sábado, 26 de octubre de 2013
Transgresión
Transgresión es una palabra que significa salud. Cambiar la reiteración, la repetición, el orden establecido en según que contextos. Todo ello es fundamental para respirar libertad. Una paciente muy interesante hablaba de amor, lo asociaba con "plenitud". Esto significa mucho. El amor lo es todo y lo da todo. Encontrar alguien que llene tu alma de amor no es fácil, es evidente que no depende solo del otro.
El amor como un todo que hace que la vida gire es mi planteamiento existencial. Los problemas psíquicos son por falta de amor hacia uno mismo y/o hacia los demás. El que no puede amar se siente vacío, "muerto", decía otro paciente.
La vida cursa con amor. También hay que comentar que en las polaridades taoístas el amor y el odio son primos hermanos, caras de una misma moneda. Los que más se quieren son los que más discuten en ocasiones.
Transgredir también es un acto creativo y eso es VIDA y AMOR. El acto de crear supone construir algo nuevo, independientemente del tamaño de la empresa, crear es un gesto espontáneo. El Gesto Espontáneo, como decía Winnicott es la fruta de la creatividad. Son fruta y árbol, son la misma cosa siendo distintos.
Transgredir también es no resignarse y no veo otra cosa más interesante que la lucha intensa por el bienestar, por dejar clara la posición de una persona en el mundo. Dichoso y difícil proceso de encontrarse a sí mismo. Dichoso proceso el averiguar quién es uno/a. Casi sobrecogedor.
Transgredir es un mágico invento de la naturaleza que está dentro de nuestro ADN y que podemos disfrutar cambiando, moviéndonos, creando, jugando e inventando nuevos modos de hacer y vivir. Transgredir es un camino a la salud.
El error de la transgresión es el exceso, en tal caso se acaba convirtiendo en algo autodestructivo. Tengamos cuidado.
Rodrigo Córdoba Sanz Psicólogo y Psicoterapeuta
sábado, 15 de diciembre de 2012
Karen Horney: "Debieras"
El sujeto se representa en base a ideales. Este sistema de debieras, Horney lo llama "tiranía del debiera": los dictados interiores acerca de todo lo que debería ser, hacer, sentir, tabúes y todo lo que no debería ser. Los "debiera" dañan la espontaneidad de los sentimientos, pensamientos, deseos y creencias, y hacen que se diluya la frontera entre lo que realmente nos pasa. Se imponen como resultado de la necesidad que siente la persona en convertirse en su yo idealizado y de su convicción de que puede hacerlo. El precio que pagamos es muy alto. Por otra parte, muchas de las exigencias interiores no se pueden cumplir, desbordan el límite de lo humano.
Horney considera además que cuando un individuo traslada su centro de gravedad al yo idealizado, este se convierte en la "vara con que se mide su ser real".
