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jueves, 12 de agosto de 2021

Hiperactividad Y Disfunción Cerebral Mínima

 


Disfunción cerebral mínima

Isabel Sanfeliu 

Pese a las discrepancias que se vienen dando tanto respecto a la etiología como a la terminología de la DCM, hay bastante uniformidad de criterios en cuanto a la descripción del síndrome. Se considera que el término disfunción cerebral mínima, se aplica a los niños de inteligencia casi normal, normal o superior a la normal, que tienen algún impedimento para el aprendizaje y/o problemas de conducta que van de lo leve a lo grave, que se asocian a desviaciones de función del Sistema nervioso central. Estas desviaciones pueden manifestarse a través de varias combinaciones de deficiencias en la percepción, conceptualización, lenguaje, memoria y control de la atención, el impulso o la función motora.

Una definición tan general como ésta, parece que puede incluir todo tipo de trastornos infantiles, con la única condición de que la capacidad intelectiva del niño no se vea afectada (serían excluidos oligofrénicos, deficientes mentales...). Así, no es de extrañar que se asocie el término DCM a más de cuarenta denominaciones distintas. De ellas, unas designan aspectos orgánicos del problema (daño cerebral, lesión cerebral, impedimento neurológico mínimo...), mientras otras se relacionan con alguna consecuencia del trastorno (dislexia, trastornos de aprendizaje, síndrome conductual hiperkinético...).

Actualmente, la práctica clínica ha ido delimitando el síndrome de la DCM. Pese a la falta de datos concluyentes, son numerosos los clínicos e investigadores que la presuponen una etiología neurológica.

Se han observado tres etapas en su desarrollo:

    • Hasta los 6 ó 7 años, hay un cierto retraso evolutivo (control de esfínteres tardío...) A esta edad se va normalizando el desarrollo.
    • Con la escolarización, surgirán nuevas dificultades (lectura, escritura...)
    • Preadolescencia, en la que los trastornos conductuales tienden a agudizarse (agresividad...) suavizándose más adelante.

Su madurez cerebral (no se observan bajos niveles de CI), hace que sean más conscientes de sus limitaciones. Expuestos a repetidos fracasos y frustraciones, experimentan su impotencia unida a una intensa ansiedad, al mismo tiempo que su nivel de tolerancia a la frustración es bajo. El niño reaccionará según elabore esta ansiedad. Pueden darse:

    1. Procesos regresivos, depresión, pérdida de actividad, apatía. Es el hipoactivo que tendrá mayores problemas de adaptación en la adolescencia.
    2. Fenómenos de desintegración. Pobreza de organización en la actividad afectiva y pérdida de la aptitud abstractiva que se manifiestan en perplejidad, impulsividad e irre-frenabilidad. Hiperkinesis.

En Luria, encontramos una explicación neurológica de lo que podría ser la DCM, aunque él lo denomine Síndrome cerebro-asténico. En síntesis, sería un trastorno de la dinámica de los procesos corticales: inteligencia normal, se agotan fácilmente y pierden con facilidad la capacidad de concentración. Hay dos tipos de manifestación externa:

    1.   Si el trastorno patológico del equilibrio de los procesos nerviosos básicos se expresa predominantemente como una declinación de los procesos excitatorios, reacciona con caída de tono, pasividad.
    2.   Si el estado patológico de las células corticales afecta principalmente a los procesos inhibitorios, provocará una impulsividad excesiva, descontrol.


Sintomatología

El rasgo que mejor la caracteriza es la dispersión de la atención. Los signos neurológicos son equívocos, observándose frecuentemente irregularidades electroencefalográfica. Además, se observan trastornos:

    • De percepción: disociación (relaciona en forma deficiente las partes y el todo), inversión del campo sensorial, incapacidad de seleccionar estímulos, perseveración.
    • Cognitivos: relaciones conceptuales estereotipadas y formalistas. Trastornos de lenguaje, falta inesperada de memoria (por desorganización).
    • Conductuales: trastornos motores (dificultad de coordinación, hiperkinesia –principalmente, aunque también puede darse hipoactividad e indiferencia-). Nivel de inhibición deficiente; la impulsividad dificulta su capacidad de preveer las consecuencias de su conducta. Es temerario, responde de forma incontrolada (agresividad o paralización temporal del movimiento).

Se dan retrasos madurativos y labilidad emocional. Baja tolerancia a la frustración.


