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viernes, 10 de enero de 2014
Ken Wilber: su legado
El paradigma que viene (Ken Wilber)
¿Dónde están los descubrimientos, no solo científicos sino también sociales, que dentro de quizá doscientos años cambie por completo nuestra forma de ver la vida?
De todos es sabido que la forma de ver el mundo ha ido cambiando a lo largo de la historia, y si bien en el mundo antiguo podían convivir varias culturas sin apenas comunicarse entre sí, hoy, gracias a las comunicaciones y el proceso de globalización, se tiende a unificar la visión que se tiene del mundo en que vivimos, se tiende a seguir una línea homogéneo de respuestas ante las preguntas que todos nos hacemos. Y el encargado de responderla suele ser la ciencia, verdadero caballo ganador de los tiempos que vivimos. Algo es verdad solo si la ciencia lo dice, y esto viene sucediendo desde varios siglos atrás.
Todo ese conjunto de respuestas científicas han ido conformando nuestra visión del mundo, nuestro paradigma, el que hoy manejamos con total convencimiento y sin casi dudarlo. El problema reside en que lo que hoy se piensa casi de manera global, en su día sustituyó a otra forma de pensar, cierto que más religiosa y por ello menos creíble desde el punto de vista científico: que si la tierra era plana, que si Dios creó al hombre, que si vamos al cielo o al infierno, etc. Pero es que todo eso empezó a suceder hace más de trescientos años, cuando algunos hombres “ilustres” empezaron a hablar sobre la ley de la gravedad, el origen de las especies, la democracia en la política, la clasificación cartesiana, las leyes mecánicas de causa y efecto, etc. Y no eran tomados muy en serio, sin embargo, a la vuelta de trescientos años, todos esos descubrimientos forman ya parte de nuestra vida cotidiana en prácticamente todo el globo terráqueo.
Por todo ello resulta interesante preguntarnos dónde están los descubrimientos, no solo científicos sino también sociales, que dentro de quizá doscientos años cambie por completo nuestra forma de ver la vida. ¿Qué dicen los hombres ilustres de hoy? En realidad hoy existen tantas teorías en tantos campos diferentes de estudio que sería difícil apostar por una u otra. Sin embargo, atendiendo a la creciente aceptación que está teniendo, sí podemos atrevernos a mostrar algunas de estas nuevas ideas, que en realidad no son tan nuevas, lo son en el sentido de su aplicación real en la sociedad, en el sentido de que es ahora cuando, poco a poco, más y más gente empieza a cambiar su manera de relacionarse en la vida, con lo cual son los pioneros, los primeros brotes de un paradigma que viene, o al menos eso parece.
Ken Wilber habla en su libro, “Una teoría de todo”, de cómo las diferentes formas de consciencia han ido marcando nuestro crecimiento como seres humanos (y con ello nuestra forma de ver las cosas), llega incluso a hacer ocho clasificaciones, atreviéndose a imaginar cómo será la futura humanidad a medida que amplíe esa conciencia. Él divide esta historia de la consciencia, o “Dinámica de la Espiral” (en referencia al movimiento que sigue el desarrollo humano) en seis primeras clasificaciones que llama “niveles de subsistencia” o “pensamiento de primer grado”:
1- Arcaico-instintivo. Nivel de supervivencia básica donde lo primero es el alimento, el agua, el calor, el sexo, la seguridad. Y donde se depende mucho de los hábitos e instintos. Es propia de las primeras sociedades humanas, pero también del recién nacido, los ancianos, vagabundos y masas hambrientas. Lo forman un 0,1% (con un 0% del poder social) de la población y su color sería el beige.
2- Mágico-animístico. Se refiere a los pueblos que ven la tierra poblado de espíritus mágicos, las religiones animistas, el culto al espíritu de los ancestros. Se halla presente en el vudú, los juramentos de sangre, el rencor, los rituales familiares, las creencias y las supersticiones. Está muy implantado en las bandas callejeras y los equipos deportivos. Lo forman un 10% de la población (con un 1% del poder) y su color sería el púrpura.
3- Dioses de poder. Emerge en algunos individuos un yo separado del grupo, alguien poderoso e impulsivo que se convierte en héroe, o líder. Muy propio de las épocas feudales donde el señor protege a sus subordinados en un mundo lleno de peligros. Se halla en el rebelde sin causa, los héroes épicos, los mercenarios o en un personaje histórico como Atila. Lo forman un 20% de la población (con un 5% del poder) y su color sería el rojo.
4- Orden mítico. En este paradigma o nivel existe una fuerte creencia en leyes impuestas y todopoderosas. Creándose un código de conducta con principios absolutistas que fijan lo que está “bien” y lo que está “mal”, siendo duramente castigado quien lo infringe. Puede asumir un aspecto religioso o de misión seglar histórica. Se halla presente en la América puritana, la época victoriana, los códigos de honor de la caballería, en todo tipo de fundamentalismo, las buenas obras e incluso en el patriotismo. Lo forman un 40% de la población (con un 30% del poder social) y su color sería el azul.
