsciente como una especie de depósito de contenidos concretos, especialmente de temática sexual, reprimidos por su carácter socialmente destructivo. La concepción de los procesos no conscientes asume, por el contrario, las posiciones del Análisis Transaccional de Berne y de la Psicoterapia de la Gestalt de Perls que lo contemplan más en términos formales que de contenidos, y no le atribuyen un carácter caótico ni destructivo, necesariamente, ni tan rígidamente separado de las instancias conscientes.

2.2. Es psicodinámico, por cuanto señala la importancia de la motivación en el comportamiento humano, y en este sentido coincide con el enfoque psicoanalítico freudiano, pero se distancia del mismo -se acerca más al adleriano-, coincidiendo con los presupuestos del Análisis Transaccional, la Psicología de los Constructos Personales y la Psicoterapia de la Gestalt -entre otras- en subrayar la relevancia del carácter teleológico de dicho comportamiento y concibiendo las motivaciones no como pulsiones energéticas, sino como aspiraciones que estimulan al ser humano hacia unos determinados logros.

2.3. Acepta la variabilidad de las motivaciones, es decir que supone que la persona amplía intereses y motivaciones que no son necesariamente los diferentes disfraces de una o dos pulsiones originarias. En este punto seguimos a Allport, discrepando de Freud y de Adler, entre otros.

2.4. Acepta también la distinción entre motivaciones y metamotivaciones propuesta por Maslow (1954/1975, 1971, 1980/1982), o, dicho con la terminología de Lersch (1966/1971), que más allá de las tendencias de la vitalidad y del yo individual el ser humano dispone de genuinas tendencias transitivas que no son coincidentes con sublimación de otras tendencias, sino que tienen una entidad propia.

2.5. Considera que los valores éticos constituyen un núcleo importante de la personalidad y que en torno a ellos se aglutina el sentido de identidad y facilitan la evolución personal hacia la autonomía (Rosal, 1987a).

2.6. Considera la unicidad de cada ser humano y el carácter original de cada individuo, si bien entiende que -en la línea de Millon y Everly (1985/1994)- se dan patrones consistentes de personalidad (generalmente patrones mixtos), aunque dichos patrones, por sí mismos, no pueden considerarse sanos o insanos, puesto que no hay un modelo único de personalidad a imponer o sugerir, sino que es el ejercicio flexible o rígido de los mismos en relación con las situaciones, el que determina el grado de salud mental.

3. Algunas teorías sobre psicoterapia integradas en el modelo de Psicoterapia Integradora Humanista

Los más destacados de estos principios son:

3.1. Es un modelo integrador, en tanto en cuanto considera que no existe en la actualidad un modelo de psicoterapia que sea válido para todas las personas, problemas y circunstancias, y por ello se siente llamado a mantenerse receptivo y dialogante a las aportaciones que desde otros modelos o paradigmas pudieran ser integradas en forma coherente y que pudieran hacer más efectivo el tratamiento.

3.2. Es holista en relación con la persona y los sistemas en que participa, es decir: se ocupa de la globalidad y considera que hay que trabajar conjunta e integradamente en los diferentes subsistemas del individuo, elaborando cualquiera de los trabajos realizados en un determinado nivel de intervención dentro de la experiencia del sujeto considerada como un todo global.

3.3. El objetivo de la psicoterapia viene dado por la demanda del cliente, más que por el que señale un modelo concreto, si bien hay que tener en cuenta que esta demanda no siempre se hará de forma explícita y que puede ser redefinida a lo largo de proceso y abrirse a niveles más supraordenados o más sintomáticos.

3.4. Integra la visión del proceso psicoterapéutico como un proceso de solución de problemas, tal como lo habían hecho Prochaska (1984) y Prochaska y DiClemente (1982), entre otros, si bien el esquema global en que se apoya como visión del conjunto del proceso es el del postrogeriano Gerard Egan (1986), por considerarlo sumamente concreto y operativo, a la vez que concorde y coherente con los principios teóricos y metateóricos del modelo.

