"Algunos delirios en su persistencia,
pueden, con el tiempo,
transformarse en proyectos sociales."
Existen personas que responden de una manera angustiosa y/o depresiva ante los acontencimientos vitales estresantes. Algunas de estas personas no aceptan o tienen miedo de acudir a un psicólogo, son personas temerosas, evitadoras, aprensivas, delicadas, etc. Estas personas lo pasan muy mal en su vida, sufren una intensa ansiedad flotante y/o un fondo melancólico que les complica vivir con alegría y bienestar. A menudo estas personas, que tienen también, como no, un gran potencial de salud, buscan propuestas, salidas, para entretenerse y "distraer la mente". Estas personas, en jerga de Freud tienen un yo débil y necesitan extraer y limpiar la "chimenea", como decía la paciente Anna O. (Bertha Pappenheim), quien acabó siendo una pionera del trabajo social en la época de Freud.
Les voy a comentar un caso:
Una mujer con esquizofrenia cuya madre no quiere acudir al psiquiatra porque "sale peor que entra", no tolera lo que le dice el profesional. Yo atendí durante un tiempo a la mujer y era una persona huidiza, esquiva, temerosa, frágil, llena de miedos y que le resultaba más cómodo el bálsamo efímero de la autoayuda que explorar a fondo sus problemas, requería pautas concretas de conducta antes que la reflexión, el saber le hacía daño, simplemente no quería saber. Lo que pude detectar con nitidez es que ella proyectaba su angustia en su hija y esto descompensaba a menudo a la hija y se convertía en una espiral parecida a la serpiente de ouroboros. En todo caso, si alguien no acepta estar enfermo por narcisismo, como era el caso, por miedo, como era el caso y porque además la paciente había estudiado psicología y trabajaba en una Asociación, la cosa se pone más complicada. El padre médico aportaba el lado más racional, incluso extremadamente frío y esto probablemente había generado un medio ambiente poco sostenible para la hija. En todo caso la madre y yo nos despedimos afectuosamente y llegamos a un acuerdo de trabajo a demanda (modelo psicoanalítico winnicottiano que solo utilizo en pocos casos). Hay que entender que el Paciente Designado era la hija pero que sin lugar a duda existía una locura familiar de la que los padres no querían ni saber ni aceptar. Algo bastante común y que cuesta mucho trabajo de revertir esa perspectiva.
martes, 7 de febrero de 2012
¿Puede morir el psicoanálisis?
EL PSICOANALÍTICO
¿Puede morir el psicoanálisis?[1]
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar
¿Podría terminarse el psicoanálisis, dejar de ser, de existir? Una primera respuesta es – haciendo un paralelo con lo expuesto previamente con respecto a la práctica del análisis – que esto va a depender en gran medida de su capacidad de autoalteración, de transformación, de creación de teorizaciones y prácticas ligadas a lo que la subjetividad y la sociedad presenten, a su vez, como alteración. No me voy a extender en este punto. Simplemente quiero decir que es posible – no sabemos si probable – que el psicoanálisis deje de ser. De hecho vemos los embates constantes a los que es sometido, sea por la psicofarmacología, las llamadas neurociencias, el denominado cognitivismo, etc., y sus tendencias a negarlo y desecharlo, tanto como la pregnancia de un estado de la cultura que hace un culto del individuo en detrimento del lugar del sujeto; pero también y sobre todo debemos apreciar y estar alertas a las resistencias al interior mismo del psicoanálisis que impiden el surgimiento de lo nuevo, aislándolo de otras disciplinas o de la sociedad en tanto esta es historia y por lo tanto, alteración.
El psicoanálisis ha cambiado muchas veces, no ha sido siempre el mismo, y tenemos que rendirnos ante la evidencia de que la práctica se ha modificado notablemente en las últimas décadas. Puede seguir cambiando. Pero claro, es necesario aclarar que no toda creación es sinónimo de lo bueno, de una buena creación. Muchas creaciones al interior del psicoanálisis han estado al servicio de las resistencias al psicoanálisis. Tampoco vale para el psicoanálisis la idea de progreso.
Parafraseando a Castoriadis en su texto Transformaciòn social y creación cultural [2]: No intentamos postular que esta flor, como las otras, se marchitará, se marchita o se marchitó. Intentamos comprender qué es lo que muere en el psicoanálisis, cómo muere y, de ser posible, por qué. También intentamos encontrar qué es lo que, quizás, está naciendo.