5- Logro científico. Aquí el yo del individuo escapa de la mentalidad de grupo y busca la verdad por sí mismo. Tiene las características del científico en cuanto a la experimentación y el uso de la razón para conocer las leyes naturales, y orienta todo eso hacia objetivos que suelen ser materiales. Según Ken Wilber “las leyes de la ciencia gobiernan la política, la economía y los asuntos humanos”. Lo podemos ver en la Ilustración, la bolsa, la clase media, la industria de la moda, la búsqueda del triunfo, el materialismo y el liberalismo. Lo forman un 30% de la población (con un 50% del poder social) y su color sería el naranja.
6- El yo sensible. En esta forma de ver la vida ya se da un salto muy importante en el camino que lleva a grados de conciencia más amplios. El individuo ahora valora mucho las relaciones entre los seres humanos, hay una gran sensibilidad ecológica. Se camina hacia la liberación de la codicia, de los dogmas y de la división, reemplazando la fría razón por el respeto y la atención a los demás. Es contrario a las jerarquías y gusta del diálogo y el consenso, interesándose por lo espiritual, la armonía y el crecimiento del ser humano. Lo podemos ver en Greenpeace, la defensa de los derechos de los animales, los movimientos antirracistas, la defensa de los derechos humanos, etc. Lo forman un 10% de la población (con un 15% del poder social) y su color sería el verde.
Podríamos quedarnos en este nivel verde y defenderlo como el paradigma que viene, pero en realidad estas ideas ya están entre nosotros, muchas provienen de la Ilustración. Para hablar de una nueva forma de pensar capaz de salvar las diferencias entre todos estos aspectos del ser humano, hay que ir un poco más allá, pues el problema hoy en día es que no se entienden entre ellos, se ignoran y cada visón del mundo cree que la suya es la auténtica, la única y la adecuada, cuando en realidad todas tienen algo que aportar y sirven según las circunstancias que nos depara la vida. Los investigadores Graves, Beck y Cowan llaman, a este verdadero paradigma aún por llegar, la conciencia integral de segundo grado, que se expresaría por medio de estas dos oleadas:
7- Integrador. La vida se observa como un caleidoscopio de jerarquías organizado en holones (término acuñado por A. Koestler), es decir, partes que son a la vez una totalidad. Dicho de otra manera, un holón es una totalidad que forma parte de otra totalidad (holoarquías), por ejemplo: la totalidad átomo forma parte de la totalidad molécula, la totalidad molécula forma parte de la totalidad célula, la totalidad célula forma parte de la totalidad organismo, etc. Es decir, se ve la realidad como algo no compuesto ni de totalidades ni de partes, sino de totalidades-partes u holones. Esto no gusta al nivel verde (el yo sensible) que odia todo tipo de imposiciones, pero se trata de una jerarquía de conocimiento e idoneidad (y no de dominio) que surge de manera flexible y espontánea provocando un orden natural, esto complementa el igualitarismo. Lo forman un 1% de la población (con un 5% del poder social) y su color sería el amarillo.
8- Holístico. Es la visión de la unidad, del sistema holístico universal, donde se integran el sentimiento y el conocimiento de manera consciente. Ya no se habla de reglas externa (nivel azul) ni de lazos grupales (nivel verde), se toma conciencia de un orden universal y vivo que hace posible una “gran unificación”. Este pensamiento se sirve de todos los niveles pues percibe todas sus interacciones. Su color sería el turquesa.
Recordemos que los niveles (maneras de interpretar la vida), según esta teoría, no se anulan unos a otros, sino que se trascienden y a la vez se incluyen, por lo tanto deben ser respetados, pues pueden verse reactivados según las circunstancias de la vida. Por ejemplo, un peligro estimula el impulso rojo (heroico) de poder; una situación caótica activa el nivel azul del orden; una relación de amistad incentiva el nivel verde de lo íntimo. La diferencia es que ahora, en esta conciencia integral de segundo grado, se vislumbran como partes de un todo, pero se los respeta como totalidades. Es la visión holística del mundo. Apenas representan una mínima parte de la población y del poder social, por eso podríamos decir que son el verdadero paradigma que está aún por venir, la auténtica “vanguardia” de la evolución humana.
Blas Cubells Villaba
domingo, 17 de octubre de 2010
"Búsqueda de Dios y sentido de la Vida"
Frankl fue durante muchos años un psicoterapeuta de gran prestigio por su lucha y ayuda a diferentes grupos de desfavorecidos, particularmente luchó como psiquiatra para que no deportaran a judíos dando diagnósticos falsos, jugándose su título y su prestigio. Al final, acabó en Auschwitz y de allí nació una de sus grandes obras. "El hombre en busca de sentido" y "Psicoterapia y Existencialismo" son dos piezas claves, instrumentos esenciales en la formación de un psicoterapeuta.
Hoy, sin embargo les voy a trasladar el fragmento de una conversación de un opúsculo compartido entre Frankl y Lapide, un psicoterapeuta (logoterapeuta) y un religioso que luchó y también estuvo en un campo de concentración. Grabaron una larga y rica conversación y se ha recogido el trabajo bajo el título: "Búsqueda de Dios y Sentido de la Vida", Frankl advierte acerca del enfoque psicológico de la teología: "Pues tanto la producción artística de uno como el encuentro religioso de la otra se encuentran fuera del plano psiquiátrico". (Frankl, 1946).