3.5. Enfatiza la importancia del vínculo terapéutico, y propone la adopción por parte del terapeuta de las actitudes rogerianas de aceptación incondicional positiva hacia el cliente, empatía y autenticidad (Rogers 1957), no sólo a título de exigencias éticas que enmarquen la relación, sino como indispensables para que pueda surgir una alianza efectiva (Lafferty, Beutler y Crago, 1990). Sin embargo, no considera que esas tres actitudes básicas sean suficientes para esa implicación por parte del paciente o cliente.

A la vez, entiende que la vinculación terapéutica debe estar atenta, en forma idiosincrática, a las perturbaciones en el vínculo que presenta la persona, a las hipotéticas causas de las mismas, y a proporcionarle unas experiencias globales diferentes de aquellas que contribuyeron a la creación de la perturbación.

3.6. Exige al terapeuta un papel activo que, a la vez que escucha empáticamente al cliente, interacciona con él haciéndole propuestas de exploración concretas, separándose en ello de la no-directividad del enfoque rogeriano.

3.7. Es experiencial, es decir, basa prioritariamente la efectividad del cambio terapéutico en el hecho de proporcionar al cliente, a lo largo de las sesiones terapéuticas, experiencias en el "aquí y ahora" que pongan de relieve la inconsistencia o disfuncionalidad de sus patrones de comportamiento y faciliten el hallazgo de otros nuevos más funcionales.

3.8. Concede una importancia relevante al papel de las funciones dependientes del hemisferio derecho, considerando que las emociones, el comportamiento no verbal y la intuición son muy potentes a la hora de ofrecer un enfoque de la realidad distinto del habitual en nuestra cultura, y permite al paciente enriquecerse con la coherencia de esos fenómenos, y la sabiduría implícita de los mismos.

3.9. Resalta la importancia de los acontecimientos de cambio, que van dirigidos a superar los bloqueos, dispersiones o distorsiones repetitivos respecto al proceso del fluir vital de la persona.

3.10. Es tecnológicamente pluralista y ecléctico, remitiéndonos en este punto a lo explicitado anteriormente.

Para concluir, consideramos que la utilización simultánea de varios modelos no supone, por fuerza, un tratamiento fragmentado del ser humano. Tampoco pensamos por ello que se trate de un eclecticismo no comprometido que no se atreve a optar por un modelo concreto. Pensamos que esta multiplicidad de modelos puede ser una fuente de enriquecimiento para la comprensión del inabarcable misterio de lo humano y que cada uno de ellos ha seleccionado unos determinados aspectos del mismo a fin de dar una estructura económica y operativa a su trabajo terapéutico.

Y no tiene lugar la fragmentación o falta de compromiso, cuando se ponen en práctica en el seno de su meta-modelo, la Teoría General de los Sistemas de Bertalanffy, como, asimismo, las perspectivas holista, existencial, y constructivista.


Intervención 2ª

LA PSICOTERAPIA INTEGRADORA HUMANISTA (b)

EL PROCESO DEL FLUIR VITAL, O CICLO DE LA EXPERIENCIA:

IDENTIFICACIÓN Y TRATAMIENTO DE LOS PROBLEMAS QUE APARECEN

Ana Gimeno-Bayón, doctora en Psicología


1. La demanda terapéutica

Pidiendo iniciar un proceso de psicoterapia viene una persona concreta, que se encuentra en determinado momento de su vida. Tiene rasgos comunes a otras personas, pero así, tal como es ella, sólo existe este ejemplar. Es única también en su cosmovisión, su sistema de resolver los problemas, su manera de fracasar, su forma de percibir y de afectarse, y es único su cuerpo.

Esta persona específica, nos llega con su propia personalidad, entendida como sistema de organización intrapsíquico (Allport, 1963/1975; Bertalanffy, 1968/1976) y de interacción frente al mundo. Y nos viene con sus problemas en busca (en el mejor de los casos) de ayuda profesional para ser más feliz, más libre, más coherente, más auténtica, más eficaz en la búsqueda o consecución de su proyecto vital.

