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Paz y Ciencia
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miércoles, 18 de abril de 2012

Matrimonio



A veces se compara el matrimonio con una prisión, y otras con la alegría eterna. Ninguna de estas dos descripciones es exacta, pero en general los datos existentes apoyan más la segunda opción que la primera. A diferencia del dinero, que, como mucho, ejerce un efecto pequeño, el matrimonio está intrínsecamente relacionado con , la felicidad. El Centro de Análisis de Opinión realizó un estudio con 35.000 estadounidenses a lo largo de los últimos treinta años; el 40% de las personas casadas dijeron ser "muy felices", mientras que solo el 24% de las solteras, divorciadas, separadas y viudas afirmaron serlo. Vivir con la persona amada -pero sin estar casados- se asocia con una mayor felicidad en culturas individualistas (como la nuestra), pero con una mejor felicidad en culturas colectivistas como Japón y China. La ventaja de los casados se mantiene independientemente de la edad y el nivel de ingresos, y es igual en hombres y mujeres. Sin embargo, tiene parte de razón el comentario irónico de Kierkegaard: "mejor bien colgado que mal casado", puesto que los matrimonios infelices socavan el bienestar, y entre las personas cuyo matrimonio es "muy feliz", el nivel de felicidad es menor que el de los solteros o divorciados.
¿Qué puede deducirse de la relación matrimonio-felicidad? ¿Hay que darse prisa en intentar casarse? Se trata de un buen consejo solo si el matrimonio produce realmente felicidad, que es el argumento casual que sostiene la mayoría de investigaciones en el tema del matrimonio. Sin embargo, existen dos posibilidades de contraer matrimonio y permanecer casadas, o que una tercera variable -como la buena presencia o la sociabilidad- genera mayor felicidad y más posibilidades de casarse. Al fin y al cabo, las personas depresivas tienden a ser más retraídas, irritables y egoístas (aunque no se puede generalizar), lo cual les convierte en parejas menos atractivas. Considero que todavía no se ha decidido la verdadera causa del hecho probado de que las personas casadas son más felices que aquellas que no lo están.
Texto inspirado en la siguiente obra de Psicología Positiva, muy recomendables los textos de Martin Seligman y un enfoque de trabajo revolucionario y eficaz. Basado en rigurosos estudios.
Martin Seligman: "La Alegría de Vivir". Punto de Lectura, 2008, Barcelona.

domingo, 15 de abril de 2012

Felicidad en Calcuta




En las naciones más desfavorecidas, donde la pobreza amenaza la vida misma, ser rico no es signo de mayor bienestar. En las naciones más ricas, sin embargo, donde casi todo el mundo goza de una red de seguridad básica, el aumento de la riqueza tiene un efecto insignificante sobre la felicidad personal. En Estados Unidos, los muy pobres difrutan de escasa felicidad, pero en cuanto una persona alcanza la satisfacción de las necesidades mínimas, el hecho de poseer más dinero le añade poca o nula felicidad. Incluso los sumamente ricos, como las cien personas más adineradas según la revista Forbes, con un patrimonio de más de 125 de dólares, son solo ligeramente más felices que el norteamericano medio[...]
El sentido común debería llevarnos a pensar que los pobres de Calcuta se hallan sumamente insatisfechos, pero por sorprendente que parezca no lo están. Su satisfacción con la vida en general es ligeramente negativa (1,93 en una escala del 1 al 3), un poco más baja que entre los estudiantes de la Universidad de Calcuta (2,4). En cambio, en mcuhos ámbitos de la vida su satisfacción es alta: moralidad (2,56), familia (2,50), amigos (2,40) y comida (2,55). La satisfacción más baja se registra concretamente en el nivel de ingresos (2,12).

Martin Seligman: "La Alegría de Vivir". Ediciones B, 2008, Barcelona. Pp. 91-92.

miércoles, 11 de abril de 2012

"La Alegría de Vivir"

Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo. Václav Havel.




