[...] El señor Antolini se quedó un rato callado. Luego se levantó, cogió otro cubito de hielo, lo echó en el vaso y volvió a sentarse. Se le notaba que estaba pensando. Yo estaba deseando que continuara la conversación por la mañana en vez de ahora, pero él estaba empeñado. La gente casi siempre se empeña en hablar cuando el otro no tiene ninguna gana.
- Está bien. Ahora escúchame un momento... Puede que no me exprese tan memorablemente como quisiera, pero dentro de un par de días te escribiré una carta. Entonces podrás entenderlo todo. Pero ahora escúchame de todos modos.- Volvió a concentrarse. Luego continuó-: Esta caída a la que creo que te diriges es de un tipo muy especial, terrible. Al que cae no se le permite ni oír ni sentir que ha llegado al fondo. Sólo sigue cayendo y cayendo. Es el tipo de caída destinada a los hombres que en algún momento de su vida buscaron en su entorno algo que éste no podía proporcionárselo. Así que dejaron de buscar. Abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera. ¿Me sigues?
- Si señor.
- ¿Seguro?
- Sí.
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domingo, 10 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
El Guardián entre el centeno. J.D. Salinger
-Oiga, Horwitz -le dije-. ¿Pasa usted alguna vez por el lago de Central Park?¿El que está en Central Park South?
- ¿El qué?
- El lago, ya sabe. Ese lago pequeño que hay ahí. Donde están los patos. Ya sabe.
-Sí, ¿Qué pasa con ese lago?
-¿Sabe? ¿Esos patos que hay siempre nadando por ahí? En la primavera y eso. ¿Sabe por casualidad adónde van en invierno?
-Adonde va, ¿quién?
-Los patos. ¿Lo sabe por casualidad? Quiero decir, ¿viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión, o se va ellos por su cuenta, al sur o algo así?
El tal Horwitz se volvió en redondo para mirarme. Era uno de esos tíos que no tienen ninguna paciencia. Pero no era mala persona.
-¿Cómo demonios quieres que lo sepa? -dijo- ¿Cómo demonios quieres que sepa una estupidez así?
-Bueno, no se enfade por eso -dije. Estaba enfadado o algo así.
¿Quién se enfada? Nadie se enfada.
Dejé de hablar con él ya que se tomaba las cosas tan a pecho. Pero fue él quien empezó otra vez la conversación. Se volvió otra vez en redondo y dijo:
-Los peces no van a ningún sitio. Se quedan donde están. Ahí, en el maldito lago.
-Lo de los peces es diferente. Los peces son diferentes. Yo hablo de los patos-dije.
-¿Cómo que es diferente? No es nada diferente -dijo Horwitz. Siempre que decía algo sonaba como si estuviera enfadado por algo-. Es peor para los peces, el invierno y todo eso, que para los patos. A ver si pensamos un poco, rediós.
Durante un minuto no dije nada. Luego dije:
-Buen. ¿Qué hacen los peces cuando todo el lago es un bloque de hielo y la gente patina encima y todo eso?
Horwitz se volvió otra vez:
- ¿Cómo que qué demonios hacen? -me gritó-. Se quedan donde están, rediós.
-No pueden hacer como si no hubiera hielo. No pueden hacer como si nada.
-¿Quién hace como si nada? Nadie hace como si nada -dijo Horwitz. Estaba tan excitado que me dio miedo que fuera a estrellar el taxi contra una farola o algo así-. Viven dentro del puñetero hielo. Es la naturaleza de ellos, Santo Dios. Se quedan helados en la postura que sea para todo el invierno.
-¿Sí? ¿Y qué comen entonces? Quiero decir, que si están congelados del todo no pueden nadar por ahí para buscar comida ni nada.
-Sus cuerpos, a ver si pensamos. Sus cuerpos se alimentan de algas y todo eso y de la porquería que hay en el hielo. Tienen sus poros abiertos todo el tiempo. Es la naturaleza de ellos, rediós. ¿Entiendes?
Se volvió otra vez en redondo para mirarme.
-Ya -le dije-. Lo dejé correr. Tenía miedo de que fuera a estrellar el maldito taxi o algo así. Además,era un tío tan susceptible que no era ningún placer hablar de nada con él-. ¿Le gustaría parar y tomar una copa conmigo en alguna parte? -le dije.
Pero no me contestó. Supongo que aún estaba pensando. Volví a preguntárselo. Era un tío bastante decente. Muy divertido y todo eso.
-No tengo tiempo para copas, chico -dijo-. Además, ¿cuántos años tienes? ¿Por qué no estás en casa en la cama?