Entiendo que lo que muere, y lo que de no ser reconocido como caduco puede llevarlo a su final inexorable, es toda posición que niegue los efectos de lo histórico-social en la psique, su enraizamiento en los estratos más profundos, la creación social de destinos obligados para el mundo pulsional y de modelos identificatorios, orientando entre ambos tanto el registro pulsional como el identificatorio. Está muriendo el psicoanálisis que no considera las consecuencias psíquicas de la aceleración de la temporalidad, las del reinado de lo digital sobre lo analógico; puede ser el final del psicoanálisis si este no se ocupa de las consecuencias de la destrucción del sentido socialmente instituido a causa de la crisis de las significaciones que ponen en crisis a su vez la posibilidad de creación de los mundos propios de sentido; también muere el psicoanálisis aislado de otras disciplinas y del mundo de la cultura y el arte.
Si el psicoanálisis es creación, si es actividad práctico-poiética 3, de lo que hoy se trata, es de la puesta en práctica de un dispositivo que ayude a los sujetos a hallar condiciones para que tenga lugar la figurabilidad psíquica. Que es lo mismo que decir que puedan crearse representantes representativos de la pulsión, cuya ausencia se observa cotidianamente en el empobrecimiento tanto del mundo afectivo como representacional de buena parte de los sujetos que consultan – no solo de ellos, nos abarca a todos - , más allá de sus diagnósticos.
Puede que lo que esté naciendo a tientas, sea otro psicoanálisis, que integre en sí formas anteriores pero bajo el signo de lo nuevo, que a la tríada del recuerdo, la repetición y la elaboración, sume la creación. Puede que esté naciendo un psicoanálisis ocupado, también, en cada proceso analítico, en la creación de un lazo, más que en el análisis de la repetición del mismo, ya que no puede repetirse lo que no ha sido construido. Hablamos así de déficits. Que no lo son solo de origen: hoy las neurosis actuales seguramente necesitarían de una redefinición, que no las liguen solamente a vicisitudes libidinales, sino de tánatos.
La roca dura contra la que podría partirse la nave del psicoanálisis y este hundirse es - tanto como para la psique - la de su propia castración no aceptada, la de la dificultad o resistencia de los psicoanalistas y sus instituciones, a reconocer y enfrentar la muerte de sus formas previas, la imposibilidad de continuar alterándose, la creencia en un pensamiento terminado, la detención de la interrogación. La alteración en el ser es, para Castoriadis, sinónimo de tiempo, ya que tiempo y creación van de la mano. La no aceptación de la mortalidad, también a este nivel, lo puede llevar – de modo paradójico – a su propia muerte como disciplina. Vemos así la profunda conjunción entre la aceptación de la mortalidad y Eros, válida tanto para un sujeto, como para una sociedad, y también para el psicoanálisis.
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Notas
[1] Fragmento de la exposición realizada en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires el 17-08-2010.
[2] en Insignificancia y autonomía. Debates a partir de Cornelius Castoriadis. Comp: Yago Franco, Héctor Freire y Miguel Loreti. Ed. Biblos, Buenos Aires, 2007.
[3] Ver seminario virtual El psicoanálisis como actividad práctico-poiética: www.magma-net.com.ar/virtualcastoriadisclinica.htm
¿Puede morir el psicoanálisis?[1]
Por Yago Franco
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar
¿Podría terminarse el psicoanálisis, dejar de ser, de existir? Una primera respuesta es – haciendo un paralelo con lo expuesto previamente con respecto a la práctica del análisis – que esto va a depender en gran medida de su capacidad de autoalteración, de transformación, de creación de teorizaciones y prácticas ligadas a lo que la subjetividad y la sociedad presenten, a su vez, como alteración. No me voy a extender en este punto. Simplemente quiero decir que es posible – no sabemos si probable – que el psicoanálisis deje de ser. De hecho vemos los embates constantes a los que es sometido, sea por la psicofarmacología, las llamadas neurociencias, el denominado cognitivismo, etc., y sus tendencias a negarlo y desecharlo, tanto como la pregnancia de un estado de la cultura que hace un culto del individuo en detrimento del lugar del sujeto; pero también y sobre todo debemos apreciar y estar alertas a las resistencias al interior mismo del psicoanálisis que impiden el surgimiento de lo nuevo, aislándolo de otras disciplinas o de la sociedad en tanto esta es historia y por lo tanto, alteración.