Existe una emocionante posibilidad que integra todos estos hallazgos y cuyas implicaciones son muy amplias: la actitud positiva nos hace adoptar una forma de pensamiento totalmente distinta a la actitud negativa. He observado a lo largo de treinta años de reuniones con profesores del departamento de psicología realizadas en una sala sin ventanas, sombría y gris, llena de cascarrabias impenitentes, que el humor reinante es totalmente negativo, lo cual parece transformarnos en críticos de primer orden. Cuando nos reunimos para debatir cuál de varios fantásticos candidatos a profesor deberíamos contratar, solemos acabar descartándolos a todos y nos dedicamos a enfatizar los fallos de cada uno de ellos. A lo largo de treinta años hemos rechazado por votación a muchos jóvenes que posteriormente han destacado, han sido psicólogos innovadores y personalidades de la psicología mundial.
Así, el humor negativo y frío activa una forma de pensamiento tipo zafarrancho de combate: el orden del día consiste en centrarse en lo malo para luego eliminarlo. Por el contrario, el estado anímico positivo mueve a las personas a adoptar una forma de pensar creativa, tolerante, constructiva, generosa, relajada y lateral. Este estilo de pensamiento tiene por objeto resaltar lo que está bien, no lo que está mal. No cambia de curso para detectar errores, sino que se afina para hallar virtudes. Probablemente incluso suceda en zonas distintas del cerebro y presentar una neuroquímica diferente del pensamiento de un estado de ánimo negativo.

Martin Seligman: "La Alegría de Vivir", Ediciones B, 2008, Barcelona. Pp. 68-69

La Evolución y el Sentimiento Positivo




En el mundo en el que los psicólogos se sienten más a gusto, los sentimientos positivos acerca de una persona o un objeto hacen que nos acerquemos a ellos, mientras que los sentimientos negativos nos conducen a evitarlos. El delicioso aroma de los pastelitos de chocolate muentras se hornean nos acercan al horno y el olor repulsivo del vómito nos lleva a cambiar de acera. Pero se supone que las amebas y los gusanos también se acercan a lo que necesitan y evitan las dificultades, utilizando sus facultades sensoriales y motoras básicas sin sentimiento alguno. Sin embargo, en algún punto de la cadena evolutiva unos animales más complejos adquirieron el escurridizo revestimiento de una vida emocional. ¿Por qué?
La primera gran pista para desentrañar esta cuestión consitituye un tema espinoso que procede de comparar la emoción negativa con la positiva. Las emociones negativas, como el temor, la tristeza y la ira, son nuestra primera línea de defensa contra las amenazas externas, que nos emplaza a los puestos de combate. El temor es la señal de que nos acecha un peligro, la tristeza nos anuncia que la pérdida es inminente y la ira indica que alguien está abusando de nosotros. En la evolución, el peligro, la pérdida y la ofensa son amenazas para la supervivencia. Más que eso, estas amenazas externas son juegos de victoria-derrota -o de resultado cero- en los cuales lo que una persona gana quda exactamente equilibrado por la pérdida que sufre la otra persona. El resultado neto es cero...
Todas las emociones tienen un componente sentimental, uno sensorial, uno de reflexión y uno de acción. El componente sentimental de todas las emociones negativas es la aversión: indignación, temor, repulsión, odio y similares. Estos sentimientos, como todo aquello que vemos, oímos y olemos, se inmiscuyen en la conciencia e invalidan todo lo que está pasando. A modo de alarma sensorial que avisa de la inminencia de un juego de victoria-derrota, los sentimientos negativos movilizan a todos los individuos para descubrir cuál es el problema y eliminarlo...
Yo fui anticonductista desde el comienzo, aunque trabajé en un laboratorio conductista. La indefensión aprendida me convenció de que el programa conductista estaba equivocado. Los animales, y sin duda las personas, podíam computar las relaciones complejas en el momento de los sucesos (como "No importa nada de lo que haga"), y podían extrapolar esas relaciones al futuro ("Ayer me sentí indefenso e independientemente de las nuevas circunstancias, hoy volveré a sentirme indefenso"). Comprender contingencias complejas es el proceso que se denomina "criterio", y extrapolarlas al futuro es el proceso que determina la expectativa. Si nos tomamos en serio la indefensión aprendida, tales procesos no pueden explicarse de forma convincente con el argumento de que son epifenómenos, porque provocan el comportamiento de una de las explosiones que deribó la casa de papel del conductismo e hizo que en la década de los setenta se entronizara la psicología cognitiva en el feudo de la psicología académica...
No apliqué esta lógica a las emociones positivas, ni a mi teoría ni a mi vida privada. Las sensaciones de felicidad, buen talante, vivacidad, autoestima y alegría siguieron siendo como la espuma para mí. En mi teoría, dudaba de que tales emociones causaran algo en algún caso o incluso que pudieran aumentarse si se diera la circunstancia de que uno no fuera lo suficientemente afortunado de haber nacido con dosis abundantes de las mismas. En "Niños optimistas" escribí que los sentimientos de autoestima en concreto, y la felicidad en general, se desarrollan como efectos secundarios del hecho de que a uno le vaya bien en la vida. Por maravillosos que puedan ser los sentimientos de autoestima elevados, intentar obtenerlos antes de estar a buenas con el mundo sería confundir profundamente el medio y el fin. O eso es lo que yo pensaba.