-No estoy cansado.
Cuando me bajé delante de Ernie´s y le pagué, Horwitz volvió a sacar el tema de los peces. Desde luego se le había quedado grabado.
-Oye- me dijo-. Si fueras un pez la Madre Naturaleza cuidaría de ti, ¿verdad? ¿O no? No creerás que los peces se mueren así como así cuando llega el invierno, ¿no?
-No, pero...
-¡Pues eso! -dijo Horwitz, y se largó como un murciélago huyendo del infierno. Era el tío más susceptible que he conocido en mi vida. A la mínima que dijeras, se enfadaba.
- ¿El qué?
- El lago, ya sabe. Ese lago pequeño que hay ahí. Donde están los patos. Ya sabe.
-Sí, ¿Qué pasa con ese lago?
-¿Sabe? ¿Esos patos que hay siempre nadando por ahí? En la primavera y eso. ¿Sabe por casualidad adónde van en invierno?
-Adonde va, ¿quién?
-Los patos. ¿Lo sabe por casualidad? Quiero decir, ¿viene alguien a llevárselos a alguna parte en un camión, o se va ellos por su cuenta, al sur o algo así?
El tal Horwitz se volvió en redondo para mirarme. Era uno de esos tíos que no tienen ninguna paciencia. Pero no era mala persona.
-¿Cómo demonios quieres que lo sepa? -dijo- ¿Cómo demonios quieres que sepa una estupidez así?
-Bueno, no se enfade por eso -dije. Estaba enfadado o algo así.
¿Quién se enfada? Nadie se enfada.
Dejé de hablar con él ya que se tomaba las cosas tan a pecho. Pero fue él quien empezó otra vez la conversación. Se volvió otra vez en redondo y dijo:
-Los peces no van a ningún sitio. Se quedan donde están. Ahí, en el maldito lago.
-Lo de los peces es diferente. Los peces son diferentes. Yo hablo de los patos-dije.
-¿Cómo que es diferente? No es nada diferente -dijo Horwitz. Siempre que decía algo sonaba como si estuviera enfadado por algo-. Es peor para los peces, el invierno y todo eso, que para los patos. A ver si pensamos un poco, rediós.
Durante un minuto no dije nada. Luego dije:
-Buen. ¿Qué hacen los peces cuando todo el lago es un bloque de hielo y la gente patina encima y todo eso?
Horwitz se volvió otra vez:
- ¿Cómo que qué demonios hacen? -me gritó-. Se quedan donde están, rediós.
-No pueden hacer como si no hubiera hielo. No pueden hacer como si nada.
-¿Quién hace como si nada? Nadie hace como si nada -dijo Horwitz. Estaba tan excitado que me dio miedo que fuera a estrellar el taxi contra una farola o algo así-. Viven dentro del puñetero hielo. Es la naturaleza de ellos, Santo Dios. Se quedan helados en la postura que sea para todo el invierno.
-¿Sí? ¿Y qué comen entonces? Quiero decir, que si están congelados del todo no pueden nadar por ahí para buscar comida ni nada.
-Sus cuerpos, a ver si pensamos. Sus cuerpos se alimentan de algas y todo eso y de la porquería que hay en el hielo. Tienen sus poros abiertos todo el tiempo. Es la naturaleza de ellos, rediós. ¿Entiendes?
Se volvió otra vez en redondo para mirarme.
-Ya -le dije-. Lo dejé correr. Tenía miedo de que fuera a estrellar el maldito taxi o algo así. Además,era un tío tan susceptible que no era ningún placer hablar de nada con él-. ¿Le gustaría parar y tomar una copa conmigo en alguna parte? -le dije.
Pero no me contestó. Supongo que aún estaba pensando. Volví a preguntárselo. Era un tío bastante decente. Muy divertido y todo eso.
-No tengo tiempo para copas, chico -dijo-. Además, ¿cuántos años tienes? ¿Por qué no estás en casa en la cama?
-No estoy cansado.
Cuando me bajé delante de Ernie´s y le pagué, Horwitz volvió a sacar el tema de los peces. Desde luego se le había quedado grabado.
-Oye- me dijo-. Si fueras un pez la Madre Naturaleza cuidaría de ti, ¿verdad? ¿O no? No creerás que los peces se mueren así como así cuando llega el invierno, ¿no?
-No, pero...
-¡Pues eso! -dijo Horwitz, y se largó como un murciélago huyendo del infierno. Era el tío más susceptible que he conocido en mi vida. A la mínima que dijeras, se enfadaba.
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