El psicoanálisis ha cambiado muchas veces, no ha sido siempre el mismo, y tenemos que rendirnos ante la evidencia de que la práctica se ha modificado notablemente en las últimas décadas. Puede seguir cambiando. Pero claro, es necesario aclarar que no toda creación es sinónimo de lo bueno, de una buena creación. Muchas creaciones al interior del psicoanálisis han estado al servicio de las resistencias al psicoanálisis. Tampoco vale para el psicoanálisis la idea de progreso.
Parafraseando a Castoriadis en su texto Transformaciòn social y creación cultural [2]: No intentamos postular que esta flor, como las otras, se marchitará, se marchita o se marchitó. Intentamos comprender qué es lo que muere en el psicoanálisis, cómo muere y, de ser posible, por qué. También intentamos encontrar qué es lo que, quizás, está naciendo.
Entiendo que lo que muere, y lo que de no ser reconocido como caduco puede llevarlo a su final inexorable, es toda posición que niegue los efectos de lo histórico-social en la psique, su enraizamiento en los estratos más profundos, la creación social de destinos obligados para el mundo pulsional y de modelos identificatorios, orientando entre ambos tanto el registro pulsional como el identificatorio. Está muriendo el psicoanálisis que no considera las consecuencias psíquicas de la aceleración de la temporalidad, las del reinado de lo digital sobre lo analógico; puede ser el final del psicoanálisis si este no se ocupa de las consecuencias de la destrucción del sentido socialmente instituido a causa de la crisis de las significaciones que ponen en crisis a su vez la posibilidad de creación de los mundos propios de sentido; también muere el psicoanálisis aislado de otras disciplinas y del mundo de la cultura y el arte.
Si el psicoanálisis es creación, si es actividad práctico-poiética 3, de lo que hoy se trata, es de la puesta en práctica de un dispositivo que ayude a los sujetos a hallar condiciones para que tenga lugar la figurabilidad psíquica. Que es lo mismo que decir que puedan crearse representantes representativos de la pulsión, cuya ausencia se observa cotidianamente en el empobrecimiento tanto del mundo afectivo como representacional de buena parte de los sujetos que consultan – no solo de ellos, nos abarca a todos - , más allá de sus diagnósticos.
Puede que lo que esté naciendo a tientas, sea otro psicoanálisis, que integre en sí formas anteriores pero bajo el signo de lo nuevo, que a la tríada del recuerdo, la repetición y la elaboración, sume la creación. Puede que esté naciendo un psicoanálisis ocupado, también, en cada proceso analítico, en la creación de un lazo, más que en el análisis de la repetición del mismo, ya que no puede repetirse lo que no ha sido construido. Hablamos así de déficits. Que no lo son solo de origen: hoy las neurosis actuales seguramente necesitarían de una redefinición, que no las liguen solamente a vicisitudes libidinales, sino de tánatos.
La roca dura contra la que podría partirse la nave del psicoanálisis y este hundirse es - tanto como para la psique - la de su propia castración no aceptada, la de la dificultad o resistencia de los psicoanalistas y sus instituciones, a reconocer y enfrentar la muerte de sus formas previas, la imposibilidad de continuar alterándose, la creencia en un pensamiento terminado, la detención de la interrogación. La alteración en el ser es, para Castoriadis, sinónimo de tiempo, ya que tiempo y creación van de la mano. La no aceptación de la mortalidad, también a este nivel, lo puede llevar – de modo paradójico – a su propia muerte como disciplina. Vemos así la profunda conjunción entre la aceptación de la mortalidad y Eros, válida tanto para un sujeto, como para una sociedad, y también para el psicoanálisis.
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Notas
[1] Fragmento de la exposición realizada en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires el 17-08-2010.
[2] en Insignificancia y autonomía. Debates a partir de Cornelius Castoriadis. Comp: Yago Franco, Héctor Freire y Miguel Loreti. Ed. Biblos, Buenos Aires, 2007.
[3] Ver seminario virtual El psicoanálisis como actividad práctico-poiética: www.magma-net.com.ar/virtualcastoriadisclinica.htm
lunes, 6 de febrero de 2012
El espíritu de la época sobre la materia y espíritu
[...]Pues, ¿qué es en el fondo esta materia todopoderosa? Es todavía, un Dios creador, pero despojado de su antropomorfismo y vertido, en cambio, en el molde de un concepto universal cuya significación cada cual cree penetrar. Cierto es que la conciencia general ha adquirido una extensión inmensa, pero por desgracia sólo desde el punto de vista del espacio y no de la duración; si no fuera así, nuestro sentimiento histórico sería mucho más vivaz. Si nuestra conciencia general no fuera puramente efímera, y tuviese al menos un poco de sentido histórico, sabríamos que en la época de la filosofofía griega hubo transformaciones análogas de la divinidad, transformaciones que podrían suscitar algunas críticas a propósito de nuestra filosofía contemporánea. Pero el espíritu de la época se opone con violencia a estas reflexiones. La historia, para él, no es más que un arsenal de argumentos utilizables, que permiten, por ejemplo, decir: ya el viejo Aristóteles sabía que... etcétera.