Fragmento del capítulo 3 del libro de Martin Seligman: "La Alegría de Vivir", pionero de la Psicología Positiva. Aquí nos explica, entre otras cosas, su cambio de orientación y de paradigma, su ideología, su modelo de trabajo y cómo se orientó a focalizar en los aspectos positivos, vitalistas, aptitudes, capacidades y recursos en lugar de la psicopatología (nos dice que fue pionero del paradigma de la indefensión aprendida, modelo científico de la depresión). Algunos se cuestionan si es serio este enfoque, particularmente psiquiatras que están acostumbrados a tratar la enfermedad, no a la persona, es un modelo muy riguroso. Solo hay que ver las referencias que aparecen al final del libro y los experimentos en los que se apoya su narrativa. Les invito a investigar e implementar el paradigma de la psicología positiva, sea usted profesional o no. Rodrigo Córdoba Sanz

martes, 10 de abril de 2012

La sustancia de la Esperanza



Durante mucho tiempo, la esperanza ha incumbido a predicadores, políticos y charlatanes. El concepto de optimismo aprendido infunde esperanza en el laboratorio, donde los científicos pueden diseccionarla a fin de comprender cómo funciona. El hecho de que tengamos esperanza o no depende de do dimensiones conjuntas. El arte de la esperanza radica en encontrar causas permanentes y universales para los sucesos positivos junto con causas transitorias y específicas para los adversos, mientras que hallar causas permanentes y universales para la adversidad y transitorias y específicas para los adversos, mientras qe hallar causas permanentes y universales para la adversidad y transitorias y específicas para los acontecimientos positivos, es el camino más directo hacia la deeperación.
Los hechos negativos pueden describirse de forma esperanzadora o desesperanzada.
Para incrementar el optimismo existe un método bien documentado que consiste en detectar y luego rebatir los pensamientos pesimistas. Todos disponemos de la habilidad de refutar, y la ponemos en práctica cuando otra persona, un rival en el trabajo o nuestra propia pareja, nos acusa de algún fallo...
Es muy importante darse cuenta de que las ideas previas no son más que creencias acerca de cómo deberían funcionar las cosas.
Lo que nos decimos a nosotros mismos cuando nos enfrentamos a un acontecimiento adverso puede estar tan infundado como los desvarios de un rival celoso. En esto casos nuestras reflexiones suelen ser distorsiones, hábitos negativos de pensamiento que tienen origen en la experiencias desagradables del pasado: conflictos de la infancia, padres estrictos, un entrenador crítico, celos de hermanos, etc. Pero debido a que ahora parecen provenir de nuestro interior, los tratamos como si fueran verdaderos.
Sin embargo no son más que prejuicios. Y el hecho de que una persona tema ser incapaz de encontrar trabajo, ser amada, o ser inadecuada, no significa que sea cierto. Es sumamente importante distanciarse de las explicaciones pesimistas, por lo menos el tiempo suficiente para validar su certeza.