En la casi totalidad de las ocasiones ese ser humano que demanda terapia está fracasando, de manera preocupante para ella en algún momento del proceso de su fluir vital. Hay un punto o área en el que queda detenido. Básicamente distinguimos entre los que nos vienen a consultar:

- bien la paralización o el fracaso generalizado de todas las áreas en un determinado aspecto del proceso de resolución de problemas

- bien la persona con un funcionamiento satisfactorio en casi todas o muchas áreas vitales, pero que en una o varias se le plantean problemas que no puede resolver por sí mismas, porque el tipo de proceso vital que en los demás es funcional e integrador aquí se paraliza o distorsiona.

Las más de las veces nos encontramos con ambos tipos de planteamientos entremezclados, o con un malestar difuso y sin concretar. Y probablemente el malestar y los conflictos tengan que ver con uno de los dos grandes temas con los que nos encontramos en terapia, que un una simplificación esquemática denominamos:

a) el problema de cómo separarse intrapsíquicamente en forma amorosa (o al menos respetuosa) de sus figuras parentales, problema que ha sido sobre todo el centro de mira del paradigma psicoanalítico y respecto a él ha elaborado la mayoría de sus estrategias. Dentro de él y como representante de la escuela sociológica, señalemos a Karen Horney (1950), por su carácter de integrante del grupo de autores que constituyeron una importante fuente de inspiración para Maslow y otros iniciadores del movimiento de la Psicología Humanista. También este problema problema ocupa un lugar relevante en psicoterapias encuadradas en la Psicología Humanista, tales como el Análisis Transaccional o la Bioenergética.

b) el problema de cómo encontrarle sentido a la vida, tema que ha sido contemplado preferentemente por diversos modelos de psicoterapia existencial como el Análisis Existencial de Binswanger, la Logoterapia de Viktor Frankl, la Psicoterapia Existencial de Rollo May, el Análisis Transaccional de Berne, y el movimiento de la Psicología Transpersonal que ha experimentado un auge importante desde los años 70.

Los problemas que el cliente aporta como fracasos en su sistema de personalidad (y de ahí la demanda de cambio) son productos de una historia que le da una visión limitada de las alternativas disponibles para construir su visión global y su manera de interactuar el forma coherente. Tal como George Kelly afirma (1955), siempre son posibles formas alternativas de construir la realidad.

El hecho de que las limitaciones del modelo de construcción de ésta que el cliente aporta sea fruto de una historia, significa también que trae consigo un conjunto organizado de expectativas tendentes a confirmar su experiencia limitadora anterior y que en definitiva su percepción frustrante tiene como aval una serie de acontecimientos biográficos que permitieron la gestación de semejante modelo. Significa, por tanto, que, o bien la historia terapéutica será claramente discrepante de la vivida anteriormente (y por tanto permitirá más alternativas en forma clara) o será asumida como confirmación del propio modelo limitador.

2. La psicoterapia como cambio creativo en el ciclo del fluir vital.

Así pues, al inicio del proceso nos encontramos con una persona, con sus necesidades, deseos, información, historia y expectativas y también con el carácter de organismo abierto, susceptible de cambio, con capacidad de desestructurar y reestructurar su información, de utilizar la discrepancia de las nuevas experiencias respecto al sistema anterior, para enriquecerse y establecer percepciones más complejas e integradoras. Y esa persona se nos presenta con un problema que no puede resolver por sí sola.

Precisamente consistirá la psicoterapia, dentro de la línea experiencial que caracteriza a la Psicología Humanista, en proponer al cliente nuevas experiencias en torno a la solución creativa de los problemas que le impiden que su fluir vital sea eficaz para la consecución de sus objetivos.

Son muchos los modelos que se han propuesto para la solución creativa de problemas. Y hablamos de "creativa" porque cuando el cliente viene ha terapia ya ha ensayado algunas soluciones que no le han dado resultado, y necesita encontrar otra diferente.

Si nos fijamos en las diferentes aportaciones realizadas en torno a la solución de problemas, veremos propuestas variadas, tanto si se trata de problemas extra-terapéuticos como si se enmarcan en la terapia como podemos ver en la siguientes transparencias (T1, 2, 3 y 4). Y veremos que, a pesar de las diferencias y de venir de ámbitos tan diversos, todas ellas coinciden en la existencia de un determinado proceso a seguir, independientemente del contenido del problema. El flujo de ese proceso en forma funcional y el encadenamiento de fases diferenciadas siguiendo -si bien no en forma rígida- un determinado orden, es requisito imprescindible para la solución de problemas.

