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Paz y Ciencia
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miércoles, 19 de enero de 2011

Obsesión e infelicidad

La terquedad, lo que de otra manera diría Paul Watzlawick: "Creer que la propia realidad es la realidad misma es una peligrosa ilusión", es un mecanismo de defensa, un recurso, en pacientes con matices obsesivos para evitar salirse de sus preceptos, sus esquemas rígidos y sus pensamientos, a los que parecen darles un valor de fe. Esta dificultad conlleva que sean reacios, o más bien que les cuesta contemplar el mundo de otra manera, valorarse de otra forma, mirarse, imaginarse y pensarse de otro modo. La obsesividad es cruel como un superyó sádico que está mermando continuamente la confianza en uno mismo, su autoestima y sus capacidades. Pueden ser personas volcadas en ayudar a los demás pero que no valoran sus logros, personas con capacidades pero que no han aprendido a sacar provecho de estos. Pueden ser personas que han sido el "chivo expiatorio" de la familia. Lugar nutricio de ese malestar, donde han podido ser tildados de bruscos, burros o cosas semejantes. Sus sentimientos son de tristeza y desesperación, de desconfianza y hostildad hacia el mundo, de inseguridad y de inmovilismo. Suelen estar apegados al dinero, por aquella ahorratividad que mencionaba Freud en los "Tres Ensayos", son obcecados y suelen ser muy precisos, les gusta el orden, los métodos estructurados y las formas de relación basadas en datos científicos. Muchos científicos tienen rasgos de este tipo, por ejemplo el difunto Castilla del Pino que dejó un legado de precisión en sus textos, en su legado y en sus enseñanzas. Creando un sistema comprensivo del que es difícil sacarle, son personas que crean sus tesis, que buscan argumentos a favor de estas y que es difícil sacarles de estricto camino de su pensamiento. Un pensamiento circular, que se autocastiga, que se censura y que deja la frescura, la imaginación y el gesto espontáneo al margen. No se pueden aceptar, no se pueden querer porque es tan cruel el rasero con el que se ven que les es muy difícil la vida.

martes, 12 de agosto de 2008

La Obsesión como Mecanismo de Defensa


La obsesividad es una función que puede y funciona para conectar con un pensamiento racional los contenidos emocionales que colapsan la tolerancia anímica del sujeto pensante. Por ello, es sorprendente cómo somos capaces de elaborar, como apuntó Ernest Jones con el concepto de “racionalización”, alambicados argumentos para explicar motivaciones subyacentes de pigmentación claramente afectiva. De esta forma la aislamos de contenido emocional, la controlamos y evitamos conectar directamente con esa zona peligrosa que puede ponernos en el límite del miedo al derrumbe. Es allí, donde la desintegración se avecina, o su miedo colindante, cuando la racionalización (mecanismo de defensa por el que se tiende a dar una explicación lógica a los sentimientos, pensamientos o conductas que de otro modo provocarían ansiedad o sentimientos de inferioridad o de culpa), y la intelectualización (el individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo generalizando o implicándose en pensamientos excesivamente abstractos para controlar o minimizar sentimientos que le causan malestar). Dichos procesos son potentes recursos que nos distancian de nuestros sentimientos y evitan, al mismo tiempo el colapso, el funcionar de esa manera es un indicador de alarma, de un aparato defensivo grueso, resultado de un mundo interno alborotado pero hay que ser cautelosos en su desmantelamiento porque esos recursos cuando existen y son duraderos, como señas de identidad, pueden efectivamente, desorganizar a la persona. Guárdenlos, consérvenlos, préstenles atención y tengan presente que pueden vivir sin dar explicación a cada bocanada de aire que toman, quizá puede resultar la vida un poco más fácil, sólo tal vez.