Inspirado en la obra de Psicología Poitiva de Martin Seligman: "La Alegría de Vivir". Un enfoque muy práctico que ayuda a cambiar la actitud de las personas y su forma de afrontamiento. Es un modelo que nace después de que Seligman descubriera el paradigma de la depresión: la idefensión aprendida. Seligman nos explica que desde que, en sus clases, se dedica a las pscología positiva, disfruta mucho más que desde el costado de lo psicoatológico. Un abrazo. Rodrigo Córdoba Sanz.

martes, 3 de abril de 2012

Las emociones positivas en los niños pequeños



Cuando uno debe enfrentarse a rabietas, mohínes y quejidos, es muy fácil pasar por alto el hecho que los niños pequeños experimentan muchas emociones positivas. Al igual que los cachorros, los niños pequeños -con algunas excepciones como acabo de apuntar- son graciosos, juguetones y risueños. Hasta el final de la infancia y los primeros años de la adolescencia no aparece la indiferencia, el letargo, la ansiedad y la depresión. Se considera que los cachorros y los niños pequeños resultan tan graciosos para los adultos porque, en la evolución, este comportamiento induce el tierno cuidado de los adultos, lo cual ayuda a asegurar la supervivencia del niño y la perpetuación de los genes que precisamente están al servicio de la gracia infantil. Pero ¿por qué los niños pequeños son tan felices y juguetones, aparte de graciosos?
De acuerdo con el trabajo de Barbara Fredrickson, las consecuencias de las emociones positivas, son ampliables, acumulativas y permanentes. A diferencia de las negativas, que limitan nuestras posibilidades de enfrentarnos a una amenaza inmediata, las emociones positivas favorecen el crecimiento. La emotividad positiva que emana un niño es un letrero de neón que señala una posición ventajosa tanto para él como para los padres. El primero de los tres principios sobre emotividad positiva aplicados a la crianza es que este tipo de sentimientos amplían y desarrollan los recursos intelectuales, sociales y físicos que serán la cuenta bancaria de la que dependerán sus hijos cuando sean mayores. Por consiguiente, la evolución se ha encargado de que las emociones positivas sean un elemento crucial para el desarrollo de los niños.
Cuando un organismo joven -niño o cachorro- experimenta emociones negativas corre a protegerse,o, si no dispone de un lugar seguro y conocido en el que esconderse, se queda paralizado en donde está. Cuando vuelve a sentirse seguro y a salvo, abandona su refugio y se enfrenta al mundo. La evolución ha desarrollado mecanismos mediante los cuales los organismos jóvenes se abren al exterior cuando se sienten seguros y amplían sus recursos a través de la exploración y el juego. La bebé de diez meses situada sobre una gran manta llena de juguetes atractivos, al comienzo se mostrará muy cautelosa, incluso inmóvil. Cada varios segundos mirará por encima del hombro para observar a su madre que se halla plácidamente sentada tras ella. Una vez convencida de su seguridad, se abalanzará sobre los juguetes y empezará a jugar.
Se trata de un lugar en el que apego seguro, ocupa un lugar preponderante. El niño o niña que goza de un apego seguro empieza a explorar y a dominar el terreno antes que un niño con apego inseguro. Pero cualquier peligro perjudica el desarrollo, y si la madre desaparece surgirán las emociones negativas y el hijo, aunque sintiera un apego seguro, recurrirá a un repertorio de conductas limitado que le ofrecerá seguridad. No asumirá riesgos. Volverá la espalda a lo desconocido y gimoteará o llorará. Cuando su madre regrese se sentirá feliz y seguro, dispuesto a asumir riesgos nuevamente.
Considero que la abundancia de emociones positivas en los niños pequeños responde al hecho de que este período del desarrollo es fundamental para ampliar y optimizar los recursos cognitivos, sociales y físicos. La emotividad positiva consigue esto de varios modos. En primer lugar genera de manera directa el afán exploratorio, lo que a su vez favorece el dominio de la actividad. El dominio genera más sentimientos positivos, pues induce una espiral ascendente de buenas sensaciones, lo que a su vez incrementa el dominio y produce más buenas sensaciones. Su hija pequeña se convierte entonces en una verdadera máquina de ampliación y desarrollo, y su cuenta bancaria. Por el contrario, cuando experimenta emociones negativas erige una fortaleza dentro de la cual recurre a lo que sabe que es seguro e irrefutable, a expensas de la expansión emocional.
Hace cuarenta años los terapeutas cognitivos se encontraron con uan "espiral descendente" de emociones negativas en los pacientes deprimidos que trataban...
La depresión produce una inmediata espiral descendente debido a que el talante depresivo hace que los recuerdos negativos acudan a la mente con más facilidad. A su vez, los pensamientos negativos intensifican el estado de ánimo deprimido, que de este modo favorece pensamientos aún más negativos, y así sucesivamente. Romper el círculo vicioso es una importantísima habilidad que debe aprender el paciente depresivo.
¿Existe la espiral ascendente de las emociones positivas? Según la idea de ampliación y desarrollo, cuando las personas experimentan sentimientos positivos, se modifican sus formas de pensamiento y acción. El pensamiento se torna creativo y amplía sus perspectivas, y las acciones se convierten en audaces y exploratorias. Este repertorio ampliado produce un mayor dominio de las actividades que se han de afrontar y, como consecuencia de ello, mayor emotividad positiva, la cual debería ampliar y desarrollar todavía más el pensamiento y la acción, y así sucensivamente. Si tal proceso existe realmente y podemos aprovecharlo, sus implicaciones para alcanzar una vida más feliz son enormes.