Etiología

Hay una falta de consenso para establecer una relación de la Disfunción Cerebral Mínima con la evidencia cierta de daño cerebral. Pero conforme se van haciendo más precisas las exploraciones neurológicas clínicas, van demostrándose evidencias definidas de anormalidad neurológica en casi todos los pacientes diagnosticados.

Los antecedentes indican una alteración de origen traumático o inflamatorio antes, durante o poco después del nacimiento. Estas alteraciones pueden deberse a:

    • Un mal desarrollo. Desviación estructural de la norma.
    • Daño real a estructuras del sistema nervioso central (traumas, infecciones...)
    • Mal funcionamiento sin modificación estructural conocida. Interferencias en momentos críticos del desarrollo de cada función.


Diagnóstico

Se diagnostica por el cuadro total; es una reacción global del individuo a dichas perturbaciones (cuadro somático individual). El procedimiento diagnóstico debe incluir:

    • Anamnesis. Orientada a descubrir un retraso madurativo, trastornos de conducta y aprendizaje que sugieran una DCM y cualquier episodio de probable significación etiológica durante el embarazo, parto y primeras etapas del desarrollo.
    • Exploración neurológica y electroence-falográfica. Evaluación de las funciones sensorial, motora, integrativa y cognitiva en relación con la edad del paciente.
      Los trazados obtenidos en el EEG mientras realiza una tarea, pueden demostrar que una desorganización determinada del aprendizaje se vincula con anormalidades electroencefalográficas transitorias.
    • Exploración psicológica y evaluación de la capacidad para la lectura. Wisc (más valor diagnóstico en los puntajes parciales). Test guestáltico visomotor de Bender, test del dibujo de la figura humana. Técnica proyectiva: TAT.

En los niños muy pequeños, el diagnóstico respecto a la organicidad es difícil y poco provechoso por su escasa diferenciación psíquica; a partir de los seis años, es cuando los tests empiezan a ser más sensibles a este tipo de trastornos.


Tratamiento y pronóstico

La Disfunción Cerebral Mínima requiere un planteamiento individual, una identificación de los déficits específicos en cada niño, no conforma un grupo homogéneo. Su tratamiento debe abarcar distintas áreas:

    • Pedagogía curativa y adiestramiento específico que apunte a una reorganización funcional (Luria). Ejercicios de coordinación motora. Conviene atender más a los procesos que intervienen en el aprendizaje que al contenido de lo que pretende enseñarse.
    • Manejo y estructuración del medio. Tiene más privación sensorial cuando está sobreestimulado que cuando la estimulación es escasa.
    • Medicación. Uso razonable con el fin de reducir la hiperactividad e irritabilidad, incrementando el tiempo de atención sostenida; eso si, elegida y dosificada cuidadosamente por las respuestas idiosincrásicas a las drogas que se observan en los niños con DCM.
    • Hay estimulantes que ejercen un efecto paradójicamente sedante en muchos niños hiperactivos.
    • Psicoterapia y asesoramiento. Contribuir a la maduración del niño en el que se dan reacciones compensatorias ante la pérdida de su autoestima (actitudes grotescas, negativismo, agresividad...)

La rehabilitación es larga, pero en condiciones óptimas, el desarrollo y la maduración llegan a mejorar en forma significativa alcanzando su normalización. Con un diagnóstico precoz (anterior a los seis años), el pronóstico es muy favorable.

Es conveniente incluir a la familia en el tratamiento, dándoles una clara visión del problema, con el fin de que cooperen en el proceso reeducativo. La adolescencia tiende a agudizar su problemática, es una etapa crítica que requiere especiales atenciones.

martes, 4 de junio de 2013

¿Por qué los niños franceses no tienen TDAH?



Marilyn Wedge, Ph.D., es una terapeuta familiar con más de veinte años de experiencia ayudando a niños, adolescentes y familias. Es autora de dos libros, ambos publicados por WW Norton. Hace una excelente comparación entre los niños de Francia y USA, explicando por qué Francia tiene casi ¡¡¡20 veces menos de niños con TDAH!!! Disfruten y me dan su opinión:


“Los niños franceses no necesitan medicamentos para controlar su comportamiento.
En los Estados Unidos, al menos 9% de los niños en edad escolar han sido diagnosticados con TDAH y están tomando medicamentos farmacéuticos. En Francia, el porcentaje de niños diagnosticados y medicados para el TDAH es menos del 0.5%. ¿Cómo es que la epidemia del TDAH, se ha consolidado en los Estados Unidos y ha pasado casi por completo sobre los niños en Francia?
¿Es el TDAH un trastorno biológico-neurológico? Sorprendentemente, la respuesta a esta pregunta depende de si usted vive en Francia o en los Estados Unidos. En los Estados Unidos, los psiquiatras consideran al TDAH como un trastorno biológico con causas biológicas. El tratamiento a elección es también biológico, medicando con estimulantes psico como Ritalin y Adderall.
Psiquiatras franceses, en cambio, ven el TDAH como una condición médica que tiene causas psico-sociales y situacionales. En lugar de tratar a la focalización de los niños y los problemas de comportamiento con medicamentos, los médicos franceses prefieren mirar el problema subyacente que está causando el sufrimiento (no en el cerebro, sino en el contexto social del niño). Ellos entonces, eligen tratar el problema de contexto social subyacente con psicoterapia o terapia familiar. Esta es una manera muy diferente de ver las cosas de la tendencia estadounidense a atribuir todos los síntomas de una disfunción biológica, como un desequilibrio químico en el cerebro del niño.
En la medida en que los médicos franceses tienen éxito en encontrar y reparar lo que ha ido mal en el contexto social del niño, menos hijos califican para el diagnóstico de TDAH. Por otra parte, la definición de TDAH no es tan amplia como en el sistema americano, que, a mi juicio, tiende a “patologizar” gran parte de lo que es el comportamiento normal de la infancia. El DSM no considera específicamente las causas subyacentes. Por lo tanto, lleva a los médicos dar el diagnóstico de TDAH a un número mucho mayor de niños sintomáticos, alentando al mismo tiempo a tratar a los niños con los productos farmacéuticos.
La holística francesa, el enfoque psicosocial también permite considerar las causas nutricionales de tipo síntomas TDAH, específicamente el hecho de que el comportamiento de algunos niños se agrava después de comer alimentos con colorantes artificiales, ciertos conservantes y/o alérgenos. Los médicos que trabajan con niños con problemas en este país, por no hablar de los padres de muchos niños TDAH, son muy conscientes de que las intervenciones dietéticas a veces pueden ayudar a un niño en problemas. En los Estados Unidos, el enfoque sobre el tratamiento farmacéutico del TDAH es estricto, sin embargo, anima a los médicos a pasar por alto la influencia de factores de la dieta sobre el comportamiento de los niños.
Y luego, por supuesto, están las muy diferentes filosofías de la educación de los hijos en los Estados Unidos y Francia. Estas filosofías divergentes podrían explicar por qué los niños franceses son generalmente mejor educados que sus homólogos estadounidenses. Pamela Druckerman destaca los estilos de crianza divergentes en su reciente libro, “La educación de Bebé”. Creo que sus ideas son relevantes para la discusión de por qué los niños franceses no son diagnosticados con TDAH, en nada a las cifras que estamos viendo en los Estados Unidos.
Desde el momento en que sus hijos nacen, los padres franceses les proporcionan un “cuadro” firme (palabra que significa “marco” o “estructura”). No se le admite a los niños, por ejemplo, comer cuando lo deseen. Las comidas son en cuatro horas específicas del día. Niños franceses aprenden a esperarlas pacientemente, en lugar de comer bocadillos cada vez que les da la gana. Los bebés franceses, también, se espera que para cumplir con los límites establecidos por los padres y no por su “yo” llorando. Los padres franceses dejan a sus bebés que “lloren” si no está durmiendo toda la noche a la edad de cuatro meses.
Los padres franceses -Druckerman observa- aman a sus hijos, tanto como los padres estadounidenses. Les dan clases de piano, los llevan a la práctica deportiva y animarles a aprovechar al máximo sus talentos. Pero los padres franceses tienen una filosofía diferente de la disciplina. Límites consistentemente aplicados, en el punto de vista francés, hacen que los niños se sientan seguros. Límites claros, que creen, que en realidad hacen que un niño se sienta más feliz y más seguro, algo que es congruente con mi propia experiencia como terapeuta y los padres. Por último, los padres franceses creen que escuchar la palabra “no” salva a los niños de la “tiranía de sus propios deseos”.
Como terapeuta que trabaja con niños, tiene perfecto sentido para mí que los niños franceses no necesitan medicamentos para controlar su comportamiento porque aprenden autocontrol temprano en sus vidas. Los niños crecen en familias en las que las reglas son bien entendidas, y una jerarquía familiar clara es firme en su lugar. En las familias francesas, como Druckerman los describe, los padres se hacen firmemente a cargo de sus hijos, en lugar del estilo de la familia estadounidense, en el que la situación es muy a menudo viceversa.”