En el tópico de la conversación podíamos decir que se encuentra un elemento común, la búsqueda de sentido, en encontrar sentido a la experiencia y proyectar un futuro, se habla de la fe, la esperanza y de valores que en una psicoterapia se pueden contemplar, también son reflexiones que alcanzan a cualquier mortal pensante. De Frankl podemos decir muchas cosas pero una de ellas la resume Carl Rogers quien dijo que su contribución era básica y esencial para la ciencia de la psicoterapia. En este opúsculo Frankl se desmarca de sus influyentes Freud y Alfred Adler, él procuró guiarse en la técnica y teoría por la experiencia de la vida y desde luego que no considera la religión como una neurosis obsesiva ni nada semejante, para él tiene valor en la medida en que eso ayude al hombre a encontrar un rumbo en la vida, un sentido a la existencia. Entre sus lecturas favoritas estaba Kierkegaard, hombre religioso y melancólico que escribió "El concepto de la angustia". Tal vez desde su posición de filósofo y teólogo hizo sentirse cerca de él a Frankl, también hay que destacar la erudición de Frankl.
El fragmento del opúsculo es una pequeña muestra de cómo comparten y profundizan en temas complejos y profundos un psicoterapeuta y un teólogo:
FRANKL: Acaba usted de expresar en estas bellas palabras algo que vengo intentando mostrar una y otra vez. En los últimos meses, o años, apenas hay conferencia en la que, por insinuación de mi mujer, no traiga a colación una comparación con respecto a la autorrealización o la autotrascendencia: a nosotros nos pasa algo semejante a lo que sucede con el ojo. La capacidad del ojo para percibir el mundo circundante coincide paradójicamente con su incapacidad para percibirse a sí mismo. ¿Cuándo -si prescindimos del espejo- se ve mi ojo a sí mismo? ¿Cuándo percibe algo de sí mismo? Si tengo una catarata veo una nube; si tengo un glaucoma, mis ojos ven en forma de colores de arcoiris en torno a luces por la elevada presión del globo ocular. El ojo sano no ve nada de sí mismo. Y si llegara a percibir algo de sí mismo, eso indica que está afectada su propia función.
Lo mismo ocurre con el hombre. Es él mismo, se realiza, es plenamente hombre en la precisa medida en que no apunta a sí mismo o la propia realización, no se entrega a su felicidad o placer, sino a algo distinto, olvidándose de sí a la manera en que el ojo hace caso omiso de sí mismo, como usted muy bien ha dicho. Eso se observa también en la patología sexual: en la medida en que el varón quiere demostrar su potencia sin pensar en la compañera, o ella intenta demostrar su capacidad de orgasmo pensando sólo en sí misma y no en el compañero, en esa medida se vuelve ella frígida y él impotente. Es un hecho clínico cotidiano. Hasta con esa clase de cosas está relacionada la autotrascendencia.
Hablaba usted de ateísmo. Debo añadir una cuarta cuestión que puede mover a un ateo, o que él no acepta en la fe; se trata de un aspecto moral: el ateo no puede tolerar que se espere ir al cielo por tener un comportamiento bueno y honrado. El ateo preferiría que se fuera honesto por uno mismo, por el bien de otro o por la bondad intrínseca de la cosa, y no para ir al cielo. Como podía leerse en un anuncio publicitario: "hacer el bien es rentable, compre sin demora un billete de esta o aquella lotería y gane". Le repugna, en una palabra, que se especule sobre lo que sucederá luego, pues eso ya no tiene que ver con la propia moral. Creo que también eso juega un papel.
Usted también habla de la "antropodicea" después de Auscwitz, en el contexto de la teodicea. Lo que no puedo tolerar en la literatura teológica es que se le hagan prescripciones a Dios, que venga un teólogo y diga que Dios en modo alguno podría hacer esto o lo otro, pues no sería propio de su naturaleza divina, etcétera. Personalmente lo considero un escándalo. Y la teodicea entera es simplemente una cosa equivocada cuando se dice que, para que lo bueno aparezca como bueno se necesita, por contraste, la presencia de lo malo. Y no me refiero ahora a la libertad del hombre, sino que hablo de la libertad de Dios, que de algún modo se está eliminando constantemente. También eso lo considero equivocado. Me limito a decir una cosa: si Dios hubiera querido, habría podido crear un mundo en el que no hubiera hecho falta el contraste de lo bueno y lo malo. En cierta ocasión vino mi hija de seis años al cuarto de baño y dijo mientras yo me estaba afeitando: "papá, ¿por qué estamos siempre diciendo el buen Dios". "Muy sencillo", le respondí, "hace un par de semanas tuviste un sarampión y el buen Dios ha hecho que te curaras". "Sí", me replicó, "pero primero me dio sarampión. Esto es un regressus ad infinitum.
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Victor Frankl
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