Martin Seligman: "La Alegría de Vivir". Ed. IberDúplex. 2008. Barcelona. pp.305-309

lunes, 2 de abril de 2012

La capacidad de amar y ser amado

Existe una diferencia entre la capacidad de amar y la capacidad de ser amado. Me he percatado de ella paulatinamente -y con tozudez- mientras un grupo tras otro se esforzaba por redactar la lista de fortalezas y virtudes que culminó en las 24 fortalezas expuestas en el capítulo 9. Desde el comienzo, en el invierno de 1999, todos los grupos de trabajo que formé valoraban de forma muy positiva las "relaciones íntimas" o el "amor" en su lista de fortalezas, pero fue necesario que George Vaillant diera una reprimenda al equipo dedicado a la clasificación de las fortalezas por omitir lo que él llamó la "Reina de las fortalezas" y nos hiciera ver la diferencia [...]

¿Cuál de estas descripciones se corresponde mejor con la relación romántica más importante que ha tenido en su vida?
1. Me resulta fácil acercarme a los demás y me siento cómodo dependiendo de ellos y que éstos dependan de mí. No suelo preocuparme por que me abandonen, o por que alguien intime demasiado conmigo.
2. Me siento un tanto incómodo intimando con otras personas. Me cuesta confiar en ellas totalmente, permitirme depender de ellas. Me pongo nervioso cuando alguien intima demasiado, y a menudo mis compañeros sentimentales quieren que intime más de lo que a mí me resulta cómodo.
3. Veo que otras personas son reacias a intimar conmigo como me gustaría. A menudo me preocupo de que mi pareja no me quiera de verdad o no desee permanecer conmigo. Quiero fundirme por completo con la otra persona y a veces este deseo asusta a la gente.