http://www.aprendizajeinteligente.net/index.php/el-blog-de-pablo/3-blog/por-que-los-ninos-franceses-no-tienen-tdah.html

martes, 19 de febrero de 2013

TDAH



Antes de dar paso al artículo posterior, quisiera dar mi punto de vista de una manera breve. El TDAH se está convirtiendo en una pandemia. Hace no poco esto no existía y esto no se medicaba, ahora se medica y se sobremedica, se sobrediagnostica y se señala al niño como portador de una sintomatología molesta que deja de lado la responsabilidad de los padres en la etiología de dicha patología aduciendo pruebas de origen neurológico que muestran un daño cerebral mínimo. Esto me parece descorazonador. Medicar a un niño con metilfenidato, y en muchos casos, con antipsicóticos es algo que mi sensibilidad y experiencia no termina de ver claro. Sin embargo, la psiquiatría "dura" se empeña en que es el tratamiento oficial. Nada podemos hacer, sino nadar contracorriente.
Hay muchos subtipos de TDAH, los que verdaderamente necesitan una contención farmacológica y los que no, hacer un diagnóstico diferencial en medida de la funcionalidad parece un criterio sensato. También destaco que muchos de ellos necesitan más una psicoterapia que medicación puesto que se trata de otra cosa distinta a lo biológico, entre nature y nurture no podemos oscilar a un polo, ni a uno ni a otro, ni al polo de lo biológico ni a psicologizar todo.
Rodrigo Córdoba Sanz.



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EL PSICOANÁLISIS Y LOS DIAGNÓSTICOS DE NUESTRA EPOCA (El síndrome de ADHD o ADD)

Mariela Weskamp

Hoy quisiera interesarlos en el Trastorno por Déficit de atención e hiperactividad (ADHD) Diagnóstico médico que desde hace tiempo me preocupa y sobre el cual considero necesaria una mirada desde el psicoanálisis por dos razones. La primera: nuestros consultorios reciben frecuentemente niños con esta llamada "enfermedad". Otra, no menos importante: el psicoanálisis por no hablar de estas cuestiones pierde espacios que le son propios.

Me resulta inquietante el interés que hay en el tema desde otros ámbitos, el dinero evidentemente invertido en estudios médicos, la cantidad de libros escritos para ayudar a padres, maestros y profesionales a detectar niños que padecen este síndrome, la creación de fundaciones, instituciones médicas, psicológicas, psicopedagógicas, grupos de ayuda, test específicos para objetivar el déficit y el aumento de niños en edad escolar que reciben este diagnóstico, a los cuales se los medica de modo regular y durante años para que desaparezcan los síntomas que padecen. Las estadísticas en la Argentina son bastante deficientes algunos trabajos mencionan un millón de niños con este trastorno, los porcentajes oscilan entre el cinco y el diez por ciento de la población escolar.

De todos modos las cifras deben ser importantes ya que, en el mes de abril de 2004, una diputada de la Provincia de Misiones, presentó un proyecto de ley para crear un área en el Ministerio de Salud que atienda a este trastorno y provea medicación a los niños sin recursos.

¿A que denominan ADHD?

Tiempo atrás se los llamaba "hiperkinéticos", luego se habló de daño cerebral mínimo, en la década del `60 lo nombraban "disfunción cerebral mínima" y en 1980 con la aparición del DCM III (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) surgió esta nueva denominación que coloca al déficit atencional como el trastorno primordial que puede o no generar hiperkinesia.

Cuando interactúan con otros de su misma edad en áreas organizadas o productivas, estos niños se identifican fácilmente porque, a causa de sus dificultades atencionales, tienen un rendimiento académico inferior al esperable en relación con su nivel de inteligencia. Generalmente presentan conducta hiperactiva e impulsividad.

Gran parte de los especialistas que trabajan en el tema, sostienen que el ADHD se transmite genéticamente y que el diagnóstico corresponde cuando el problema está en el niño y no en el ambiente social o educacional y no responde a lesión neurológica grosera, a fallas sensoriales, enfermedades físicas o disturbios emocionales.

Todos acuerdan en que la causa es orgánica y actualmente las Investigaciones farmacológicas sugieren la existencia de anormalidades en la función de los neurotransmisores (una alteración en los receptores de dopamina D4) (1) lo cual produciría un déficit de dopamina que dificulta la atención sostenida.

Por su definición causal, esta "enfermedad" queda dentro del campo de la medicina. La cura propuesta es a través del suministro de psicofármacos y, en algunos casos, el apoyo de una terapia conductual que ayuda al niño a reinsertarse.