Semejante situación obliga a que nos preguntemos sinceramente de dónde proviene la inquietante potencia del espíritu de la época. Sin duda alguna, constituye un fenómeno psíquico de importancia primordial, un prejuicio; por tanto, un prejuicio tan esencial en todos los casos, que no podremos llegar al problema del alma sin haber pasado por sus horcas caudinas.[...]
Carl Gustav Jung. "Los Complejos y el Inconsciente". Psicología. Alianza Editorial.
domingo, 5 de febrero de 2012
Adolescencia
Regalo para la terapéutica: la adolescencia no es una enfermedad, es un estado de inmadurez, generalmente por desposesión, y tiene en sí misma valor: el germen de la curación.
La inmadurez es una parte preciosa de la escena adolescente D. W. Winnicott
La inmadurez es una parte preciosa de la escena adolescente D. W. Winnicott
Materia y Espíritu
Mientras que en la Edad Media, la Antigüedad e incluso la humanidad entera desde sus primeros balbuceos vivieron en la convicción de un alma sustancial, en la segunda mitad del siglo XIX se asiste al nacimiento de un psicología "sin alma". Bajo la influencia del materialismo científico, todo lo que no puede verse con los ojos ni aprehenderse con las manos se pone en duda y hasta sospechoso de metafísico, se vuelve comprometedor. Desde ese momento solo es "científico" y, por consiguiente, admisible, lo que es manifiestamente material o lo que puede ser deducido de causas accesibles para los sentidos. Tal trastocamiento se había iniciado mucho antes, en una lenta gestación, muy anterior al materialismo. Cuando en una lenta gestación, muy anterior al materialismo. Cuando la era gótica, que se había alzado con un impulso unánime hacia el cielo aunque apoyándose en una base geográfica y en una concepción del mundo estrechamente circunscritas, se derrumbó, quebrantada por la catástrofre espiritual de la Reforma, la ascensión vertical del espíritu europeo se vio frenada por la expansión horizontal de la conciencia moderna. La conciencia no se desarrolló ya en altura, sino que ganoen extensión geográfica e intelectualmente. Fue la época de los grandes descubrimientos y del ensanchamiento empírico de nuestras nociones del mundo. La creencia en la sustancialidad del espíritu cedió, poco a poco, ante una afirmación cada vez más intransigente de la sustancialidad del mundo físico, hasta que, al fin -tras una agonía de casi cuatro siglos-, los representantes más avanzados de la conciencia europea, los pensadores y los sabios, consideraron al espíritu como totalmente dependiente de la materia y de las causas materiales.
Carl Gustav Jung. "Los Complejos y el Inconsciente". Psicología. Alianza Editorial.
Jung trata de mostrar que hemos llegado a un punto en el que la química, si pudiera escribir él hoy, ha ganado el terreno a lo espiritual, al alma (psyché, en griego). Es doloroso que la farmacología le haya ganado terreno a la cura del alma en esa dualidad que menciona Jung, lo suyo es aunar ambas tendencias, pero desde luego que dejar de lado el aspecto existencial, espiritual y dicho de otra manera más moderna y popular: psicología.
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Rodrigo Córdoba Sanz
sábado, 4 de febrero de 2012
Algunos detalles de la muerte
La muerte desde la perspectiva del cónyuge es algo extremadamente duro. Imagínense, por ejemplo, una relación sentimental de 60 años. Imagínense una enfermedad agónica que va apagando a la persona. Existe un período normal en el que existe cierta labilidad emocional, se acentúan las tendencias de la personalidad de la personalidad, por ejemplo, la obsesividad, accesos de llanto, recuerdos, luto razonable, rituales sociales intrincados en la cultura de procedencia, inestabilidad, tristeza, tratar evitar o comentar recurrentemente el tema, desorientación, disociación, despistes, olvidos, irritabilidad pero el fondo es una profunda pesadumbre y desgana que hay que cubrir tratando de realizar actividades y hablando con los seres queridos. Son pequeñas anotaciones que se pueden hacer cuando un señor mayor pierde a un ser querido, también es importante sus creencias religiosas y/o espirituales, esto puede ayudar mucho a la persona en muchos casos.