Aquí se plasman tres modos de amar y ser amado en personas adultas y existen pruebas fehacientes de que se originan en los primeros años de la infancia. Las relaciones sentimentales que encajan con la primera descripción se denominan "seguras", las segundas "elusivas" y las terceras "ansiosas".
El descubrimiento de estos estilos románticos es un relato fascinante en la historia de la psicología. Tras la Segunda Guerra Mundial, la preocupación en Europa sobre el bienestar de los huérfanos aumentó de forma considerable, ya que innumerables niños cuyos padres habían muerto se encontraron bajo la tutela del Estado. John Bowlby, psicoanalista británico de tendencia etológica, demostró ser uno de los observadores más perspicaces de aquellos desventurados niños. En esa época, la idea imperante entre los asistentes sociales reflejqaba la realidad política del momento. Creían que si un niño recibe el alimento y el cuidado de no una sino varias personas, este hecho carecería de especial relevancia en su futuro desarrollo. Con este dogma por telón de fondo, los asistentes sociales tenían autorización para separar a muchos niños de sus madres, sobre todo cuando éstas eran muy pobres o no tenían marido. Bowlby empezó a estudiar detalladamente el desarrollo de estos niños y descubrió que el mismo era bastante desfavorable, siendo el robo uno de los delitos mñas habituales. Una cantidad sorprendente de los jóvenes ladrones habían sufrido en sus primeros años de vida la separación prolongada de sus madres, y Bowlby determinó que estos jóvenes "carecían de afecto, de sentimientos, solo mantenían relaciones superficiales, eran iracundos y antisociales". (Véase el libro de Winnicott con Clare Britton: "Deprivación y Delincuencia"). La afirmación de Bowlby de queel fuerte vínculo entre madre e hijo era irremplazable fue recibida con un clamor de hostilidad por parte de los académicos y las instituciones. Los académicos, influidos por Freud, solo aprobaban que los problemas infnatiles surgieran de conflictos internos no resueltos, no de experiencias negativas en el mundo real, y la gente dedicada al bienestar infantil consideró suficiente -y mucho más práctico- atender únicamente las necesidades físicas de los niños a su cargo. A partir de esta controversia se realizaron las primeras observaciones verdaderamente científicas de niños separados de sus madres.
Durante aquella época, a los padres se les permitía visitar a sus hijos enfermos hospitalizados una vez al mes durante solo una hora. Bowlby filmó estas separaciones y registró lo que ocurria a continuación, descubriendo tres etapas. La primera era la de protesta, que consistía en llorar, gritar, aporrear la puerta y zarandear la cama, y que duraba varias horas, o incluso días. Le seguía una etapa de desesperación, caracterizada pro gimoteos y apatía pasiva. La última etapa era de indiferencia, consistente en el alejamiento respecto a los padres, pero con una sociabilidad renovada hacia otros adultos y niños, y la aceptación de un nuevo cuidador. Los más sorprendente es que al alcanzar la etapa de indiferencia, si la madre del niño regresaba, este no mostraba alegría ante el reencuentro. Las actitudes actuales ante el bienestar infantil y el trato más humano que se ofrece en los hospitales son consecuencia indirecta de las observaciones de Bowlby. (Ver Teoría del Apego).

Inspirado en Martin Seligman: "La Alegría de Vivir". Ediciones B. 2008. Barcelona.
pp.: 280-283

domingo, 1 de abril de 2012

Cuando a las personas felices les ocurren cosas malas




La ventaja más clara de que poseen las personas felices para desarrollar recursos físicos es su capacidad de enfrentarse a los acontecimientos adversos. ¿Cuánto tiempo es capaz un individuo de sumergir la mano en un cubo de agua helada? La duración media del lapso previo a que se produzca un dolor excesivo se sitúa entre los sesenta y los noventa segundos. Rick Snyder, profesor de Kansas y uno de los padres de la Psicología Positiva, utilizó esta prueba en el programa de televisión "Good Morning, America" para demostrar los efectos de la emoción positiva a la hora de afrontar la adversidad. Suministró un test de emoción positiva a los presentadores habituales, en el que Charles Gibson superó a los demás por un considerable margen. Luego, en directo ante las cámaras, cada uno de ellos introdujo una mano en agua helada. Todos la apartaron rápidamente antes de transcurridos noventa segundos, excepto Gibson, que se quedó allí sonriendo -no haciendo una mueca o sonrisa Duchenne- y cuando hubo que realizar la pausa publicitaría todavía tenía la mano en el cubo.
Cuando se halla amenazada, la gente feliz no solo soporta mejor el dolor y toma más precauciones relacioanadas con la salud y la seguridad, sino que sus emociones positivas anulan a las negativas. Barbara Fredrickson enseñó a unos estudiantes una escena de la película de "The Ledge" en la que un hombre avanza lentamente por la cornisa de un rascacielos, pegado a las paredes. En un momento dado el sujeto se suelta y queda colgando sobre el tráfico que discurre abajo. Ante este hecho, el ritmo cardiaco de los alumnos aumentó hasta límites insospechados. Justo después de este vídeo se mostraron a los estudiantes otros cuatro fragmentos de película: "olas", que genera satisfacción: "cachorro", que provoca diversión; "palos", que no produce ninguna emoción; y "llanto", que induce tristeza. Tanto los fragmentos "cachorro" como "olas" redujeron el ritmo cardiaco, mientras que "llanto" hizo que el mismo, ya de por sí elevado, se incrementara todavía más.

En "La Alegría de Vivir" de Martin Seligman, pp. 72-73