Es por eso por lo que nuestra mirada estuvo siempre atenta a los modelos y metodologías centradas en el proceso (en la "causa formal" aristotélica). Una ventaja importante de ellos es que facilitan, en mayor medida que otros, el respeto a los contenidos del cliente, por cuanto la intervención se centra sobre la estructura de su sistema de solución, no sobre los contenidos de la misma.

Por ello hemos elaborado un modelo basado en el proceso, inspirado en la Psicoterapia de la Gestalt, cuyo esquema es el que ha servido de referencia básica para elaborar el nuestro, y teniendo también gran afinidad con los procesos que recogen la Psicología de los Constructos Personales de Kelly (1955), y el modelo postrogeriano de Egan (1975/1979). Compartimos con ellos, en relación con este tema, el destacar la relevancia del estudio del aspecto procesual en la vida de cada sujeto y de sus manifestaciones en los micro-procesos que se pueden producir en las sesiones terapéuticas, especialmente cuando dan lugar a la producción de cambios creativos intrasesión e intersesión; o, por el contrario, de sus manifestaciones en los momentos en que puede identificarse una interrupción en el fluir vital de cada persona, aspecto en el que centra la atención especialmente la Psicoterapia de la Gestalt.

Compartimos también con estos dos modelos la concepción de la psicoterapia prioritariamente como un cambio creativo que afecta a la estructura del sistema de solución de problemas del cliente en el área respecto a la cual plantea la demanda.

Centrándonos ahora, exclusivamente y por lo restringido del tiempo, en las afinidades y diferencias con nuestro modelo con la Psicoterapia de la Gestalt, que, como he señalado, constituye nuestra referencia básica en cuanto al diseño del proceso experiencial, echamos primero una rápida ojeada para ver cómo concibe ésta el ciclo de satisfacción de necesidades.

En la transparencia (T5), se presenta el modelo gestáltico de fases del ciclo de la experiencia. Todas ellas están presentes en el nuestro. El concepto de "conciencia" integra en este modelo las fases que en el nuestro hemos denominado identificación cognitiva e identificación afectiva. La especificación por nuestra parte -a diferencia de la escuela de Perls- de las fases de valoración, planificación y decisión, muestra nuestro distanciamiento respecto al optimismo organísmico acentuado en aquélla.

Siguiendo con la Psicoterapia Gestalt, si bien coincidimos con ella en entender el proceso terapéutico como observación de las interrupciones y aprendizaje de como salvarlas (Perls, 1973/1976), mientras en el enfoque gestáltico se centra en las autointerrupciones, nuestro modelo también se plantea la observación de las interrupciones procedentes del medio externo al sujeto y cómo integrarlas dentro del conjunto de la personalidad y del sistema social del mismo. Esas diferencias pueden fácilmente explicarse por el acento individualista y más centrado en la fase conciencia-emoción del modelo de Perls que, en congruencia con su optimismo organísmico, descuida bastante los aspectos valorativos, cognitivos y sociales.

Podemos ver en esta otra transparencia (T6) la configuración del ciclo del fluir vital en nuestro modelo, en tanto que continuum en el que se pueden señalar unidades discretas que se van sucediendo unas a otras, incidiendo la calidad de la realización de cada una de ellas en la del proceso posterior, de modo que si entendemos el fluir vital como un proceso en el que se pueden plantear frustraciones o conflictos evitables, la resolución del proceso en forma satisfactoria e integradora dependerá de que haya habido una calidad en sus fases y un fluir de una a otra sin distorsiones, dispersiones ni bloqueos. Naturalmente que en la persona están coincidiendo multitud de procesos simultáneamente, que cada uno de ellos está incidiendo en los otros y que buena parte de esos procesos son inconscientes. La elección aquí de un proceso aislado se hace a fin de facilitar su análisis y tratamiento. Las trece etapas en que lo descomponemos a efectos didácticos son, como se ve en la transparencia, las de:

1. receptividad sensorial

2. filtración de sensaciones

3-4. identificación cognitiva

4-3 identificación afectiva

5. valoración

6. decisión implicadora

7. movilización de recursos

8. planificación

9. ejecución de la acción

10. encuentro

11. consumación

12. relajamiento

13. relajación

El ciclo que proponemos se hace así más complejo, tanto por identificar un mayor número de fases como por introducir, en cada una de ellas, una diferenciación en cuanto a su posibilidad de perturbación por tres tipos de fenómenos diferentes: bloqueo, dispersión o distorsión (utilizando una terminología tomada de Cencillo), para significar que la secuencia disfuncional en el ciclo se produce:

a) bien porque paraliza su continuidad, en el caso del bloqueo.

b) bien porque se produce una distorsión que lo pervierte, en el caso de la distorsión.

c) bien porque se da una dispersión en el mismo que compromete su eficacia.

Utilizando en forma simultánea la distinción didáctica del proceso en trece fases, y teniendo en cuenta que en cada una de ella se pueden producir bloqueos, distorsiones o dispersión, hemos llegado a distinguir más de cien problemas, y elaborado respecto a ellos elementos de observación, algunas hipótesis sobre su origen, su correlación con el diagnóstico convencional, y algunas pautas para su tratamiento concreto.

Para poner un ejemplo, podemos citar como problemas propios de la fase de identificación afectiva:

- como bloqueos:

a) Presencia de emociones prohibidas

- como dispersiones:

a) Conflicto entre distintas emociones

- como distorsiones:

a) Falsa identificación por confusión sinestésica

b) Falsa identificación por proyección en el presente de una situación pasada

c) Descontrol emocional

d) Aprendizaje distorsionado de la vivencia emocional

e) Desplazamiento de la energía afectiva hacia otros niveles de la personalidad

f) Distorsión como consecuencia de una falsa identificación cognitiva

o, por ejemplo, si miramos los problemas detectados en la fase de valoración:

- como bloqueos:

a) frigidez valorativa

b) fobia al compromiso con valores

c) sumisión a la presión de grupos amorales

d) autoprohibición del sentimiento de culpa sana

e) heteronomía

f) dogmatismo ético

- como dispersiones:

a) relativismo ético

b) dificultad en la jerarquización de valores

c) conflicto de valores estancado

d) conciencia inmadura

e) conciencia distorsionada

f) fragmentación valorativa

g) sentimiento parásito de culpa

h) inestabilidad valorativa

- como distorsiones

a) valoración invertida

b) arbitrariedad valorativa

c) valoración por confluencia o rebelión afectiva

d) prejuicio moral (introyección valorativa)

e) reduccionismo valorativo


3. Los criterios de solución.

Pues bien: lo que hemos pretendido en el modelo de la Psicoterapia Integradora Humanista es articular las riquezas de los modelos compatibles con nuestros presupuestos (e integrarlos en el nivel concreto en que son compatibles) de modo que puedan utilizarse en forma flexible, armoniosa e integrada, en base a la especial capacidad de un determinado modelo, metodología, estrategia o técnica para ofrecer soluciones a un problema concreto. Y teniendo en cuenta que, ya que se da una exuberancia de posibilidades, éstas se ajusten a lo idiosincrático del proceso entre un cliente concreto, con sus capacidades terapéuticas específicas y sus limitaciones para utilizar determinados tipos de recursos que el terapeuta le ofrece. Un cliente tendrá más facilidad que otro para trabajar con la actividad imaginaria; otro para realizar en casa tareas de introspección, etc. Y un terapeuta concreto, también con sus capacidades y limitaciones específicas, tanto de tipo informativo-formativo como de tipo personal. Un terapeuta puede conocer muy bien alguno de los modelos, metodologías, estrategias y técnicas que proponemos, y desconocer otros y tener más soltura con unos que con otros.

No se trata de que cada terapeuta conozca o domine todo. Sí, en cambio, pensamos que es importante que tenga recursos -es decir que conozca en profundidad y sepa aplicarlos- para manejar intervenciones en los diferentes subsistemas de la personalidad: cognitivo, emocional, práxico, relacional, etc.