viernes, 3 de febrero de 2012
Nociones teóricas de Melanie Klein, una creativa analista que cambió los moldes del psicoanálisis infantil y la psicopatología
Concepto de desarrollo personal
Desde la perspectiva psicoanalítica de Melanie Klein, el desarrollo personal se concibe como enriquecimiento de la personalidad que se refiere a la superación de etapas tempranas de la niñez (que pueden volver a surgir en la vida adulta), la superación de los conflictos que estas etapas conllevan, como la ansiedad, culpa, envidia y logro de la gratitud, alcanzar el equilibrio con el mundo psíquico interno y el mundo externo, y desarrollar la capacidad de disfrutar de las cosas y llevar relaciones gratificantes de amor con los otros.
De estos estadios tempranos, dos son los que mayor importancia tienen en la vida según Klein. El primero es la posición esquizo-paranoide que se desarrolla durante los primeros 3 a 4 meses de vida. Según Klein los seres humanos poseemos dos instintos básicos, el de vida o amor y el de muerte u odio, debido a la lucha que se produce entre estos dos instintos y el sentimiento de ansiedad persecutoria que se produce en el niño, producto del miedo de que este impulso agresivo le cause daño, el niño lleva a cabo procesos de escisión, en que el odio y la ansiedad se proyectan hacia el primer objeto de relación que posee, que es el pecho de la madre, que pasaría a ser el pecho malo, y los sentimientos de amor se proyectan en el pecho gratificador bueno (Klein, M. 1988). Luego de esta proyección, el pecho bueno y el malo son introyectados en la psiquis del niño, por lo que el yo está muy poco integrado, pues posee contenidos separados. Esta proyección y posterior introyección colaboran a que la ansiedad persecutoria vaya disminuyendo, pues el niño se siente más seguro con un pecho bueno que lo ampare, pero a la vez tiene un pecho malo, que lo persigue y persiste el miedo a la aniquilación del yo. De esta intereacción entre los 4 - 6 meses se van integrando los impulsos, y la madre ya no es vista en forma escindida, sino que se incorpora como un objeto total, pasándose a la posición que Klein denomina depresiva, en la que debido a esta integración del objeto y el yo se experimenta culpa, pues el niño siente que el objeto amado ha sido dañado por sus propios impulsos agresivos; y por lo cual trata de reparar el objeto dañado. "El sentimiento de que el daño hecho al objeto amado tiene por causa los impulsos agresivos del sujeto, es para mí la esencia de la culpa. El impulso a anular o reparar este daño proviene de sentir que el sujeto mismo lo ha causado, o sea, de la culpa. Por consiguiente, la tendencia reparatoria puede ser considerada como consecuencia del sentimiento de culpa". (Klein, 1988. 45pp).
En relación con la posición depresiva, según Klein, se establece el complejo de Edipo alrededor de los 2 años. La angustia y la culpa incrementarían la necesidad de la externalizar (proyectar) figuras malas y de internalizar (introyectar) figuras buenas; de lograr los deseos, el amor, los sentimientos de culpa y tendencias reparatorias a ciertos objetos y el odio y la angustia a otros, de encontrar en el mundo exterior representantes de las figuras internas, hechos que ocurren en el complejo edípico. (Klein, 1971).
Luego del complejo de Edipo y la etapa de latencia, este interjuego de progresión, que está influido por la ansiedad, llega a dominar las tendencias genitales (Klein, 1988). A consecuencia de ello la capacidad para reparar aumenta y se alcanzan las sublimaciones genitales que en el caso de la mujer son la fertilidad, el poder de dar vida y por lo tanto recrear objeto perdidos y en el hombre el elemento de dar vida se haya vinculado con la fantasía de fertilizar a la madre dañada o destruida y así restaurarla.
Con esta tendencia aumentada en la reparación, la ansiedad y culpa disminuyen considerablemente, con lo que el niño puede desarrollar relaciones estables con sus padres y posteriormente con los otros, predominando el amor ante el odio.
A parte de la superación y desarrollo de estas etapas y de la superación de la ansiedad y la culpa por miedo de la reparación, de acuerdo con Klein es fundamental para lograr el desarrollo personal la superación de la envidia y el logro de la gratitud.