Los trabajos ponen el énfasis en el diagnóstico precoz que permite que el niño sea medicado lo antes posible para aliviarlo de los síntomas.

Estos ya no se interrogan sino que se explican por responder a una entidad que es causa de todo. Entonces, lo que le sucede al niño es consecuencia de que padece ADHD y, como es una enfermedad biológica, la única salida es la medicación. No se da ninguna posibilidad a la intervención desde otro lugar, ya no para interrogar al síntoma: ni siquiera para hacerlo desaparecer. Es un encierro sin posibilidades de salida.

Como medicación se utilizan los psicoestimulantes: el metilfenidato, la dextro-anfetamina y la pemolina, entre otros, que disminuyen la hiperactividad e impulsividad y favorecen la concentración. El más utilizado es la Ritalina, medicación que se suministra anualmente a cuatro millones de niños en EEUU. y sobre la que algunos médicos advierten que puede resultar adictiva en la adolescencia. Los neurólogos describen, como efectos colaterales, insomnio, inapetencia y la posibilidad de desarrollar el síndrome de Tourette a causa del metilfenidato (2). Hay estudios que confirman retardo en el crecimiento. En la edición de abril de 2004 de "Pediatrics", en un estudio que confirma este efecto se aclara, para tranquilizarnos, que "No es necesariamente una causa para alarmar a los padres ya que el efecto es más bien modesto, sólo un centímetro menos cada año". (3)

La cantidad de niños que llegan al consultorio porque desde el colegio piden informes y psicodiagnósticos es cada vez mayor. El motivo de preocupación es que no atienden, no acatan límites y están en permanente movimiento. Esto último es lo que resulta molesto y por eso no es frecuente que se rotule con este diagnóstico a un niño que no atiende al mundo y raramente se medica cuando no hay hiperactividad

Ahora, si la causa es un desequilibrio entre los neurotransmisores, la pregunta que me surge inmediatamente es: ¿Por qué el aumento de niños con este síndrome?, ¿acaso es una enfermedad contagiosa?

Creo que no se puede pensar un síntoma si no es en relación con el momento en el cual aparece. El síntoma se inscribe en una época y expresa el malestar proveniente de elementos que toma del entorno cultural, de sus mitos y creencias, sus significantes claves. Así es que, ahora, las histéricas raramente se desmayan sino que padecen bulimia y anorexia y los fóbicos, ataques de pánico

Los invito a que miren las propagandas de Fibertel porque, de algún modo, muestran el modelo de atención que nuestra época propicia. Se propone que la demanda se satisfaga en forma inmediata, instantánea, y no se soporta la espera, el intervalo, el vacío.

Es imposible pensar esta sintomatología fuera de contexto histórico, separándola de algunas cuestiones de época como el exceso de estímulos visuales (un mundo excesivamente imaginario), el contexto cultural que no provee una adecuada inserción simbólica y la dificultad en la organización de la estructura familiar, con el desdibujamiento de roles parentales.

En este contexto podemos situar una observación de la vida cotidiana: ¿Cómo estudian los chicos ahora?: con música a todo volumen, televisión encendida, y la computadora por supuesto presente, porque mientras escuchan su música preferida y no se pierden el capítulo de... chatean con sus amigos y, en la misma máquina, hacen la tarea. Están conectados con varias cosas al mismo tiempo. "Atienden" en forma simultánea a diversas situaciones.

Cada época produce sus síntomas y, en cada época, la lectura de los mismos, el modelo de enfermedad que la medicina establece, también está determinado por factores de control social que se ejercen desde un lugar de poder del cual la institución médica depende. En este momento, los laboratorios tienen tanto poder económico que puede pensarse que "las enfermedades se definen, a partir de las especialidades químicas y no al revés: se descubren o se crean sintéticamente nuevas drogas, se investigan sus efectos posibles, se determina así su utilidad posible y a partir de ello se definen enfermedades, síndromes, o disturbios para lo que ya se posee la droga adecuada. Esto se refleja en las sucesivas modificaciones de la nosografía patológica y psicopatológica tal como se muestra en las diversas versiones del DCM IV" (4) y que nos recuerda que los psiquiatras que investigan y estudian determinados psicofármacos están respaldados económicamente por los mismos laboratorios farmacéuticos.

Creo que debemos hacernos una pregunta: ¿Por qué el uso de la Ritalina se ha duplicado en los últimos cinco años? La producción de la droga ha subido a más del 700% desde 1990. ¿Estamos acaso viviendo una epidemia?