No obstante, consideramos que hay modelos más potentes que otros para determinadas áreas y para determinadas fases. Por ello hemos elaborado unos criterios en de selección de modelos, metodologías, estrategias y técnicas para cada uno de los más de cien problemas detectados. Podemos echar una ojeada -y sólo eso- respecto, por ejemplo, a los modelos y metodologías psicocorporales.

Por otra parte, no se trata de una integración aleatoria, sino más bien complementaria, teniendo en cuenta la compatibilidadn de la intervención concreta con los presupuestos del modelo que se han explicitado en la intervención anterior, a la vez que optimizando aquélla faceta del modelo, metodología, etc. que destaca por su especial eficacia. Por ejemplo: no nos parecen incompatibles ciertos enfoques postrogerianos, como el de Egan, con la Psicoterapia de los Constructos Personales de Kelly. Rogers nos regaló su concepción de determinadas actitudes del terapeuta, aceptadas en la Psicoterapia Constructivista. Egan operativizó esas actitudes en forma más práctica y concreta que Rogers. Ahora bien, la Psicología de los Constructos Personales, sin ser opuesta a esos modelos, profundiza y afina más y mejor en algunos análisis y metodologías para la comprensión del mundo interno del cliente. Asimismo, ha desarrollado y sistematizado mejor estrategias de cambio del modelo representacional. ¿Por qué no utilizar los recursos de ambos modelos? Igual ocurre en una gran número de áreas. El Análisis Transaccional, por ejemplo, ha desarrollado una muy buena teoría en torno a las emociones (teoría de las emociones prohibidas y parásitas, su vinculación con las creencias y conductas, su capacidad manipulativa, etc.). La Psicoterapia de la Gestalt y buena parte de las psicosomatoterapias han desarrollado múltiples recursos para que el cliente conecte con la emoción auténtica escondida bajo las represiones y manipulaciones emocionales. ¿Por qué no utilizar conjuntamente ambas, para provocar el cambio terapéutico y elaborar y solidificar dicho cambio mediante la comprensión de la génesis y finalidad del síntoma y de la nueva alternativa?

Para cada uno de estos problemas, hemos elaborado algunas pautas de solución, en los que se combinan en forma integrada técnicas verbales, imaginarias o psicocorporales procedentes de diferentes modelos, preferentemente, aunque no exclusivamente, de las psicoterapias de línea experiencial, tales como la Psicoterapia de la Gestalt, el Análisis Transaccional, el Focusing, o el Psicodrama, la Psicosíntesis, modelos con utilización prioritaria de técnicas con imágenes y fantasía, y técnicas procedentes de terapias psicocorporales, junto con intervenciones procedentes de otros modelos, cuando son compatibles, en el nivel en que los utilizamos, con los principios y criterios enumerados en la intervención anterior.

Las pautas de solución apuntadas pueden hallarse formuladas en el nivel más concreto, destinado a producir cambios intra-sesión y cambios intersesiones, o bien formularse en un nivel más estratégico, a modo de conjunto de intervenciones para lograr cambios a medio plazo, dentro del proceso terapéutico.

4. El contexto existencial.

Como ya se apuntó en la anterior intervención, la concentración en la sesión terapéutica en el problema concreto que perturba el fluir vital de la persona, no puede perder de vista el conjunto dentro del cual se inserta (algo así como el pintor que tras dar unas cuantas pinceladas se aleja del cuadro para verlo en su impresión global). En este sentido, se da dentro del proceso terapéutico un ir y venir del problema concreto a la visión de conjunto del proyecto existencial (o ausencia del mismo) en el protagonista de la terapia. Las aportaciones de autores de la línea existencial tales como Rollo May o Víktor Frankl, así como el conjunto de herramientas concretas que ofrece el modelo del Análisis Transaccional para el trabajo con este tema, a propósito del llamado "guión de la vida", nos resultan muy útiles y abarcativas y nos permiten tratarlas a modo de armazones donde se ubican y toman color específico los problemas antes enumerados.