Según Klein el niño siente envidia del pecho, pues, aunque éste lo satisfaga, contiene todo lo que él desea y que le es negado, dejándose todo lo bueno para sí. Debido a esto el niño desea dañar el pecho materno y recobrar lo que es suyo. Si la envidia del pecho es muy fuerte el niño no podrá obtener gratificación, en cambio, si ésta es superada (lo que está dado en gran parte por factores constitucionales) el niño podrá obtener gratificación y experimentará gratitud, lo que es esencial para apreciar bondad en otros y en uno mismo y hace posible el sentimiento de unidad con otra persona, hecho esencial en toda amistad o relación amorosa feliz.
El desarrollo personal estaría estrechamente vinculado con la gratitud, pues ésta permite desarrollar la generosidad que según Klein es la base para el enriquecimiento personal "la riqueza interna deriva de hacer asimilado el objeto bueno, de modo que el individuo se hace capaz de compartir sus dones con otros. Así es posible introyectar un mundo externo más propicio y como consecuencia se crea una sensación de enriquecimiento". (Klein, 1988. 194 pp). Sin esta gratitud el sentimiento de envidia, o sea haber dañado el objeto amado, destruye la confianza del individuo y la sinceridad de las relaciones y su propia capacidad de amor y ser bondadoso.
La gratitud es fundamental para gozar no sólo de las relaciones con otros, sino que también de distintos intereses, disfrutar del trabajo, abriendo camino a múltiples fuentes de satisfacciones.
Se puede concluir entonces que para Klein, la base del desarrollo personal es el logro del amor, la superación de la ansiedad, la culpa y envidia y el poder experimentar la gratitud a través del desarrollo.
Noción de sujeto propuesta por el modelo
Según la perspectiva de Klein el individuo es un ser que está constantemente en conflicto, pues debe a lo largo de toda su vida superar ciertos impulsos o sentimientos que son nocivos para su desarrollo, para así alcanzar la felicidad y equilibrio entre el mundo intrapsíquico y el mundo externo.
Creo que la noción de Klein, sobre el individuo es bastante negativa, ya que considera que éste, incluso, en situaciones de ayuda social, está motivado por impulsos como la culpa..."Todas las formas de ayuda social se benefician con ese anhelo. En los casos extremos, los sentimientos de culpa impulsan a la gente hacia el total sacrificio de sí misma por una causa o por sus semejantes, y pueden conducir al fanatismo" (Klein, 1988. 263 pp). De modo que niega que ciertas conductas de ayuda sean desinteresadas y que se relacionan por un gusto personal o autorealización.
A pesar de esta noción negativa, también atribuye características positivas al ser humano que le son innatas, como la capacidad de amar, que es por la cual el individuo debe luchar para que otros impulsos como lo es la envidia no interfieran con su desarrollo y así logre la felicidad.
Conceptualización del cambio y factores que dan cuenta de él.
Los factores que dan cuenta del cambio del desarrollo personal son la madurez emocional, o sea, que los sentimientos de pérdida o de algunas frustraciones pueden ser contrarrestados por sustitutos y el poder disfrutar del trabajo y los placeres que están a nuestro alcance, teniendo muchas posibilidades e intereses con los cuales hacerlo, lo que deviene del logro de experimentar la gratitud.
La fortaleza del carácter es otro factor que da cuenta del cambio y se refiere a la capacidad del yo de desarrollar todas sus potencialidades. Esta fortaleza se logra cuando el niño (y también el adulto en sus otras relaciones) logra internalizar los aspectos buenos de la madre, de modo que dominen a los frustrantes, haciendo que ésta sea experimentda como una madre que guía, pero no domina, o sea que ama, lo que hace posible la paz interior, haciendo exitosas las relaciones primero con la madre y luego con las posteriores en la familia y otras en la vida adulta.
La fuerza del carácter se manifiesta también en la comprensión, compasión, simpatía y tolerancia a los demás, o sea, en todos aquellos factores que nos hacen entablar relaciones estables y gratificantes con los demás.
Otra manifestación es la equilibrada adaptación al mundo externo, de modo que no interfiera con la libertad de las emociones y pensamientos, lo que implica el poder tolerar emociones y pensamientos, o sea, poder tolerar emociones dolorosas y poder manejarlas, sin reprimir los conflictos, sino que enfrentándolos, para poder así disfrutar de las otras cosas como el trabajo, descanso y la relación con otras personas. (Klein, 1988).
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