"Actualmente el discurso médico habla del ADD con tal certeza que impide, muchas veces, a los médicos a cuestionarse sobre tal síndrome. El médico tampoco habla por si mismo, sino en tanto representante del discurso médico. Su persona se eclipsa ante la "objetividad científica" de la que es garante". (5)

Las variables a tener en cuenta para diagnosticar este síndrome son cuestiones como que los niños no pueden terminar lo que inician, parecen no escuchar, se distraen con facilidad, tienen dificultades para concentrarse en la tarea. Generalmente actúan antes de pensar, cambian de una actividad a otra, no pueden organizarse solos, les cuesta esperar turno. Corren de un lado para otro, se mueven excesivamente, les cuesta permanecer sentados...

Nosotros no diagnosticamos ADHD pero sí atendemos niños con estos comportamientos, y estos que aparecen como "síntomas" -leídos desde los otros- , no siempre lo son.

El campo de la clínica con niños no es homogéneo. En tiempos instituyentes y en tiempos de latencia se producen las operaciones necesarias para que pueda formularse la pregunta por el deseo del Otro, que se responderá de distinto modo en las distintas neurosis. El síntoma, como aquello que por su presencia molesta y hace que un sujeto lo denuncie como tal a un analista, es posible en un tiempo lógico de la estructura que implica el pasaje por la castración y por tanto es ubicable a partir del tiempo lógico de la latencia.

Antes del síntoma hay un cuerpo en padecimiento que se ofrece al goce del Otro. Por eso a veces nos encontramos con comportamientos (estilos que se perfilan), a veces con padecimientos y, a veces, con síntomas.

La infancia podría pensarse como un recorrido en términos de ganancia subjetiva. El inicio de la escolaridad, el tiempo de la lecto-escritura, requiere de un nuevo recorte de lo imaginario, lo cual implica otra vuelta más en los tiempos de la falta de objeto.

Para poder sostenerse en el espacio escolar es necesario una reiteración de las operaciones de suspensión de goce, recién posibles en la latencia que es cuando se legitima la represión, (se produce una primera acomodación del sujeto al fantasma) y se pasa de ser el falo que completa al Otro a tenerlo o no.

De hecho, en este tiempo los juegos varían. Ya no se tratará del juego del personaje sino que aparecen los juegos reglados. El cuerpo se sustrae de la escena y ya no se muestra sino que se esconde al otro en la fantasía.

Este diagnóstico aparece íntimamente relacionado con la escolaridad, que pone de relieve la interrelación entre lo social y lo singular. La escuela es un lugar privilegiado para leer los tropiezos del tránsito edípico.

Algunos niños no pueden jugar estas nuevas reglas. La maestra pide... y ellos no copian, no traen la tarea, no respetan normas sociales, molestan, no pueden sostenerse en la escena. No responden a la demanda como se espera que debieran responder.

Pero si hablamos de un porcentaje tan grande de niños que falla, estamos hablando de un síntoma que articula la problemática individual con lo social. En el ámbito escolar, las demandas del Otro (padres, maestros sociedad, sistema educativo,) pesan sobre todos los protagonistas y condicionan las relaciones que se anudarán entre ellos.

La escolaridad que no funciona es un fenómeno que se inscribe como malestar en la cultura y en esto están todos implicados.

¿Qué es la atención?,y ¿qué es un trastorno de la atención?


Encuentro un común denominador en todos los trabajos escritos sobre este síndrome y es el esfuerzo puesto en que "la atención" sea una actividad que dependa únicamente de funciones cerebrales. (Al punto que algunas investigaciones que validan el déficit de dopamina parten de homologar la atención en ratones y en niños) Eso es una contradicción dentro de la misma psiquiatría. Henry Ey sostiene que "la atención es inseparable del interés afectivo que la anima". La tensión psicológica va introduciendo orden y diferenciación en el campo fenoménico, entonces no puede pensarse la atención como una facultad de concentración o de síntesis psíquica separable de la polarización de la vida psíquica sobre el objeto de su experiencia.

El interés afectivo anima a la atención, la dirige a un objeto

.

Desde el psicoanálisis, la atención tiene que ver con un recorte de la realidad a la cual se inviste libidinalmente. La atención nunca está separada del objeto y del Otro, ya que el recorte de los objetos viene dado por el Otro. El infans se encontrará, en primera instancia, con los objetos que el Otro libidiniza.

Prestar atención supone el sostener, durante un tiempo, una investidura sobre un recorte de la realidad. Si el Otro primordial no sostiene las operaciones necesarias para libidinizar al niño y al mundo, éste difícilmente pueda sostener la atención.

Hay distintos tipos de desatenciones que nos hablan de distintos tiempos en la relación del sujeto al Otro y de tiempos (cumplidos o no) de la falta de objeto: no es lo mismo la deriva metonímica, del interés por todo al mismo tiempo, que el desfallecimiento del yo en relación al mundo.

Desde la clínica me parece muy importante diferenciar si el déficit de atención tiene que ver con lo escolar o si se extiende al resto del mundo.

Lo que el DSM IV denomina "trastorno por déficit de atención" es, en general, la dificultad de prestar atención en forma sostenida a la tarea propuesta por la docente

¿Es un déficit de atención, o es un déficit de atención escolar?

De hecho, la mayoría de niños que vienen a consultar con este diagnóstico, pueden sostener juegos con períodos de atención prolongados cuando estos son de su interés y cuando prestamos el adecuado soporte en la transferencia.

A veces son niños que no responden a la demanda de atención del otro pero que demandan su atención, llaman al otro en un cuerpo que se muestra en movimiento

En general, los niños que el DSM IV describe como hiperactivos, son niños que solos no pueden parar, no pueden detener el impulso.

En la hiperkinesia hay un movimiento en más, un exceso de movimiento que nos muestra a la pulsión desanudada.

La motricidad desenfrenada, la desmesura, nos dicen que algo falla en el armado del cuerpo, en la apropiación de este cuerpo que fue marcado por la demanda del Otro.


Al no poder hablar de la pulsión, la muestran, lo que aparece asociado con grandes dificultades para poner en palabras lo que les pasa y sabemos que cuando lo simbólico no organiza lo imaginario, el cuerpo no se anuda y aparece el descontrol. No hablan pero muestran en la escena. A veces muestran el objeto que son para el otro.

Hace ya tiempo recibí a la madre de Julián, que vino a quejarse de su hijo. No podía creer que tuviera que perder su poco tiempo disponible en esta consulta pero estaba obligada por el colegio, que exigía un psicodiagnóstico.

Julián cursaba segundo grado y ya no sabían qué hacer con él: era desprolijo, hiperkinético, nervioso, no atendía a nada. Casi no dibujaba, no quería escribir; sólo jugaba con bloques. Perdía los útiles, no recordaba las tareas: Un auténtico desastre.

En la casa ella lo veía nervioso, molesto, inquieto, sin poder parar, moviéndose en la silla, tirando gaseosa al piso, lastimándola cuando la abrazaba. Tenía un ritmo permanentemente acelerado.

En el intento por pararlo le fueron sacando todo: el perro, la abuela que lo mimaba en exceso, los juguetes, que quedaron guardados en una caja.

Hacía un año que la mujer se había separado del padre de Julián y, desde ese momento, vivían en permanente litigio, en una continua pelea desde tribunales hasta el bar de la esquina del consultorio, en donde pasaban horas gritándose, olvidándose del niño sentado en la sala de espera.

Su ex marido era un hombre violento, decía ella. Desde chico había tenido problemas de nervios, con él era imposible hablar.

Entonces, lo de Julián era hereditario: el neurólogo diagnosticó ADHD. Lo medicaron pero no hubo mejoras. Julián había heredado lo peor del padre.

Intentó incluirme en el litigio pidiéndome que tomara nota de lo que le hacía mal a Julián, porque pensaba que era el padre. Cuando volvía de la casa de él, estaba más hiperkinético que nunca: "Rebotaba contra las paredes". Por eso inició una demanda.

De lo que padre e hijo hacían juntos, no tenía idea, ya que Julián jamás contaba lo que sucedía en la casa del padre.

Ella estaba en pareja con un hombre que ya había decidido que el niño era inmanejable y por lo tanto no trataba más con él. La convivencia era difícil y Julián empeoraba todo al decir "con papi estábamos mejor".

Ella demandaba y no daba nada porque sentía que había perdido todo.

La pelea entre los padres peleaba en él. Julián no podía contar, cuidaba a un padre del otro y vivía en dos casas sin "pasar información". Se sabía lejos de ocupar el lugar del Ideal para su madre y se pensaba casi inexistente para el padre que esperaba con gran entusiasmo el nacimiento de un nuevo hijo varón.

Sitúo nada más que un par de intervenciones y una pequeña escena de este análisis.

En las primeras sesiones de Julián decidí invitar a la madre a participar, lo que no pareció complacerla demasiado. Me sorprendió encontrarme con un niño muy distinto al del relato. Julián miró el ajedrez y me pidió que le enseñe a jugar; luego se sentó tranquilo en la silla esperando con entusiasmo. En medio del armado del tablero miré a la madre, buscando el impacto en su rostro, pero el impacto fue mío al encontrarla dormida.

El trabajo de este tratamiento fue el de despertarla, despertar a una madre y algún brillito fálico a mirar en este hijo que era un deshecho.

Aclaré a ambos padres que ya había tomado nota de las cuestiones que le hacían daño a Julián y que tenían que ver con que no lo atendían y con la pelea permanente entre ambos. Explicité que no podían volver a olvidarse de él.

Tranquilicé a las maestras explicándoles que lo que le pasaba a Julián no estaba relacionado con dificultades de aprendizaje y les pedí que convocaran a ambos padres con el fin de acordar cuestiones en relación a la escolaridad del niño.

Esto reorganizó la demanda.

A partir de que los padres fueron juntos al colegio a ocuparse de él, la tan mentada hiperkinesia de Julián cedió "mágicamente".

Esto logró que, desde el colegio, se pacificaran de las exigencias. Desde el padre, alguna confianza en el espacio de análisis que permitió en ocasiones que ocupe la silla para hablar. Así pasó de litigar la demanda de tenencia a escuchar algunas demandas del niño y a compartir actividades con él. Desde la madre, el verlo más tranquilo permitió el acercamiento a Julián y la preocupación porque su actual pareja parecía molesto por el cambio y continuaba tratándolo mal, ahora, sin motivo alguno.

En ese tiempo Julián pudo hablar y contarme de los maltratos que soportaba de este hombre, lo cual había callado por temor a perder a su madre.

Aquí comenzó el trabajo de análisis de Julián.

Ubicar en la trama discursiva de los padres el lugar que Julián ocupaba, permitió que pueda caer de este lugar de objeto en el que estaba situado

Que se hayan detenido para ocuparse de él generó la pacificación del movimiento. Ofrecer a Julián un espacio para enlazar los goces a través de la palabra permitió que deje de mostrar en la escena

De ser la pelota que rebotaba pasó a contar su sufrimiento. Esto fue posible porque, de rebotar de uno a otro, pudo ser de algún modo alojado en sus padres.

Todo diagnóstico, en cierta medida, reduce al sujeto pero, el proponer acallar al niño impidiendo que un mínimo de subjetividad se exprese creo que involucra un punto ético que va más allá de las diferencias teóricas que el psicoanálisis pueda tener con otras disciplinas. En este sentido, considero el diagnóstico de ADHD o ADD paradigma del intento de borramiento de la subjetividad y del malestar de nuestra cultura.


BIBLIOGRAFÍA


Rosán Tito Antonio. "Agresividad e hiperquinesia en niños con ADHD". Alcmeon. Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica

Gonçalvez da Cruz, Jorge. 'Enfermos' de 'desatención': ¿desatentos o desatendidos? .
Revista E.Psi.B.A

Michanie Claudio. "Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDA/H)" Alcmeon 17


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Janin Beatriz. "¿Síndrome de ADD?"


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http://www.deficitdeatencion.org/50tips.htm















NOTAS:


(1) Molecular Psychiatry (2004) 9, 711?717. doi:10.1038/sj.mp.4001466. Published online 16 December 2003.

(2) Fejerman Natalio, Fernández Alvear Emilio. "Fronteras entre neuropediatría y psicología". Nueva Visión. Pag 106

(3) "I don't think this is necessarily a cause for great alarm in parents. The effect was rather modest, only about a centimeter less over a year". J, Swanson "ADHD Drugs May Slow Growth." While beneficial, stimulant medications may affect height -- at least temporarily". Health Day, August 09, 2004.

"Changes in medication use also mediated growth effects: the subgroup that consistently reported medication use (Med/Med) showed reduced height gain compared with the subgroup that never reported medication use (NoMed/NoMed), which actually grew faster than predicted by population norms. Conclusion. In the MTA follow-up, exploratory naturalistic analyses suggest that consistent use of stimulant medication was associated with maintenance of effectiveness but continued mild growth suppression. PEDIATRICS Vol. 113 No. 4 April 2004, pp. 762-769

(4) "Enfermos de desatención: ¿desatentos o desatendidos?". Jorge Gonçalvez da Cruz. Revista E.Psi.B.A

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(5) idem